| ******* Capítulo 5 ******* Los personajes de Yugi-oh pertenecen a su creador. Advertencia: Shounen-ai, AU, OOCnes, lobos y nieve. ******* Era apenas de madrugada, o al menos eso le pareció a Seto cuando de la nada sintió un peso abruptamente sobre la cama y despertó sobresaltado. "¡Buenos días!" Le gritó alegremente Jounouchi cerca de la cara. "¡¡Jou!!" Reaccionó asustado ante la cercanía. "¿Umh?" El rubio puso cara de no entender su reacción. "¡Bájate de encima de mí!" Le gritó con el rostro rojo. "Ah, lo siento." Le dijo con una sonrisa arrepentida el rubio y saliéndose de encima del hombre. "¿Por qué estás levantado tan temprano? ¿Sucedió algo?" Del susto pasó a la preocupación. El rubio puso cara de sorpresa. "¿Temprano? Siempre me levanto a esta hora." Decía al tiempo se sentaba en el suelo sobre la alfombra. Escuchó que Seto murmuraba palabras que no podía entender claramente a pesar de su buena audición. "Además... los conejos están levantados desde mucho antes. Ya deberíamos estarlos esperando." Seto arqueó una ceja con curiosidad. "¿Qué te hace pensar que iremos a ver a los conejos?" "Pues... pensé que podríamos ir a cazar juntos. Cazar para uno mismo ya es suficiente trabajo y yo puedo alimentarme sólo, no quiero ser una carga. Honda y yo solíamos cazar juntos y es un poco más fácil." "¿Quién es Honda?" Tiempo de sacarle algunas respuestas al lobezno. "Mi hermano. ¿Tú tienes hermanos?" Le contestó con la más inocente de las miradas. A la pregunta Seto se revolvió incómodo en la cama. Hacía mucho tiempo que no veía a su hermano, pero se escribían con gran frecuencia. Ahora el chico tenía sus dieciseis años. "Hai." "¿Bakura?" Con las constantes apariciones del peliblanco no era una sorpresa que pensara que tenían alguna relación en común. Pero Bakura era una relación muy diferente... "No. Su nombre es Mokuba." Dijo con suavidad. "Ahh. ¿Y por qué no está contigo?" "Estudia." Seto optó por levantarse, de nada le servía tratar de dormir, no mientras el lobezno estuviera allí. Por la expresión de Jounouchi sabía que no había entendido demasiado del asunto de su hermano. "Jou, si tienes hambre podemos preparar el desayuno." "¿Conejo?" Exclamó con sus ojos muy ilusionados. "No... pero estoy seguro que te gustará." Dijo dando un pequeño respingo de incomodidad. Jou se le quedó viendo cuando salió de la cama y Seto comenzó a incomodarse. "¿Qué tanto miras?" Le dijo molesto. "Ah... lo siento. No sabía que te molestara." "Pues me molesta." Gruñó malhumorado. Jounouchi cambió el rostro algo confundido, observando nerviosamente los alrededores hasta que finalmente decidió que sería mejor darle su espacio a Seto. Sabía que de vez en cuando sus hermanos lo necesitaban, sólo que era mucho más fácil entenderlos a ellos que al humano. "Estaré afuera." Dijo por lo bajo y Seto maldijo internamente al ver que había hecho sentir mal al rubio. Cuando salió lo encontró echado boca arriba sobre el sofá de la sala, un brazo colgando del mueble y otro tras la nuca, las piernas cruzadas una sobre la otra. Le tiró a la cabeza una batola y vio con satisfacción cómo el rubio daba un brinco, enredándose en la prenda y cayendo al suelo con un suave golpe. "Ponte eso, hace demasiado frío en la cocina." Le dijo al tiempo que desaparecía en dirección a dicho lugar. Jou se levantó con entusiasmo y lo siguió en un retumbar de pies descalzos sobre madera. Vaya que tenía hambre. Con algo de trabajo logró imitar la forma en que el humano tenía puesta la prenda. "Ve y sientate en la mesa mientras preparo algo de comer." Jou torció un poco la boca, Seto era mandón en las mañanas, algo que le recordaba a Yami. Gruñó brevemente pero se sentó a la mesa. Al cabo de un rato el olor a tocineta y huevos lo tenía impaciente y cuando finalmente Seto le colocó un plato enfrente sin pensarlo dos veces se echó un trozo de tocineta aún caliente a la boca. "¡¡¡¡Aaaaaahhhhhh!!!!" Se puso en pie tirando la silla al suelo y parte de lo que había en el plato, la jarra con jugo sobre la mesa se viró y cayó sobre el desayuno de Seto. El corazón le latía desbocado cuando el dolor cesó, se había sentado sobre el suelo desconcertado y una pequeña lagrimita se le había escapado. Seto se limitó a llevarse una mano a la sien y masajearse brevemente. No podía culpar al lobezno por completo, seguramente nunca en toda su vida había comido algo más caliente que un conejo acabado de degollar. Se levantó de la mesa, tomando al rubio por un brazo y ayudándolo a ponerse en pie lo llevó tras de sí. Le puso un grueso abrigo, medias y botas, haciendo lo propio y lo llevó fuera de la casa. Se agachó a tomar un poco de nieve limpia en las manos y se la ofreció al rubio. "Ten, esto te quitará el dolor." Jounouchi hizo como le indicaba Seto, lamiendo la nieve en ocasiones o echándose una poca a la boca. El dolor disminuyó considerablemente y Jou continuó comiendo la nieve hasta que sus labios tomaron un tono azuloso. "Gracias." Seto parpadeó y en un segundo cambió el rostro para impedir que se notara el sonrojo que lo plagaba. Observó a su alrededor, la mañana se perfilaba tranquila, con