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De manos amigas recibió una carta y, conteniendo el aliento, leyó:
Pedro: Nos encontraremos el último viernes de este mes, en la playa El Silencio, al atardecer. Allí mismo me hicieron perder a nuestro hijo ¿o hija? Haremos ofrenda en el mar para que descanse. He sufrido mucho, pero ya estoy bien. Ya no llores más. Sirena
Consternado levantó la mirada, interrogante. |
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