Job (15-28)
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Salmos Libro I

JOB

(29-42)

 

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Capítulo 29

Job recuerda su felicidad anterior  

29:1 Volvió Job a reanudar su discurso, y dijo: 
29:2 ¡Quién me volviese como en los meses pasados, 
Como en los días en que Dios me guardaba, 
29:3 Cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara, 
A cuya luz yo caminaba en la oscuridad; 
29:4 Como fui en los días de mi juventud, 
Cuando el favor de Dios velaba sobre mi tienda;
29:5 Cuando aún estaba conmigo el Omnipotente, 
Y mis hijos alrededor de mí; 
29:6 Cuando lavaba yo mis pasos con leche, 
Y la piedra me derramaba ríos de aceite! 
29:7 Cuando yo salía a la puerta a juicio, 
Y en la plaza hacía preparar mi asiento, 
29:8 Los jóvenes me veían, y se escondían; 
Y los ancianos se levantaban, y estaban de pie. 
29:9 Los príncipes detenían sus palabras; 
Ponían la mano sobre su boca.
29:10 La voz de los principales se apagaba, 
Y su lengua se pegaba a su paladar. 
29:11 Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado, 
Y los ojos que me veían me daban testimonio, 
29:12 Porque yo libraba al pobre que clamaba, 
Y al huérfano que carecía de ayudador. 
29:13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí, 
Y al corazón de la viuda yo daba alegría. 
29:14 Me vestía de justicia, y ella me cubría; 
Como manto y diadema era mi rectitud.
29:15 Yo era ojos al ciego, 
Y pies al cojo. 
29:16 A los menesterosos era padre, 
Y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia; 
29:17 Y quebrantaba los colmillos del inicuo, 
Y de sus dientes hacía soltar la presa. 
29:18 Decía yo: En mi nido moriré, 
Y como arena multiplicaré mis días. 
29:19 Mi raíz estaba abierta junto a las aguas, 
Y en mis ramas permanecía el rocío. 
29:20 Mi honra se renovaba en mí, 
Y mi arco se fortalecía en mi mano. 
29:21 Me oían, y esperaban, 
Y callaban a mi consejo. 
29:22 Tras mi palabra no replicaban,
Y mi razón destilaba sobre ellos. 
29:23 Me esperaban como a la lluvia, 
Y abrían su boca como a la lluvia tardía. 
29:24 Si me reía con ellos, no lo creían; 
Y no abatían la luz de mi rostro. 
29:25 Calificaba yo el camino de ellos, y me sentaba entre ellos como el jefe; 
Y moraba como rey en el ejército, 
Como el que consuela a los que lloran. 

Capítulo 30

Job lamenta su desdicha actual 
30:1 Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo, 
A cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado. 
30:2 ¿Y de qué me serviría ni aun la fuerza de sus manos? 
No tienen fuerza alguna. 
30:3 Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos; 
Huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto. 
30:4 Recogían malvas entre los arbustos, 
Y raíces de enebro para calentarse. 
30:5 Eran arrojados de entre las gentes, 
Y todos les daban grita como tras el ladrón
30:6 Habitaban en las barrancas de los arroyos, 
En las cavernas de la tierra, y en las rocas. 
30:7 Bramaban entre las matas, 
Y se reunían debajo de los espinos. 
30:8 Hijos de viles, y hombres sin nombre, 
Más bajos que la misma tierra. 
30:9 Y ahora yo soy objeto de su burla, 
Y les sirvo de refrán. 
30:10 Me abominan, se alejan de mí, 
Y aun de mi rostro no detuvieron su saliva. 
30:11 Porque Dios desató su cuerda, y me afligió,
Por eso se desenfrenaron delante de mi rostro. 
30:12 A la mano derecha se levantó el populacho; 
Empujaron mis pies, 
Y prepararon contra mí caminos de perdición. 
30:13 Mi senda desbarataron, 
Se aprovecharon de mi quebrantamiento, 
Y contra ellos no hubo ayudador. 
30:14 Vinieron como por portillo ancho, 
Se revolvieron sobre mi calamidad. 
30:15 Se han revuelto turbaciones sobre mí; 
Combatieron como viento mi honor, 
Y mi prosperidad pasó como nube. 
30:16 Y ahora mi alma está derramada en mí; 
Días de aflicción se apoderan de mí. 
30:17 La noche taladra mis huesos, 
Y los dolores que me roen no reposan. 
30:18 La violencia deforma mi vestidura; me ciñe como el cuello de mi túnica. 
30:19 El me derribó en el lodo, 
Y soy semejante al polvo y a la ceniza. 
30:20 Clamo a ti, y no me oyes; 
Me presento, y no me atiendes. 
30:21 Te has vuelto cruel para mí; 
Con el poder de tu mano me persigues. 
30:22 Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él, 
Y disolviste mi sustancia. 
30:23 Porque yo sé que me conduces a la muerte, 
Y a la casa determinada a todo viviente. 
30:24 Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; 
¿Clamarán los sepultados cuando él los quebrantare? 
30:25 ¿No lloré yo al afligido? 
Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso? 
30:26 Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; 
Y cuando esperaba luz, vino la oscuridad. 
30:27 Mis entrañas se agitan, y no reposan; 
Días de aflicción me han sobrecogido. 
30:28 Ando ennegrecido, y no por el sol; 
Me he levantado en la congregación, y clamado. 
30:29 He venido a ser hermano de chacales, 
Y compañero de avestruces. 
30:30 Mi piel se ha ennegrecido y se me cae, 
Y mis huesos arden de calor. 
30:31 Se ha cambiado mi arpa en luto, 
Y mi flauta en voz de lamentadores. 

