De estrellas fugaces y  penas.

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El pequeño grupo fue recibido en el palacio de  Wolfpack y escoltado hasta la presencia misma de la Reina. Luego de los  esperados saludos, los embajadores se retiraron a una habitación un poco más  privada junto con la Reina, mientras que Val y Zelgadis se dirigieron a sus  respectivas habitaciones para descansar.

Una vez en su habitación,  Zelgadis se acurrucó entre las sábanas de la mullida cama, peleando un poco con  las almohadas para acomodarlas a su gusto. Dio varias vueltas como era su  costumbre antes de encontrar una posición que le satisfaciera. Dejó vagar su  pensamiento de regreso a Seiryuun, recordando embelesado unos ojos color zafiro  y unos labios sonrosados brindándole la más dulce de todas las sonrisas y  pensando poco a poco se quedó profundamente dormido.

Val por su parte,  había decidido echarle un vistazo al castillo que en algún momento había sido su  hogar. Primeramente se dirigió a su habitación, sin sorprenderle el hecho de que  fuera la misma que recordara. Lo que sí le sorprendió fue que sus cosas se  encontraran en el mismo lugar donde las había dejado años atrás. Era obvio que  la servidumbre mantenía el lugar libre de polvo y olvido, pero sus cosas estaban  en el mismo lugar, eso lo impresionó un poco. Casi con reverencia comenzó a  recorrer la habitación, mientras los recuerdos lo asaltaban con cada objeto que  encontraba. Se dirigió a su ropero, toda su ropa estaba en su lugar, desde el  uniforme que tanto había llegado a odiar hasta la ropa que usara cuando solía  aventurarse entre los laberintos de la isla. Finalmente escogió una de sus  camisas preferidas y unos pantalones para cambiarse a algo más  informal.

Para su satisfacción, los pantalones le quedaban igual que la  última vez que los usara, la camisa sin embargo, era otro asunto. Le quedaba  demasiado ajustada en el área de la espalda y los brazos. Sonrió ampliamente al  comprobar que ahora su anatomía reflejaba los cambios ocurridos durante los años  que había pasado sobre el mar trabajando en el Hanzoku. Se quitó la camisa y  regresó al ropero tratando de recordar alguna camisa que durante su tiempo en  palacio le quedara lo suficientemente holgada. Finalmente encontró una y al  probarsela le quedó mucho más cómoda que la primera. Se acomodó los cabellos  nuevamente con la cinta de cuero que solía usar y salió de su  habitación.

Recorrió sin dificultad el castillo utilizando todos los  atajos que conocía dentro del mismo para comprobar que aún seguían siendo  útiles. Decidió también comprobar si los sirvientes seguían siendo los mismos y  conocer aunque fuera de lejos los que seguramente eran  nuevos.

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Ya era tarde en la noche, los embajadores y la  Reina hacía tiempo que se habían retirado a sus respectivas habitaciones  mientras que Val continuaba su recorrido por el castillo. Se le había abierto el  apetito con el ejercicio y dirigió sus pasos hacia la cocina de palacio. Ya no  quedaba un solo sirviente, todos se habían retirado, por lo que decidió servirse  él mismo. Lo primero que encontró fueron panecillos y queso, por lo que tomó un  panecillo y partió un trozo de queso.

Mientras comía, recordó que en la  cocina siempre guardaban los vinos en una recámara secreta al que sólo podían  entrar ciertos de los sirvientes. Sonrió juguetonamente y se acercó a la pared  justo al lado del lugar donde se preparaban los alimentos. Observó la pared que  tenía incrustado una especie de candelabro adornado con uvas y vides de metal.  Tiró suavemente del candelabro y la pared cedió lentamente, permitiéndole el  paso. Se adentró hasta llegar a la cava principal del palacio, donde Juu-ou  guardaba la selección más fina de vinos.

Val comenzó a inspeccionar las  botellas con cuidado. Examinando el año y la cosecha. Estaba tan ensimismado  revisando el vino que no se percató que otra persona se había deslizado dentro  de la cava sin que él la escuchara hasta que fue demasiado tarde.

