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Capítulo 3

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Los personajes de Yugi-oh no me  pertenecen.

Gracias a Noriko Sakuma Pointe Du Lac, Celes-01 y Amazona  Verde por sus reviews en el capítulo anterior. Espero que este capítulo sea del  agrado de ustedes.

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Un dolor increíble lo sacudió hasta los  cimientos de su ser y Jounouchi rodó varias veces antes de detenerse. La luz  terminó de envolverlo y luego de unos instantes, desapareció, dejando en su  lugar una forma humana tirada sobre la nieve.

Cuando Seto se acercó, no  pudo menos que contener su respiración. Se arrodilló al lado de lo que hasta  hacía pocos segundos había sido el lobezno. En su lugar, un joven, de rubios  cabellos, yacía inconsciente, completamente desnudo sobre la nieve. Ryou llegó  unos momentos después.

"Seto, ¿qué sucedió?" Preguntó al ver la figura en  la nieve.

"Yo... yo lo convertí en humano." Dijo Seto con la voz  temblorosa.

"Demonios Seto, ¡eso es contra las ley!" Le gritó  Ryou.

"Lo sé, lo sé. Pero ese no era el hechizo Bakura, te juro que ese  no era el hechizo. Me equivoqué." Murmuró desconcertado. Su amigo trató de  pensar lo más rápido posible, pero por el momento no se le ocurría  mucho.

"Bien, no sirve de nada quejarse ahora, será mejor llevarlo  adentro o morirá congelado." Lo animó.

"Hai." Seto tomó con cuidado la  figura del suelo y ambos amigos regresaron a la  casa.

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Jounouchi despertó a la mañana siguiente con un  fuerte dolor de cabeza. La luz de la mañana le pegaba directamente en los ojos y  trató de cambiar de posición. Todo se sentía tan extraño, el lugar donde  descansaba... ¿Por qué estaba sobre su lomo? El nunca dormía sobre su lomo, era  una posición demasiado vulnerable. Buscó de inmediato voltearse boca  abajo.

"¿Cachorro?" El sonido de aquella voz se le hacía tan familiar,  pero aún así no quiso abrir los ojos. Un olor a frambuesas silvestres llenaba el  ambiente. "¿Cachorro?" Nuevamente la voz insistía. La consciencia le fue  llegando poco a poco. Recordó haber estado sobre la nieve, el humano tras él  gritándole algo. Pero no sentía frío, al contrario, era un calor agradable. Sus  agudo sentido del olfato le dijo que además de las frambuesas había fuego  cerca.

"¡Fuego!" Jounouchi estuvo despierto en un segundo. Una expresión  de terror en su rostro. De inmediato unos brazos lo sujetaron en su lugar y una  voz serena comenzó a susurrarle palabras tranquilizadoras. No bien se había  calmado cuando su mente registró que algo lo sujetaba. Lentamente volteó la  cabeza y sus ojos se toparon con aquellos ojos obscuros. "Humano..." Susurró  tembloroso. No podía creer que el humano hubiera llegado tan cerca de él sin que  se diera cuenta. Quizás era hora de compartir la cacería, no estaba muy seguro.  Por lo que olisqueó el aire en busca del olor a carne fresca. Nada. Seto sonrió  levemente al ver que el rubio comenzaba a tranquilizarse y sin fijarse, comenzó  a acariciar los dorados cabellos.

Con el gesto Jounouchi cerró los ojos.  El dolor de cabeza parecía huir ante las caricias del humano y todo se sentía  con más claridad.

"¿Cómo te llamas?" Preguntó Seto, esperanzado de que el  chico lo entendiera pues lo había escuchado hablar. Jounouchi no contestó,  estaba demasiado concentrado en las caricias sobre sus cabellos. Seto volvió a  preguntarle, pero esta vez dejó de acariciarlo. Jounouchi se sintió un poco  perdido pero finalmente captó la pregunta.

"Jounouchi." De pronto  Jounouchi se quedó viendo al humano fijamente. ¿Cómo era posible que pudiera  entenderlo? Había pasado casi una semana con el humano tratando de descifrar sus  acciones y ahora lo entendía perfectamente.

"Mi nombre es Seto Kaiba. Me  puedes llamar Seto." Respondió el joven.