Capítulo 31

Job afirma su integridad 
31:1 Hice pacto con mis ojos; 
¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen? 
31:2 Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios, 
Y qué heredad el Omnipotente desde las alturas? 
31:3 ¿No hay quebrantamiento para el impío, 
Y extrañamiento para los que hacen iniquidad? 
31:4 ¿No ve él mis caminos, 
Y cuenta todos mis pasos? 
31:5 Si anduve con mentira, 
Y si mi pie se apresuró a engaño, 
31:6 Péseme Dios en balanzas de justicia, 
Y conocerá mi integridad. 
31:7 Si mis pasos se apartaron del camino, 
Si mi corazón se fue tras mis ojos, 
Y si algo se pegó a mis manos, 
31:8 Siembre yo, y otro coma, 
Y sea arrancada mi siembra. 
31:9 Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, 
Y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,
31:10 Muela para otro mi mujer, 
Y sobre ella otros se encorven. 
31:11 Porque es maldad e iniquidad 
Que han de castigar los jueces. 
31:12 Porque es fuego que devoraría hasta el Abadón, 
Y consumiría toda mi hacienda. 
31:13 Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, 
Cuando ellos contendían conmigo, 
31:14 ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase? 
Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo? 
31:15 El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él? 
¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz? 
31:16 Si estorbé el contento de los pobres, 
E hice desfallecer los ojos de la viuda; 
31:17 Si comí mi bocado solo, 
Y no comió de él el huérfano 
31:18 (Porque desde mi juventud creció conmigo como con un padre, 
Y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda); 
31:19 Si he visto que pereciera alguno sin vestido, 
Y al menesteroso sin abrigo; 
31:20 Si no me bendijeron sus lomos, 
Y del vellón de mis ovejas se calentaron; 
31:21 Si alcé contra el huérfano mi mano, 
Aunque viese que me ayudaran en la puerta; 
31:22 Mi espalda se caiga de mi hombro, 
Y el hueso de mi brazo sea quebrado. 
31:23 Porque temí el castigo de Dios, 
Contra cuya majestad yo no tendría poder. 
31:24 Si puse en el oro mi esperanza, 
Y dije al oro: Mi confianza eres tú; 
31:25 Si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, 
Y de que mi mano hallase mucho; 
31:26 Si he mirado al sol cuando resplandecía, 
O a la luna cuando iba hermosa, 
31:27 Y mi corazón se engañó en secreto, 
Y mi boca besó mi mano; 
31:28 Esto también sería maldad juzgada; 
Porque habría negado al Dios soberano. 
31:29 Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, 
Y me regocijé cuando le halló el mal 
31:30 (Ni aun entregué al pecado mi lengua, 
Pidiendo maldición para su alma); 
31:31 Si mis siervos no decían: 
¿Quién no se ha saciado de su carne? 
31:32 (El forastero no pasaba fuera la noche; 
Mis puertas abría al caminante); 
31:33 Si encubrí como hombre mis transgresiones, 
Escondiendo en mi seno mi iniquidad, 
31:34 Porque tuve temor de la gran multitud, 
Y el menosprecio de las familias me atemorizó, 
Y callé, y no salí de mi puerta; 
31:35 ¡Quién me diera quien me oyese! 
He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí, 
Aunque mi adversario me forme proceso. 
31:36 Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, 
Y me lo ceñiría como una corona. 
31:37 Yo le contaría el número de mis pasos, 
Y como príncipe me presentaría ante él. 
31:38 Si mi tierra clama contra mí, 
Y lloran todos sus surcos; 
31:39 Si comí su sustancia sin dinero, 
O afligí el alma de sus dueños, 
31:40 En lugar de trigo me nazcan abrojos, 
Y espinos en lugar de cebada. 
Aquí terminan las palabras de Job. 

