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Capítulo 7

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Los personajes de Yugioh  pertenecen a su creador.

Advertencia:  Shounen-ai, AU, OOCnes, lobos y nieve.

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"Jou." Seto gruñó peligrosamente y Jounouchi dejó de sonreir.

"¿Lo hice mal?" Ante la inocente actitud Seto no pudo más que llevarse la mano libre a la sien y  suspirar profundamente.

"Yo pienso que lo hizo muy bien." Sonrió Ryou dándole una mirada satisfecha.

"Ryou, no lo ayudes." Murmuró Seto volteándo los ojos.

"Sólo hice lo que tú mismo hiciste." Dijo Jou rascándose la cabeza. "¿Es algo malo?" Ryou comenzó a reir de buena gana aún cuando Seto lo empujó de su regazo y cayó al suelo. El peliblanco no podía parar al ver la variada tonalidad de rojos que podía tomar la cara del  mago.

"Ustedes dos me la van a pagar tarde o temprano." Murmuró disgustado provocando aún más la risa de Ryou, quien apenas podía respirar. De  pronto su rostro tomó una extraña expresión. Una peligrosa media sonrisa se  mostró para el horror de Ryou. "Ya sé lo que van a hacer." Dijo al tiempo que agarraba a Bakura por las ropas y lo ponía en pie. "Tú irás a donde sea que tienes tu cabaña y empacarás lo más indispensable. Me acompañarás a la Convención."

"No. Set, no me puedes hacer eso." Le dijo en un hilo de voz  el muchacho.

"Claro que puedo, irás conmigo y Jou también nos acompañará.  Por lo que te necesito para que me ayudes a que no se meta en  problemas."

"¡Oye! Yo sé cuidarme solo."

"En la montaña sabes  cuidarte solo, pero en una reunión de magos hasta yo tengo problemas cuidándome las espaldas." Un ahogado gruñido llamó la atención de los tres.

*¿Puedo ir contigo Jou?*

"Ahh, eso sí que no, el lobo se queda aquí." Gruñó Seto autoritario. "Serías más que suficiente con que Jou fuera." Dijo al tiempo que se levantaba decidido, pero se encontró con un par de miradas tristes, la de Jou y la de Bakura. "Demonios." Musitó entre dientes. "Dije que no."

Jounouchi, al ver que la táctica no estaba funcionando, lo atrapó del brazo y lo obligó a voltear. Lo próximo que supo Seto fue que sus sentidos eran invadidos por la más agradable de todas las sensaciones pero no el tiempo suficiente. "¿Puede ir?" Susurró Jou despegando levemente sus labios de los de Seto. Si la reacción de Ryou era algún indicador, seguramente podría convencer  al humano de la misma forma en que había puesto al peliblanco a su favor.

"N... ummhh..." Trató de negarse pero el rubio lo volvió a  atrapar.

"¿Puede ir?" Repitió cuando lo dejó respirar.

"Jou...  mmmhh..." Seto comenzaba a perder todo razonamiento ante el ataque.

"¿Por favor?"

"Por todos los cielos, Jou... mmmmmhh..." Esta vez el rubio ni  siquiera le preguntó, Seto ya estaba demasiado ido como para contestar coherentemente, sin embargo un movimiento de la cabeza indicó su  acuerdo.

"¡¡Sí!!" De la alegría volvió a atrapar la boca de Seto, dándole  un beso que atentaba con robarle la respiración al moreno. Lo soltó y comenzó a saltar por la habitación de la alegría. Honda lo acompañó en su extraña demostración de alegría. Bakura sonrió desde su lugar.

"Te dije que es peligroso." Dijo con satisfacción apenas contenida al ver el rostro de Seto  cambiar de colores aún cuando no se le quitaba aquella cara de  tonto.

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Seto aún no podía creer que había accedido a llevar  al lobo con ellos. Además estaba el problema de si asustaría a los caballos o  no. Sus preocupaciones pasaron de ser simples brisas invernales a completas  nevadas. En primer lugar se acababa de enterar que Ryou nunca había subido a un  caballo. El enorme animal, algo peludo por el frío de la estación, tampoco  parecía llevarse bien con el joven, relinchaba y corcoveaba cada vez que Ryou  intentaba siquiera acercarse. El mismo fenónemo pasaba con el animal de  Jounouchi.

