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Capítulo 2

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Los personajes de Yugi-oh no me  pertenecen.

Gracias a Noriko Sakuma Pointe du Lac, Oro Makoto Hayama,  Celes-01, Kaori Koneko, Kaneda-Shotaro and Yami Tetsuo y Amazona Verde por sus  reviews y por el cálido recibimiento a esta sección.

Sé que es algo  cliché el principio de la trama. Si Seto es mago y Jou un lobezno, pues obvio  que de alguna forma Jou termina convertido en humano. Son las consecuencias las  que hacen la historia, pero gracias por mencionarlo.

Para Amazona  Verde... jajaja, la verdad no he pensado en los otros personajes aún, sólo en  Ryou Bakura (con un caracter más balanceado que ser totalmente bueno o  totalmente malo, un "happy medium" que me parece más cómodo). ¿Por qué aún no  pienso en los demás personajes? Porque apenas los conozco, me da mucho trabajo  escribir la pareja (Yami/Yugi) porque como ya mencioné, soy un tanto ajena a la  dinámica de la serie. Pienso que sería demasiado atrevimiento mío trabajar los  personajes clave de la serie (Yami/Yugi) sin conocerlos a profundidad. ¿Por qué  Seto y Joey? He leído más resúmenes, críticas, comentarios y sumarios de estos  dos (y sus carácteres) que de cualquier otro personaje de la serie, eso me da un  poco más de seguridad.

Pero en fin... seguramente estarán OOC de todas  formas, así que ni remedio, on with the story.

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Seto se  levantó muy de mañana. Esta vez iría completamente solo. No era algo que no  hubiera hecho antes, ciertamente, además de ser un excelente mago también era un  excelente cazador. Sus ojos azules obscuros brillaban con algo de impaciencia.  Se dirigía al mismo lugar donde había tenido el encuentro con el lobezno, pero  esta vez lo hacía con mucha más cautela. Consigo llevaba además de su rifle y  las municiones un trineo liviano donde pensaba llevar al lobezno. Escogió un  punto ventajoso desde donde podía observar todo el terreno sin ser detectado y  donde la helada brisa estaba a su favor.

Poco a poco los adorables  conejos fueron apareciendo. Brincaban y saltaban alegremente, sin recordar,  aparentemente, lo que había sucedido el día anterior. Seto preparó el rifle con  dos tranquilizantes. Continuó observando el terreno mientras el viento azotaba  el blanco pelaje de su abrigo con fuerza, por suerte no caía ni un sólo copo de  nieve. Miraba el paisaje, en espera de algún movimiento en el perímetro de los  conejos cuando, para su sorpresa, divisó al lobezno justo al lado de los peludos  animales. O el animal tenía una excelente capacidad para moverse sin ser visto o  había estado todo el tiempo en aquel lugar.

Preparó el rifle y apuntó. Al  enfocarlo con la mirilla, pudo ver que el lobezno tenía los ojos cerrados,  acostado sobre la nieve. Los conejos se habían aventurado lo suficientemente  cerca como para estar al alcance del animal y sin embargo allí seguía, como  dormido. Por unos instantes más observó la escena un tanto extraña, hasta que el  lobezno se levantó. Lo vio tomar algunos pasos en dirección a la ladera de la  montaña, indeciso y luego volverse lentamente. Caminaba con lentitud, ¿acaso  estaría herido? Seto decidió que pensaría en eso cuando lo tuviera seguro, así  que volvió a apuntar el arma y disparó.

El lobezno recibió el impacto en  uno de sus costados lo que lo hizo rodar varias veces antes de lograr ponerse en  pie frenéticamente y echar a correr sin aparente dirección. Seto no perdió  tiempo y volvió a apuntar atinándole nuevamente. El lobezno volvió a rodar y  volvió a ponerse en pie, pero esta vez no pudo echar a correr. Kaiba salió de su  escondite y corrió hacia el animal que ya comenzaba a desplomarse.

Cuando  llegó hasta su presa, el lobezno respiraba afanosamente pero el tranquilizante  ya casi hacía su efecto. Lo observó detenidamente y no pudo evitar acariciar la  hermosa piel. El lobezno gimió suavemente pero no hizo ademán de moverse.  Lentamente los dorados ojos se fueron cerrando y la respiración forzada del  animal comenzó a regularse. Seto sonrió y continuó acariciando el suave  pelaje.

