Suspiró entonces Mio Cid,
de pesadumbre cargado
y así comenzó a hablar así,
tan justo y tan mesurado:
"!Loado seas, señor,
padre que estas en lo alto¡
Todo esto me han urdido
mis enemigos malvados".
(Agueros en el camino de Burgos)
Ya aguijaban los caballos,
ya les soltaban las riendas
cuando de Vivar salieron
vieron la corneja diestra,
y cuando entraron en Burgos
Ya aguijaban los caballos,
ya les soltaban las riendas.
Cuando de Vivar salieron
vieron la corneja diestra,
y cuando entraron en Burgos
la vieron a la siniestra.
Movió Mio Cid los hombros
y sacudió la cabeza:
"! Albricias, dijo, Alvar Fáñez,
que de Castilla nos echan,
mas a gran hora algún día
tornaremos a esta tierra¡ "
(El Cid entra en Burgos)
Mio Cid Rodrigo Díaz
en Burgos, la villa, entró;
hasta sesenta pendones
llevaba el campeador;
Salían a verle todos,
la mujer como el varón;
a las ventanas la gente
burgalesa se asomó
con lágrimas en los ojos
! que tal era su dolor ¡
Todas las bocas honrradas
decían esta razón:
"! Oh Dios, y que buen vasallo,
si tuviese buen señor ¡"
(Nadie hospeda al Cid. Sólo una niña le dirige la
palabra
para mandarle alejarse. El Cid es obligado a acampar fuera de la
población)