Capítulo 32

Eliú justifica su derecho de contestar a Job 
32:1 Cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo a sus propios ojos. 
32:2 Entonces Eliú hijo de Baraquel buzita, de la familia de Ram, se encendió en ira contra Job; se encendió en ira, por cuanto se justificaba a sí mismo más que a Dios. 
32:3 Asimismo se encendió en ira contra sus tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado a Job. 
32:4 Y Eliú había esperado a Job en la disputa, porque los otros eran más viejos que él. 
32:5 Pero viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquellos tres varones, se encendió en ira. 
32:6 Y respondió Eliú hijo de Baraquel buzita, y dijo: 
Yo soy joven, y vosotros ancianos; 
Por tanto, he tenido miedo, y he temido declararos mi opinión. 
32:7 Yo decía: Los días hablarán, 
Y la muchedumbre de años declarará sabiduría. 
32:8 Ciertamente espíritu hay en el hombre, 
Y el soplo del Omnipotente le hace que entienda
32:9 No son los sabios los de mucha edad, 
Ni los ancianos entienden el derecho. 
32:10 Por tanto, yo dije: Escuchadme; 
Declararé yo también mi sabiduría. 
32:11 He aquí yo he esperado a vuestras razones, 
He escuchado vuestros argumentos, 
En tanto que buscabais palabras. 
32:12 Os he prestado atención, 
Y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya a Job, 
Y responda a sus razones. 
32:13 Para que no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría; 
Lo vence Dios, no el hombre. 
32:14 Ahora bien, Job no dirigió contra mí sus palabras, 
Ni yo le responderé con vuestras razones. 
32:15 Se espantaron, no respondieron más; 
Se les fueron los razonamientos. 
32:16 Yo, pues, he esperado, pero no hablaban; 
Más bien callaron y no respondieron más. 
32:17 Por eso yo también responderé mi parte; 
También yo declararé mi juicio.
32:18 Porque lleno estoy de palabras,
Y me apremia el espíritu dentro de mí. 
32:19 De cierto mi corazón está como el vino que no tiene respiradero, 
Y se rompe como odres nuevos. 
32:20 Hablaré, pues, y respiraré; 
Abriré mis labios, y responderé. 
32:21 No haré ahora acepción de personas, 
Ni usaré con nadie de títulos lisonjeros. 
32:22 Porque no sé hablar lisonjas; 
De otra manera, en breve mi Hacedor me consumiría. 

Capítulo 33

Eliú censura a Job 
33:1 Por tanto, Job, oye ahora mis razones, 
Y escucha todas mis palabras. 
33:2 He aquí yo abriré ahora mi boca, 
Y mi lengua hablará en mi garganta. 
33:3 Mis razones declararán la rectitud de mi corazón, 
Y lo que saben mis labios, lo hablarán con sinceridad. 
33:4 El espíritu de Dios me hizo, 
Y el soplo del Omnipotente me dio vida. 
33:5 Respóndeme si puedes; 
Ordena tus palabras, ponte en pie. 
33:6 Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho; 
De barro fui yo también formado. 
33:7 He aquí, mi terror no te espantará, 
Ni mi mano se agravará sobre ti. 
33:8 De cierto tú dijiste a oídos míos, 
Y yo oí la voz de tus palabras que decían:
33:9 Yo soy limpio y sin defecto; 
Soy inocente, y no hay maldad en mí.
33:10 He aquí que él buscó reproches contra mí, 
Y me tiene por su enemigo; 
33:11 Puso mis pies en el cepo, 
Y vigiló todas mis sendas. 
33:12 He aquí, en esto no has hablado justamente; 
Yo te responderé que mayor es Dios que el hombre. 
33:13 ¿Por qué contiendes contra él? 
Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones. 
33:14 Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; 
Pero el hombre no entiende. 
33:15 Por sueño, en visión nocturna, 
Cuando el sueño cae sobre los hombres,
Cuando se adormecen sobre el lecho,
33:16 Entonces revela al oído de los hombres, 
Y les señala su consejo, 
33:17 Para quitar al hombre de su obra, 
Y apartar del varón la soberbia. 
33:18 Detendrá su alma del sepulcro, 
Y su vida de que perezca a espada. 
33:19 También sobre su cama es castigado 
Con dolor fuerte en todos sus huesos, 
33:20 Que le hace que su vida aborrezca el pan, 
Y su alma la comida suave. 
33:21 Su carne desfallece, de manera que no se ve, 
Y sus huesos, que antes no se veían, aparecen. 
33:22 Su alma se acerca al sepulcro, 
Y su vida a los que causan la muerte. 
33:23 Si tuviese cerca de él 
Algún elocuente mediador muy escogido, 
Que anuncie al hombre su deber; 
33:24 Que le diga que Dios tuvo de él misericordia, 
Que lo libró de descender al sepulcro, 
Que halló redención; 
33:25 Su carne será más tierna que la del niño, 
Volverá a los días de su juventud. 
33:26 Orará a Dios, y éste le amará, 
Y verá su faz con júbilo; 
Y restaurará al hombre su justicia. 
33:27 El mira sobre los hombres; y al que dijere: 
Pequé, y pervertí lo recto, 
Y no me ha aprovechado, 
33:28 Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, 
Y su vida se verá en luz. 
33:29 He aquí, todas estas cosas hace Dios 
Dos y tres veces con el hombre, 
33:30 Para apartar su alma del sepulcro, 
Y para iluminarlo con la luz de los vivientes. 
33:31 Escucha, Job, y óyeme; 
Calla, y yo hablaré. 
33:32 Si tienes razones, respóndeme; 
Habla, porque yo te quiero justificar. 
33:33 Y si no, óyeme tú a mí; 
Calla, y te enseñaré sabiduría.

