Pandilla Beverly Hills (o los hijos de la huasteca)
Vengo de una generación que crece y se forma con novelas de televisa y cuyo máximo ideal de liberación es cambiarle a la programación de TV Azteca. Una generación que cree que el ideal de vida se debate entre Beverly Hills 90210 y las novelas de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
Molotov invade el ambiente y la música que oímos escandaliza a nuestros padres, como si ellos no hubieran escandalizado a los suyos con lo Beetles y no se quien más.
Imbuida en estos ideales de vida me cuesta trabajo decir que no he leído Juventud en Éxtasis y que Beverly Hills perdió sentido para mí el día en que mi mejor amigo cortó con su novia.
En estos últimos cuatro años, sé que algo he logrado aprender: que no hay herida que no sane, y que nunca se es demasiado grande para un plato de zucaritas con leche. Aunque creo que he aprendido algo más: que no se puede poner reglas a los sentimientos y que por ningún motivo hay que decir de esta agua no beberé, porque luego se ahoga uno en ella...
Las historias verdaderas no tienen ni principio, ni final.
Tantas veces intenté darle forma a nuestra historia, al menos a mi parte de ella, en una hoja de papel... Se me escapó de las manos la posibilidad de jugar con nuestras vidas y cientos de libretas hablan de nosotros con sonrisas y miradas que jamás se pudieron reflejar.
Perdí sobre todo la esperanza cuando supe que mientras viviéramos un final sería imposible ya que en el instante que un capítulo se cerraba uno más se había ya empezado a formar.
Tengo firmemente grabados en mi memoria momentos de primeros holas y no sabría por cual empezar. Miles de personas han llenado nuestras vidas y no cabría en una novela una fracción.
Quise entonces coleccionar frases y recordar momentos, seleccionar espacios y decidir, pero ya la tecnología me enseñó que no debo jugar a memoria colectiva en una compu.
Aunque quien sabe, quizá sí y después de todo no se debe decir nunca que ya nunca más...
Siempre que recuerdo el día en que empezó todo para mí un montón de sentimientos se agolpan en mi pecho. No sé, no creo que haya empezado igual para todos, de hecho para algunos empezó antes, y para otros mucho después. Aún así recuerdo ese día con especial cariño y es para mí el primero.
Era sábado 6 de agosto de 1994, me llevó mi mamá a la PEGL porque allí iba a ser la junta de introducción al Bachillerato Internacional. Tras una bienvenida del rector, al que no volvimos a ver por un par de semestres, Rosaura Barahona, la directora del programa, nos explicó de lo que teóricamente se iba a tratar el asunto. Empezamos por reducir el Bachillerato Internacional a BI y luego por ser denominados microbís, beitos y/o prebeís. Yo estaba demasiado nerviosa como para poner atención en esos detalles, preferí ver a la gente, darme cuenta de con quien iba a pasar los próximos tres años de mi vida escolar. No éramos más de cincuenta, así que no deberíamos de tener problemas en integrarnos a lo largo de tres años.
Me fijé en las niñas que estaban sentadas junto a mí. Mi experiencia en secundaria me había enseñado que no era difícil hacer amigas y había un par de niñas que tenían cara de buena onda. Luego vi a un niño que llamó también mucho mi atención, quizá demasiado.
Siguió la fase integradora en la que con una dinámica y en equipos de tres sostuvimos pequeños debates sobre el método científico. A cada uno se le había asignado una postura: mediante observación, mediante conocimiento previo y mediante magia. A él le tocó en el equipo de enfrente a mí y pude notar que era muy... ¿gritón? ¿Llamativo? Quizá la palabra que mejor quede sea exagerado.
Cuando acabamos se armó un mini convivio, y allí fue donde olvidando timidez y todo me le acerqué y le pregunté: “A todo esto, ¿tu como te llamas?” Con una reverencia siglo-dieciochezca me respondió: “¡Tenorio!” Poco me faltó para escupir la soda, y no supe si estaba jugando, así que como no quería sonar ofensiva mejor pregunté de nuevo: “¿¡Cómo!?” “Tenorio, Manuel Tenorio”.
Superado mi trauma inicial me presenté, pero por tres día pensó que me llamaba Yoana. Nos acercamos a otras chavas, primero Claudia, Bere, luego Cecy y Nora y al final Yaz.
El siguiente lunes, el tétrico primer día de clases, llegué tarde y lo peor es que era clase de DHP, pero bueno, entonces yo no tenía idea de lo guácala que eso podía llegar a ser y pues no más llegué y me senté. Al final del día ya había vuelto a hablar con Tenorio y Yaz. Durante las primeras semanas todo era bello. Todo el BI se llevaba bien, la cuarta generación era súper y nos sentábamos todos juntos martes y jueves a la hora de la comida para esperar a que llegara la hora de la clase de compu.
Tenorio y yo entramos juntos a clase de teatro, entramos juntos a emprendedor y estuvimos juntos más de seis horas al día durante todo el primer semestre. La mayoría del tiempo también estaba Yaz con nosotros. Era mi primer amigo en serio. Bueno, ya había yo tenido de novio a Federico, pero no era lo mismo, además yo no estaba segura de quererlo, y mejor cortamos, creo que antes del primer parcial.
