| ******* Mensaje para Karoru: Espero que en este día todos tus sueños ya se hayan vuelto realidad y los que no, esten brotando sus primeras hojitas en la tierra del mañana. Cuidate mucho Karol y Feliz Cumpleaños. ******* Queda prohibida la publicación de este fic en cualquier página que no sea la del autor o alguna de Karoru Metallium. La letra entre ** es lírica de la canción de Shakira "It´s My Party". ******* En adición a todo lo anterior quiero decir que los personajes que utilizo en esta historia no me pertenecen. ******* Aviso Importante: esta historia es completamente Yaoi, con Xellos como personaje principal. Entiendo que es un NC17 muy explícito, hentai, especialmente la segunda parte. Así que si eres homófobo/a te aconsejo que no continues, si lo haces es bajo tu propia consciencia y responsabilidad. Por lo demás, si no te molesta, adelante. ******* Cientos de cabecitas intentaban alcanzar siquiera un vistazo del espectáculo que para ellas se ofrecía en el interín de la florería Koneko No Sumu Ie. Una preciosa sonrisa iluminaba los hermosos ojos azules de un rubio mientras era rodeado por varias jovencitas de escuela intermedia. Un moreno, de vivaces ojos grises y un poco más alejado pero con casi igual sonrisa atendía a otras jovencitas mientras ordenaban algunos arreglos. En la puerta de la tienda un rubio, alto y delgado, vestido de forma bastante reveladora y con una pose sensual hablaba con algunas jovenes de poca más edad. Justo al lado de la caja registradora un grupo de jovencitas de varias edades suspiraba sin atreverse a acercarse al objeto de su tortura; un pelirojo de pálida piel, mirada profunda y gélida. "Si no van a comprar nada, LÁRGUENSE." Bramó una profunda y sedosa voz. Todas las chicas en la tienda detuvieron lo que hacían para observar al pelirojo que portaba una expresión asesina. Aya sintió que si una sola mirada más se posaba sobre su persona el peso sería tanto que caería al suelo asfixiado. De repente un suspiro colectivo se escuchó en el interior de la tienda, acto seguido toda actividad fue resumida. "Shi... ne..." Murmuró Aya con su expresión más rabiosa. Las horas pasaron lentamente hasta que finalmente las niñas, jovencitas y demás féminas comenzaron a desalojar la tienda. Ken comenzó a barrer la acera de enfrente y Omi se concentró en regar las plantas más sensibles al sol. Yohji se dispuso a continuar su pasatiempo favorito, no hacer nada en la florería y Aya continuó organizando las rutas de entrega para la tarde y el día siguiente, tomando en consideración los arreglos y las especificaciones. Las campanitas de la puerta sonaron alegremente, indicando la presencia de un cliente. Yohji levantó una ceja curioso al ver entrar una mujer, no que le estuviera curioso que entrara una mujer. La mayoría de los clientes de la florería eran mujeres y jovencitas, sino que la mujer aparentaba estar realmente interesada en las flores... eso sí era nuevo. Tuvo que parpadear varias veces para creer lo que veian sus ojos. La mujer vestía una apretada falda de cuero blanco mate que se ajustaba perfectamente a sus caderas. Una traicionera blusa de seda azul cielo marcaba más suavemente su talle y busto como una caricia placentera. Llevaba el cabello suelto, levemente ondulado y con destellos dorados sobre un fondo castaño obscuro. Sus ojos eran de aquel mismo castaño y miraban ávidamente entre las flores que estaban a la venta. "¿Puedo ayudarle?" Sonrió Yohji pícaramente. "Ah... claro. Busco algunas rosas para un regalo." La mujer le dio una mirada de arriba a abajo y continuó buscando entre las flores. "¿Qué tipo de regalo?" Continuó el rubio, acercándose un poco, pero la chica avanzó hacia la siguiente exposición de flores. "Para una amiga." Dijo sin levantar la vista. Yohji pareció desilusionarse un poco. "¿Una amiga íntima?" El rubio sonrió torcidamente sintiéndo algo de satisfacción al ver que finalmente le sacaba una emoción a la mujer. "Sólo una amiga." La mujer trató de sonreir pero la frase la había salido un poco forzada y con algo de enojo. "¿Rosas tal vez?" "Pueden ser rosas." "Si me lo permite, te mostraré las mejores rosas que hayas visto en tu vida, preciosa." Y el rubio tomó la mano de la mujer. Esta observó la mano con el ceño fruncido pero no hizo ademán de soltarse. Aya había observado impasible desde su lugar tras la caja registradora. Al menos no era otra sonriente colegiala y si Yohji la convencía quizás haría una compra importante. Pasaron varios