"No te  muevas." Susurró una voz a sus espaldas mientras sentía algo filoso posarse  sobre su garganta. Se quedó muy quieto, seguramente era uno de los sirvientes  que aún no lo había reconocido. Pero la voz era decididamente femenina, así que  decidió usar lo mejor de sus encantos y disculparse por la  intrusión.

"Siento haberte asustado, debí preguntar antes de entrar."  Dijo lo más normal posible intetando safarze. Pero no bien se había movido  cuando sintió el arma apretarse contra su cuello, seguramente una  daga.

"Dije que no te movieras." La voz sonaba algo enojada. Por un  momento Val pensó que lo asfixiaría con la presión que estaba ejerciendo sobre  su cuello. Estaba tensa y eso no era nada bueno. Con un poco de esfuerzo  extendió las manos a ambos lados mostrando que no ocultaba nada.

"Prometo  no moverme si me permites respirar." Le dijo casi en un susurro. Escuchó un  reprimido sonido de sorpresa y la presión disminuyó de inmediato. *Mucho mejor,  ya nos vamos entendiendo un poco.* Val sonrió a pesar de todo, había estado en  situaciones peores y siempre lograba salirse con la suya. Aunque esta vez no era  lo mismo, era sólo un malentendido con una de las sirvientas de palacio.  *Pero... ¿desde cuándo las sirvientas en palacio llevan dagas?*

"¿Quién  eres y por qué estás aquí?" Preguntó nuevamente la figura que lo mantenía  amenazado sin mostrar emoción en su voz.

"Soy Valteria, pero puedes  llamarme Val y estoy aquí porque no tenía nada mejor que hacer, soy el capitán  del Hanzoku." Dijo en un tono más bajo de lo normal.

Escuchó un leve  resoplido a sus espaldas con cierta nota de indignación. La daga se alejó de su  cuello lentamente y Val se volteó de inmediato para ver a su  interlocutora.

No pudo distinguir con claridad cómo eran sus cabellos,  pues los llevaba fuertemente recogidos en una trenza a sus espaldas y eran de un  color que no podía distinguir, castaños tal vez. Sus ojos fulguraban, de un  extraño color acuamarino oscuro, verdes quizás. Sus ropas obviamente eran las de  dormir y en su mano fulguraba una pequeña daga con mango de marfil hábilmente  tallado. Le pareció no tener más de 17 o 18 años. Se notaba bajo sus ropas un  cuerpo esbelto y bien formado, propio de su edad y su estatura era la misma de  Zel.

"Muy bien... Capitán Val... Me parece que es hora de que regrese a  su habitación." Le dijo un tanto indiferente y con los brazos cruzados sobre su  pecho al notar la mirada escudriñadora a la que estaba siendo  sometida.

"Será un honor complacer a tan hermosa damicela." Dijo con una  sonrisa mientras le hacía una graciosa reverencia. La joven no correspondió,  simplemente lo observó un tanto enojada y su mirada se tornó fría mientras le  señalaba con un gesto hacia la salida de la recámara. Val sonrió, la chica era  demasiado precavida y muy en su interior no deseaba incomodarla, sin embargo,  podía percibir un aire de autosuficiente en la postura de ella.

Al pasar  al lado de la mesa donde había dejado el pan y el queso se detuvo  momentaneamente para guardar el queso y llevar consigo otro panecillo. La joven  continuaba observándolo y cuando hizo ademán de retirarse, ella lo siguió.  Cuando llegó a su habitación se detuvo en la puerta y se dirigió a  ella.

"Gracias por escoltarme hasta mi cuarto. Supongo, por tu  apariencia, que no eres una de las sirvientas de palacio." Dijo con cierto tono  juguetón.

"Supone bien Capitán." Dijo secamente.

"¿Y podría tener  el privilegio de escuchar su nombre?" Trató de proyectar su lado más amable y  vio que la chica dudaba un momento.

"Shinmiri." Dijo al fin, tratando de  no mostrarse insegura.

"Shinmiri... " Le sonrió. "Ha sido un placer  conocerte Shinmiri, y discúlpame por haber interrumpido tu descanso, que tengas  buenas noches." Y sin darle tiempo a decir más entró en la habitación  apresuradamente.

Shinmiri no se molestó en responder, simplemente dio  media vuelta y regresó por el pasillo con paso algo rígido, hasta desaparecer al  fondo del mismo.

