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Capítulo 4

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Los personajes de Yugi-oh  pertenecen a su creador.

Advertencia: shounen ai, AU, OOCnes, lobos y  nieve.

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Jounouchi se tensó y levantó la cabeza, un ronco  gruñido resonó en su pecho y el ángel que hasta unos segundos atrás Seto había  visto se distorsionó por completo. Puso ambas manos a cada lado del pecho de  Seto protectivamente.

Cuando Bakura se percató de la escena se quedó  paralizado en la puerta con un sentimiento de dejavú, sólo que esta vez no era  un lobezno el que lo iba a atacar.

Seto despertó de su ensoñación,  reaccionando mucho más rápido en esta ocasión. Con presteza tomó a Jou por el  collar deteniendo efectivamente la demostración.

"Bakura, la próxima vez  que se te ocurra llegar de improviso no voy a detener a Jou." Al intentar  levantarse Jounouchi se retiró de inmediato a pesar del temblor que le causaba  el gruñido con el que le avisaba a Ryou que no debía acercarse. "Aún no entiendo  cómo es que puedes burlar todas las alarmas de la casa." Comentó con  disgusto.

Bakura se encogió de hombros y no se dignó a responder el  comentario, pero lo que había visto lo hizo formularse otras observaciones.  "Creo que el *lobezno* se ha vuelto un poco sobre protector." Sonrió  maliciosamente mientras se cruzaba de brazos. "Además, parece que te estás  encariñado con él." Añadió, cargando las últimas palabras.

"¿Qué haces  aquí Bakura?" Le dijo secamente, ignorando el comentario.

"Quería ver si  estabas bien... quiero decir... si ambos estaban bien." Seto se puso de pie  sujetando más fuertemente a Jou. "Pero veo que están perfectamente. ¿Qué  hiciste?" Le preguntó curioso.

Jou continuaba con aquel gruñido animal  pero sin atreverse a rebelarse contra la mano que lo sujetaba por el  collar.

"Conjuré una ilusión en el collar que tiene Jou. Sólo él puede  ver la ilusión." Le explicó Seto. "Puedo saber si está funcionando por el  fantasma del lobezno." Bakura se fijó por primera vez en el *fantasma*, tenía  una mirada feroz y mostraba viciosamente los dientes en su  dirección.

"Deberías considerar que el lobezno y yo nos hagamos amigos,  así no tendrías que preocuparte cada vez que vengo a visitarte de improviso."  Dijo con algo de travesura. "¿Puede entendernos ahora?"

"No. No me parece  importante mientras piense que es un lobo." Seto llevó a Jounouchi hasta la cama  y allí conjuró en la ilusión una cadena que iba desde la pared hasta el collar  de Jou, aunque en realidad era una especie de muro mágico que le impediría salir  de ella. Respiró un poco más tranquilo y el joven albino se le acercó para  observar.

"¡No te le acerques!" Gritó Jounouchi con todas sus fuerzas  haciendo que Seto y Ryou dieran un pequeño salto de sorpresa.

"Set... no  creo que sea buena idea que el lobezno siga creyendo que yo soy el enemigo o  algo así." Dijo algo nervioso Ryou.

"¿Le tienes miedo?" Seto dejó escapar  una retorcida sonrisa. "El lobezno se llama Jounouchi." Añadió con algo de  socarronería. Jou continuaba gruñendo y Seto decidió hacerle caso a Bakura  después de todo. Se acercó a la cama y recitó unas cuantas palabras, luego probó  hablarle a Jou.

"¿Jounouchi?" Al escuchar su nombre Jou dejó de gruñir de  imediato y fijó su vista en aquellos ojos de un azul intenso. "¿Puedes  entenderme Jounouchi?"

"H-hai... ¿pero cómo?" Dijo  incrédulo.

"Magia." Le dijo simplemente. Jou puso cara de maravillado y  Seto sonrió para sus adentros. El chico no sabía lo que su inocencia lograba en  el ego del mago.

"Aa."

"Me llamo Seto y él es Ryou." Dijo al  tiempo que señalaba hacia Bakura.

"Oh." Dijo Jou mientras los observaba  con enormes ojos.

"Ryou es un amigo, Jounouchi. ¿Sabes lo que es un  amigo?"

"Ahh... claro. Un amigo, como Honda." Seto asintió, anotando  mentalmente preguntar por el susodicho mencionado.

"Sí, como Honda." Jou  se quedó viendo a Bakura un largo rato. Ladeó su cabeza levemente y aspiró  profundamente.

"Desde tan lejos no puedo distinguir tu olor porque aún no  lo conozco." Bakura se acercó lentamente y extendió una mano hacia Jou. El joven  pareció dudar unos segundos pero luego se acercó algo tembloroso, listo para  retroceder al menor movimiento.