su nívea eternidad cubriendo el valle completo y la montaña. En esas se encontraba cuando una bola de piel pasó a su lado como una centella. Se cubrió el rostro para evitar la nieve que comenzó a volar por todas partes. "¡¡Jou!!" El rubio se detuvo en seco en sus acciones, tenía nieve en todo el cabello y parte del rostro y se hallaba boca arriba sobre ella en el proceso de retorcerse. Seto quedó como hipnotizado por la escena, el lobezno se veía tan... gracioso. Sacudió la cabeza. "¿Qué se supone que haces?" "Sentir la nieve. Se siente muy bien, deberías intentarlo." Sonrió nuevamente Jou, se levantó brevemente hasta alcanzar la mano de Seto y de un tirón lo lanzó sobre la nieve a su lado. "¡Oye!" La nieve estaba recién depositada por lo que se hundían con facilidad en ella, como sobre nubes congeladas y Seto gruñó molesto, acción que fue tomada equivocadamente por Jou como una invitación al juego sobre la nieve. Se lanzó sobre el hombre de cabellos achocolatados, formando una escaramuza monumental. Seto ya no se encontraba de humor para verle la gracia a las actitudes del lobezno y de un certero movimiento pilló al rubio abajo suyo sin darse cuenta que gruñía del coraje. Jou abrió los ojos como platos al sentir la fuerza con la que el humano lo estaba sujetando, no podía moverse, quedando indefenso, por lo que hizo lo que le era lógico y que había aprendido primero que cazar. Se quedó muy quieto, relajando brazos y piernas y echando la cabeza a un lado para mostrarle su punto más vulnerable, su cuello. El silencio y la situación tardaron un buen rato en llegar a la mente de Seto quien continuaba sobre Jou. La escena, cuando la comprendió, lo golpeó fuertemente. Jou sólo intentaba jugar, como cualquier cánido joven y él lo había atacado, llevándose la ventaja, por lo que ahora el joven le presentaba la completa submisión que un lobezno le ofrecía a sus adultos. Quizo retirarse y borrar el suceso, pero algo lo retenía allí. Observó el suave cuello y observó el punto justo donde saltaba rítmicamente una de las venas principales. Latía rápidamente, proclamando que aquel era un cuerpo vivo, lleno de energía y calor. Descendió suavemente y rozó con sus labios el lugar. Jou emitió un asustado gemido. Actualmente nunca antes un lobo había llegado a tocar su cuello a pesar de todas las veces que lo había mostrado, sus hermanos aceptaban el ofrecimiento de paz de inmediato y el repentino toque lo aterrorizó, cerró los ojos fuertemente pero aún así se obligó a relajar el cuerpo, quizás el humano tardaría un poco en aceptar su rendición como le sucedía algunas veces cuando hacía enojar demasiado a sus hermanos mayores. Se estremeció al sentir nuevamente el toque, pero esta vez era más firme y podía sentirlo cálido y no doloroso como había temido. Un súbito calor le recorrió el cuerpo pero no abrió los ojos. Seto observó al joven, estaba tan asustado que no se había movido de su posición. Le soltó una muñeca para hacerlo girar el rostro. Jounouchi tenía los ojos muy apretados y Seto no pudo menos que sonreir maliciosamente. Acarició los azulados labios con el pulgar con lo que Jou se animó a mirarlo. Las ambarinas profundidades mostraban algo de temor, incredulidad y curiosidad. Seto se acercó y posó sus labios sobre los de Jou, al principio sólo probándolos tímidamente. Quitó la otra mano de la muñeca del chico y se dejó bajar hasta descansar sobre el suave pecho. Un gemido sorprendido fue la respuesta del rubio. No entendía lo que hacía el humano pero al menos no lo estaba lastimando y el peso sobre su cuerpo se sentía extrañamente tranquilizador. Abrió la boca cuando sintió que algo muy cálido le acariciaba los labios y Seto aprovechó para profundizar sus caricias y la exploración de la boca del rubio. No era dulce pero tampoco amarga, simplemente era un sabor especial que le provocaba continuar y devorar completamente aquel ofrecimiento de paz. Era suave y la boca complaciente. Jounouchi pensó que quizás los humanos se demostraban total submisión de otra forma y que aquella era simplemente la aceptación porque el humano ya no gruñía ni lo miraba con aquel coraje. Finalmente tuvo que dejarlo ir para respirar. Jou dejó los labios entreabiertos y que habían recuperado su sonrosado color, una nubecilla cálida escapando de su boca así como la de Seto. Cuántas veces había deseado al lobezno convertido en humano desde que lo tuviera a su disposición. Era una sensación maravillosa tenerlo abajo suyo, apretado fuertemente contra su pecho, sintiendo el descontrolado latir que le provocaba a continuar. Estaba a punto de descender nuevamente cuando un leve gruñido a unos metros de donde se encontraban llamó su atención. La mirada azul celeste de Kaiba se topó con una un poco más clara y dorada que la de Jounouchi unos metros más adelante. Con el pelaje erizado y los colmillos al descubierto en silencioso gruñir. Demás estaba decir que se quedó petrificado. ******* Dudas, preguntas, sugerencias, críticas, flamas, linas páginas como la que me dio Dark Goddes para ilustrarme más en la serie... todo es bienvenido. Gracias por leer. |