*******

Cuando Gourry terminó de besar a Lina no  quiso soltarla. Sabía que probablemente Lina le había devuelto el beso por  razones diferentes a las que lo habían llevado a él a besarla. Mientras la  abrazaba sintió esas dos palabras casi resbalarle de los labios, pero se  contuvo, cosa que le provocó un dolor más intenso que haberlas dicho y recibir  una respuesta negativa. De todas formas, al tenerla así junto a él sentía que  todo funcionaba de la manera que debía ser. Lina por su parte se dejaba abrazar  con un feliz suspiro, acurrucándose en el pecho de Gourry.

"¿Eres feliz  Lina?" Le dijo sin moverse.

"Claro que sí Gourry." Dijo levantando el  rostro para verlo. "¿Eres feliz a mi lado?" Gourry desvió la mirada y no  contestó nada, sencillamente la abrazó más fuerte.

"¿Por qué no eres  feliz conmigo?" Le dijo con ansiedad Lina. Gourry suspiró profundamente,  tratando de encontrar una respuesta, pero ¿cómo explicarle a  Lina?

"Lina... no es que no sea feliz contigo... es sólo que... no sé si  esta sea la forma correcta. No puedo cambiar lo que eres... y tú sabes que yo  debo regresar." El pequeño cuerpo se tensó.

"No voy a dejarte ir Gourry."  Dijo con firmeza. "No puedo dejarte ir, ¿por qué no lo entiendes?" Y escondió el  rostro en el pecho del rubio.

"Lina... mírame." Le dijo con suavidad. La  peliroja levantó la vista y por un momento Gourry creyó ver en ellos algo más  que simple necesidad de estar juntos.

"Dime por qué no puedes dejarme  ir... por favor." Le suplicó, no sólo con la voz sino también con la mirada.  Lina mantuvo la vista fija. *¿Por qué no puedo dejarte ir?, no puedo vivir sin  ti, no puedo verme sin ti. ¿Cómo puedo pedirte que te quedes conmigo para  siempre? Es imposible, sólo que te obligue.* La mirada de la pequeña peliroja se  endureció.

"No puedo dejarte ir, nunca voy a dejarte ir." Dijo con  seriedad y una convicción que hicieron que Gourry se estremeciera, soltándola de  inmediato.

"Lina, eres... mucho más poderosa que cualquier ser que  conozco, sé que puedes retenerme aquí todo el tiempo que desees... pero eso no  hará que yo desee permanecer aquí." Lina comenzó a temblar mientras Gourry  prosiguió.

"Nunca podríamos ser totalmente felices el uno con el otro  porque tú me estás obligando a permanecer a tu lado de una forma que no es la  correcta. Sólo terminaremos haciéndonos daño." Lina continuó temblando y Gourry  no sabía por qué.

*Si no quiere estar aquí, es porque no quiere estar  conmigo. ¿Cómo pudiste creer nuevamente que lograrías convencerlo Lina, cómo?*  Lina dejó de temblar de repente. *Pues no me importa si quiere o no estar  conmigo, yo quiero estar con él y eso es lo único que importa, lo que yo quiero.  Lo que la Ruu Miko desea eso es lo que obtiene y nada menos.*

"Nunca voy  a dejarte ir Gourry." Le dijo con una mirada furiosa.

"Lina, por favor...  trata de comprender."

"Si no quieres estar conmigo, no puedes existir  para nadie más." Y mientras lo decía una bola de fuego se formaba en su mano.  Gourry estaba perplejo.

"Sólo estás obsesionada." Dijo con genuina  sorpresa.

"Si no es conmigo no estarás con nadie."

"No puedo  quedarme aquí." La furia de ella se dejó ver en el aura roja como fuego que  comenzaba a rodearla, una enorme cantidad de energía se estaba acumulando en esa  sóla bola de fuego. Gourry entendió que Lina estaba completamente cegada por su  obsesión hacia su persona., realmente nunca lo dejaría ir.

"Lina,  encontraré la forma de escapar de esta isla, no puedes detenerme eternamente. Si  no arrojas esa bola de fuego ahora te aseguro que encontraré la forma." Sabía  que estaba yendo demasiado lejos retándola de esa forma. Lina no era la clase de  persona que dejara pasar una provocación tan directa. Con sorpresa vio que Lina  levantaba la mano en su dirección. La vio estremecerse por un momento tras la  refulgente bola de energía, la duda y la furia mezclados en su rostro. Se  sobresaltó al escuchar las palabras de Lina nuevamente.