Capítulo 34

Eliú justifica a Dios 
34:1 Además Eliú dijo: 
34:2 Oíd, sabios, mis palabras; 
Y vosotros, doctos, estadme atentos. 
34:3 Porque el oído prueba las palabras, 
Como el paladar gusta lo que uno come. 
34:4 Escojamos para nosotros el juicio, 
Conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno
34:5 Porque Job ha dicho: Yo soy justo, 
Y Dios me ha quitado mi derecho. 
34:6 ¿He de mentir yo contra mi razón? 
Dolorosa es mi herida sin haber hecho yo transgresión. 
34:7 ¿Qué hombre hay como Job, 
Que bebe el escarnio como agua, 
34:8 Y va en compañía con los que hacen iniquidad, 
Y anda con los hombres malos? 
34:9 Porque ha dicho: De nada servirá al hombre 
El conformar su voluntad a Dios. 
34:10 Por tanto, varones de inteligencia, oídme: 
Lejos esté de Dios la impiedad, 
Y del Omnipotente la iniquidad. 
34:11 Porque él pagará al hombre según su obra, 
Y le retribuirá conforme a su camino.
34:12 Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, 
Y el Omnipotente no pervertirá el derecho. 
34:13 ¿Quién visitó por él la tierra? 
¿Y quién puso en orden todo el mundo? 
34:14 Si él pusiese sobre el hombre su corazón, 
Y recogiese así su espíritu y su aliento, 
34:15 Toda carne perecería juntamente, 
Y el hombre volvería al polvo. 
34:16 Si, pues, hay en ti entendimiento, oye esto; 
Escucha la voz de mis palabras. 
34:17 ¿Gobernará el que aborrece juicio? 
¿Y condenarás tú al que es tan justo? 
34:18 ¿Se dirá al rey: Perverso; 
Y a los príncipes: Impíos? 
34:19 ¿Cuánto menos a aquel que no hace acepción de personas de príncipes. 
Ni respeta más al rico que al pobre, 
Porque todos son obra de sus manos? 
34:20 En un momento morirán, 
Y a medianoche se alborotarán los pueblos, y pasarán, 
Y sin mano será quitado el poderoso. 
34:21 Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, 
Y ve todos sus pasos. 
34:22 No hay tinieblas ni sombra de muerte 
Donde se escondan los que hacen maldad. 
34:23 No carga, pues, él al hombre más de lo justo, 
Para que vaya con Dios a juicio.
34:24 El quebrantará a los fuertes sin indagación, 
Y hará estar a otros en su lugar. 
34:25 Por tanto, él hará notorias las obras de ellos, 
Cuando los trastorne en la noche, y sean quebrantados. 
34:26 Como a malos los herirá 
En lugar donde sean vistos; 
34:27 Por cuanto así se apartaron de él, 
Y no consideraron ninguno de sus caminos, 
34:28 Haciendo venir delante de él el clamor del pobre, 
Y que oiga el clamor de los necesitados. 
34:29 Si él diere reposo, ¿quién inquietará? 
Si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? 
Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre; 
34:30 Haciendo que no reine el hombre impío 
Para vejaciones del pueblo. 
34:31 De seguro conviene que se diga a Dios: 
He llevado ya castigo, no ofenderé ya más; 
34:32 Enséñame tú lo que yo no veo; 
Si hice mal, no lo haré más. 
34:33 ¿Ha de ser eso según tu parecer? 
El te retribuirá, ora rehúses, ora aceptes, y no yo; 
Di, si no, lo que tú sabes. 
34:34 Los hombres inteligentes dirán conmigo, 
Y el hombre sabio que me oiga:
34:35 Que Job no habla con sabiduría, 
Y que sus palabras no son con entendimiento. 
34:36 Deseo yo que Job sea probado ampliamente, 
A causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres inicuos. 
34:37 Porque a su pecado añadió rebeldía; 
Bate palmas contra nosotros, 
Y contra Dios multiplica sus palabras. 

