De manos amigas recibió una carta y, conteniendo el aliento, leyó:

 

Pedro:

Nos encontraremos el último viernes de este mes,

en la playa El Silencio, al atardecer. 

Allí mismo me hicieron perder a nuestro hijo ¿o hija? 

Haremos ofrenda en el mar para que descanse.

He sufrido mucho, pero ya estoy bien.

¡¡Amaña waqaspaya, Pedrucha!

Ya no llores más.

Sirena

 

Consternado levantó la mirada, interrogante. 

 

 

 

Salir

¡¡Amaña waqaspaya, Pedrucha!

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