Finalmente optó por enganchar ambos caballos a un enorme  trineo en el cual subieron el equipaje, el lobo y los dos jóvenes, aunque Seto  no cesaba de echarles miradas desconfiadas. Decidió que no resolvería nada con  preocuparse por el momento, después de todo le daba algo de serenidad el hecho  de que no dejaría a esos dos solos por una semana en la cabaña. Después del  suceso de la mañana anterior Jounouchi parecía no entender realmente lo que  había hecho. Con un corto aguijoneo a su caballo emprendieron la  marcha.

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El nevado paisaje cubría la extensión completa de  las montañas y su valle, pero más allá de eso el paisaje comenzaba a reverdecer  lentamente. Jounouchi, Ryou y el lobo admiraban asombrados el cambio. No era  usual que alguno de ellos conociera otra estación que no fuera la blanca  alfombra nevada. De Jou y del lobo era de esperarse, nunca habían bajado de las  montañas, pero Seto se sorprendió al ver la misma expresión en el rostro de  Bakura. Usualmente solía visitar a su hermano por varias semanas a través de  todo el año y siendo que el joven vivía en un lugar un poco más templado ya  estaba acostumbrado. Quizás Ryou sólo había bajado alguna vez al pueblo, pero  aún así le sorprendía el hecho. Al final del día habían pasado dos pequeños  poblados y varias rústicas aldeas. En el último pueblo consiguió un lugar donde  pasar la noche para los tres ocupantes, aunque aún existía el problema del lobo.  Jou se había negado a permitir que su *amigo* pasara la noche en un lugar que no  conocía aunque no fuera tan frío y era imposible que Seto lo hiciera pasar por  un perro a menos que...

"Una ilusión mágica." Dijo finalmente y comenzó a  susurrar las palabras, prontamente la blanca bestia tomó la semblanza de un  perro para trineos. Aún así, el truco no engañaría a ninguno de los perros que  hubiera en los corrales. Por una suma adicional logró que le permitieran subir  al animal... de hecho, una suma considerable, ya que el dueño de la posada, a  pesar de ver a un perro, no quería dejar subir al animal.

"Debes  comportarte Honda, si necesitas cualquier cosa despiértame a mí o a Ryou, mejor  a Ryou, él sabrá qué hacer." Le susurró el rubio en la oreja al  lobo.

*Bah, ¡mira quién lo dice!* Gruñó el lobo por lo bajo, obteniendo  una mirada de desaprobación del moreno de ojos azules. *Bien, bien, lo que sea.  Pero no esperes que te mueva la cola y te saque la lengua como aquellos tontos  de allá.* Dijo al tiempo que le daba una mirada a los corrales donde estaban el  resto de los perros de trineo. Jounouchi dejó escapar una sonora carcajada que  atrajo la atención de Seto y de Ryou a la vez.

"Vaya, vaya, ¿pero qué  tenemos aquí?" Una voz burlona se hizo eco en el pasillo en el justo momento en  que se dirigían a sus habitaciones. Seto volteó lentamente, cruzándose de brazos  y aguzando la mirada. La posición puso en guardia a sus tres acompañantes de  inmediato, teniendo Jou que reprimir un leve gruñido que se hizo eco en Honda  pero con más fiereza. "Oye, dile a tus perros que se tranquilicen." Añadió con  sorna.

"Isthar." El nombre salió como un siseo entre los dientes de  Kaiba. "¿A qué debemos esta desagradable coincidencia?"

"¿Es que acaso no  puedo hospedarme donde me plazca, como todo mago honesto?" Dijo haciendo un  gesto con la mano.

"Como todo mago... pero lo de  honesto..."

"Hieres mi noble alma." Dijo al tiempo que se hacía el  ofendido. Kaiba optó por no prestarle más atención y Marik Ishtar siguió con sus  enormes ojos púrpuras la procesión tras el afamado mago. Sus ojos recayeron en  los platinados cabellos de Ryou, sin hacerle caso a ninguno de los otros  acompañantes. Por unos momentos sólo pudo ver los cabellos y las espaldas de su  dueño pero cuando Ryou volteó, los obscuros ojos color chocolate se detuvieron  largamente en los suyos. El joven era exquisito en su opinión. Se humedeció los  labios con lentitud, la vista aún fija en la del joven y lo vio tomar un leve  pero seguro tinte rosado. Sonrió para sus adentros, aquella sería una presa  fácil si con sólo una mirada podía hacerlo sonrojar. Los vio entrar a una de las  habitaciones más amplias y arrugó el ceño. Si todos ocupaban la misma habitación  no tendría oportunidad de escurrirse a la habitación del albino esa noche.  Maldijo en su mente. Kaiba siempre tenía una forma muy peculiar de complicar sus  deseos.

