Al interior de la casa, Antonia y Pedro se miraron despacio, abrazándose en silencio. Luego partieron en direcciones opuestas.

 

Al pasar el primer abra, la mujer tomó una piedra del camino, la estrechó en sus manos con firmeza y colocándola en la saywa, juró:

 

 

Volveremos.

Germinarán las semillas,

florecerán las retamas,

bailaremos en tu nombre,

escucharás nuestros cantos.

Volveremos.

Nuestra dulce paloma no desaparecerá.

Mariano, esposo mío:

volveremos.

 

 

 

 

Salir abra, saywa

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