*******

Capítulo 1

*******

Los personajes de Yugi-oh no me  pertenecen.

Esta historia es un S/J por lo que contiene elementos  shounen-ai (yaoi). Es un AU (alteruniverso), si no les gusta este tipo de  acercamiento a los personajes es el momento de cerrar esta página. Lo más  probable es que los personajes estén algo OOC (fuera de carácter) pues lo que sé de la serie es porque lo he leído en la net, así que de la forma de ser de los  personajes estoy muy parcializada.

Es mi primera publicación en la sección de Yugi-oh, gracias a Karoru-san, autora de "Dorado y Cálido". Espero  que les guste.

*******

La ladera de la montaña estaba cubierta con  una espesa y reciente capa de nieve. La noche anterior había traido consigo la  blanca carga. La siempre helada cordillera se extendía hasta donde alcanzaba la vista y al pie de ella, la enorme expansión del valle igualmente cubierto de  blanco y verde, perenne vegetación desafiando las inclemencias del clima.

Justo al borde del valle, donde comenzaba a elevarse el terreno, un grupo de conejos pacía alegremente, ignorantes del peligro que los acechaba.  La mirada dorada estaba clavada en cada uno de ellos, el blanco pelaje confundiéndose con la nieve lo hacía casi invisible. Se arrastró un poco más  cerca y se quedó inmóvil, esperando pacientemente a que una de aquellas  saltarinas bolas de pelo se acercara. Un paso, dos pasos, un brinco y un salto y el inocente animalito comenzó a acercarse.

El joven lobezno no pudo menos que relamerse el hocico al ver que el conejo se acercaba. Mientras el viento  fuera favorable, su olor no llegaría al conejo y podría sorprenderlo sin hacer  el menor esfuerzo por perseguirlo. Uno, dos... tres... Estaba a punto de saltar de su escondite cuando una explosión puso en alerta a todos los conejos, uno de  ellos había pegado un brinco y había caido muerto al instante. El resto de los animales desapareció como por arte de magia.

*¡Mi conejo!* Se quedó  totalmente paralizado, entonces lo vio acercarse. Los obscuros cabellos castaños azotados por la brisa invernal, los ojos azules llenos de satisfacción al  levantar el conejo del suelo. Un espeso abrigo de pieles blancas lo cubría, podría decirse que era casi tan buen camuflaje como el suyo a no ser por los  pantalones obscuros.

*¡Mi conejo!* El hombre estaba dándole la espalda, no lo había visto aún. Jounouchi temblaba del coraje, acababa de perder su desayuno y como el lobezno impaciente que era, se lanzó hacia el hombre. Sus  pasos silenciosos sobre la nieve no lo delataron ni un segundo, ni siquiera  cuando tomó impulso y se elevó por el aire, empujándo al hombre por la espalda y haciéndolo caer con el rostro sobre la nieve.

Había pasado horas  acechando a los escurridizos animales y no pensaba ahora perder su esfuerzo tan  fácilmente. Gruñó amenazadoramente, mostrando los blancos colmillos y respirando  muy cerca del cuello del hombre. Un movimiento en falso por parte del humano y  sus colmillos se hundirían en la tierna carne desgarrándola. Aún temblaba del  coraje cuando escuchó a lo lejos la advertencia.

*¡Jounouchi! ¿Qué  haces?* No tuvo siquiera que voltear la cabeza para saber que uno de los lobos  lo había descubierto agrediendo al humano.

*Honda, este humano cree que  va a robarme mi desayuno.*

*Eres un tonto Jounouchi, sabes perfectamente  que no debes acercarte a los humanos.* Le reprochó con vehemncia el otro lobo  mientras se acercaba. *Anda, aléjate de él, es mejor que nos  vayamos.*

*No me iré sin mi conejo.* Dijo testarudo.

