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“No olvidemos ni por un segundo que Welles es el único, con
Griffith, que, tanto en el cine mudo como en el sonoro, han hecho arrancar ese maravilloso tren eléctrico en el cual Lumiére no creía ” J.L Godard
Remontar la realidad
Desde “la máquina de remontar el tiempo” - como Welles llama a la mesa de montaje -, pega y despega, avanza o retrocede para narrar, de acuerdo a un apasionante juego de elipsis, su “F de Falso”, que transita por la delgada línea que separa verdades y mentiras.
Un documental sobre el falsificador de pinturas Elmyr de Hory, realizado para la televisión por Francois
Reichembach, le sirve de soporte para armar este fascinante puzzle.
En la pantalla de la mesa de montaje, prisionero de los límites que le impone el encuadre, Elmyr, un tanto alterado, trata de explicar: “Yo no soy actor, jamás he actuado”. Con una sonrisa, Welles se desentiende de Elmyr, y busca la complicidad del espectador: “es verdad, aunque su verdadera profesión es pintar falsificaciones, va a ser el actor principal de nuestra película”.
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