"Seto..." Repitió Jou. "¿Cómo  es... que puedo entenderte?" Seto desvió la vista por unos instantes, buscando  el valor para decirle lo que había ocurrido.

"Yo..." Se sentía como un  tonto, no tenía por qué tartamudear ante un lobezno, ¿por qué se sentía tan mal?  Después de todo, había sido un accidente. "Yo te convertí en humano." Musitó  quedamente, pensaba que quizás el lobezno no lo escucharía. Pero Jounouchi tenía  muy buenos oídos y lo escuchó perfectamente.

"Eso quiere decir que soy...  que soy... un... humano." La habitación comenzó a darle vueltas al pobre Jou y  respirar se le hizo casi imposible. Comenzó a temblar fuertemente y a lo lejos  le pareció escuchar que el humano gritaba algunas cosas que él no podía  entender.

"¡Bakura! ¡Bakura!" Gritó Seto con todas sus fuerzas. En  segundos el susodicho se asomó a la puerta algo alarmado por los gritos  insistentes de su amigo.

"¿Qué sucede Set?"

"Trae algunos  tranquilizantes, ¡de prisa!" Exclamó vehemente mientras Jou comenzaba a temblar  más fuertemente. Ryou se apresuró y tomó dos tranquilizantes del maletín de  primeros auxilios que Seto solía guardar en el cuarto de cacería y fue a la  cocina, trayendo consigo un vaso con agua. Cuando regresó el rubio comenzaba a  perder el sentido.

"Rápido Bakura." Volvió a apresurarle su amigo. Entre  ambos lograron colocar las pastillas en la boca del chico y luego de varios  intentos lograron que tomara un poco de agua. Seto lo envolvió con las gruesas  cobijas y trató de mantenerlo despierto mientras los tranquilizantes hacían  efecto.

"Seto... ¿Crees que sobreviva? Quiero decir... tú sabes por qué  está prohibido transformar animales en seres humanos... ¿lo sabes cierto?  Suelen... ...perder la razón." Comentó Ryou preocupado.

"Estaba bien  hasta hace unos momentos Bakura." Se quejó Seto. "Estaba bien hasta que le dije  que lo había convertido en humano. Debiste ver sus ojos Bakura, estaba  aterrorizado." El rubio había dejado de temblar y comenzaba a cabecear  levemente. Seto lo acomodó sobre las almohadas y lo volvió a cubrir. Suspiró  hondamente. "Por cierto Bakura, no he tenido tiempo de preguntarte a qué viniste  esta mañana. No es usual que vengas a visitarme tan tarde en el día." Le  preguntó Seto a su amigo.

"Vaya, con toda la conmoción casi lo había  olvidado." Salió presuroso y Seto lo siguió. Ryou tomó un sobre de encima de la  mesa del recibidor y se lo extendió a Seto. En fina caligrafía se podía leer el  nombre de Seto Kaiba.

"Es la invitación a la convención anual de magos.  Recuerda que eres la atracción principal." Se burló Ryou.

"Ja, ja, muy  gracioso Bakura. De todas formas, no tengo la culpa de ser el mejor." Sonrió con  malicia.

"La convención es en una semana. Pero me parece que quizás no  puedas asistir."

"¿Por qué no?" Le preguntó con  sinceridad.

"Porque tienes un pequeño problema... un problema rubio, de  ojos color miel que ahora mismo está descansando en tu recámara." Sonrió  Ryou.

"Demonios." Seto se llevó una mano a la cabeza en un gesto de  desesperación. "Bueno... Eso si sobrevive." Murmuró más lentamente. Nuevamente  volvió a su ánimo anterior. "¿Qué voy a hacer Bakura?"

"No tengo idea  Set. Quizás si encontramos una forma de revertir el hechizo..." Dijo  indeciso.

"No existe forma de revertirlo, convertir animales en humanos  está prohibido, porque ningún animal ha sobrevivido. Por esa misma razón no se  preocuparon por inventar una forma de revertirlo." Suspiró  exasperado.

"Pues entonces... El gran Seto Kaiba, el mejor de todos los  magos, tendrá que descubrir la forma de revertir el hechizo." Lo retó su  amigo.

"Imposible antes de que vuelva a despertar. Y mantenerlo drogado  hasta que descubra la forma sería otro error."

