Cuando se enciende el  fuego

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Habían pasado exactamente dos semanas desde que la  Ruu Miko abandonara el puerto de Seiryuun con el príncipe Gabriev a bordo. La  mayor parte del tiempo la habían pasado en Refugio, haciéndole reparaciones al  Ryuu Dorei. Gourry había tratado por todos los medios de evitar a Lina, por lo  que se había unido a los marineros en la faena de reparar la  fragata.

Lina no había hecho ninguna objeción, de hecho, no tenía prisa  alguna de volver a confrontar al príncipe después de los días que había pasado a  bordo del Ryuu Dorei en su regreso a la isla. Se contentaba con observar desde  lejos la esbelta figura que trabajaba colgada de sogas a los costados del barco  igual que el resto de los triuplantes. Era una lástima que se quedara hasta tan  tarde trabajando en las reparaciones, porque cuando regresaba simplemente se  refrescaba, cenaba y se iba a dormir y no precisamente con ella. De alguna forma  había logrado hacerse un espacio con los demás marineros en la isla, evadiéndola  aún más. Realmente prefería darle su espacio hasta que se  acostumbrara.

Sonrió para sus adentros mientras continuaba observando el  grupo de marineros. El sol ya había bajado lo suficiente como para hacer dificil  el trabajo. Desde la cabaña donde se encontraba, su cabaña, podía observar todo  lo que ocurría en la playa de la isla. Se subió ligeramente a las cañas que  funcionaban como balcóna, permitiéndo que una de sus piernas colgara  perezosamente mientras la otra la mantenía balanceada sobre la improvisada  estructura.

Vestía una especie de traje de algodón, propicio para el  clima de la isla que dejaba sus hombros y gran parte de su espalda al  descubierto, mientras que el largo del traje le llegaba justo a los tobillos  donde se había adornado con algunos zafiros engarzados en una sensual cadenilla  de oro, acompañados de caracolillos que repicaban sutilmente cada vez que se  movía.

Finalmente el grupo dio por terminado su trabajo y se dirigía de  regreso a la isla. Gourry pasó junto con el resto de los hombres, totalmente  bañado en sudor, con un leve tinte dorado sobre su piel gracias al sol tropical.  Al verlo pasar de largo Lina no pudo suprimir un suspiro, quería estar con  Gourry, justo en ese momento.

*Ahh Gourry, no voy a cometer una tontería  justo ahora. Soy más testaruda de lo que puedes imaginar y no voy a  apresurarme.* Suspiró nuevamente y se adentró en su cabaña para  cenar.

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"¿Qué te parece querida?" Preguntó Xellos mientras  observaba en el horizonte la isla de Wolfpack, iluminada por las fogatas  nocturnas que avisaban a los marineros la cercanía.

"Es hermosa, muy  hermosa." Suspiró Filia en sus brazos.

"Te gustará aún más cuando estemos  en ella." Le susurró tiernamente al oido.

"Ohh vamos, dennos un descanso,  por favor." Musitó Val al ver a la pareja. Xellos se limitó a una suave  carcajada mientras que Filia tomó un curioso tono rosado en sus  mejillas.

Al otro lado de donde se encontraban, una silenciosa figura  descansaba también observando el horizonte, pero en dirección contraria. Se le  podía escuchar suspirar cada cierto tiempo. Val se llevó las manos a la  cabeza.

"No puedo creer que esté rodeado de palomas enamoradas." Los  embajadores le devolvieron una sonrisa compasiva. Habían zarpado del puerto de  Seiryuun cuatro días después de que lo hiciera la Ruu Miko y habían tardado diez  días en arribar a las costas de la isla de Wolfpack. Durante esos diez días  Zelgadis no había dejado de suspirar y mostrar su expresión más  compugnida.

Val estaba realmente feliz de poder estar en tierra firme y  tener un descanso de tanta emoción. El amor que se transpiraba en el aire sólo  lo hacía sentir algo solitario y olvidado. Con otro gesto de desesperación  regresó al interior del Hanzoku. Xellos le devolvió una mirada curiosa, nunca  había visto a Val perder la compostura por una tontería. Aparentemente el  capitán estaba permitiendo que algo tan simple como unos enamorados cavara hondo  en su ánimo.