Capítulo 35

35:1 Prosiguió Eliú en su razonamiento, y dijo: 
35:2 ¿Piensas que es cosa recta lo que has dicho: 
Más justo soy yo que Dios? 
35:3 Porque dijiste: ¿Qué ventaja sacaré de ello? 
¿O qué provecho tendré de no haber pecado? 
35:4 Yo te responderé razones,
Y a tus compañeros contigo. 
35:5 Mira a los cielos, y ve,
Y considera que las nubes son más altas que tú.
35:6 Si pecares, ¿qué habrás logrado contra él? 
Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú? 
35:7 Si fueres justo, ¿qué le darás a él? 
¿O qué recibirá de tu mano? 
35:8 Al hombre como tú dañará tu impiedad, 
Y al hijo de hombre aprovechará tu justicia.
35:9 A causa de la multitud de las violencias claman, 
Y se lamentan por el poderío de los grandes. 
35:10 Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, 
Que da cánticos en la noche, 
35:11 Que nos enseña más que a las bestias de la tierra, 
Y nos hace sabios más que a las aves del cielo? 
35:12 Allí clamarán, y él no oirá, 
Por la soberbia de los malos. 
35:13 Ciertamente Dios no oirá la vanidad, 
Ni la mirará el Omnipotente. 
35:14 ¿Cuánto menos cuando dices que no haces caso de él? 
La causa está delante de él; por tanto, aguárdale. 
35:15 Mas ahora, porque en su ira no castiga, 
Ni inquiere con rigor, 
35:16 Por eso Job abre su boca vanamente, 
Y multiplica palabras sin sabiduría. 

Capítulo 36

Eliú exalta la grandeza de Dios 
36:1 Añadió Eliú y dijo: 
36:2 Espérame un poco, y te enseñaré; 
Porque todavía tengo razones en defensa de Dios.
36:3 Tomaré mi saber desde lejos, 
Y atribuiré justicia a mi Hacedor. 
36:4 Porque de cierto no son mentira mis palabras; 
Contigo está el que es íntegro en sus conceptos. 
36:5 He aquí que Dios es grande, pero no desestima a nadie; 
Es poderoso en fuerza de sabiduría. 
36:6 No otorgará vida al impío, 
Pero a los afligidos dará su derecho. 
36:7 No apartará de los justos sus ojos; 
Antes bien con los reyes los pondrá en trono para siempre, 
Y serán exaltados. 
36:8 Y si estuvieren prendidos en grillos, 
Y aprisionados en las cuerdas de aflicción, 
36:9 El les dará a conocer la obra de ellos, 
Y que prevalecieron sus rebeliones.
36:10 Despierta además el oído de ellos para la corrección, 
Y les dice que se conviertan de la iniquidad. 
36:11 Si oyeren, y le sirvieren, 
Acabarán sus días en bienestar, 
Y sus años en dicha. 
36:12 Pero si no oyeren, serán pasados a espada, 
Y perecerán sin sabiduría. 
36:13 Mas los hipócritas de corazón atesoran para sí la ira, 
Y no clamarán cuando él los atare. 
36:14 Fallecerá el alma de ellos en su juventud, 
Y su vida entre los sodomitas. 
36:15 Al pobre librará de su pobreza, 
Y en la aflicción despertará su oído. 
36:16 Asimismo te apartará de la boca de la angustia 
A lugar espacioso, libre de todo apuro, 
Y te preparará mesa llena de grosura. 
36:17 Mas tú has llenado el juicio del impío, 
En vez de sustentar el juicio y la justicia. 
36:18 Por lo cual teme, no sea que en su ira te quite con golpe, 
El cual no puedas apartar de ti con gran rescate.
36:19 ¿Hará él estima de tus riquezas, del oro, 
O de todas las fuerzas del poder? 
36:20 No anheles la noche, 
En que los pueblos desaparecen de su lugar. 
36:21 Guárdate, no te vuelvas a la iniquidad; 
Pues ésta escogiste más bien que la aflicción. 
36:22 He aquí que Dios es excelso en su poder; 
¿Qué enseñador semejante a él? 
36:23 ¿Quién le ha prescrito su camino? 
¿Y quién le dirá: Has hecho mal? 
36:24 Acuérdate de engrandecer su obra, 
La cual contemplan los hombres. 
36:25 Los hombres todos la ven; 
La mira el hombre de lejos. 
36:26 He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos, 
Ni se puede seguir la huella de sus años. 
36:27 El atrae las gotas de las aguas, 
Al transformarse el vapor en lluvia, 
36:28 La cual destilan las nubes, 
Goteando en abundancia sobre los hombres. 
36:29 ¿Quién podrá comprender la extensión de las nubes, 
Y el sonido estrepitoso de su morada? 
36:30 He aquí que sobre él extiende su luz, 
Y cobija con ella las profundidades del mar. 
36:31 Bien que por esos medios castiga a los pueblos, 
A la multitud él da sustento. 
36:32 Con las nubes encubre la luz, 
Y le manda no brillar, interponiendo aquéllas. 
36:33 El trueno declara su indignación, 
Y la tempestad proclama su ira contra la iniquidad. 

