Si hay algo que ha avanzado en la historia de la humanidad y que ha sido transmitido allí donde cualquier sociedad ha sido creada o dominada, eso, es la burocracia. Veo a la burocracia actuando con guante blanco; eso sí, con gracia patatera y directa, que nos subyuga con su arrogancia e incompetencia ante nuestros velados ojos. Por ejemplo, son capaces de decir frases tan rotundas como "Hacienda somos todos", o poner anuncios en las televisiones donde un hombre desde una furgoneta con todos los medios de un espía malísimo de película, escucha todo lo que pasa en una casa. Para ello te muestran como, auditivamente, entra por el recibidor, atraviesa el salón donde juegan los niños y llega a la cocina donde hay una televisión encendida. ¡Qué sutilidad por parte del Estado! Lo extraño es que nadie protesta por una violación tan denigrante de la privacidad. Es fácil hablar mal de cualquier 'Estado', pero para ellos (por mucha frase de Hacienda, yo no me identifico con ellos hasta tal punto) parece sencillísimo hacer las cosas mal para luego parchear... si alguien protesta.

Hay varios casos donde sentimos directamente el peso de la burocracia en nuestros cuerpos: a la hora de pagar, de recibir algún beneficio o de pedir, rogar, por algún servicio social. Creo que se puede hablar extensamente sobre todos ellos, pero en este caso me voy a centrar en los problemas dedicados al cambio de domicilio.

El cambiar de domicilio tiene el principal inconveniente de mirar a quién hay que comunicárselo. Para recibir las cartas en la nueva domiciliación podéis pasaros por el antiguo piso periódicamente, recibir alguna llamada de alguien que viviera en el antiguo piso o que la misma persona reenvíe las cartas a la nueva dirección, tachando la dirección y escribiendo "Send to..." con la nueva dirección. Para ello podéis dejar preparadas etiquetas adhesivas y le ahorraréis trabajo a la persona que al fin se libró de vosotros. Otra opción es pagar a Royal Mail unas £3 al mes para que os reenvíen el correo a la nueva dirección. Por otro lado, normalmente, se lo tendréis que comunicar a vuestro jefe. Además si queréis seguir recibiendo cualquier ayuda: al Council (a todas las oficinas de las que seáis beneficiarios) y/o al Inland Revenue (si esperáis recibir devolución de impuestos)...

También tenéis que comunicarle el nuevo domicilio al Consulado, ya que a través del mismo se os liga con lo bueno y lo malo de la burocracia española. Entre lo bueno no hay que olvidar la expedición de pasaportes cuando caduca, para lo cual, tenéis que ser residentes en Escocia (llevar más de un año dados de alta en el Consulado), llevar fotografías a color y un poco menos de £13.

En caso de pérdida de documentación siempre debéis de poneros en comunicación con el mismo para que os den un salvo conducto. Daros de alta en el Consulado no significa que podáis votar desde aquí, para ello, tendréis que daros de alta en el censo electoral (es una de las opciones que se os dan cuando solicitáis la residencia en el Consulado). Si no la marcáis, el Estado español no contará con vosotros para cualquier votación a la que tuvierais derecho.

Ya os dije que la burocracia es el primer signo de una sociedad civilizada, así que veo necesario ampliar los párrafos anteriores a cualquier país donde sintáis la tela de araña. También, que no olvidéis cosas tan sencillas como la Universidad o colegio donde estudies, biblioteca...

Ps. Alguna cosa buena ha tenido la burocracia, gracias a su incompetencia algún insumiso se libró de las garras de la Justicia... ¡brindo por ellos!


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