"Entonces hay que  descubrir la forma de mantener su razón intacta hasta que descubras el hechizo."  Kaiba le devolvió una mirada llena de incredulidad a su amigo. "Ohh, vamos Set,  eres el mejor en todo. Esto no puede ser tan dificil." Lo animó. "Seguro que  puedes con esto. Además, ¿qué diría Mokuba si se entera que su hermano se ha  dado por vencido tan fácilmente?"

"Gracias Ryou." Ambos sonrieron  tímidamente, luego Ryou se despidió y Seto regresó a donde descansaba  Jou.

Acarició los mechones de rubios cabellos que se desparramaban sobre  la frente del chico que dormía placidamente por efecto de los tranquilizantes.  Meditó larga y profundamente mientras pensaba en todas las posibilidades  existentes para conservar la sanidad del lobezno.

"Una ilusión. Si le  hago pensar que aún es un lobezno quizás tenga el tiempo suficiente para  convencerlo de que ser humano no es tan malo como piensa, o al menos convencerlo  de que es algo temporero." Finalmente Seto se permitió una pequeña sonrisa.  Buscó entre las cobijas hasta que sus dedos tocaron el collar púrpura que le  había colocado al lobezno desde el primer día que lo atrapara y que continuaba  en su lugar. Recitó unas palabras y la recámara de Seto se conformó en una  réplica exacta de la habitación donde había tenido al lobezno. Repasó algunos  detalles en su mente y finalmente soltó el collar. De inmediato su recámara  apareció.

Mientras el lobezno tuviera el collar la ilusión seguiría en su  lugar. Se vería a si mismo como un lobo en la habitación.

"Espero que  funcione." Suspiró mientras observaba la sombra de la ilusión sobre Jounouchi  como si fuera el fantasma del blanco lobezno.

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Jounouchi  despertó con una extraña sensación. Observó sus alrededores y sus instintos  comenzaron a enviarle señales encontradas. Sacudió la cabeza para alejar la  sensación y pudo ver sus blancas patas resbalar en el piso. Era obvio que se  encontraba nuevamente en la habitación aquella donde el humano llegaba y  compartía con él su cacería del día. Un profundo bostezo se escapó de su hocico.  Jou no sabía por qué la sensación continuaba. Era como si sus ojos le dijeran  una cosa y sus sentidos le dijeran otra. Un lejano perfume a frambuesas  silvestres le trajo a la mente el humano.

"¿Será hora de comer?" Se  preguntó. Miró a todos los alrededores pero sólo vio la habitación. Al menos ya  no estaba tan confinado como los primeros días. Nuevamente el olor a frambuesas  silvestres. Jounouchi se levantó y caminó silenciosamente hasta donde sentía el  olor. Llegó hasta la puerta de la habitación y olisqueó los bordes por donde  entraba algo de aire.

"Seguramente el humano está del otro lado." Se dijo  a sí mismo.

A todo esto, Jounouchi no podía percatarse de que estaba  dando voz a sus pensamientos y que Seto, desde su escondite en la ilusión, podía  escuchar cada una de sus palabras. Kaiba se había sorprendido cuando Jounouchi  se acercó a la puerta de la ilusión, exactamente el lugar donde él estaba  escondido.

Jou continuó dando vueltas por la habitación hasta que su  estómago produjo un gruñido de incomodidad.

"¡Vaya! ¡Sí que tengo hambre!  Ojalá Seto llegue pronto..." Jou se detuvo en seco y ladeó la cabeza  graciosamente. "¿Desde cuándo el humano se llama Seto?" Se preguntó confundido.  En su escondite Kaiba contuvo la respiración. El ahora chico sonrió levemente.  "Umh... no importa, el nombre le quedaría bien." Se encogió de hombros y resumió  su ir y venir. Seto respiró aliviado y con una sonrisa maliciosa salió de la  recámara. Era hora de llevarle la comida al *lobezno*.

Al poco rato  regresó con un plato lleno de carne de conejo pero esta vez había cocido la  carne, no iba a dejar que el cuerpo humano de Jounouchi se enfermara. Abrió la  puerta y de inmediato pudo ver cómo Jou lo observaba fijamente. No llevaba los  guantes, no era necesario, pero de todas formas iba a ser cuidadoso. Se acercó  un poco y se sentó en el piso, en la ilusión Jou lo podía ver como si estuviera  a su altura. Seto entonces tomó un pedazo de carne y se lo ofreció a Jou. Una  enorme y diáfana sonrisa iluminó el rostro del rubio y Seto casi perdió el  sentido de la realidad, la ilusión del lobo sólo había movido un poco la  cola.