"Eres un animal magnifico. Seguramente seré el primer mago en  poseer un lobo de nieve tan hermoso." Finalmente retiró los dardos y con cuidado  tomó al lobezno entre sus brazos, el peso muerto le hizo dar un respingo  afanoso. Al pasar por su escondite dejó al lobezno sobre la nieve mientras  sacaba una especie de manta gruesa y la extendía. Colocó al lobezno en el  interior haciéndolo un ovillo y envolviéndolo en el material para luego  asegurarlo, finalmente lo puso sobre el trineo que había traido consigo para ese  propósito, se echó el rifle a la espalda y emprendió el camino de regreso  halando el trineo. Claro que la cacería se le había hecho fácil, pero sabía que  esa era la parte menos arriesgada. El verdadero reto sería cuando el lobezno  despertara. A lo lejos pudo escuchar el aullido de un lobo solitario.  Seguramente parte de la cuadrilla del lobezno. No estaba preparado para  enfrentar más bestias por lo que apresuró el paso con su preciosa  carga.

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Jounouchi despertó perezosamente. No se puso de pie  de inmediato pues todo le daba vueltas alrededor. Cuando finalmente pudo  concentrar la vista vio que ya no estaba sobre la blanca nieve de la montaña.  Ahora yacía sobre una superficia plana y algo fría, pero no tanto como la nieve.  Levantó la cabeza y se quedó acostado, tal vez si el lugar dejara de dar vueltas  podría ver realmente dónde se encontraba. Un sonido extraño lo sacó de sus  cavilaciones y su primera reacción fue huir. Jounouchi rebotó contra unas  extrañas formaciones a sus espaldas, con desesperanza vio que estaba  completamente rodeado de las formaciones grises, como ramas de árboles pero  frías. Gimió suavemente y volvió a escuchar el sonido.

"Vaya, veo que ya  comenzaste a despertar, seguramente tienes algo de hambre, pero será mejor  esperar a que pasen los efectos del tranquilizante." Seto se acercó a la jaula,  bajo los efectos del tranquilizante el lobezno apenas había hecho intento alguno  de escapar. Mientras dormía le había colocado un collar púrpura de buen espesor  y resistente. "Mañana podremos comenzar el entrenamiento. Estoy seguro que serás  una adorable mascota cuando termine contigo."

Seto se atrevió a meter la  mano por entre los barrotes de la jaula. En un principio, el lobezno pareció no  darse cuenta, pero al segundo que el olor del humano llenó sus narices un  amenazador gruñido se hizo eco en la habitación y Seto pudo ver cómo la mirada  del animal volvía a ser la misma que el día anterior lo había hechizado. Retiró  la mano complacido y sin quererse arriesgar demasiado aún. "Sí, cuando termine  contigo serás una excelente mascota, obediente y leal." Susurró con una  sonrisa.

Jounouchi sintió estremecerse al ver que el humano sonreía.  ¿Acaso se burlaba de él? No podía estar seguro, apenas podía entender el  lenguaje de los humanos, pero había logrado alejarlo efectivamente con el  gruñido. Al menos eso era un comienzo. Cuando el humano se fue al cabo de un  rato, Jounouchi comenzó a pasearse de arriba a abajo de la jaula inquieto. El  sueño se había desvanecido, tenía hambre y tenía sed, pero allí no había nada de  comer o de beber y dudaba mucho que el humano supiera eso. Gimió desesperanzado  y no le costó más remedio que echarse nuevamente, con el cuerpo hacia la puerta  por si el humano regresaba.

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No estaba muy seguro de cuánto  tiempo había pasado. En el lugar donde se encontraba no podía ver ni la luz del  día ni la luz de las estrellas. Ahora sí que tenía hambre y no podía quedarse  quieto ni un segundo. Un ruido le advirtió de la presencia del humano  nuevamente. Traía algo en las manos y de repente pudo percibir el olor de sangre  fresca. La boca se le hizo agua al instante y su mirada se quedó fija en lo que  el humano traía.

*¡Carne fresca!* Pensó entusiasmado. El humano traía  carne fresca. ¿Acaso el humano compartiría su cacería con él? Usualmente él  compartía la suya con Honda y a veces Honda hacía lo mismo con él. Ahh, si no  hubiera sido por el estúpido conejo seguramente ahora estaría durmiendo  plácidamente en la cueva con el resto de la cuadrilla. *Tonto Jounouchi.* Las  palabras de su amigo resonaron vagamente.

Seto se acercó a la jaula, en  un cubo traia trozos de carne fresca que acababa de cazar. Tenía unos guantes  muy gruesos que le llegaban hasta mitad de brazo. Sin mucho protocolo se  arrodilló frente a la jaula y tomó un trozo de carne del cubo. Sonrió al ver al  lobezno mirando fijamente la comida.

"¿Tienes hambre cachorro? Estoy  seguro que esto te va a gustar, es conejo." Seto acercó la mano a la jaula y  dejó caer el trozo de carne adentro. El lobezno la olisqueó un momento y luego  engulló el pedazo. "Eso... ¿Te gusta? Tengo más, sólo tienes que tomarla de mi  mano." Susurró en un tono que le pareció conciliador mientras sostenía otro  pedazo de carne apenas cerca de los barrotes de la jaula.