A fin de cuentas yo estaba emocionadísima de tener un mejor amigo, que me ayudaba con la mochila y los libros y las tareas y demás. Además estaba yo en BI y me había sacado 1364 puntos en mi examen de admisión al Tec, era de la gente más inteligente del mundo, ¡en la mejor prepa del país! Al menos eso creía yo.
Carmen al principio me había dicho que ahora que estábamos en prepas distintas y que íbamos a conocer más gente era mejor que no nos juntáramos tanto, así que aunque me deprimí encontré mucho consuelo con Myrna en las tardes y con Yaz y Tenorio en la escuela. A mediados del semestre ya nos volvíamos a juntar como antes, y para octubre, alrededor de mi cumpleaños decidí que sería bueno presentar a Carmen y Myrna con Tenorio y Yaz. A Myrna la llevé a mis clases de teatro y conoció a Tenorio, luego invité a Tenorio a la Kermesse del Panamericano y se lo presenté a Carmen y Majo.
Fue también en ese primer semestre que cuando nos dejamos de sentar a comer con nuestros compañeritos de BI, nos empezamos a juntar con David y Criseida, dos chavos de bilingüe, mayores que nosotros que todavía no entiendo ni por qué, nos hacían el favor de aguantarnos. Yo, más que nada me sentaba a escuchar, porque armaban una botana bien padre, cuando estaban Tenorio y Yaz casi siempre platicaba, pero si no, era yo más seria porque me daban miedillo.
Al final del primer semestre yo troné compu y la maestra me tronó en química. Son asuntos que preferiré olvidar, pero con los que aprendí muchísimo más de lo que en un principio creí.
Fue casi a finales de semestre que Tenorio y yo tuvimos una gran pelea, pero a pesar de más de dos horas de insultos nos contentamos y creo que todo quedó bien. También entonces me tocó conocer a Luly, la primer amiga que Tenorio había tenido en la vida y que a parte era la amiga de Carmen que la había hecho considerar la posibilidad de que ella fuera mejor amiga que yo. Incluso hoy cuando la veo me sigue dando ese sí se qué al que me niego a ponerle nombre.
Conocí a Luly en el patinadero de San Pedro. Íbamos Myrna, Majo, Alex, Carmen, Luly y yo. Por equis o ye me parece que a Carmen le molestaba que Myrna me sobreprotegiera, pero a mí me encantaba, porque era lo más parecido a una hermana que yo podía experimentar. Entre pláticas y cosas Myrna y yo llegamos a la conclusión de que Luly no me caía bien y de que nos parecía hipócrita.
Llegó más antes de lo que yo hubiera querido el siguiente semestre. Segundo semestre es quizá hasta ahora el peor semestre de mi vida. En contraposición con el primero, que fue el mejor, yo no comprendía por qué estaba pasando. Para empezar a Tenorio le tocó en el grupo A y a mi en el B.
En mi hora libre yo no tenía con quien estar, así que Tenorio me arregló que me la pasara con Criseida, pero al principio yo no estaba muy segura de eso. Luego a Tenorio le empezó a gustar una niña de bilingüe y eso a mí no me gustó. El 3 de febrero fue la fiesta de las cuatas, unas amigas gemelas de Carmen y Majosé, compañeras de David, Alex, y Cris. Yo fui de colada como lo hice también el año anterior, y llevé a Myrna, también fueron Yaz y Tenorio. Tenorio invitó a Mónica, la niña que le gustaba.
En cuestión de semanas Tenorio anduvo con Mónica, y contrario a cualquier lógica me traté de hacer su amiga. Tuve mejores resultados con Criseida, la hora libre que compartíamos nos había unido muchísimo. Pronto llegó el verano, y yo lo agradecí infinitamente. Todos los que nos habíamos reunido en la fiesta del 3 de febrero nos seguíamos juntando con bastante frecuencia. Nos decíamos La Pandilla.
Cuando en verano nos dio la idea de querernos ir de vacaciones a algún lado decidimos que debíamos trabajar para juntar dinero. Así nació “La Pandillita y la Foquita Marisol” un grupo de animación para fiestas infantiles en el que participábamos Carmen, Moh, Majo, Pedro Alex y yo, además de Criseida que era la foquita. Ahora comprendo el cariño que llegó a tomarme, no cualquiera se viste de foca para complacer mis caprichos.
En fin, Mónica y Tenorio cortaron a principios de verano, y pues eso me hizo cambiar en muchas cosas. En primera creo que admití que sentía algo muy fuerte por él, pero todavía no sabía bien qué. Myrna me ayudó en esa parte, pero tardé mucho en admitir públicamente mis sentimientos.
Moh se hizo muy amiga nuestra y con el tiempo arreglamos nuestras diferencias. Luego se cambió a la UR en el mismo tetra en el que entró Majo o Mache, como le empezaron a decir ese año. Carmen y yo tuvimos algunas nuevas diferencias que se arreglaron más que bien en unos meses. Y yo tuve que superar mis traumas personales.
Los otros cuatro semestres; los que sí fueron de BI no me ayudaron a integrarme con los de mi salón. Creo que en el fondo me dio miedo, además no se, no quería tener nada que ver con gente que se sentía bastante superior al resto de los mortales, ya me había tocado aprender que eso no es cierto.
Criseida decía que debíamos llamarnos Pandilla Beverly Hills o los Hijos de la Huasteca o algo asi, pero yo no comparto mucho esa idea, todavía no hemos intercambiado novios unos con otros... aunque poco falta.