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Capítulo 8

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Los personajes de Yugi-oh  pertenecen a su creador.

Espero que este  capítulo les guste tanto como los demás. Cuidense  mucho.

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Aún quedaban dos días de camino hacia el lugar  donde se llevaría a cabo la Convención Anual. Hubieran llegado antes de no haber  sido porque iba con el trineo a rastras aunque de todas formas tendría que  deshacerse de dicho transporte ya que pronto sería imposible continuar el camino  con las navajas del mismo. En el próximo poblado esperaba conseguir un coche.  Echó sus actuales pensamientos a un lado para darle un vistazo a la comitiva que  lo acompañaba. Ryou y Jounouchi se habían cubierto con las pieles que les  servían de abrigos y se habían acurrucado uno al lado del otro. Honda descansaba  plácidamente sobre el asiento al lado del rubio. Justo entonces su mirada pasó a  fijarse en el último acompañante.

Marik no había tenido problema en  seguirlos, sus caballos era tan bueno como cualquiera de los de Kaiba y el que  montaba era especialmente dócil, dejando al otro equino llevar sus pertenencias.  Lo que llamó su atención fue que el hombre observaba sin pudor ninguno las  figuras dormidas en el trineo, pero dado que ambos ocupantes estaban tan cerca  no podía discernir qué era en realidad lo que observaba.

Marik por su  parte, tenía un serio problema decidiendo si el albino estaba en una relación  con Kaiba o en una relación con el rubio dormido a su lado. Una molesta  sensación lo obligó a cambiar la vista hacia Kaiba. El hombre le estaba dando  una mirada recelosa y llena de advertencias. ¿Pero le advertía de qué? Una  pequeña lucecita le iluminó las ideas, ideas muy retorcidas cabe decir. Quizás  Kaiba estaba involucrado con los dos jóvenes al mismo tiempo. Aquella mirada  contenía mucho más de lo que alguna vez le viera reflejar al moreno. Sonrió  levemente y las violaceas profundidades brillaron con una mezcla de decepción,  travesura y picardía. Seto arrugó el ceño con cierto desprecio, aún no entendía  con claridad cómo era que se había dejado convencer para permitirle  acompañarlos. Pero, como había dicho antes el mismo Marik, estaba más tranquilo  sabiendo en dónde se encontraba excatamente la sabandija que temiendo  encontrársela en el momento menos oportuno.

Kaiba lo observó reclinarse  sobre el cuello del caballo, aparentemente susurrándole algo al oído. El caballo  relinchó ruidosamente en su dirección y Marik echó a reir de buena gana causando  que Seto se enderezara arrogantemente y les enviara una mirada más airada de ser  posible. El relincho causó que los durmientes despertaran y Marik vio con gran  deleite cómo el peliblanco observaba a su alrededor medio adormilado. ¿Cuánto  daría él por despertar una mañana con aquella mirada buscándolo? Dejó de reir  por un momento y en su rostro se reflejó una mezcla de pura sorpresa y algo de  miedo, reacción provocada por sus propios pensamientos. Marik nunca se había  permitido "amanecer" con ninguno de sus amantes. ¿Qué significaba entonces aquel  repentino deseo? Sacudió la cabeza y se pasó ambas manos por el rostro tratando  de alejar las imagenes que recién se le formaban pero una última frase coherente  pasó con juguetona molestia frente a sus ojos. *Has caído por el albino, Marik,  realmente has caído.* La sonrisa volvió algo entrecortada por el nerviosismo y  cuando Ryou detuvo su vista en él, sonrió suavemente a modo de saludo.

El  viaje hasta el próximo poblado pasó sin más problemas que un Jounouchi  suplicando que se detuvieran para ver algunos venados que habían salido  espantados de entre los secos árboles al ver el trineo.

