| Alguna
vez surge la necesidad de poner un toque nuestro en el piso de alquiler.
Por mucho que queramos, el mobiliario no suele quedar a la perfección
con nuestra personalidad.
Si no se va a estar
mucho tiempo, el primer parche al que se recurre es a pegar en las paredes
esas postales que nos mandan o las fotos de esa persona que se quedó
en otro lugar. Después, con el tiempo, viene un poquito menos de
añoranza y más de verse uno mismo viviendo aquí,
en Edimburgo. Y, claro, de repente, hemos mirado hacia atrás y
el tiempo se evaporó en un día de lluvia. La botella acabada
de gel que vino del sur, las cuchillas gastadas de la maquinilla de afeitar,
la sartén en la que todo se pega y nos quita una de las pocas ideas
culinarias que trajimos. Lo siento mucho, hay muchos días en los
que el mundo consiste en cosas mundanas con retazos existenciales, es
cuando el espejo nos oxigena el color de piel para eliminarnos el moreno
y toma un tono de cuando decíamos a un amigo si se encontraba enfermo.
En esos momentos,
párate y piensa un poquito en avanzar. Ya sabes que los amigos
de España no son solamente las fotografías. Pero lo que
es más importante, lo otro siempre tiene remedio... Por alguna
razón, lo mundano no detiene a los trotamundos en busca de un destino.
Reconócelo,
hay que ser un poquito tonto para apocoparse porque no se tiene la sartén.
Mira cuánto cuesta, ná de ná. Puede que en España
sea más barata, pero también lo es una cerveza, y ahí
no hacemos tantos miramientos. Pongamos excusas, digamos que no queremos
cargar con trastos que nos anclen aquí; en último caso si
te vuelves, siempre se la puedes dar a algún amigo, que, ahora
sí, te lo agradecerá más que si lo invitaras a una
cerveza,. o anunciarlo en la sección "el maletero" de
la página web de esta gaceta. Lo entiendo, porque el de la sartén
soy yo.
No creáis que
es tan difícil. Basta ir a un car-boots o a una charity, ni siquiera
hay que esperar a las rebajas. Discos de vinilo, CDs, ordenadores, libros,
cazadoras de piel, trajes de chaqueta, vestidos de noche..., muebles,
cocinas, frigoríficos..., ¡qué más se puede
pedir! Pero claro, te tienes que convertir en un pequeño experimentado
en la búsqueda y captura. Ir una y otra vez, porque, como en el
rastro, no todos los días se pesca algo. Consuélate en esos
casos con la frasecilla "contigo se rompió el molde".
No es tan malo volverse consumista retro: decorar la mesa con una lámpara
que a saber lo que alumbró, o mirarse en el espejo que vio otras
desnudeces.
Vale la pena ir, hacer
algo diferente, ver con tus propios ojos las posibilidades de comprar
algo que ni siquiera habías imaginado que te hacía falta.
Sí, señor, ¡consume!
Porque hay muchos
de esos días que miro los muebles, los libros, los bártulos
que he ido acumulando, y me pregunto qué voy a hacer con ellos.
El pensar de esta manera me da cierta ilusión y cierta sensación
de desarraigo; contradicciones entre mi presente, pasado y futuro. Otros
días los miro y me digo, que me quiten lo bailao... Y sigo acumulando.
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