"Yo encontraré la  forma de retenerte, te lo juro." Y la bola de fuego desapareció absorbida por el  aura de la peliroja que en esos momentos refulgió fuertemente envolviéndola.  Gourry fue arrojado de espaldas al suelo por la fuerza de la explosión, y cuando  volvió a ver Lina había desaparecido. En una búsqueda más profunda, pudo  observar que la peliroja levitaba a toda velocidad hacia el mar, envuelta en lo  que parecía ser una llamarada de fuego.

Sin poder evitarlo, Gourry  imaginó que era una estrella fugaz y casi sin pensarlo formuló un  deseo

"...para siempre...".

*******

No bien había cerrado  la puerta, Val dejó de sonreir, había algo en aquella chica, algo que lo hacía  sentir incómodo. La mirada acuamarina de ella semejaba las profundidades del  mar. No era como si le desagradara la comparación, simplemente había algo en  aquella chica que estaba... mal.

Se preparó para dormir y se acurrucó  entre las sábanas. Apenas habían pasado unos minutos cuando ya estaba  profundamente dormido y comenzó a soñar.

Sentía el llamado del mar fuerte  en su corazón, ahogándolo suavemente. Sintió estarse hundiéndo y aguantó la  respiración hasta que los pulmones comenzaron a arderle. El agua le oprimía,  agua de mar. Ya no le quedaba mucho tiempo y por más que trataba de regresar a  la superficie, continuaba hundiéndose.

Dejó escapar el aire en violentas  burbujas que subieron en espiral agitándo sus cabellos. Y aspiró, permitiendo  que el agua del mar llenara sus pulmones. Para su sorpresa, la opresión terminó  y finalmente pudo moverse a donde deseara. Estaba respirando el agua de mar con  completa naturalidad. Abrió los ojos y se percató que el agua a su alrededor era  de un azul verdoso, acuamarino.

Observó el lecho marino, la arena bajo el  mar de un color crema casi blanco y hermosos corales de fuego. Algunos peces  pasaron a su lado, haciéndole cosquillas en el pecho. Continuó placenteramente  deslizándose sobre el lecho marino sintiéndo una enorme paz en su  corazón.

Al pasar unos corales pudo divisar una figura inmóvil bajo el  agua. Unos cabellos larguísimos y revueltos, la piel pálida como la porcelana,  los labios rosados y los ojos cerrados. Flotaba como suspendida, con el rostro  hacia la superficie, como si durmiera. Trató de acercarse a la femenil silueta y  una corriente de agua lo arrastró en dirección contraria. Todo se volvió  súbditamente borroso, sentía ser llevado a la superficie, trató desesperadamente  de oponerse pero en vano. Finalmente la corriente se convirtió en olas sobre la  superficie y paulatinamente se sintió descansar pesadamente sobre la húmeda  arena en la orilla. Sentía el agua acariciar sus pies sobre la arena, su mejilla  en la orilla y una opresión que no le permitía levantarse, como si el aire  pesara más que su cuerpo. Trató de abrir los ojos, pero los sentía como  empañados, trató varias veces hasta que la desesperación se fue apoderando de su  cuerpo. Cuando ya sentía que su corazón iba a reventar  despertó.

Respiraba pesadamente, su mejilla sobre la almohada, tuvo que  cerrar los ojos de inmediato porque la luz que se filtraba por las ventanas le  lastimaba los ojos. Tomó un buen respiro y sintió que el sueño se levantaba poco  a poco de sus extremidades. Se estiró sobre la cama en un intento por acelerar  el proceso. *¿Cómo es posible que haya dormido tan pesadamente?* Se preguntó. Se  sentó sobre la cama, el estomago se le revolvió y recordó su pequeña escapada a  la cocina.

"No volveré a comer tan tarde en la noche." Y sin más se  volvió a tirar sobre las almohadas.

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Es todo por este  momento... espero que les guste. Besos a todos.
Ruu Miko
Capítulo 12
Wolfpack
Capítulo 13
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