Hoy, me decía el horóscopo, iba a ser un día revuelto y con altas posibilidades de discutir con mi pareja. Menos mal que lo he leído cuando me iba a meter en la cama, que estoy soltero y sin compromiso, y que nos soy demasiado supersticioso (hoy ha sido, y todavía es, martes y trece).
Aún así, mi día ha sido revuelto y he discutido con todo el mundo. Con lo cual, me consume la duda existencial entre hacerme fiel seguidor del "astrólogo" del periódico en cuestión o echarme un poquito más a la bebida y despreocuparme de todo, ya que el destino está escrito y, por más que nos esforcemos, no se puede cambia.

Si es que estamos todos paranoicos...

Si no, que me expliquen cómo es posible que vivamos en un planeta donde el enemigo nº 1 son unas vacas a las que tachan de locas, que nos orgullezcamos tanto de clonar moscas y ovejas y de diseñar nuestros hijos/as por ordenador (donde los vendemos) cuando es cada vez más alarmante el sector de población que vive más pendiente de la vida de ciertos personajillos de la tele y las revistas que de la propia.
Con este panorama tan sugerente, ya se pueden jubilar los escritores de novela de terror o dedicarse a otra cosa; porque como tantas veces, la realidad supera a la ficción.

Los muy influyentes medios de comunicación no se cansan de vendernos eso del progreso y las infinitas ventajas de los avances científicos. Pero, que yo sepa, la gente sigue muriéndose de hambre y de asco, sigue matándose por religión o por un pedazo de tierra y de la Amazonía, por ejemplo en poco tiempo sólo quedarán un arbusto y un indígena disecados y expuestos en una urna de cristal, como recuerdo de lo que antaño fue un enorme ecosistema.

Pero, a ver, ¿quiénes son los que verdaderamente se están beneficiando de todo este progreso? Porque, qué quieres que te diga, por más que tú o yo tengamos la fortuna de pertenecer a este llamado primer mundo, no creo que encargar una clonación de corazón delicado o de pulmón calcinado por fumar nos salga precisamente baratito.
Si lo que buscamos es la Inmortalidad, hay que andarse con cuidado, que esas son palabras mayores. Y además, definitivas.
Para empezar, sería la inmortalidad de sólo unos pocos (seguramente los más guapos y con mayor solvencia económica), y habría que colonizar un nuevo planeta. La Tierra no creo que dé para mucho más. Y me temo que no es "clonable".
Quiero dejar muy claro que no tengo interés en ser clonado, ni inmortal, ni en mudarme a otro planeta. Yo me declaro escéptico. Sin embargo, es inevitable hacerse las típicas preguntas tontas: ¿Qué es exactamente el progreso?, ¿Hacia dónde progresamos?, ¿Cómo se apea uno del avance del progreso?...

Creo que me voy a dejar llevar por los instintos y me pasaré al bando de los seres dañinos (llamados así por el ser humano, tan benigno él) como la vaca loca, la mosca tse-tse, la ballena asesina, el mosquito anáfeles, la carcoma, los piojos, los "midges" escoceses... y tantos otros, que se defienden como pueden de nosotros, los más racionales e irrespetuosos de los seres vivos.
Ya lo decía mi horóscopo... Es más de medianoche y aún estoy revuelto. Me viene cada idea...
Si es que estamos todos paranoicos...
Te preguntarás qué diablos tiene que ver este escrito con Escocia, a parte de que aquí enloqueció la primera vaca y se clonó a Dolly y luego a ¿Polly o Molly?
Ingenuo de mí, intenté buscar una beca para un Postgraduado o Master en Edimburgo. Pero para mi sorpresa (desagradabilísima, por cierto), se destinan mayoritariamente al campo de la ciencia, la informática y tecnologías varias. El estudio de las relaciones y vínculos entre humanos queda relegado a un segundo plano. Así que yo, infeliz licenciado en la rama de las Ciencias Sociales, me he quedado desfasado y deportado del progreso.
Debe ser porque considero que deberíamos preocuparnos un poco menos de cómo perfeccionar el cuerpo y alargar la vida y la cuenta bancaria de unos pocos; y dedicar todos esos esfuerzos, económicos y humanos, a la mejora de la calidad de vida de todos los que habitamos el planeta (animales y vegetales incluidos).

En fin, como consuelo para mi eminente crisis existencial, siempre me quedará la oportunidad de ofrecerme como cobaya humana en algún importante experimento. O, si no, buscaré la manera de tirarme en marcha de este tren del progreso que en mi opinión, hace ya algún tiempo que perdió el rumbo.


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