Jounouchi se  relambió el hocico, aquel trozo de carne le había abierto el apetito. Observó el  pedazo que se le ofrecía pero no se acercó. Ni siquiera él se hubiera atrevido a  tomar la cacería que le ofreciera su amigo Honda mientras la tuviera en la boca,  eso sería una provocación. Le dio una mirada al trozo de carne y luego al humano  pero aún así no se acercó. Finalmente se sentó en sus cuartos traseros y esperó  ansioso a ver si el humano decidía compartir la carne con él.

Al cabo de  un rato Seto se había cansado de esperar por el lobezno, por lo que puso el  trozo de carne en el suelo, cerca de los barrotes pero no lo suficiente como  para que el lobezno lo alcanzara. No bien lo había soltado el lobezno comenzó a  acercarse. Sacó el hocico a donde estaba el trozo de carne e incluso sacó una de  sus patas para tratar de alcanzarlo pero en vano.

Seto sonrió y con mucho  cuidado, tratando de no asustar al animal, comenzó a acercar el trozo. El  lobezno no podía entender mucho de lo que sucedía, pero si el humano ofrecía la  carne, con lo hambriento que estaba, él no la iba a rechazar. No bien estuvo a  su alcance la devoró ávidamente.

"Si tienes tanta hambre ¿por qué no  vienes y lo tomas de mi mano?" Trató de razonar el mago. Esta vez acercó el  trozo de carne pero no lo soltó. El lobezno acercó el hocico pero no hizo  intento por tomar la carne. Seto la acercó un poco más sin soltarla. "Anda...  tómala." Con mucho cuidado el lobezno abrió el hocico y delicadamente substrajo  el pedazo. La siguiente vez que Seto le ofreció la carne, el lobezno no dudo  tanto en tomarla.

Al cabo de un rato el cubo estaba vacío. Una relambida  de satisfacción fue el único agradecimiento que recibió de parte del animal.  Kaiba sonrió complacido y finalmente acercó un cubo de agua a la jaula y  levantando levemente la puerta, lo empujó al interior. Jounouchi bebió  largamente y cuando terminó, Seto le retiró el cubo.

"Mañana vamos a  estar más tiempo juntos. Quizás así te vayas acostumbrando más rápidamente a mi  presencia." Concluyó el joven, retirándose luego y dejándo al animal para que  descansara.

Jounouchi suspiró contento. Tal vez estar con el humano no  sería tan malo después de todo. Esa noche soñó con la nieve y los conejos, con  Honda y sus demás hermanos. Sí que los extrañaba y llegada la mañana no pudo  menos que aullar su soledad.

Seto despertó agitado. Por unos instantes no  supo qué sucedía hasta que pudo distinguir claramente un ruido extraño  proveniente del ala sur de la casa. Se amarró la bata de dormir, se puso unas  pantuflas y salió rápidamente en dirección al ruido. Al acercarse pudo reconocer  el aullido del lobezno.

"¡Rayos! Si sigue aullando de esa forma va a  atraer al resto de la jauría a la casa." Murmuró fastidiado. Cuando entró a la  habitación donde estaba el lobezno, este se quedó en silencio de inmediato.  "¿Qué sucede lobezno? ¿Por qué tanto escándalo?" Le preguntó medio enojado. El  animal simplemente lo observó con sus ojos dorados. Seto murmuró algunos  insultos pero al final se regresó a la cama.

Jounouchi estaba, por así  decirlo, sorprendido. No bien había comenzado a aullar cuando el humano había  aparecido. Quizás podía encontrar alguna forma de comunicarse o de que el humano  lo entendiera. Sin embargo, eso no era suficiente para dejar de extrañar a sus  hermanos.. Suspiró acongojado y finalmente se echó formando un  ovillo.

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La rutina de la carne se repitió por varios días.  Cada vez el lobezno le tomaba más confianza al humano. Pero en una de las  ocasiones, la rutina cambió drásticamente. El humano trajo consigo, además del  cubo de comida, un aparato extraño. Jounouchi no sabía para qué servía y su  confianza en el humano le impidió sospechar más allá de la mera  curiosidad.

Estaba algo distraido, tomando la carne de la mano del humano  cuando de pronto sintió que algo era ajustado alrededor de su cabeza y hocico.  Se revolvió en la jaula tratando de quitarse aquel objeto con las patas pero por  más que trató no pudo. Finalmente, cansado y jadeante, se echó en la  jaula.

Seto sonrió al ver que el lobezno se había dado por vencido. Con  una ilusión mágica había escondido el bozal hasta que lo tuvo exactamente donde  quería. Finalmente abrió la puerta de la jaula y esperó, con el cubo en la mano,  a que el lobezno saliera. Jounouchi vio cuando la puerta de la jaula se abrió,  pero la presencia del humano lo intimidaba hasta cierto punto. Sin embargo,  cuando lo vio arrodillarse y tomar el trozo de carne en la mano, como solían  hacerlo, el lobezno sintió que quizás aún podía confiar en el humano. Se acercó  con paso tembloroso y olisqueó el aire con discreción.

