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Capítulo 5

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Los personajes de Yugi-oh  pertenecen a su creador.

Advertencia: Shounen-ai, AU, OOCnes, lobos y nieve.

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Era apenas de madrugada, o al menos eso le  pareció a Seto cuando de la nada sintió un peso abruptamente sobre la cama y  despertó sobresaltado.

"¡Buenos días!" Le gritó alegremente Jounouchi  cerca de la cara.

"¡¡Jou!!" Reaccionó asustado ante la  cercanía.

"¿Umh?" El rubio puso cara de no entender su  reacción.

"¡Bájate de encima de mí!" Le gritó con el rostro  rojo.

"Ah, lo siento." Le dijo con una sonrisa arrepentida el rubio y  saliéndose de encima del hombre.

"¿Por qué estás levantado tan temprano?  ¿Sucedió algo?" Del susto pasó a la preocupación. El rubio puso cara de  sorpresa.

"¿Temprano? Siempre me levanto a esta hora." Decía al tiempo se  sentaba en el suelo sobre la alfombra. Escuchó que Seto murmuraba palabras que  no podía entender claramente a pesar de su buena audición. "Además... los  conejos están levantados desde mucho antes. Ya deberíamos estarlos esperando."  Seto arqueó una ceja con curiosidad.

"¿Qué te hace pensar que iremos a  ver a los conejos?"

"Pues... pensé que podríamos ir a cazar juntos. Cazar  para uno mismo ya es suficiente trabajo y yo puedo alimentarme sólo, no quiero  ser una carga. Honda y yo solíamos cazar juntos y es un poco más  fácil."

"¿Quién es Honda?" Tiempo de sacarle algunas respuestas al  lobezno.

"Mi hermano. ¿Tú tienes hermanos?" Le contestó con la más  inocente de las miradas. A la pregunta Seto se revolvió incómodo en la cama.  Hacía mucho tiempo que no veía a su hermano, pero se escribían con gran  frecuencia. Ahora el chico tenía sus dieciseis  años.

"Hai."

"¿Bakura?" Con las constantes apariciones del  peliblanco no era una sorpresa que pensara que tenían alguna relación en común.  Pero Bakura era una relación muy diferente...

"No. Su nombre es Mokuba."  Dijo con suavidad. "Ahh. ¿Y por qué no está contigo?"

"Estudia." Seto  optó por levantarse, de nada le servía tratar de dormir, no mientras el lobezno  estuviera allí. Por la expresión de Jounouchi sabía que no había entendido  demasiado del asunto de su hermano. "Jou, si tienes hambre podemos preparar el  desayuno."

"¿Conejo?" Exclamó con sus ojos muy ilusionados.

"No...  pero estoy seguro que te gustará." Dijo dando un pequeño respingo de  incomodidad. Jou se le quedó viendo cuando salió de la cama y Seto comenzó a  incomodarse.

"¿Qué tanto miras?" Le dijo molesto.

"Ah... lo  siento. No sabía que te molestara."

"Pues me molesta." Gruñó malhumorado.  Jounouchi cambió el rostro algo confundido, observando nerviosamente los  alrededores hasta que finalmente decidió que sería mejor darle su espacio a  Seto. Sabía que de vez en cuando sus hermanos lo necesitaban, sólo que era mucho  más fácil entenderlos a ellos que al humano.

"Estaré afuera." Dijo por lo  bajo y Seto maldijo internamente al ver que había hecho sentir mal al rubio.  Cuando salió lo encontró echado boca arriba sobre el sofá de la sala, un brazo  colgando del mueble y otro tras la nuca, las piernas cruzadas una sobre la otra.  Le tiró a la cabeza una batola y vio con satisfacción cómo el rubio daba un  brinco, enredándose en la prenda y cayendo al suelo con un suave  golpe.

"Ponte eso, hace demasiado frío en la cocina." Le dijo al tiempo  que desaparecía en dirección a dicho lugar. Jou se levantó con entusiasmo y lo  siguió en un retumbar de pies descalzos sobre madera. Vaya que tenía hambre. Con  algo de trabajo logró imitar la forma en que el humano tenía puesta la prenda.  "Ve y sientate en la mesa mientras preparo algo de comer." Jou torció un poco la  boca, Seto era mandón en las mañanas, algo que le recordaba a Yami. Gruñó  brevemente pero se sentó a la mesa. Al cabo de un rato el olor a tocineta y  huevos lo tenía impaciente y cuando finalmente Seto le colocó un plato enfrente  sin pensarlo dos veces se echó un trozo de tocineta aún caliente a la  boca.

"¡¡¡¡Aaaaaahhhhhh!!!!" Se puso en pie tirando la silla al suelo y  parte de lo que había en el plato, la jarra con jugo sobre la mesa se viró y  cayó sobre el desayuno de Seto. El corazón le latía desbocado cuando el dolor  cesó, se había sentado sobre el suelo desconcertado y una pequeña lagrimita se  le había escapado. Seto se limitó a llevarse una mano a la sien y masajearse  brevemente. No podía culpar al lobezno por completo, seguramente nunca en toda  su vida había comido algo más caliente que un conejo acabado de degollar. Se  levantó de la mesa, tomando al rubio por un brazo y ayudándolo a ponerse en pie  lo llevó tras de sí. Le puso un grueso abrigo, medias y botas, haciendo lo  propio y lo llevó fuera de la casa. Se agachó a tomar un poco de nieve limpia en  las manos y se la ofreció al rubio.

"Ten, esto te quitará el dolor."  Jounouchi hizo como le indicaba Seto, lamiendo la nieve en ocasiones o echándose  una poca a la boca. El dolor disminuyó considerablemente y Jou continuó comiendo  la nieve hasta que sus labios tomaron un tono azuloso.