Pronto estuvieron más cerca de la isla y los tripulantes del  Hanzoku se prepararon para arribar a la isla. No bien habían asegurado el barco  en el puerto cuando el capitán ya se encontraba saltando al mismo, desesperado  por conseguir algo de paz y tranquilidad lejos de los eternamente enamorados  embajadores y la recién afectada quimera.

En poco tiempo estuvieron  camino al palacio de la reina, escoltados por la guardia  real.

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Luego de cenar, Lina se echó en una hamaca que había  colgado a la puerta de su cabaña, perezosamente observaba cómo los habitantes de  Refugio se reunían a conversar en un espacio amplio y completamente liso frente  a su cabaña. Alrededor del mismo estaba el resto de las cabañas de los  tripulantes y habitantes de la pequeña isla.

Observó cómo los hombres  comenzaban una enorme fogata justo en el centro y luego se acercaban al calor de  la misma para conversar animadamente. Todos los días desde que habían regresado  a Refugio los marineros que habían tenido la oportunidad ser participes del  último viaje de la Ruu Miko, contaban la aventura contra el dragón Gaarv y cómo  la Ruu Miko lo había hecho estallar en una enorme bola negra.

Lina  sonreía cuando los escuchaba, pero esa noche en especial los hombres parecían  más agitados que de costumbre. No se sorprendió cuando un grupo fue a buscarla a  su cabaña para pedirle que se uniera a ellos. Se levantó prestamente,  olvidándose momentaneamente del sentimiento que le embargaba el corazón y  permitiendo que la alegría de su gente la contagiara.

Más animados por la  presencia de la Ruu Miko, algunos hombres comenzaron a tocar los instrumentos  que reservaban para ese tipo de reuniones y algunas de las jovenes se unieron a  Lina mientras comenzaba a danzar alrededor del fuego. Ninguna de ellas se le  igualaba en belleza ni en gracia al bailar.

La pequeña peliroja ya se  había percatado de la ausencia de Gourry entre los hombres, sabía que prefería  irse a descansar temprano antes que cruzarse con ella en aquellas reuniones. Eso  la desilusionaba en parte. Pero esa noche, por alguna razón, prefería alegrarse  y bailar alrededor del fuego, que más que nada parecía el elemento mismo de la  pequeña figura.

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Gourry estaba a punto de echarse a dormir  cuando escuchó la usual algarabía de los habitantes de la isla. Suspiró  resignado, ya estaba acostumbrado a escuchar la música que se esparcía  suavemente cuando comenzaban las reuniones nocturnas. Esa noche sin embargo, le  parecía que los habitantes de Refugio estaban más alegres que de costumbre.  Claro que él sabía que las reparaciones del Ryuu Dorei estaban casi terminadas.  Seguramente eso era lo que los motivaba esa noche.

Se echó en la cama y  trató de dormir, pero su mente se negaba a cooperar. Suspiró débilmente y se  quedó observando el techo de la cabaña, muy diferente al techo de su habitación  en Hikari. No podía evitar comparar su situación actual con sus propias  experiencias en palacio, tan diferente era todo, y sin embargo, no sentía tanta  ansiedad como al principio de regresar a su hogar. Comenzaba a sentirse  levemente a gusto en Refugio.

Por un rato dejó que su mente se distrajera  observando la textura del techo de madera en un vano intento por quedarse  dormido, pero al cabo de un rato volvió a la realidad cuando la música  proveniente del exterior se volvió un poco más intensa junto con la algarabía.  La curiosidad ganó el partido y Gourry terminó levantándose, acercándose  lentamente a la ventana y apartando las cortinas para ver  mejor.

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Alrededor de la hoguera, Lina continuaba bailando  alegremente para el deleite de todos, acercándose esporádicamente a alguno que  otro de los marineros e invitándolo seductoramente a bailar. Fue en uno de esos  momentos que Gourry se asomó por la ventana. *¡¿Lina?!* La primera impresión de  Gourry fue verla bailando con uno de los tripulantes del Ryuu Dorei. Pero por  experiencias previas en la isla, sabía que Lina solía deleitar de esa forma a  los que se reunían en las noches para bailar y relajarse.

Sus ojos  comenzaron a seguirla en cada movimiento que hacía, aunque estaba demasiado  lejos como para distinguir bien la menuda. Sintió la necesidad de acercarse,  pero a la vez no deseaba que la peliroja se percatara de su presencia. Dudó unos  instantes antes de retirarse de la ventana, debatiéndose aún entre los deseos de  verla y la molestia que sentía en su interior cuando recordaba que Lina lo  retenía contra su voluntad en la isla.

