Estas líneas pretendían ser una carta para algún amigo o amiga; pero he pensado que publicándolas podría ser afortunado y leído por más personas que se solidarizaran con algunos de mis numerosos quebraderos de cabeza.

Me siento tan lejos de todo y, sin embargo, tan cerca de la melancolía que todo provoca, que no sé por donde empezar a ordenar ideas. Quizás tú, al igual que yo, no recuerdas con certeza por qué viniste a esta ciudad. Pero tampoco te atreves a dar el salto y dejarla. A fin de cuentas, creo que hay ya demasiados pedacitos míos esparcidos por las esquinas de la vieja Edimburgo; y, lo que tal vez es más importante, mi propio ser a conseguido asimilar este lugar, este estilo de vida como algo casi natural y acostumbrarse a la soledad entre gente. ¿Significará esto que estoy perdiendo mis raíces? ¿Será una extraña forma de renegar de ciertos aspectos de mi cultura que nunca me llegaron a convencer? ¿Habrá logrado la intensidad de las buenas y malas experiencias en este país superar la falta de espontaneidad de muchas de las que tenía en el mío?

Quizás a ti también te pasa... A veces me despierto con el cuerpo agotado, paralizado y la mente distante. No consigo ubicarme en la realidad y me escondo. Aprieto los ojos y trato de desaparecer bajo sábanas y edredones, pidiendo por favor que se me pase rápido, que no me dé tiempo a pensar, que no necesite moverme, que no siga la vida adelante mientras yo me quedo ahí, intacto e intocable, clavado en el frío colchón de una habitación alquilada. Notando el inmenso vacío, el peso del presente sin sentido, del pasado que tanto escuece, del futuro incierto... Según van sucediéndose los días, es inevitable hacer una criba de todo aquello que quedó atrás: lugares, personas, momentos, sensaciones... Lo que no se cuela por los mil agujerillos del tiempo y la distancia es lo que merece la pena. Eso es lo que me ayuda a levantarme de cada crisis, lo que alivia el vértigo.

Me voy a permitir el lujo de citar a Julio Cortázar porque, además de venir a cuento, creo que sus palabras son la despedida perfecta para estas anotaciones mías con pretensiones de carta: " Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el lenguaje de los sentimientos".

 

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