Finalmente  llegaron hasta un hospedaje que le pareció lo suficientemente decente a Seto y  allí detuvo el trineo, aún era lo suficientemente temprano como para buscar un  coche, seguramente alguno de los habitantes tendría uno adicional. Ryou y  Jounouchi se estiraron ruidosamente mientras Seto volvía a reforzar el disfraz  de Honda. Kaiba le dejó una bolsa a Ryou para que se registrara en el hospedaje  y ordenara algo de comer para él y para Jou mientras iba a ver dónde conseguía  un coche. Ambos chicos habían entrado y Kaiba tiró del brazo de Marik con  fuerza, impidiéndole entrar. Se volteó a verlo, había algo de aprehensión en  aquellos ojos azules. "No los pierdas de vista." Le ordenó el moreno con  frialdad. Marik se safó del agarre de Kaiba y trató de recuperar su pose  despreocupada.

"¿Desde cuándo soy tu niñera, Kaiba?" Lo observó buscar  entre su abrigo y sacar una bolsita negra. Kaiba le agarró la mano y puso la  bolsita en ella, repitiendo sus palabras. Sólo atinó a mover la cabeza  afirmativamente, era como si en la voz de Kaiba hubiera una nota de súplica, más  de lo que alguna vez hubiera pensado escuchar del hombre y eso lo alarmó un  poco. Kaiba nunca suplicaba, menos a alguien como él. Cuando salió de su estupor  se halló solo frente a la hospedería, pesó la bolsita en una mano pero no la  abrió, guardándosela en el bolsillo de su propio abrigo entró al  mesón.

Al entrar buscó con la mirada a los dos jóvenes y los encontró  ordenando algo de comida a una jovencita que, con la mirada desorbitada, anotaba  el pedido. Sonrió para sus adentros y se acercó. Al sentarse recibió una mirada  levemente hostil de parte de ambos y levantó las manos en señal de paz. "Oigan,  no me miren así, cualquiera pensaría que no soy bienvenido." Ryou refunfunó y  Jounouchi pareció gruñir levemente. Sonrió abiertamente y ambos jovencitos  continuaron su órden, no sin darle otra mirada recelosa. ¿Por qué Kaiba le había  pedido vigilarlos? No parecía que fueran a dar más problemas que los que un par  de jóvenes podía dar.

La comida pasó sin problemas, aparte de que Ryou  parecía vigilar que Jounouchi no comiera demasiado rápido, atención que parecía  molestar un poco al rubio. Marik también había pedido algo, pero los dos jóvenes  terminaron mucho antes que él. De repente Jounouchi se levantó con un plato de  comida en la mano. "Hey, ¿a dónde vas?"

"Le llevo comida a Honda." Fua la  simple respuesta y el rubio salió. Marik lo observó hasta que lo vio salir un  poco de la posada y ofrecerle la comida al perro que los seguía, entonces  recordó al animal. Continuó comiendo mientras Ryou terminaba de comer. Al cabo  de un rato el rubio regreso y junto con Ryou se dirigieron a las habitaciones  que habían rentado. La posada no contaba con habitaciones para más de dos  personas a la vez, por lo que Ryou había rentado dos. Cuando Seto regresó y se  encontró con el dilema de las habitaciones no le prestó demasiada atención,  ahogando la voz que le decía que aquello iba a traerle problemas.

Fue al  momento de ir a dormir que Seto cayó en cuenta de la situación. Si bien ambas  habitaciones eran para dos personas Ryou había olvidado especificar que fueran  camas separadas. Bajó tan rápido como pudo a buscar al dueño de la hospedería y  solicitarle otras habitaciones, pero era demasiado tarde para el cambio, el  resto de la hospedería estaba ocupado. Suspiró resignado, al menos tenían dos  habitaciones. Decidió que Ryou y Jounouchi pasarían la noche en una sola  habitación. Al menos así podría recuperar algo del sueño que no había podido  tener durante la primera noche gracias a dos jóvencitos que apenas podían  quedarse dormidos y un lobo que les seguía los pasos. Otra vez aquella alarma en  su mente le decía que no debía dejar a aquellos dos juntos y otra vez Seto la  ignoró completamente.