Capítulo 37

37:1 Por eso también se estremece mi corazón, 
Y salta de su lugar. 
37:2 Oíd atentamente el estrépito de su voz, 
Y el sonido que sale de su boca. 
37:3 Debajo de todos los cielos lo dirige, 
Y su luz hasta los fines de la tierra. 
37:4 Después de ella brama el sonido, 
Truena él con voz majestuosa; 
Y aunque sea oída su voz, no los detiene. 
37:5 Truena Dios maravillosamente con su voz; 
El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. 
37:6 Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; 
También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales. 
37:7 Así hace retirarse a todo hombre, 
Para que los hombres todos reconozcan su obra. 
37:8 Las bestias entran en su escondrijo, 
Y se están en sus moradas. 
37:9 Del sur viene el torbellino, 
Y el frío de los vientos del norte. 
37:10 Por el soplo de Dios se da el hielo, 
Y las anchas aguas se congelan. 
37:11 Regando también llega a disipar la densa nube, 
Y con su luz esparce la niebla. 
37:12 Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, 
Para hacer sobre la faz del mundo, 
En la tierra, lo que él les mande. 
37:13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, 
Otras por misericordia las hará venir. 
37:14 Escucha esto, Job; 
Detente, y considera las maravillas de Dios. 
37:15 ¿Sabes tú cómo Dios las pone en concierto, 
Y hace resplandecer la luz de su nube? 
37:16 ¿Has conocido tú las diferencias de las nubes, 
Las maravillas del Perfecto en sabiduría? 
37:17 ¿Por qué están calientes tus vestidos 
Cuando él sosiega la tierra con el viento del sur? 
37:18 ¿Extendiste tú con él los cielos, 
Firmes como un espejo fundido?
37:19 Muéstranos qué le hemos de decir;
Porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas. 
37:20 ¿Será preciso contarle cuando yo hablare? 
Por más que el hombre razone, quedará como abismado. 
37:21 Mas ahora ya no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, 
Luego que pasa el viento y los limpia, 
37:22 Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. 
En Dios hay una majestad terrible. 
37:23 El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; 
Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá. 
37:24 Lo temerán por tanto los hombres; 
El no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio. 

Capítulo 38

Jehová convence a Job de su ignorancia 
38:1 Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: 
38:2 ¿Quién es ése que oscurece el consejo 
Con palabras sin sabiduría? 
38:3 Ahora ciñe como varón tus lomos; 
Yo te preguntaré, y tú me contestarás. 
38:4 ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? 
Házmelo saber, si tienes inteligencia. 
38:5 ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? 
¿O quién extendió sobre ella cordel? 
38:6 ¿Sobre qué están fundadas sus bases? 
¿O quién puso su piedra angular, 
38:7 Cuando alababan todas las estrellas del alba, 
Y se regocijaban todos los hijos de Dios? 
38:8 ¿Quién encerró con puertas el mar, 
Cuando se derramaba saliéndose de su seno,
38:9 Cuando puse yo nubes por vestidura suya, 
Y por su faja oscuridad, 
38:10 Y establecí sobre él mi decreto, 
Le puse puertas y cerrojo, 
38:11 Y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, 
Y ahí parará el orgullo de tus olas? 
38:12 ¿Has mandado tú a la mañana en tus días? 
¿Has mostrado al alba su lugar, 
38:13 Para que ocupe los fines de la tierra, 
Y para que sean sacudidos de ella los impíos? 
38:14 Ella muda luego de aspecto como barro bajo el sello, 
Y viene a estar como con vestidura; 
38:15 Mas la luz de los impíos es quitada de ellos, 
Y el brazo enaltecido es quebrantado. 
38:16 ¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar, 
Y has andado escudriñando el abismo? 
38:17 ¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte, 
Y has visto las puertas de la sombra de muerte? 
38:18 ¿Has considerado tú hasta las anchuras de la tierra? 
Declara si sabes todo esto. 
38:19 ¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz, 
Y dónde está el lugar de las tinieblas, 
38:20 Para que las lleves a sus límites, 
Y entiendas las sendas de su casa? 
38:21 ¡Tú lo sabes! Pues entonces ya habías nacido, 
Y es grande el número de tus días. 
38:22 ¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve, 
O has visto los tesoros del granizo, 
38:23 Que tengo reservados para el tiempo de angustia, 
Para el día de la guerra y de la batalla? 
38:24 ¿Por qué camino se reparte la luz, 
Y se esparce el viento solano sobre la tierra?
38:25 ¿Quién repartió conducto al turbión, 
Y camino a los relámpagos y truenos, 
38:26 Haciendo llover sobre la tierra deshabitada,
Sobre el desierto, donde no hay hombre, 
38:27 Para saciar la tierra desierta e inculta, 
Y para hacer brotar la tierna hierba? 
38:28 ¿Tiene la lluvia padre? 
¿O quién engendró las gotas del rocío? 
38:29 ¿De qué vientre salió el hielo? 
Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró? 
38:30 Las aguas se endurecen a manera de piedra, 
Y se congela la faz del abismo. 
38:31 ¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, 
O desatarás las ligaduras de Orión?
38:32 ¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos, 
O guiarás a la Osa Mayor con sus hijos? 
38:33 ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? 
¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra? 
38:34 ¿Alzarás tú a las nubes tu voz, 
Para que te cubra muchedumbre de aguas? 
38:35 ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? 
¿Y te dirán ellos: Henos aquí? 
38:36 ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? 
¿O quién dio al espíritu inteligencia? 
38:37 ¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? 
Y los odres de los cielos, ¿quién los hace inclinar, 
38:38 Cuando el polvo se ha convertido en dureza, 
Y los terrones se han pegado unos con otros? 
38:39 ¿Cazarás tú la presa para el león? 
¿Saciarás el hambre de los leoncillos, 
38:40 Cuando están echados en las cuevas, 
O se están en sus guaridas para acechar? 
38:41 ¿Quién prepara al cuervo su alimento, 
Cuando sus polluelos claman a Dios, 
Y andan errantes por falta de comida? 

