Cuerpo
de Bomberos Voluntarios de General Rodríguez
Hurgando
en sus orígenes, nada hay que nos hable de fastuosas inauguraciones,
soberbios edificios, tecnología y comodidades, de galas y fastos,
ni siquiera cuantiosas donaciones o apoyos financieros; es más
bien y exactamente una historia modestísima y casi doméstica:
un
móvil-tractor, un tanque de agua, una manguera prestada por
el Cuerpo de Bomberos de Luján; uniformes comprados en "La
Chinche" de la avenida Bernardo de Irigoyen (o lo que se tuviera
de más o menos parecido), una casilla de madera desactivada
como Unidad Básica Femenina; sin bandera ni insiginias reglamentarias...
pero
sí con un grupo humano de aquellos con los que siempre quisieramos
contar entre quienes toman las decisiones en nuestra comunidad.
El
Cuerpo de Bomberos Voluntarios es, diríamos y sin exageración,
una de las instituciones más sacras y veneradas de General
Rodríguez y es imposible describir los sentimientos de cada
rodriguense hacia ella y sus miembros.
Pertenecer
a ella es un honor y es un honor que se cumple a rajatabla, sin concesiones
ni discursos grandilocuentes; con entrega y voluntad; con sentimiento
y humildad; con ánimo de superación y aprendizaje, con
espíritu solidario y desinteresado, pero sobre todo, con pasión
y nobleza.
Y es por esa misma historia, de su génesis y desarrollo, en
la que contó todo el pueblo, en la que toda una comunidad colaboró
y participó entusiasta que nace este orgullo de pertenecer
a esta institución y el orgullo de contar con ella; de estar
atentos a su devenir y a sus vicisitudes; a sus alegrías y
tristezas; a sus logros y, a veces, de sus decepciones.
Es
todo un pueblo que los acompaña y apoya incondicionalmente,
que los quiere y admira y que se ufana de su reconocimiento. Por eso
puede decirse que todos los habitantes de General Rodríguez
somos un poco bomberos voluntarios, porque sus integrantes a través
de su conducta se han convertido -más allá de sus comportamientos
ejemplificadores- en símbolo que nos dignifica y en norte en
el cual ojalá, como dijimos al principio, aquellos que dirigen
-y dirigirán- los destinos de este pueblo, puedan contemplarse
porque en ellos radican las virtudes que espera toda una comunidad
de sus representantes.