Cuando ya estaba a punto de llegar  a la cama cedió a la urgencia de echarle una última mirada a la escena tras la  ventana. Se acercó nuevamente a la ventana y se aferró al alfeizal cuando sintió  una familiar sensación en su pecho. Gourry amaba a Lina, aunque no estuviera  seguro de lo que ella sentía por él. Era demasiado tarde para preocuparse de si  la peliroja podría herir su corazón o no, estaba destinado irremediablemente a  sufrir bajo la cálida mirada de la Ruu Miko. Se retiró de la ventana, buscando  rápidamente una camisa entre sus pocas cosas y salió sigilosamente de la cabaña  en dirección a la fogata, cuidadosamente evitando ser visto por cualquiera de  los presentes.

Mientras se acercaba a la fogata su corazón le latía cada  vez más rápido. Finalmente llegó hasta un punto entre la cabaña de Lina y las  demás, desde donde podía observar al grupo sin ser descubierto. Lina continuaba  bailando, y al pasar frente a donde estaba escondido Gourry, la fogata reflejaba  su silueta de forma provocativa. Más que una figura a Gourry le parecía que una  lengua de fuego se había escapado de la fogata y danzaba alrededor de ella cual  una diosa de fuego puro. Continuó observándola embelesado, sintiendo la fuerte  necesidad de acercárse a ella, como la irresistible tentación que obliga a la  mariposilla nocturna a acercarse a la luz aunque eso suponga su  muerte.

Pasó mucho tiempo en aquel punto, observando como en sueños a la  que tenía jugaba con su corazón. Era como una cruel y dulce pesadilla quererla  sentir tan cerca y saber que estaba tan lejos.

Se había hecho tarde y los  participantes de la pequeña reunión comenzaban a retirarse uno a uno. Poco a  poco fueron dejándo a Lina sola. Sin embargo y a pesar de que ya no había música  para bailar, Lina comenzó nuevamente a bailar, esta vez suavemente frente a las  llamas de la aún crepitante hoguera. Cerró los ojos y se dejó llevar por la  música que le marcaba su propio corazón. Era un baile suave, cómo una súplica  muda frente al fuego en su altar.

Echale leña al fuego candela, que  quiero ser la llama en tu hoguera...

Gourry la observaba todavía,  sumergido completamente en aquel baile que parecía llamar directamente a su  corazón. No supo cuándo comenzó a acercarse a la hoguera, y Lina estaba tan  concentrada en que no se había percatado de la silueta de Gourry acercándose. Se  detuvo a unos pasos de la figura en movimiento, la arena se sentía tibia bajo  sus pies descalzos y el calor de la hoguera se sentía en su piel como el sol de  mediodía. Lina se alejó un poco, en dirección a la hoguera, dejándo que sus  caderas marcaran un suave vaivén hasta que finalmente se sintió  observada.

Echale leña al fuego candela y dame el cielo de tus  caderas...

Se detuvo de inmediato y se volvió, esperando encontrarse con  uno de los habitantes de la isla. La sorpresa que se dibujó en su rostro cuando  registró finalmente quién era el que la observaba fue enorme. Los azules ojos de  Gourry resplandecían con la luz de la hoguera y su piel bronceada brillaba  suavemente. A Lina le parecía estar viendo nuevamente aquel angel que encontrara  a bordo del Furindushippu. No supo por qué, pero temía que si se movía aquel ser  de luz extendería despavorido sus alas para alejarse de ella.

Echale leña  al fuego candela, déjame recorrerte entera...

Permanecieron absortos el  uno con el otro por varios minutos, temerosos de romper la mágica atmósfera que  parecía envolverlos. Al cabo de un rato, Gourry decidió acercarse un poco,  hipnotizado por los ojos de Lina sobre los suyos. Se acercó hasta quedar frente  a ella, sujetándola levemente en un intento por evitar que huyera. Suavemente se  inclinó, rozando los labios de ella con los suyos. La reacción de Lina no se  hizo esperar, echándole de inmediato los brazos al cuello y apoyando su peso  sobre el pecho de Gourry y buscó su boca con desesperación.

Echale leña  al fuego candela y después haz de mí lo que  quieras...

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Espero hayan disfrutado, así como estoy  disfrutando yo de escribir este fic. Hasta la próxima, besos a todos.
Ruu Miko
Capítulo 11
Candela
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