"Tu olor es como el de las montañas..."  Comentó casi en un susurro. "Como el olor de un hermano." Los ojos de Jou  parecían levemente nublados y de repente sacudió la cabeza.

"Paso la  mayor parte del tiempo en las montañas." Dijo Ryou con incertidumbre. Los ojos  dorados de Jou se quedaron mucho tiempo viendo los de Bakura en un silencio  tenso.

"Jounouchi, si te quito la cadena... ¿prometes no atacarnos?"  Preguntó Seto algo incómodo por el prolongado silencio.

"Lo prometo."  Dijo solemnemente el chico. Seto lo observó por un rato hasta que finalmente se  acercó para hacer que le quitaba la cadena, sin embargo, dejó el collar en su  lugar. Jou bajó de la cama y se estiró placenteramente.

"¿Puedo salir?"  Preguntó de repente, sorprendiendo a los dos hombres que lo  observaban.

"¿Para qué?" Inquirió Seto un poco tenso.

"Llamado de  la naturaleza." Le contestó con una gran sonrisa. Un enorme goterón se posó en  las frentes de Seto y Ryou.

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Bakura se había retirado  nuevamente dejando a Seto, como siempre, con la pregunta de cómo el albino iba y  venía a voluntad. Era tan silencioso que muchas veces lo había sorprendido sin  que él se diera cuenta. Eso era algo que no le gustaba de su amigo, pero depués  de tanto tiempo y no hallándole ninguna otra falta, se había acostumbrado. El  día había pasado sin ninguna otra novedad que la de Jou preguntando para qué  servían algunas de las cosas que observaba. Por suerte, no había sentido la  necesidad de tocar ninguna, con olisquearlas le bastaba.

"¿Desde hace  cuánto tiempo eres mago?" Le preguntó Jounouchi mientras se acomodaba sobre una  de las alfombras frente al fuego. Después que Seto le explicara que aquel fuego  no le haría daño si no se acercaba, el rubio había descubierto que era agradable  disfrutar de su calor a cierta distancia.

"Desde que tengo siete años." A  esta declaración Jou se volteó a mirar a Seto con curiosidad.

"¿Cuántos  años tienes ahora?"

"Tengo veintitrés años."

"Waoo. Yo tengo  apenas un año." Dijo tratando de recordar. Seto observó aquel gesto inocente  hasta que Jou volvió a ver hacia el fuego.

"¿Cuánto tiempo viven los  humanos?"

"Setenta... ochenta... hasta cien años y a veces  más."

"Es increíble. Y me has explicado tantas cosas que nunca me hubiera  imaginado que hacen." La visión del lobo movió levemente la cola y finalmente se  echó de lado cuando Jounouchi se acostó sobre la alfombra. Sí que era suave,  pensó.

"Jounouchi." El aludido levantó la cabeza levemente. "¿Te gustaría  ser humano... por un tiempo?" Seto cruzó sus dedos mentalmente.

"Una vez  soñé que lo era..." Dijo Jou ladeando la cabeza. "Creo que sería interesante."  Dijo con algo de entusiasmo. "¿Podría hacer las mismas cosas que tú?" Seto  asintió esperanzado. "¿Y sería sólo por un tiempo?" Ahh... Seto apenas podía  respirar ante la mirada que le estaba dando el lobezno en esos momentos, mucho  menos encontrar el valor para mentirle, pero tenía que hacerlo.

"Sólo por  un tiempo."

"Entonces sí me gustaría probar." Sonrió Jou ampliamente.  Como diría Honda, no era el más obediente ni el menos arriesgado, todo lo  contrario, Jou siempre actuaba antes de meditarlo. Y si había algo que a Jou le  gustaba mucho más que la carne de conejo era una aventura. Quizás por eso había  permitido que el humano se le acercara, que le tomara confianza. "¿Puedes  hacerlo ahora?" Suplicó como un niño pequeño, acercándose a Seto.

"Bien.  Ven aquí." Seto hizo como si recitara unas palabras e hizo algunos movimientos  con la mano conjurando algo de humo y chispas de colores. Como diría Bakura,  algo de efectos especiales. Entonces procedió a quitar el collar púrpura del  cuello de Jou. "Listo." Jou se miró por todos lados lleno de sorpresa. Primero  las manos y brazos, seguidamente se tocó el rostro sonriendo. Un tanto  tembloroso se puso en pie mientras se pasaba las manos por el cabello. De  repente frunció el ceño un poco y se sacó la camisa, tan rapidamente que Kaiba  parpadeó varias veces antes de entender lo que estaba sucediendo. Jou iba por  los pantalones.

"¿Qué haces?"

"Quiero verme completo." Fue la  inocente respuesta mientras Jou continuaba atacando el botón de sus pantalones.  "Pensé que iba a estar desnudo." Sonrió nuevamente. Hizo un gesto de triunfo  cuando encontró la forma de quitar el botón y Seto estuvo de pie en un  segundo.