Todo le parecía perfectamente tranquilo hasta que a  eso de la una de la mañana escuchó en la habitación contigua unos golpes sordos,  seguidos por unas risas ahogadas. Se levantó adormilado y el ruido cesó. Estuvo  a punto de irse a dormir nuevamente cuando el ruido volvió a escucharse. Con un  sordo gruñido salió de la habitación y tocó a la puerta donde debían estar  dormidos Ryou y Jounouchi. Un agitado Ryou abrió lo recibió en la  puerta.

"¿Anou, qué sucede Set?"

"Eso me gustaría saber. ¿Por qué  no están dormidos?"

"Pues..." Ryou observó al interior de la habitación  algo temeroso pero con el movimiento unas blancas plumas resbalaron de sus  cabellos. Seto las atrapó en el aire con suavidad y cuando el albino lo volvió a  mirar observó con horror cómo el moreno analizaba la blanca  evidencia.

"¿Bakura?" Siseó el moreno con los ojos cerrados y sujetando  frente a sí la pluma.

"¿Sí?"

"Déjame entrar." El albino bajó la  cabeza y se alejó de la puerta permitiéndole al moreno entrar a la habitación.  Seto tenía la leve esperanza de que lo que imaginaba no fuera una realidad.  Luego de echar un frío vistazo al cuarto tuvo que admitir que no era como se lo  había imaginado sino peor. No sólo las almohadas de pluma de ganso yacían  destrozadas y su contenido regado por toda la habitación. También había una cama  en el suelo, safada de su cajón de madera y un colchón rasgado en varios  lugares, mostrando que su contenido también habían sido suaves plumas de ganso.  Un rubio de claros ojos, ex lobezno y futura mascota yacía con una enorme  sonrisa, almohada en mano. Y para completar... una mullida y blanca cabeza, con  ojos color miel, cubierta también de plumas... Seto tuvo que llevarse una mano a  la venita que amenazaba con reventar en su frente. "Suficiente." Dijo en un tono  de voz bajo y peligroso, con lo que la sonrisa de Jounouchi se esfumó. "Tú..."  Dijo señalándolo. "Vienes conmigo. ¡Y tú!" Dijo al tiempo que se pasaba la otra  mano por la nuca tratando de suavizar los músculos que brincaban del estrés.  "Bakura. ¿Cómo es posible que le permitieras hacer esto?" Rugió  finalmente.

Marik se sobresaltó al escuchar los gritos justo al frente de  su habitación, por lo que se puso una batola con rapidez y se asomó a la puerta  para ver lo que jamás habría imaginado. Seto Kaiba se comportaba como un ogro,  regañando y casi halándole las orejas a sus dos acompañantes.

"¿Pero  dónde voy a dormir, Seto?" Gimoteó el joven albino.

"¡Honda!" Gritó  lastimeramente el rubio mientras Seto lo llevaba casi a rastras a su  habitación.

"No, eso sí que no. El perro se queda a dormir en la  habitación que ustedes dos destrozaron." Un gemido descontento se escuchó de  parte de dicho animal.

"Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí?" Seto giró  rápidamente para encontrarse con su sospechoso acompañante. "¿Mala noche?" La  respuesta fue un gruñido. Kaiba empujó a Jou adentro de su habitación y regresó  a la habitación destruida, saliendo al poco rato con un Ryou medio lloroso  tomado del brazo.

"Ishtar." Le dijo entre dientes y tratando de no hacer  contacto visual, cosa que le extrañó al propio Marik. "Sería mucha molestia si  compartieras la habitación con Ryou? Creo que en estos momentos será muy dificil  conseguir una habitación."

"¡Pero Seto!"

"Bakura, es esto, dormir  en el suelo o dormir sobre el colchón destrozado." El peliblanco suprimió una  lagrimita mientras trataba de controlar un sollozo.