*Jounouchi,  tendrás suerte si el líder no se entera de esto. Ese humano podría comenzar a  perseguirte.*

*¡Pero mi conejo!*

*Arrgghhhh, ¡ya agarra el maldito  conejo y vámonos Jou!*

El humano solo podía escuchar los gruñidos de  ambos animales, su mano poco a poco se acercaba al rifle que había caído un poco  más lejos de su cuerpo cuando sintió el peso del animal desvanecerse de su  espalda y caer cerca de su brazo. Lentamente el lobo bajó la cabeza y con  cuidado tomó el cuerpo del conejo que había caído cerca del arma, los colmillos  aún al descubierto retándolo a moverse. El hombre no podía apartar su mirada de  los claros ojos del animal.

El lobo tampoco le había quitado los ojos de  encima, con el conejo en la boca dio un último gruñido que hizo que el pelaje de  su cuello se erizara. Aquella mirada clara era como un hechizo y el hombre no  podía apartar sus ojos de la bestia. A lo lejos se escucharon varios disparos,  el animal reaccionó rompiendo el momento y salió en veloz carrera en dirección a  las montañas.

Un poco atontado, el hombre se sentó y se volteó para ver a  las dos criaturas correr silenciosamente sobre la nieve y en dirección a la  cordillera de la montaña.

"¡Seto! ¿Te encuentras bien?" El hombre que se  acercaba corriendo no era otro que Ryou Bakura, su compañero de cacerías.  "¿Seto?"

"Hai, hai, Bakura, estoy bien. Sólo algo atontado."

"¿Qué  sucedió? ¿Cómo es que te dejaste sorprender de ese animal?"

"Son... muy  silenciosos. Además, sólo se llevó el conejo."

"¿El  conejo?"

"Parecía como si estuviera enojado conmigo..."

"Tonterías  Seto, el frío ya te está congelando la razón. Mejor regresemos." Comentó Ryou  con algo de humor. "Tienes mucha suerte de que se contentó con llevarse el  conejo y nada más."

"Claro, vamos." Seto terminó de sacudirse la nieve y  recogió su rifle. "Pero te juro Bakura, que ese animal me las va a  pagar."

"Jajaja, el invencible Seto Kaiba acaba de perder contra un  lobezno de nieve y nada más y nada menos que en una feroz batalla por un conejo.  Mejor vamos hombre."

Jounouchi y Honda observaron a los humanos alejarse  y finalmente salieron del escondrijo donde se habían metido.

*¡Jounouchi,  eres un tonto, testarudo, cabeza hueca!* Gruñó el lobo más adulto. *Sabes  perfectamente que si el líder de la cuadrilla se entera te echarán  fuera.*

*Ahh, pero no se va a enterar, nadie nos vio,  ¿cierto?*

*Baka.*

Y sin más, ambos se dirigieron hacia donde yacía  el resto de la cuadrilla.

Esa noche, Seto Kaiba se encontraba comodamente  reclinado en uno de los divanes de su enorme casa de invierno. Practicaba  algunas ilusiones sin mucho interés. Su pensamiento estaba atrapado en los  eventos del día. Cada vez que cerraba los ojos no fallaba en encontrar aquellas  salvajes pupilas doradas, como cielo de otoño, clavadas fieramente en los suyos,  retándolo. ¿Pero retándolo a qué? No lo entendía claramente. Ciertamente era  sólo un lobezno, había visto lobos mucho más grandes y con más masa muscular en  las inmediaciones de su propia casa.

Aquel animal tenía cierta fuerza y  fiereza a pesar de su corta edad. Seguramente, en un par de años se  transformaría en un bello espécimen. Si tan sólo pudiera... Seto sonrió  largamente, sabía que era un idea temeraria, pero el lobezno era joven aún,  quizás... Quizás si lograba capturarlo podría domésticarlo hasta cierto punto.  Sería una hermosa adición a su colección de animales. La única diferencia sería  que el lobezno podría hacer las veces de su mascota personal.

Ohh, aquel  iba a ser un invierno maravilloso, pensó Seto para sus adentros. Seguramente el  animal le daría algo en qué entretenerse por un buen tiempo.

