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"Primero vinieron a por los comunistas,
pero como yo no era comunista,
no alc� la voz.

Luego vinieron por los socialistas y los sindicalistas,
pero como yo no era ninguna de las dos cosas,
tampoco alc� la voz.

Despu�s vinieron a por los judios,
y como ya no soy judio,
tampoco alc� la voz.

Y cuando vinieron a por m�,
ya no quedaba nadie que alzara la voz
para defenderme.

                               Rev. Martin Niem�ller (1945)
LAGRIMAS DE COCODRILO

Jos� Couso y Julio A. Parrado han sido asesinados por intentar contar la verdad, que siempre suele estar del lado de las v�ctimas.  Es habitual, por ello, que los verdugos se presenten como v�ctimas de sus v�ctimas, consiguiendo as� la doble victimizaci�n de �stas, caus�ndoles aun m�s da�o.  Ejemplos de ello los podemos encontrar en las v�ctimas de los reg�menes dictatoriales de otros paises y, tambi�n, m�s cerca de nosotros.

    Precisamente por su doble victimizaci�n hoy est� siendo noticia el pueblo irak�, ya que tras la sangrienta dictadura que ha padecido durante a�os, le ha llegado la "liberaci�n" de la mano de otros verdugos que le han masacrado y robado, despu�s de erigirse en v�ctimas potenciales de las hasta ahora no halladas armas de destrucci�n masiva, pero que har�n aparecer - seg�n sus propias palabras- "de una u otra forma".  Este no ha sido, sin embargo, el �nico modo de ejercer la doble victimizaci�n sobre este pueblo ya que tambi�n ha sido realizado por los colaboradores y c�mplices necesarios de los verdugos, al ningunear a las v�ctimas aludiendo a la casualidad, y no a la cuasalidad de su producci�n (son como accidentes de tr�fico; son da�os colaterales; son gajes del oficio; etc), y al no condenar ni pedir explicaciones por la carnicer�a.

    Pero la doble victimizaci�n est� m�s pr�xima a nosotros de lo que nos pensamos, pues tambi�n se ejerce desde el poder contra las personas que denuncian la corrupci�n, reclaman sus derechos o que, simplemente, discrepan.  Los verdugos simulan, entonces, ser v�ctimas de la falta de lealtad o de la insubordinaci�n de estas personas, present�ndolas a la opini�n p�blica como perturbados, agitadores o fan�ticos, intentando destruirlas a trav�s de la calumnia, y si trabajan en la administraci�n p�blica, con el misil "inteligente" del expediente disciplinario.

   Algunos nombres propios que han sido objeto de estas pr�cticas son muy conocidos: el diplom�tico Fernando Valderrama -suspendido de empleo y sueldo 8 meses por discrepar de la postura del gobierno en el conflicto de Irak-, el juez Garz�n -amenazado con la apertura de un expediente por lo mismo- , la Plataforma Nunca M�is -acusada sin fundamento de estafa, por haber interpuesto una querella por la catastrofe del Prestige-, etc.

   Y en el ejercicio de esta pr�ctica -que comienza a ser costumbre- de castigar y ejercer la doble victimizaci�n sobre el que denuncia, en Galicia el PEGAS ha puesto en marcha su particular caza de brujas, desde hace alg�n tiempo, utilizando las armas de los expedientes disciplinarios.  Son muchos, ya, los instruidos a diferentes compa�eros de todas las provincias gallegas y, en todos los casos, el procedimiento y la aplicaci�n de la sanci�n han sido muy parecidos, pues nunca se investiga lo que el trabajador denuncia, sino que es a �l al que se le demoniza y considera eje del mal, no se le tienen en cuenta las pruebas en su descargo, o no se le deja practicarlas y la sanci�n siempre est� previamente fijada.

   Los dictadores siempre han utilizado el terror y el asesinato - como se ha comprobado recientemente en Cuba- para eliminar a las personas inc�modas, pero ahora intentan conseguirlo sin mancharse las manos de sangre, a nivel moral.  Lo que subyace en el fondo siempre es lo mismo:  que nada cambie, que nada se mueva, que nada -ni nadie que no quieran ellos- progrese, en un estado reptiliano - al que ya aludiamos en un anterior editorial- donde viven los anacr�nicos cocodrilos que, derramando sus falsas l�grimas por Galicia, quieren aparentar ser las v�ctimas, siendo los verdugos.

   Nadie de la chusma puede asegurar que ma�ana no vendr�n a por �l, pero de lo que los verdugos no quieren enterarse es de que cada vez nos enga�an menos, y de que sabemos defendernos de ellos.

                                                                                                                                   Fobia
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