Capítulo 39

39:1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? 
¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?
39:2 ¿Contaste tú los meses de su preñez, 
Y sabes el tiempo cuando han de parir? 
39:3 Se encorvan, hacen salir sus hijos, 
Pasan sus dolores. 
39:4 Sus hijos se fortalecen, crecen con el pasto; 
Salen, y no vuelven a ellas.
39:5 ¿Quién echó libre al asno montés, 
Y quién soltó sus ataduras? 
39:6 Al cual yo puse casa en la soledad, 
Y sus moradas en lugares estériles. 
39:7 Se burla de la multitud de la ciudad; 
No oye las voces del arriero. 
39:8 Lo oculto de los montes es su pasto, 
Y anda buscando toda cosa verde. 
39:9 ¿Querrá el búfalo servirte a ti, 
O quedar en tu pesebre? 
39:10 ¿Atarás tú al búfalo con coyunda para el surco? 
¿Labrará los valles en pos de ti? 
39:11 ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fuerza, 
Y le fiarás tu labor?
39:12 ¿Fiarás de él para que recoja tu semilla, 
Y la junte en tu era? 
39:13 ¿Diste tú hermosas alas al pavo real, 
o alas y plumas al avestruz? 
39:14 El cual desampara en la tierra sus huevos, 
Y sobre el polvo los calienta, 
39:15 Y olvida que el pie los puede pisar, 
Y que puede quebrarlos la bestia del campo. 
39:16 Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen suyos, 
No temiendo que su trabajo haya sido en vano; 
39:17 Porque le privó Dios de sabiduría, 
Y no le dio inteligencia. 
39:18 Luego que se levanta en alto,
Se burla del caballo y de su jinete. 
39:19 ¿Diste tú al caballo la fuerza? 
¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes?
39:20 ¿Le intimidarás tú como a langosta? 
El resoplido de su nariz es formidable. 
39:21 Escarba la tierra, se alegra en su fuerza, 
Sale al encuentro de las armas; 
39:22 Hace burla del espanto, y no teme, 
Ni vuelve el rostro delante de la espada. 
39:23 Contra él suenan la aljaba, 
El hierro de la lanza y de la jabalina; 
39:24 Y él con ímpetu y furor escarba la tierra, 
Sin importarle el sonido de la trompeta; 
39:25 Antes como que dice entre los clarines: ¡Ea! 
Y desde lejos huele la batalla, 
El grito de los capitanes, y el vocerío. 
39:26 ¿Vuela el gavilán por tu sabiduría, 
Y extiende hacia el sur sus alas? 
39:27 ¿Se remonta el águila por tu mandamiento, 
Y pone en alto su nido? 
39:28 Ella habita y mora en la peña, 
En la cumbre del peñasco y de la roca. 
39:29 Desde allí acecha la presa; 
Sus ojos observan de muy lejos. 
39:30 Sus polluelos chupan la sangre; 
Y donde hubiere cadáveres, allí está ella. 

Capítulo 40

40:1 Además respondió Jehová a Job, y dijo: 
40:2 ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?
El que disputa con Dios, responda a esto. 
40:3 Entonces respondió Job a Jehová, y dijo: 
40:4 He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé?
Mi mano pongo sobre mi boca.
40:5 Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar. 

Manifestaciones del poder de Dios

40:6 Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo: 
40:7 Cíñete ahora como varón tus lomos; 
Yo te preguntaré, y tú me responderás. 
40:8 ¿Invalidarás tú también mi juicio? 
¿Me condenarás a mí, para justificarte tú? 
40:9 ¿Tienes tú un brazo como el de Dios? 
¿Y truenas con voz como la suya? 
40:10 Adórnate ahora de majestad y de alteza, 
Y vístete de honra y de hermosura. 
40:11 Derrama el ardor de tu ira; 
Mira a todo altivo, y abátelo. 
40:12 Mira a todo soberbio, y humíllalo, 
Y quebranta a los impíos en su sitio. 
40:13 Encúbrelos a todos en el polvo, 
Encierra sus rostros en la oscuridad; 
40:14 Y yo también te confesaré 
Que podrá salvarte tu diestra. 
40:15 He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti; 
Hierba come como buey. 
40:16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, 
Y su vigor en los músculos de su vientre. 
40:17 Su cola mueve como un cedro, 
Y los nervios de sus muslos están entretejidos. 
40:18 Sus huesos son fuertes como bronce, 
Y sus miembros como barras de hierro.
40:19 El es el principio de los caminos de Dios; 
El que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acerque.
40:20 Ciertamente los montes producen hierba para él; 
Y toda bestia del campo retoza allá. 
40:21 Se echará debajo de las sombras, 
En lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos. 
40:22 Los árboles sombríos lo cubren con su sombra; 
Los sauces del arroyo lo rodean.
40:23 He aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta; 
Tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra su boca.
40:24 ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante, 
Y horadará su nariz? 