A la mañana siguiente un muy agitado Honda salió de la posada  como alma que llevaba el diablo, tras el un furioso Ryou agitaba una de sus  camisas. El lobo, durante la noche, se había conseguido la prenda y había  dormido sobre ella, por lo que ahora Ryou tendría que buscar entre sus pocas  pertenencias algo que le sirviera durante el viaje hasta que pudiera conseguir  lavar aquella. Traía cara de pocos amigos y cuando regresó se topó con un  sonriente Marik al principio del pasillo.

"Buenos días, ¿sucede algo?"  Preguntó con una amable sonrisa. Ryou lo observó por unos momentos antes de  desviar la mirada.

"No... nada en especial." Dijo mientras sujetaba  fuertemente la camisa. Estaba a punto de rebasarlo cuando el hombre le arrebató  la camisa de las manos.

"¿Y esto?" Observó la camisa por ambos lados,  estaba sucia con algo que parecía tierra y unas huellas, decididamente el perro  que habían llevado con ellos. "Umhh... es por esto que no permiten mascotas en  las habitaciones." Le dijo con cierto tono de sarcasmo. Ryou le trató de  arrebatar la camisa pero el hombre la sacó de su alcance con  rapidez.

"Devuélvemela, por favor." Le pidió el albino luego de  componerse, la mirada peligrosa.

"No te sirve de nada y si van a salir  ahora no podrás esperar a que la limpien."

"Ese no es tu asunto."  Refunfuñó con molestia. A Marik le pareció que el rostro semi enojado del albino  era lo más interesante que había visto en mucho tiempo.

"Hagamos un  trato. Yo no partiré hasta más tarde y sé que se dirigen a la Convención  Anual..."

"¿Cómo lo sabes?" Preguntó el albino con sorpresa.

"Yo  también participo en ella y sé que Seto es la estrella principal del evento.  Pero no hablemos de cosas desagradables." Comentó al tiempo que torcía los  labios. "Quieres escuchar lo que tengo que decirte?" El joven asintió levemente  y se cruzó de brazos.

"Tengo otras camisas que pueden servirte para el  camino, escoge una o varias de ellas y cuando lleguemos a la Convención me las  puedes devolver."

"¿Y eso es a cambio de qué?"

"Ahh... no podría  ser un simple gesto para mostrar mi lado bueno?"

"Dijiste que sería un  trato." Dijo el albino entrecerrando los ojos con desconfianza.

"Ummhh...  astuto." El joven sólo dio un resoplido. "¿Podría ser a cambio de un beso?" Le  dijo en un tono de voz que desbordaba sensualidad. Ryou se sintió demasiado  sorprendido como para responder pero al rato salió de su estupor. ¿Quién se  creía aquel hombre que era él? Con un gesto de indignación le arrebató la camisa  y se dirigó pasillo abajo a la habitación donde Jou y Seto lo  esperaban.

Marik suspiró profundamente, plantándose una sonrisa nublaba.  "Tiene temperamento." Murmuró más para sí que para cualquier otro. "Eso me  agrada." Se internó en su habitación y comenzó a alistarse, en su mente  comenzaba a fraguarse un plan.

Una hora más tarde, Seto, Ryou y Jounouchi  bajaban con sus pertenencias al comedor de la hospedería. Mientras Ryou ordenaba  para todos, Seto y Jounouchi se dedicaron a poner las cosas en orden en el  trineo. Un Marik Ishtar muy cuidadoso se acercó a donde estaba el albino y se  sentó en silencio en una de las mesas contiguas pero no muy cercanas. El joven  vestía una camisa demasiado grande para ser suya bajo el abrigo que le había  visto el día anterior. Arrugó el ceño, Seto debía haberle prestado una de las  suyas. ¿Acaso eso significaba que el mago y el albino tenían algo entre ellos? Y  de ser así, ¿qué rayos pintaba el rubio en todo aquello? Cuando la muchacha que  tomaba las órdenes terminó con la de Ryou, se dirigió a él y por consecuente, la  mirada del joven se desvió a donde se hallaba sentado.

