16 de julio de 1957. Apenas un mes de vida. Rodeando al obispo diocesano monseñor Anunciado Serafini y al recordado padre Prochaszka en las fiestas patronales, con presencia institucional en General Rodríguez. Los Bomberos de entonces Otero, Peñalva, Preaux y Alberto Bonifacio. |
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El Primer Simulacro El primer simulacro es aún recordado, tanto por su naturaleza, como por las características que tuvo, similares a lo que hoy llamariamos como un "blooper". El objetivo era demostrar a la población -que todavía veía a ese intrépido grupo con sonrisas socarronas- la razón de sus existencia y el sentido de seguridad con que desde entonces podrían contar. Y con estos motivos organizaron el prime simulacro, invitando al pueblo para que los viera y tuvieran confianza. El lugar elegido fue el predio donde se halla hoy instalado el Banco de la Provincia de Buenos Aires, en la avenida España. Se utilizaron todos los pertrechos: un tanque de agua y unos buenos metros de manguera, que debieron ser pedidos en préstamo al Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Luján... El simulacro prometía ser espectacular. Se trataba de rescatar un muñeco empinado al que el fueo del armatoste instalado e impregnado por nafta ponía en peligro. Un verdadero salvamento. Pero entonces ocurrió lo imprevisto: el bombero encargado del combustible había sido demasiado generoso en derramar la nafta no solo sobre el armatoste, sino también sobre el mismo muñeco. Y sucedió lo que tenía que suceder: tablado y muñeco fueron rápido pasto de las llamas... y no se pudo salvar al muñeco y para empeorar el papelón, a la salida, los bomberos del móvil -tractor y tanque- se marcharon del lugar dejándolo a pie al Jefe que debió seguirlos a la carrera... una risueña anécdota, un paradojal debut para una excelentísima e impecable futura labor. "Si van a cobrar, no echen agua..." La nota risueña esta vez estuvo en boca de una vecina. Se trató de una de las primeras salidas de servicio. Fue el día de Navidad de 1957. Llamada de sirena. Un incendio en Mitre y 2 de Abril. La salida fue de a pie, llevando los primeros bomberos baldes en la mano en sus manos. En la vivienda siniestrada residía una señora, costurera de oficio, que tenía una pieza llena de telas. Llegaron los "hombres del fuego" lo más pronto que pudieron y enarbolaron sus baldes para cargarlos con el agua redentora. Estaban en plena tarea con toda su ilusión y entusiasmo por servir, cuando la dueña les salió al paso con una advertencia desconcertante... "Un momento. Si es que van a cobrar, ¡No echen agua...! eran las primeras experiencias... |
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