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EL HOMBRE EN EL PASADO

La comarca de la Baixa Limia, a partir de los resultados de los estudios que todavía se están realizando en la zona, cuenta con un rico Patrimonio Arqueológico, legado que permite allegarnos a la evolución histórica de la zona.

Se conocen indicios del primer poblado humano de cazadores y recolectores del Paleolítico en las terrazas de la veiga de Lobeira y de Riocaldo. Pero sin duda la primera ocupación efectiva casi total de la comarca, en la que se incluye el PARQUE NATURAL DA BAIXA LIMIA, tuvo lugar a partir de mediados del IV milenio a.C. y llevada a cabo por los primeros pueblos pastores e agricultores que erigieron los numerosos Monumentos Megalíticos, aproximadamente entre el 3500 a.C. y el 2000 a.C. y, por el momento, los únicos exponentes llamados antas, arcas, mámoas, motas, dólmenes, etc. panteones funerarios de aquellas gentes, distribuyéndose copiosamente por el Val de Salas, Sierra de Leboreiro, Sierra das Motas, Sierra de Queguas, Pisco, Monte das Motas, Galez y un largo etcétera, llegando a ser los restos arqueológicos más representativos de la comarca.


También en ella se están constatando progresivamente los vestigios de los primeros pueblos metalúrgicos del cobre, integrados en una época denominada como Calcolítico. Primero, reflejados en los asentamientos al aire libre, con materiales líticos y cerámicos del ámbito "Penha", que ocupan el Val do Limia, aproximadamente a partir do 2500 a.C. Posteriormente, una segunda manifestación de la metalurgia del cobre, es la que deriva de la localización de las cerámicas "Campaniformes", aproximadamente entre el 2200/2000 a.C. y el 1800 a.C.


La Edad de Bronce es menos conocida, limitándose por el momento a hallazgos encontrados correspondientes con su fase inicial y localizados en megalitos (A Casina da Moura, Maus de Salas) o un hacha de bronce también encontrado en Maus de Salas. Lo más representativo de nuestra Prehistoria son los yacimientos denominados castros.


Estos castros no eran más que poblados construidos en lugares con defensas naturales, como colinas elevadas o accidentes montañosos rodeados por meandros fluviales, de los que quedan diferentes sistemas de fortificación (varios cinturones de murallas, parapetos y fosos). La Cultura Castrense, protagonizada por los pueblos galaicos, se extiende cronológicamente desde el siglo VI/V a.C. hasta el IV d.C.

Cuando llegaron los romanos al Noroeste Peninsular (es ahora obligado el recuerdo a Decimo Junio Bruto, cuando cruza el Limia en el año 137 a.C.), aquellos habitantes de los castros, a partir de la conquista de Gallaecia (concluida en torno al 19 a.C.) entran en la órbita cultural de los conquistadores, iniciándose así un proceso de romanización, etapa de la que conocemos los restos arqueológicos de Aquis Querquennis en Porto Quintela (Bande), Aquis Originis en Baños de Riocaldo (Lobios) o la Vía XVIII, que cruza la zona durante el trazado que unía las antiguas capitales de Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga).

Los primeros siglos de la Edad Media son todavía un auténtico misterio para la arqueología, solo monumentos como el de Santa Comba, del siglo VII, u otros hallazgos dispersos por toda la comarca son los que se tiene hasta este momento. Por el momento, los trabajos están poniendo de manifiesto el papel que jugó esta zona en los grandes acontecimentos que caracterizaron el medievo en Galicia (feudalización, Guerras Irmandiñas). Todos ellos dejaron su huella con la construcción de castillos, de los que todavía se reconocen restos arquitectónicos en A Vila (Lobios), Monte dos Castelos (Entrimo) o los numerosos indicios de poblado medieval que se están descubriendo en la Baixa Limia.

 


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