"Vamos cachorro,  no te voy a hacer daño." Susurró Seto con suavidad mientras volvía a ofrecerle  la carne. El lobezno se acercó más y con cuidado, tomó la carne que se le  ofrecía. El bozal le permitía bastante movimiento como para tragar la carne.  Otro pedazo fue ofrecido y el humano se acercó aún más. Al cabo de un rato y  cuando ya había vaciado totalmente el cubo, el humano se quedó en el suelo  observándolo. Jounouchi esperaba que el humano le ofreciera algo más, pero en  cambio, vio cómo se quitaba uno de los largos guantes y le ofrecía a cambio la  tierna piel.

¿Acaso era ese un símbolo de confianza? El humano acercó la  extremidad y Jounouchi tuvo que hacer un supremo esfuerzo para no salir  corriendo en ese mismo instante. Sus orejas estaban muy alertas y su cola se  revolvía inquieta. Cuando la extremidad estuvo a su alcance la olisqueó. Olía a  frambuesas silvestres y a cuero. Poco a poco, aquella extremidad acarició su  cuello y luego atrás de sus orejas. Jounouchi tuvo por unos instantes el urgente  deseo de echarse en el suelo y disfrutar de aquellas caricias. Cerró los ojos  extasiado y Seto sonrió.

Apenas habían pasado unos minutos en ese trance  cuando de repente, la puerta de la habitación se abrió y por ella entró Ryou.  Seto había olvidado asegurar la puerta y ahora su amigo se dirigía a él sin  fijarse que el lobezno estaba fuera de la jaula. "Buenos días Set." Exclamó el  joven de cabellos de plata.

Jounouchi no reaccionó de inmediato, pero  cuando sintió la presencia de Bakura, un feroz gruñido comenzó a formarse en lo  más profundo de su garganta. Aquel otro humano se acercaba rapidamente y él no  sabía con qué intenciones. Bakura tardó un poco en captar la escena, el lobezno  lo observaba fijamente y aún no se había detenido por completo cuando el animal  se abalanzó sobre él. Bakura cayó al suelo y se golpeó la cabeza levemente  mientras que el lobezno se posaba sobre su pecho, mostrando los colmillos  amenazadoramente.

"¡Bakura! Bakura no te muevas." Susurró Seto, un  hechizo comenzaba a formarse en su mano pero el lobezno le había hechado un  vistazo a la puerta abierta. *Libertad!* Pensó regocijado y sin perder tiempo se  escurrió por ella. Setó emitió un gruñido de frustración y salió tras el  lobezno.

"Eres un tonto Bakura, ¿cómo has podido dejar que escape?!" Le  dijo al tiempo que lo ayudaba a ponerse en pie.

Jounouchi corría  velozmente por el pasillo de la casa mientras buscaba desesperado una salida de  aquel laberinto. Finalmente encontró una ventana abierta y de un ágil salto  quedó al otro lado. Seto lo seguía muy de cerca. "¡¡Lobo!!" Le gritaba mientras  corría tras él. A esas alturas se maldijo por no haberle puesto un nombre a la  bestia.

Jounouchi brincó la cerca que separaba el terreno de Seto de la  tierra salvaje al otro lado. Su corazón palpitaba de felicidad al ver la nieve.  Estrujó fuertemente el hocico en ella hasta que finalmente se deshizo del bozal  y continuó corriendo alegremente. Seto casi lo alcanzaba, jadeaba por la  desbocada carrera. "¡¡Lobo!!" Volvió a gritar y esta vez Jounouchi volteó a ver  qué deseaba el humano.

Seto pudo ver claramente que el lobezno se había  quitado el bozal y que corría peligro si intentaba atraparlo. "Cachorro, no me  has dejado otra alternativa." Murmuró sombríamente. Comenzó a recitar  rapidamente uno de los hechizos, pero en su desesperación por atrapar al animal  antes de que se le escapara, recitó una línea mal.

Cuando el lobezno vio  la luz formarse en las manos del humano, el miedo se apoderó de sus instintos y  comenzó a correr aterrorizado tratando de alejarse lo más posible. Pero cuando  Seto dejó escapar la energía, ésta lo siguió hasta hacer blanco en el níveo  lomo.

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Esto es todo para este capítulo. Espero que les haya  gustado, esta es la parte que todos se podían imaginar, ahora es que viene la  parte interesante. Dudas, críticas, flamas, preguntas, sugerencias, todo es  bienvenido.

Un beso a todos y ja ne minna-san.
Capítulo 2
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