Ante la autoridad policial Antonia insistió por enésima vez. Otras mujeres ya habían encontrado a sus hijas, por lo menos podían visitarlas y llevarles una manta, algo de comida.

 

- Sirena. Se llama Sirena. Sí, es mi hija. Tenía 15... hace tres años.

 

 

- ¿Sirena?, ¡Ese nombre no existe! Pero en Lima he visto a alguien que se te parece.  No quiso declarar ni su nombre. Se la pasa haciendo muñequitas de barro. Dicen que es muda.

 

- ¿Muda? ¡No, pero si ella canta!.

 

Los policías rieron. Antonia se retiró en silencio.

 

 

 

 

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