Observó el  fuego de la chimenea, las pieles que adornaban la habitación, todas ellas las  había obtenido en sus frecuentes cacerías. Luego aquellos ojos dorados volvieron  a llamar su atención e imaginó al lobezno, echado a sus pies, disfrutando junto  a él el calor de la chimenea. Acurrucado y durmiendo plácidamente en presencia  de su amo. Imaginó acariciar el suave pelaje blanco y sentir la fuerza de la  bestia bajo su piel, toda a su disposición.

Tal vez... Pero no estaría  seguro de si podría llevar a cabo tal empresa hasta que no tuviera al animal  bajo su poder. Un asunto fácil de resolver, mañana en la mañana se prepararía  para ir de cacería, esta vez regresaría con su añorado trofeo, vivo. Tendría que  preparar algunos dardos tranquilizantes.

Las ilusiones cesaron  abruptamente cuando el joven se levantó del diván con un solo pensamiento en  mente, el lobezno. Comenzaría a preparlo todo en ese mismo instante. Ciertamente  que siendo un mago del más alto rango, no tendría problemas en atrapar al animal  y domésticarlo utilizando algunos hechizos. Pero Seto Kaiba sabía perfectamente  que en el momento en que sus poderes fallaran el animal se volvería en su  contra, por lo que prefería hacerlo de la forma tradicional, así la lealtad del  lobezno hacía su persona sería absoluta, sin importar su  magia.

*******

Jounouchi estaba a punto de entrar a la caverna que  les servía de guarida a toda la cuadrilla cuando uno de los lobos más adultos se  interpuso en su camino.

*Jounouchi.*

*Ahh... Yami, ¿cómo has  estado?* El lobo que le hablaba era un poco más grande que Jou pero igualmente  esbelto, su pelaje portaba unos detellos plateados que lo hacían resplandecer  aún con el más mínimo haz de luz.

*Algo decepcionado.* El lobezno le  devolvió una mirada perdida y el lobo continuó. *Se rumora que tuviste contacto  con un humano Jounouchi. Y ahora que estás aquí puedo notar un olor extraño en  tu piel.* Gruñó el lobo.

*Eto, Yami, seguramente no me fijé por dónde  pasaba, pero te aseguro que no he visto a un sólo humano por esta  zona.*

*Miente.* Gruñó otro de los lobos que se habían acercado. *Yo lo  ví atacar al humano. Jounouchi conoce las reglas de la cuadrilla. Atacar a un  humano sólo atrae problemas.*

*El humano tomará represalias.* Gruñó  amenazador otro de los lobos congregados.

*No, no, esperen, ¡no fue  nada!* Trató de objetar Jou con algo de nerviosismo filtrándose en su  voz.

*Jounouchi.* Un lobo de níveo pelaje y con una oreja desgarrada, el  líder de la cuadrilla, se acercó al grupo. *¿Es cierto lo que dicen tus  hermanos?*

*Hai, Sugoroku-san* Jou bajó la cabeza en señal de total  obediencia.

*Eres un joven muy impetuoso Jounouchi. Y por esa razón no  puedes seguir las reglas de la cuadrilla. Es hora de que madures y la única  forma de que lo hagas es alejado de la cuadrilla.*

*¡No! Sugoroku-san, no  por favor. Seguiré las reglas, lo prometo, ¡me portaré bien!" Gimió el  lobezno.

*Todos en algún momento tuvimos que abandonar la cuadrilla. En  el momento en que no pudimos controlar más nuestros impulsos y deseos de  libertad, Jounouchi. La cuadrilla no te está cerrando las puertas, pero debes  aprender por tí mismo. Es tiempo.* Un grupo de lobos se adelantó gruñendo  amenazadormente y Jounouchi no tuvo más remedio que regresar a la obscuridad de  la noche, completamente solo.

*******

Hasta aquí el capítulo.  ¿Comentarios, dudas, preguntas, flamas, críticas, todo es bienvenido.

Se  cuidan mucho, ja ne minna-san.
Capítulo 2
Regresar al índice de historias
Regresar a la página principal
Hosted by www.Geocities.ws

1