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La idea de los autores fue encarnar en el Dr. Caligari, director del asilo, la autoridad despótica e ilimitada de los jerarcas alemanes durante la Primera Guerra, y la forzosa sumisión del hombre común convertido en soldado y obligado a matar, pero la censura oficial –pese a estar formalmente abolida desde el final de la guerra– obligó ciertas modificaciones. En el filme, un psiquiatra enloquecido se vale de un sonámbulo llamado Cesare para cometer sus crímenes. Decorados deformados y sombras pintadas sobre telones. Maquillajes exagerados, actitudes corporales estilizadas, y sobre todo imágenes simbólicas, como la de Cesare atrapado entre rayos de sombras pintadas. Universo de pesadillas donde todo está visto a través de los ojos de un demente. El recurso, que justifica la estética del filme, derrumba así el sentido de protesta político-social de los autores. Aunque Wiene reclamaba la paternidad absoluta de la concepción, se han discutido mucho sus méritos en este filme, atribuyéndose sus revolucionarias innovaciones a los decoradores del Grupo Sturm de Berlín, impulsores de la estética expresionista.
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