"¡No puedes quitarte la ropa!" Le gritó al tiempo que lo detenía  en sus movimientos.

"¿Por qué no?"

"Los humanos no se quitan la  ropa frente a otros."

"¿Qué hay de malo en ello?"

"Jou, quizás los  lobos no necesiten usar ropa, pero los humanos tienen sus razones para usarla y  una regla es que no se la quitan en frente de otros humanos."

"¿Cuántas  reglas tienen los humanos?" Preguntó Jou curioso.

"Ahh... son muchas para  contarlas."

"Entonces no quiero ser humano, estoy cansado de las reglas.  ¡Me sacaron de la jauría por una estúpida regla! No es justo." Dijo compugnido  recordando la noche que había pasado a la intemperie, fuera del calor de la  madriguera.

"Está bien, está bien. No tienes por qué ser tan drástico  Jou." Seto trató de pensar con rapidez, ahora que había logrado que Jou aceptara  el cambio sin apenas un pestañear no iba a retroceder. "Vamos."

"¿A  dónde?"

"Al baño, ahí te puedes quitar la ropa y verte al espejo y así  satisfaces tu curiosidad." Lo tomó de la mano y lo dirigió al cuarto de baño  dentro de su recámara. Lo empujó adentro y cerró la puerta. Comenzaba a pensar  que no iba a ser tan fácil como se le presentaba cuando escuchó un grito  asustado en el interior del baño, instintivamente abrió la puerta.

Jou  estaba frente al espejo, sus ojos muy grandes, como platos y miraba  insistentemente su imagen de cuerpo completo ahora desnuda. Seto sintió los  colores subirle momentaneamente al rostro cuando Jou se giró y se señaló el  ombligo. "Tengo un hueco a la mitad de la panza." Seto cerró los ojos tratando  de que el rubor en sus mejillas no se notara mientras un enorme goterón le  bajaba por la nuca.

"Es tu ombligo, Jou." Logró decirle sin emoción  aparente.

"¿Tú también lo tienes?"

"Hai."

"A ver." Le dijo  el joven al tiempo que se le acercaba y trataba de sacarle la  camisa.

"¡¡Jou!!"

"Pero Seto, quiero saber." Gimoteó Jou con los  ojos enormes y suplicantes. Rayos, pensó el mago. Suspiró  profundamente.

"Bien. Te mostraré, pero quédate quieto." Murmuró de forma  casi inaudible, pero Jou podía escucharlo a la perfección, por lo que sonrió  complacido. Seto se levantó la camisa y el joven vio que en efecto, Seto también  tenía un *hueco* a la mitad de su panza. Acercó la mano y lo tocó con suavidad  con lo que Seto reaccionó de inmediato dándole un golpe en la mano para  alejarlo. "¿Qué haces?"

"Yo solo quería..."

"Si ya terminaste será  mejor que te vistas." Le dijo secamente.

"Está bien." Le contestó Jou  algo desilusionado, no sin antes echar un último vistazo a su reflejo. Seto, en  contra de todo lo que le dictaba la razón, le echó también un último vistazo a  Jounouchi. El esbelto cuerpo tenía una gracia natural increíble. La blanca piel  provocaba acercarse. "Seto..."

"¿Ahora qué?" Fingió una mirada cansada  para evitar la verguenza de haber sido descubierto mirándolo.

"Necesito  ayuda con la ropa." Dijo tímidamente mientras trataba de abotonar los  pantalones. Seto suspiró mientras se acercaba a Jou. Le subió la cremallera y  justo en el momento en que cerraba el botón Jou se inclinó hacia su cuello y  posó ambas manos en sus hombros.

"¿Qué haces?" Susurró sin querer  moverse.

"Hueles a fresas silvestres..." Seto no supo qué  responderle.

"Seguramente es el jabón." Jou se movió ligeramente,  quedando frente a frente a Seto.

"No es tu piel. Es tu boca." El joven se  acercó aún más y pasó su lengua por los labios de Seto. Tenía que probarlos para  entender por qué Seto olía de forma tan agradable. El hombre se quedó inmóvil en  su lugar. "¿Te sientes bien?" Preguntó finalmente el rubio.

"Es hora de  dormir." Murmuró con suavidad cuando pudo hablar  nuevamente.

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En fin, se cuidan mucho y hasta la próxima a todos. Ya saben,  flamas, críticas constructivas, comentarios, preguntas, sugerencias, todo es  bienvenido y gracias por tomarse el tiempo y dejar un review. Y para los que  sólo lo leen, no se preocupen, también les agradezco, sé lo difícil que es a  veces poder dejar un review.

Besos a todos y ja ne minna-san!
Capítulo 5
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