"¿Por favor?" Ahora  sí que Marik tenía ganas de echar a reir a lo grande. Jamás había escuchado esa  palabra ni hubiera pensado escucharla en los labios del gran mago Kaiba. Encima  de eso le estaba ofreciendo la compañía que tanto había estado anhelando desde  que viera al peliblanco. Era demasiado perfecto. "Pagaré la mitad de la  renta..."

"Eso no es necesario, Kaiba. Este es el tipo de favores que  puedo hacer gratis." Dijo con una sonrisa llena de picardía. "Además,  necesitarás el dinero para pagar la habitación arruinada." Esta vez le añadió un  tono de simpatía. Seto sintió que todo su ser se estremecía de coraje ante la  insinuación pero trató de controlarse y murmuró un débil gracias. Se consoló con  la idea de que en la mañana, durante la Convención o cuando regresaran, Ryou se  las iba a pagar y con creces. Empujó levemente a Ryou en dirección a Marik,  ciertamente que no le agradaba tener que pedirle un favor a Ishtar, pero no le  veía otra solución. Por un momento sintió algo de compasión por el albino, pero  no pudo más que darle un ligero apretón en la nuca, el joven se volteó antes de  que Seto se alejara.

"Lo siento." Murmuró con suavidad y los ojos de Seto  se suavizaron levemente. La postura rígida y arrogante se derrumbo  inconscientemente mientras se volteaba en dirección a la habitación. Marik tuvo  que recordarse que aquel era Seto Kaiba y que en esos momentos tenía a su  disposición al albino... bueno... en un sentido lo tenía a su disposición, del  resto él se encargaría.

Le hizo una seña al joven para que pasara y tras  él cerró la puerta.

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"Jounouchi." Dijo el moreno secamente.  El rubio se giró y lo miró con intensidad. No le había gustado para nada que  Seto lo sacara de la habitación de aquella forma, no le había gustado que dejara  fuera a Honda y le había gustado menos que dejara a Ryou con Marik. Cruzó los  brazos y un leve pero audible gruñido se escuchó.

"¿Por qué dejaste a  Ryou con ese hombre?"

"¿Dónde se suponía que iba a dormir?" Le dijo por  lo bajo.

"Con nosotros."

"¡No hay lugar para los tres!" Estaba  perdiendo el control rápidamente.

"Yo hubiera dormido en el piso, no es  como si me hiciera falta la cama. Estoy acostumbrado." Volvió a  gruñir.

"Jounouchi, estás siendo irracional."

"Iré a buscar a  Ryou." Se dirigió a la puerta decidido.

"No, no lo harás." Dijo con  autoridad, tomándolo del brazo. Apenas había tocado al rubio lo sintió  estremecerse y esa fue la única advertencia que tuvo antes que Jou se abalanzara  sobre su cuerpo. Rodaron varias veces por el suelo y cuando pensaba que tenía al  joven bajo control volvía a safársele. Hubo un momento en que lo tuvo de  rodillas contra la cama, con el brazo torcido a la espalda.

"¿Cómo puedes  confiarle a un desconocido la seguridad de tu compañero?" Gruñó entre dientes el  rubio a pesar del dolor que debía estarle provocando la maniobra. "¿Cómo  puedes...? ¡¡Aarggghhhhh!!" Con aquel airado gruñido Jounouchi se empujó con la  cama y por consiguiente cayó sobre Seto, quien escuchó el audible sonido de la  coyuntura al salirse de su lugar en la base del hombro. Lo soltó de inmediato  pero el rubio parecía no haberse dado por enterado del suceso. Con otro salvaje  gruñido volvió a la carga y esta vez Kaiba quedó sobre el suelo de la  habitación, un peso sobre su espalda, su rostro contra la madera y una  respiración agitada en su oído.