"¡Comida!" Y se acercó con aquella gracia que le era tan natural,  sentándose frente a Seto. Pasaron unos segundos y Seto continuaba absorto con la  sonrisa. Jou ladeó la cabeza para un lado y para el otro. "¿Será que le pasa  algo?" Al sonido de la voz Seto volvió a la realidad y algo torpemente extendió  el pedazo de carne hasta los labios de Jou.

Con delicadeza el rubio  acercó los labios y mordió el pedazo de carne substrayéndolo de los dedos de  Kaiba, masticó unos segundos y se relambió graciosamente. "Umhh... sabe  diferente." Murmuró. "Pero me gusta." Volvió a sonreir. Esta vez Seto tuvo un  poco más de control y recordó ofrecerle otro pedazo de carne al  *lobezno*.

Seto estaba como hechizado. Sus ojos no se apartaban de los  labios de Jou cada vez que se acercaban a su mano, los veía abrirse y veía cómo  aquella sonrosada lengua quitaba cada pedazo de carne. La copa que colmó el vaso  fue cuando el plato estaba casi vacío y Jou se acercó un poco más, justo en el  momento en que tomó la carne.

Jounouchi no se apartó de la mano de Seto  esa vez, sino que luego de masticar cuidadosamente el pedazo, se acercó y  comenzó a lamer suavemente la mano de Seto tal y como hubiera hecho una mascota  a su amo agradeciéndole sus cuidados y con esa sensación de intimidad que da el  saber que ya no queda nada que justifique el contacto. Seto sintió que toda la  piel se le erizaba y sus ojos se quedaron fijos en el rostro de Jounouchi  mientras continuaba lamiendo su mano. ¿Sería posible que finalmente el lobezno  se hubiera rendido por completo a su voluntad?

Se tuvo que recordar  respirar y se tuvo que recordar que aún quedaba otro pedazo de carne en el  plato. Con las manos temblorosas tomó la carne y se la ofreció a Jou, la misma  demostración de confianza de unos momentos se volvió a repetir y Seto se sintió  agobiado por tantas sensaciones golpeando sus sentidos a la vez.

Jou  sonrió cuando terminó y se quedó viendo a Seto con curiosidad. El *humano*  estaba tan quieto que Jounouchi se comenzó a preocupar. Nuevamente aquel gesto  tan gracioso de ladear la cabeza a lado y lado.

"¿Se sentirá bien?"  Jounouchi estaba lleno de curiosidad, nunca había estado tan cerca de un humano  y adicional carecía de la desconfianza natural de un lobo adulto. Además, este  era el humano que acababa de compartir su cacería con él. Se acercó al rostro de  Seto, quien abrió los ojos levemente y se reclinó hacia atrás tratando de  alejarse. Pero mientras más se esforzaba Seto por alejarse, más se acercaba Jou  hasta que finalmente Seto se fue de espaldas con muy poca gracia.

Seto  cerró los ojos avergonzado pero no hizo ademán de levantarse. Al abrirlos  nuevamente pudo ver a Jou observándolo desde arriba con algo de preocupación en  su rostro. Su aliento quedó atrapado en su pecho. Ante sus ojos estaba la visión  más perfecta que su mente había registrado en toda su vida.

"¿Estás  bien?" Susurró Jou mientras acercaba su rostro al de Seto, respirando el aroma a  frambuesas silvestres. El pobre de Seto Kaiba continuaba sin poder articular  palabra alguna. Jounouchi preocupado, se agachó e hizo lo que cualquier mascota  haría al tratar de llamar la atención de su amo, con cuidado... comenzó a  lamerle la mejilla mientras lo empujaba suavemente. Seto dejó escapar un sonido  ahogado de sorpresa. Tan perdidos estaban sus sentidos, concentrado en lo que  Jounouchi estaba haciendo que no escuchó la voz de Bakura llamarlo desde el  interior de la casa ni tocar a la puerta de la  recámara.

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Ejem... espero que les haya gustado hasta aquí.  Cuidense mucho y ja ne! Feliz Día de Acción de Gracias.
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Capítulo 4
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