Capítulo 41

41:1 ¿Sacarás tú al leviatáncon anzuelo, 
O con cuerda que le eches en su lengua? 
41:2 ¿Pondrás tú soga en sus narices, 
Y horadarás con garfio su quijada? 
41:3 ¿Multiplicará él ruegos para contigo? 
¿Te hablará él lisonjas? 
41:4 ¿Hará pacto contigo 
Para que lo tomes por siervo perpetuo? 
41:5 ¿Jugarás con él como con pájaro, 
O lo atarás para tus niñas? 
41:6 ¿Harán de él banquete los compañeros? 
¿Lo repartirán entre los mercaderes? 
41:7 ¿Cortarás tú con cuchillo su piel, 
O con arpón de pescadores su cabeza?
41:8 Pon tu mano sobre él; 
Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás. 
41:9 He aquí que la esperanza acerca de él será burlada, 
Porque aun a su sola vista se desmayarán. 
41:10 Nadie hay tan osado que lo despierte; 
¿Quién, pues, podrá estar delante de mí? 
41:11 ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya?
Todo lo que hay debajo del cielo es mío. 
41:12 No guardaré silencio sobre sus miembros, 
Ni sobre sus fuerzas y la gracia de su disposición. 
41:13 ¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? 
¿Quién se acercará a él con su freno doble? 
41:14 ¿Quién abrirá las puertas de su rostro? 
Las hileras de sus dientes espantan. 
41:15 La gloria de su vestido son escudos fuertes, 
Cerrados entre sí estrechamente.
41:16 El uno se junta con el otro, 
Que viento no entra entre ellos. 
41:17 Pegado está el uno con el otro; 
Están trabados entre sí, que no se pueden apartar. 
41:18 Con sus estornudos enciende lumbre, 
Y sus ojos son como los párpados del alba. 
41:19 De su boca salen hachones de fuego; 
Centellas de fuego proceden. 
41:20 De sus narices sale humo, 
Como de una olla o caldero que hierve.
41:21 Su aliento enciende los carbones, 
Y de su boca sale llama. 
41:22 En su cerviz está la fuerza, 
Y delante de él se esparce el desaliento. 
41:23 Las partes más flojas de su carne están endurecidas; 
Están en él firmes, y no se mueven. 
41:24 Su corazón es firme como una piedra, 
Y fuerte como la muela de abajo. 
41:25 De su grandeza tienen temor los fuertes, 
Y a causa de su desfallecimiento hacen por purificarse.
41:26 Cuando alguno lo alcanzare, 
Ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará
41:27 Estima como paja el hierro, 
Y el bronce como leño podrido. 
41:28 Saeta no le hace huir; 
Las piedras de honda le son como paja. 
41:29 Tiene toda arma por hojarasca, 
Y del blandir de la jabalina se burla. 
41:30 Por debajo tiene agudas conchas; 
Imprime su agudez en el suelo. 
41:31 Hace hervir como una olla el mar profundo, 
Y lo vuelve como una olla de ungüento. 
41:32 En pos de sí hace resplandecer la senda,
Que parece que el abismo es cano. 
41:33 No hay sobre la tierra quien se le parezca; 
Animal hecho exento de temor. 
41:34 Menosprecia toda cosa alta; 
Es rey sobre todos los soberbios. 

Capítulo 42

Confesión y justificación de Job 
42:1 Respondió Job a Jehová, y dijo: 
42:2 Yo conozco que todo lo puedes, 
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. 
42:3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? 
Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; 
Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. 
42:4 Oye, te ruego, y hablaré; 
Te preguntaré, y tú me enseñarás.
42:5 De oídas te había oído; 
Mas ahora mis ojos te ven. 
42:6 Por tanto me aborrezco, 
Y me arrepiento en polvo y ceniza. 
42:7 Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job. 
42:8 Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job. 
42:9 Fueron, pues, Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y Jehová aceptó la oración de Job. 

Restauración de la prosperidad de Job 

42:10 Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.
42:11 Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. 
42:12 Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, 
42:13 y tuvo siete hijos y tres hijas. 
42:14 Llamó el nombre de la primera, Jemima, el de la segunda, Cesia, y el de la tercera, Keren-hapuc. 
42:15 Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos. 
42:16 Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. 
42:17 Y murió Job viejo y lleno de días. 

 

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Job (15-28)
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