Aquella situación ya la había vivido, un  peso sobre su espalda y la sensación de estar a escasos centímetros de la muerte  con unos afilados colmillos cerca de su cuello. Pero esta vez no era un lobo,  era Jounouchi, a quien había deseado hacía unos días cuando lo tenía dominado  sobre la nieve y a quien aún deseaba. La sola sensación de saberse sobrepasado  por el joven le provocaba un estremecimiento involuntario. Nunca nadie había  osado oponerse a sus deseos, nadie había osado retarlo... pero más importante...  nadie había logrado someterlo. Las sensaciones que aquella pesada respiración  sobre su cuello le causaban eran indescriptibles pero se quedó quieto y trató de  calmar su respiración para hablarle al rubio.

"Bakura va a estar  bien."

"¿Cómo lo sabes?" Demandó.

"Ishtar sería incapaz de tocarlo  sin su consentimiento. Lo conozco."

"¿Y cómo es que en un momento no  confías en él y de repente sí? ¿Acaso son todos los humanos tan volubles?" Seto  tragó con dificultad.

"Jounouchi... conoces a tus hermanos, pero no  conoces a los humanos, apenas llevas unos días en ese cuerpo. Marik podrá ser un  tramposo y una sabandija en cuanto a la magia se refiere... pero tiene honor."  Seto esperaba que sus palabras fueran ciertas, realmente no conocía a la  perfección a Marik, pero sentía que podía confiar en él la seguridad del  peliblanco.

"Si toca un solo cabello de Ryou ese tal Ishtar sabrá de lo  que es capaz un lobo de nieve enojado." Gruñó con fiereza mucho más cerca del  rostro de Kaiba. El moreno trató de buscar en su mente alguna razón por la cual  de repente el rubio se sintiera tan posesivo con el albino.

"¿Por qué te  preocupa tanto Bakura?" Lo sintió detener la respiración y levantarse un  poco.

"Ryou es como un hermano." Respondió con vehemencia. "Como Honda."  Seto se quedó en silencio, recordando las primeras palabras de Jounouchi acerca  del peliblanco. Olor a montaña, como el de un hermano. Claro que recordaba.  Luego de un rato Jounouchi aún no se había movido de su espalda. Seto decidió  tantear el humor del rubio y quizás hablarle en un lenguaje que entendiera,  moviéndose con suavidad hasta quedar de espaldas sobre el suelo. Jounouchi lo  observó con curiosidad mientras el moreno ladeaba la cabeza mostrándole el  cuello. Por unos segundos Jou no reconoció el gesto, no era como si a su corta  edad hubiera tenido la oportunidad de ganarle a uno de sus hermanos y estar al  otro lado de lo que significaba el gesto, pero finalmente la imagen le  llegó.

Estuvo a punto de levantarse y permitirle a Seto hacer lo propio  cuando recordó el suceso sobre la nieve. ¡Claro! Ahora que el humano se había  mostrado sumiso él debía mostrar su aceptación. Con algo de timidez inclinó su  cabeza, hundiendo sus labios en la gentil curva del cuello de Seto. El moreno  cerró los ojos con fuerza, una gemido de puro éxtasis retumbando en su garganta  mientras el rubio asaltaba aquel suave punto en su carne. "Jou..." Susurró sin  aliento. El aludido continuó su camino hasta llegar a su quijada y luego a su  boca, explorando con suavidad el interior. Sintió que Seto lo sujetaba por las  caderas y lo atraía con fuerza. Gruñó roncamente al sentir un súbito calor  concentrarse allí donde se habían tocado, como una apretada espiral que se iba  ajustando con pasmosa precisión.

Sin embargo tuvo que soltar de repente  la boca del moreno para dejar escapar un doloroso siseo. Kaiba acababa de tocar  su brazo dislocado. "Será mejor que nos ocupemos de tu brazo antes que empeore."  Le dijo en un susurro e intentó ponerse de pie pero Jou no se lo permitió de  inmediato. Le dio una fiera mirada, arrebatándole un último beso algo violento,  antes de soltarlo de la misma forma y ponerse en pie abruptamente. Había  aceptado la rendición del moreno pero eso no significaba que estuviera menos  enojado.