Lo vio voltear  rápidamente en el momento en que sus miradas se encontraron y una sonrisa se  dibujó en el rostro de Marik como saludo. Le pidió un café muy cargado a la  jovencita que pronto se retiró. Desde su posición podía observar el perfil del  joven. Era el perfil de la inocencia cuando no tenía aquella mirada recelosa que  le había visto en la mañana. Al poco rato vio regresar a sus compañeros de  viaje. Kaiba lucía como siempre, arrogante en aquella forma tan suya que lo  hacía querer golpearlo a veces, humillarlo hasta que no pudiera levantar su  rostro, pero había aprendido en poco tiempo que Seto Kaiba no era persona fácil  de humillar. Observó entonces al rubio que los acompañaba, si bien los  movimientos eran gráciles, sus acciones y su comportamiento eran algo...  desconcertantes. No bien llevaba unos minutos observando al joven cuando este se  volvió y lo miró fijamente a los ojos. Una especie de advertencia pasó por  aquellas extrañamente claras profundidades. "Jummhh..." pensó para sus adentros.  "Esto es interesante." Levantó la mano para saludar al chico pero no recibió  respuesta hasta que Seto se dio cuenta de lo que sucedía y rependió levemente al  joven.

El desyauno del grupo continuó sin incidentes hasta que el joven  de los cabellos rubios se levantó de la mesa con una buena cantidad de comida en  un plato y salió afuera. Seto dejó unas monedas sobre la mesa y el albino lo  siguió. Pausaron levemente para susurrarse algo que no pudo escuchar y  continuaron. De repente Seto gruñó suavemente y le hizo señales a su compañero  para que continuara mientras él regresaba a su habitación. Marik vio ahí la  oportunidad que buscaba y se levantó de la mesa.

Siguió a Kaiba hasta la  recámara y desde la puerta lo vio sacar unos pergaminos de una de las gavetas y  guardarlos en su grueso abrigo de pieles blancas. Cuando el moreno iba de salida  se topó con el hombre de los ojos púrpuras. "¿Qué quieres?"

"Oh, vamos,  Kaiba, ¿qué formas son esas de saludar a un compañero mago?" Kaiba se limitó a  continuar observándolo sin dar muestras de querer caer en su juego. Suspiró  levememente, vaya que era dificil lograr que Kaiba le siguiera el juego. "Sólo quería saber si podía acompañarlos en el camino a la Convención. El camino es algo largo y no me gustaría recorrerlo solo este año." Kaiba levantó una ceja de  forma casi imperceptible. ¿El temible Ishtar le estaba pidiendo permiso para  acompañarlos durante el viaje? Aquello tenía toda la pinta de una  treta.

"Olvídalo." Masculló.

"De todas formas terminaría siguiéndolos. ¿Acaso no estarías más tranquilo sabiendo dónde estoy antes que  preocuparte por lo que podría estar planeando?" Kaiba se detuvo en seco. Para  los estándares de Marik aquello era casi suplicar. El muy bastardo nunca forzaba  su suerte, menos con él. Lo observó de arriba a abajo.

"Sólo si utilizara  un hechizo de control mental sobre ti." Le soltó con honesta sorpresa.

"¿No hablarás en serio?" Le replicó el hombre con algo de duda.

"No me digas que estás contemplando la posibilidad de permitírmelo." Era una situación que nunca había pasado por su cabeza siquiera en su imaginación. Que Marik Ishtar le pidiera, no, le suplicara poder  acompañarlo y que realmente estuviera considerando someterse a sus términos.  Definitivamente algo olía mal allí, sino Ishtar no tendría tanta urgencia por  acompañarlos. La desconfianza aumentó considerablemente pero Kaiba se mantuvo  impasible.

"No... creo que mi interés no llega a tanto." Replicó el  hombre con algo de decepción en su rostro. "En fin, supongo que tendré que esperar a estar en la Convención."

"Ishtar." Gruñó Seto a sus  espaldas.

"Sabes... me gusta como haces resonar la última sílaba, es  muy... interesante." Le dijo con picarída pobremente contenida.

"Acompáñanos, pero al primer problema me aseguraré que no  llegues a la Convención a tiempo." Volvió a gruñir el moreno y Marik sonrió ampliamente. "No tardes demasiado o te quedarás solo."

"Como ordenes  Kaiba." Dijo risueñamente y se dispuso a terminar de prepararse antes de que el  moreno cambiara de opinión.

Ryou vio con algo de confusión cuando Marik  alistó sus caballos al lado del trineo y le echó una mirada de interrogación al  moreno quien simplemente se volteó y se dispuso a emprender la marcha. El albino entonces miró al hombre que comenzaba a cabalgar justo al lado del trineo. Marik  se limitó a sonreir ampliamente y Bakura volteó los ojos con resignación. Aquel, sin duda, iba a ser un viaje largo para él. Una blanca centella salió disparada desde los arbustos cercanos y comenzó a seguir el trineo. "¡Apúrate Honda!"  Gritó el rubio alegremente mientras reía al ver que su amigo corría muy agitadamente con la lengua por fuera.

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Capítulo 8
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