El árbol noruego que ha sido recientemente instalado en el Mound Hill marca, de forma singular y personal, el inicio de una serie de festejos, de tintes misceláneos y misteriosos que se pierden en el tiempo, celebraciones paganas a caballo entre la tradición celta pre-cristiana, y los rituales religiosos.

Salpicada asimismo de no pocos elementos procedentes de culturas nórdicas y, más recientemente de la norteamericana, la Navidad en Edimburgo tiene para el extranjero el sabor antiguo de los ecos de antaño, amalgamados con los de más cruda actualidad. Y, como cada año en estas fechas, la ciudad se llena de luces y sombras que dejan al desnudo un espectáculo fabuloso, un ingente despliegue comercial que aglutina lo más moderno y lo más tradicional, rebajas y muérdago, papás Noeles y compras de última hora, conjunción de civilizaciones de ayer y hoy. Tal exceso se verá recompensado con creces, y es que si el ayuntamiento de la ciudad decide tirar la casa por la ventana no es en vano: según estudios recientes un 86% de las personas que visiten Edimburgo basarán su elección atraídas por la fama de Hogmanay.

Los beneficios y cifras son, en cualquier caso, astronómicos. Las previsiones para este año apuntan a que unas 500.000 personas se darán cita en los cinco días que dura el festival navideño de la ciudad. Hace meses que es imposible conseguir una entrada para la fiesta callejera: más de 180.000 entradas se han distribuido ya para la fiesta en Princes St., proporcionadas por Virgin y McEwan. La capital de la Navidad ha organizado más de un centenar de acontecimientos, y al menos 60 edificios serán habilitados especialmente para la ocasión. Todo está dispuesto para acoger un sinfín de eventos y celebraciones cuyas dimensiones son únicamente comparables al Festival de agosto.

Actuaciones musicales, comedias, óperas, pantomimas, conciertos, actividades infantiles, voluntarios, y un despliegue de seguridad que mejora cada año forman parte de este Hogmanay 2001. Hogmanay es la Nochevieja, la celebración callejera, de carácter lúdico y social, y aquí se asocia con la fiesta de fin de año que Edimburgo celebra en Princes Street. Pero Hogmanay se celebra en cada rincón de Escocia, de forma más tradicional y diversa. Si tienes la oportunidad, merece la pena vivirla con amigos escoceses, hospitalarios y generosos, tal vez lejos de la ciudad: no faltará quien te cuente historias fascinantes, al lado de una buena chimenea. Cuenta la tradición que para entrar el año con buen pie no se te debe olvidar: · Limpiar bien tu casa. · Liquidar todas tus deudas para entrar con tranquilidad en el nuevo año. · Apagar el fuego. · First-footing. · Besar a alguien debajo del muérdago. Parece que Hogmanay tiene fecha de nacimiento.

Coincidiendo con la Reforma Protestante en Escocia, en el año 1560 quedaron prohibidas todo tipo de celebraciones de carácter católico, los días santos o "holydays", las misas, y los días festivos tales como el día de Navidad, que hasta no hace mucho era laborable para los escoceses. La supresión de estas celebraciones, de gran peso para la clases sociales trabajadoras, habría provocado que el año nuevo se celebrara con mayor intensidad, favoreciendo el festejo de aquellos ritos pre-cristianos que siempre habían permanecido fusionados en la cultura escocesa, ritos que, por su carácter tradicional folclórico, pasarían inadvertidos a los censores reformistas. Originariamente y, hasta el siglo XVI, el nuevo año celta se celebraba al mismo tiempo que Halloween, debido a que gran parte de los rituales y cultos eran comunes.

En lo referente al origen del término Hogmanay no existe acuerdo unánime entre los expertos. Incierto en su etimología, se acepta de forma generalizada que el vocablo podría derivar de un dialecto francés del siglo XVI, con un significado cercano a obsequio, o regalo. (Ishbel Macleod, Scottish National Dictionary). El significado, así remoto, alude a una amplia gama de voces relacionadas con la ofrenda, desde el día de año nuevo al mistletoe (F. Marion McNeill). En gaélico, el término significa the night of the oatcake, lo cual se presta a trazar paralelismos con otros términos, como Aguillaneuf del francés antiguo, o como el normando Hoguinane, todos relacionados con el tema de ofrecer a familiares y amigos pastas o galletas el día de año nuevo.

En nuestros días, Hogmanay todavía conserva gran cantidad de tradiciones y rituales profundamente arraigados en creencias no sólo de origen celta sino también popular. Por ejemplo, es recomendable que la primera persona en entrar a tu casa tras las doce campanadas sea un hombre moreno y bien parecido. Este augurio de buena suerte parece tener su origen en el terror generalizado hacia los rubios invasores vikingos que asolaron Escocia entre los siglos IV y XII. Es, además, aconsejable visitar a los amigos con un regalo que puede variar desde una naranja, pasando por una porción de carbón, una botella de whisky, o un leño para el fuego, obsequios tradicionales que, sin duda, atraerán la buena suerte. Recuerda que visitar a alguien con las manos vacías el día de Año Nuevo es sinónimo de pobreza y malos augurios, que caerán irrevocablemente sobre el anfitrión.

En Nochevieja el mundo angloparlante se coge de las manos para entonar una canción, Auld Lang Syne, del poeta escocés Robert Burns. Auld Lang Syne es un poema de origen desconocido, escrito en el escocés antiguo que se hablaba en Escocia hasta 1707, cuando el parlamento escocés se disolviera para fusionarse al inglés en ese mismo año. Burns, el poeta y bardo nacional, resucitó los versos del viejo poema, y les puso música, creando la versión que se canta hoy: el verso archiconocido se puede traducir como los "viejos, buenos tiempos", alusión directa y literal al año 1707. El evento, tal y como lo conocemos hoy, se fragua en 1992, cuando Edimburgo fuera sede de la Conferencia europea de jefes de estado. Celebraciones de todo tipo se dieron cita entonces: música tradicional y contemporánea, procesiones, festivales gastronómicos, acompañado de un lujoso despliegue luminotécnico.

En suma, un derroche de imagen y sonido, de miles de bombillas y rayos láser iluminando la ciudad en la oscuridad de diciembre, que hacen de esta celebración un evento único. Para informarte sobre las actividades que tendrán lugar entre el 28 de diciembre y el 1 de enero no dudes en acercarte a cualquier oficina de turismo o venta de billetes. Puedes adquirir los programas para el festival navideño en cualquiera de los estantes informativos que encontrarás, por ejemplo, en los cines. Aquí van algunas sugerencias. Si eres te apasiona el patinaje sobre hielo pásate por Winter Wonderland, en East Princes Gdns. No dejes pasar la procesión de antorchas patrocinada por el Bank of Scotland el viernes 29 de diciembre y, sobre todo, ¡no te pierdas los fuegos artificiales sobre el castillo justo después de la medianoche, para formular un deseo! Feliz Navidad.


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