Seto agradeció que Jounouchi le estuviera dando la espalda, sino  hubiera visto lo dificultuoso que le era ponerse en pie luego de aquel erótico  asalto. "Siéntate." Y mientras el rubio lo hacía él se preparó mentalmente para  poner en su lugar la coyuntura.

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Ryou observó con recelo la  figura de Ishtar mientras el hombre se acomodaba sobre el colchón y le ofrecía  un espacio. Caminó con lentitud hacia el lugar que se le ofrecía sintiendo unos  enormes deseos de salir corriendo hacia la habitación destruida y dormir en el  suelo. No era como si no lo hubiera hecho antes.

"Oye, ¿qué sucede?" Le  preguntó con serenidad el hombre mientras lo observaba de arriba a abajo con  paciencia. "Por si las dudas... no muerdo." Añadió con una sonrisa,  arrepintiéndose de inmediato al ver que el albino se ponía más tenso aún. Era  como tratar de atraer un asustadizo animalito a su lado, la forma en que  temblaba, la forma en que los obscuros ojos seguían observando la puerta y el  lugar que le estaba ofreciendo, como si esperara el primer movimiento para salir  huyendo. "Te diré qué haremos. Pondré esta almohada aquí, justo en el medio."  Dijo dándole varias palmadas al objeto. "Así sabré hasta dónde puedo moverme y  no habrá peligro de que te toque mientras duermo." El joven pareció convencerse  un poco y se acercó más hasta que finalmente se acomodó en el colchón, justo a  su lado. "Que descanses." Murmuró antes de apagar la luz de la  linterna.

Ryou se quedó muy quieto bajo las sábanas, hasta que sintió que  la respiración de Marik se volvía rítmica y pausada. Sólo entonces se permitió  relajarse un poco. Se sentía demasiado extraño y para completar, las sábanas y  la almohada tenían impregnado el olor de Marik, una mezcla salvaje que no podía  reconocer. Como el perfume de alguna extraña planta que floreciera lejos de las  heladas montañas de nieve. Dio una que otra vuelta sobre la cama hasta que  finalmente se quedó dormido.

Marik despertó con una cálida y agradable  sensación. Observó a su alrededor, aún era de noche, quizás faltaban unas horas  para amanecer. Se movió sobre el colchón y se viró hacia donde sabía que estaba  el joven albino. En la semipenumbra podía ver la sombra, acurrucada  apretadamente alrededor de la almohada que había utilizado para *separarlos*.  Era como un pequeño angelito dormido. Sus cabellos blancos desparramados sobre  el colchón y aquella serena expresión. En esos momentos deseó con toda su alma  ser la mullida almohada que el joven abrazaba con tanta pasión o siquiera poder  tenerlo sobre su pecho, escuchando el palpitar de su corazón contra el suyo.  Suspiró profundamente. El no estaba hecho para ese tipo de relación, él sólo  servía para el engaño y la ilusión. No tenía nada que ofrecerle a un joven como  Bakura, ni siquiera amor, sólo un buen rato, corto o largo, dependería de cuán  interesado estuviera el albino.

Se quedó boca arriba en la cama, soñando  despierto, al menos eso era gratis y no dañaba a nadie. Si tan sólo tuviera un  día... un día completo para ser una persona diferente, que nadie reconociera y  señalara acusadoramente. Pero aquello también era un sueño que seguramente no  podría cumplir. Marik, estás delirando, se dijo a si mismo. Lentamente se dejó  vencer, sonriendo quedamente al sentir unos cabellos blancos acariciarle el  pecho en sueños. Soñar no le hace mal a nadie Marik, sólo a  tí.

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Bueno, flamas, dudas, preguntas, comentarios críticas,  todo es bienvenido. Ja ne minna-san!!
Capítulo 9 pronto
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