"Gracias." Seto  parpadeó y en un segundo cambió el rostro para impedir que se notara el sonrojo  que lo plagaba. Observó a su alrededor, la mañana se perfilaba tranquila, con su  nívea eternidad cubriendo el valle completo y la montaña. En esas se encontraba  cuando una bola de piel pasó a su lado como una centella. Se cubrió el rostro  para evitar la nieve que comenzó a volar por todas partes.

"¡¡Jou!!" El  rubio se detuvo en seco en sus acciones, tenía nieve en todo el cabello y parte  del rostro y se hallaba boca arriba sobre ella en el proceso de retorcerse. Seto  quedó como hipnotizado por la escena, el lobezno se veía tan... gracioso.  Sacudió la cabeza. "¿Qué se supone que haces?"

"Sentir la nieve. Se  siente muy bien, deberías intentarlo." Sonrió nuevamente Jou, se levantó  brevemente hasta alcanzar la mano de Seto y de un tirón lo lanzó sobre la nieve  a su lado.

"¡Oye!" La nieve estaba recién depositada por lo que se  hundían con facilidad en ella, como sobre nubes congeladas y Seto gruñó molesto,  acción que fue tomada equivocadamente por Jou como una invitación al juego sobre  la nieve. Se lanzó sobre el hombre de cabellos achocolatados, formando una  escaramuza monumental.

Seto ya no se encontraba de humor para verle la  gracia a las actitudes del lobezno y de un certero movimiento pilló al rubio  abajo suyo sin darse cuenta que gruñía del coraje. Jou abrió los ojos como  platos al sentir la fuerza con la que el humano lo estaba sujetando, no podía  moverse, quedando indefenso, por lo que hizo lo que le era lógico y que había  aprendido primero que cazar.

Se quedó muy quieto, relajando brazos y  piernas y echando la cabeza a un lado para mostrarle su punto más vulnerable, su  cuello. El silencio y la situación tardaron un buen rato en llegar a la mente de  Seto quien continuaba sobre Jou.

La escena, cuando la comprendió, lo  golpeó fuertemente. Jou sólo intentaba jugar, como cualquier cánido joven y él  lo había atacado, llevándose la ventaja, por lo que ahora el joven le presentaba  la completa submisión que un lobezno le ofrecía a sus adultos. Quizo retirarse y  borrar el suceso, pero algo lo retenía allí. Observó el suave cuello y observó  el punto justo donde saltaba rítmicamente una de las venas principales. Latía  rápidamente, proclamando que aquel era un cuerpo vivo, lleno de energía y  calor.

Descendió suavemente y rozó con sus labios el lugar. Jou emitió un  asustado gemido. Actualmente nunca antes un lobo había llegado a tocar su cuello  a pesar de todas las veces que lo había mostrado, sus hermanos aceptaban el  ofrecimiento de paz de inmediato y el repentino toque lo aterrorizó, cerró los  ojos fuertemente pero aún así se obligó a relajar el cuerpo, quizás el humano  tardaría un poco en aceptar su rendición como le sucedía algunas veces cuando  hacía enojar demasiado a sus hermanos mayores.

Se estremeció al sentir  nuevamente el toque, pero esta vez era más firme y podía sentirlo cálido y no  doloroso como había temido. Un súbito calor le recorrió el cuerpo pero no abrió  los ojos.

Seto observó al joven, estaba tan asustado que no se había  movido de su posición. Le soltó una muñeca para hacerlo girar el rostro.  Jounouchi tenía los ojos muy apretados y Seto no pudo menos que sonreir  maliciosamente. Acarició los azulados labios con el pulgar con lo que Jou se  animó a mirarlo. Las ambarinas profundidades mostraban algo de temor,  incredulidad y curiosidad. Seto se acercó y posó sus labios sobre los de Jou, al  principio sólo probándolos tímidamente. Quitó la otra mano de la muñeca del  chico y se dejó bajar hasta descansar sobre el suave pecho. Un gemido  sorprendido fue la respuesta del rubio. No entendía lo que hacía el humano pero  al menos no lo estaba lastimando y el peso sobre su cuerpo se sentía  extrañamente tranquilizador.

Abrió la boca cuando sintió que algo muy  cálido le acariciaba los labios y Seto aprovechó para profundizar sus caricias y  la exploración de la boca del rubio. No era dulce pero tampoco amarga,  simplemente era un sabor especial que le provocaba continuar y devorar  completamente aquel ofrecimiento de paz. Era suave y la boca complaciente.  Jounouchi pensó que quizás los humanos se demostraban total submisión de otra  forma y que aquella era simplemente la aceptación porque el humano ya no gruñía  ni lo miraba con aquel coraje.

Finalmente tuvo que dejarlo ir para  respirar. Jou dejó los labios entreabiertos y que habían recuperado su sonrosado  color, una nubecilla cálida escapando de su boca así como la de Seto. Cuántas  veces había deseado al lobezno convertido en humano desde que lo tuviera a su  disposición. Era una sensación maravillosa tenerlo abajo suyo, apretado  fuertemente contra su pecho, sintiendo el descontrolado latir que le provocaba a  continuar. Estaba a punto de descender nuevamente cuando un leve gruñido a unos  metros de donde se encontraban llamó su atención.

La mirada azul celeste  de Kaiba se topó con una un poco más clara y dorada que la de Jounouchi unos  metros más adelante. Con el pelaje erizado y los colmillos al descubierto en  silencioso gruñir. Demás estaba decir que se quedó  petrificado.

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Dudas, preguntas,  sugerencias, críticas, flamas, linas páginas como la que me dio Dark Goddes para  ilustrarme más en la serie... todo es bienvenido. Gracias por leer.
Capítulo 6
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