minutos hasta que finalmente Yohji emergió de la parte trasera de la tienda con un buen mazo de rosas rojas, anaranjadas y amarillas de vibrantes y exquisitos colores en tonalidades complementarias. Llegó hasta la caja y depositó con cuidado las rosas. Aya comenzó a facturar las flores mientras Yohji continuaba sonriendo. Cincuenta rosas de las más caras, un mazo de blanco "baby's breath", otro de montecasino amarillo y otro de "leader lee". Era obvio que la mujer iba a realizar el arreglo ella misma. Yohji continuaba parloteando pero la mujer no le prestaba la atención que hubiera deseado, las azules zapatillas comenzaron a taconear en el piso impacientes. "¿Necesitas alguna otra cosa, preciosa?" Aya le dio una mirada reprobatoria al rubio al escuchar el tono con que se dirigía a la cliente, poco profesional. Aún así, la mujer no se molestó. "Iie." Respondió cortamente la mujer, aunque no con voz áspera. "¿Estás segura? No te interesarían los servicios de un guapo y sexy compañero para esta noche?" La mujer enrojeció levemente, observó a Yohji a los ojos con una mirada inescrutable y luego de lo que pareció una eternidad respondió. "Pues..." Comenzó insegura y Aya pensó que aquella sería como cualquier otra cliente que Yohji sedujera. "Necesito los servicios de un chico guapo y sexy... servicios profesionales." Aclaró. Aya no pudo evitar levantar la vista desde donde estaba envolviendo las flores en papel de traza. "¿En serio? ¿Qué tipo de servicios?" Preguntó el rubio curioso. "Tengo una fiesta esta noche, una fiesta en honor a una chica, sólo que tiene unos gustos muy específicos." "¿Sí?" "Le gustan los pelirojos." Aya se estremeció cuando perdió el hilo de lo que hacía y se punzó un dedo con las agudas espinas. Y cuando levantó la vista nuevamente hacia la mujer esta lo miraba fijamente. "Iie." Replicó Aya molesto. "Ohh vamos Aya. Es una fiesta de chicas." Gimió Yohji, que ya se veia en la fiesta rodeado de hermosas jovenes. "Iie Yohji." Y Aya extendió la mano para colectar el pago de las flores, la mujer puso una cantidad más alta y el pelirojo sacó el cambio. "Estoy dispuesta a pagar por los servicios." Ante esta declaración la mujer obtuvo toda la atención de Aya. "¿Cuánto?" Dijo fríamente el pelirojo. "Digamos que le tengo un enorme cariño a mi amiga..." La mujer sonrió por primera vez desde que había entrado a la tienda mientras comenzaba a dar los detalles de la fiesta. Yohji la acompañó más tarde a la salida, la mujer se detuvo en la puerta momentaneamente y le hizo un ademán a Yohji para que se bajara y poderle susurrar algo al oído. El rubio sonrió ampliamente y tomó la mano de la mujer, besándola mientras le guiñaba un ojo. "El placer será nuestro." Sonrió pícaramente y la mujer le devolvió la misma sonrisa. ******* **It's... my... party!** La casa de playa estaba completamente encendida, un camino de antorchas iluminaba el camino hasta la playa donde algunas chicas se entretenían y charlaban alrededor de una enorme fogata. Desde lejos se podía escuchar el ritmo profundo de la música. Como ya les había dicho la mujer, el lugar estaba lleno de jovencitas de varias edades y nacionalidades. Unas iban y venían mientras otras se apresuraban con los preparativos. Al rubio larguirucho se le iluminaron los ojos mientras apresuraba el paso instando al resto de sus compañeros a hacer lo mismo. Tuvo que tocar varias veces a la puerta antes de que alguien atendiera. Al momento en que la puerta se abrió el ritmo de la música los envolvió. Un hombre de elegante porte les abrió la puerta, sus cabellos largos, lacios y de un rubio platinado acariciaban sedosamente su hombro derecho. **Following my intuition, happiness is my ignition** "Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarles caballeros?" Preguntó amablemente mientras fijaba sus ojos azules brevemente en cada uno. "Fujimiya Aya y compañía." Dijo secamente el pelirojo. El rubio abrió la puerta y retrocedió indicándoles que pasaran con un gracioso ademán de su mano. En el momento en que los cuatro asesinos entraron a la casa varias chicas los observaron de arriba a abajo con ojos enormes. Yohji sonrió encantadoramente y se les acercó. Aya dio un leve gruñido mientras el rubio les indicaba que lo siguieran. Estaban a punto de pasar a la sala de la casa cuando un hombre de pálida piel y extraño cabellos llamó la atención de los tres. Unos ojos amatistas, levemente felinos y una sonrisa infuriante fueron las primeras anotaciones que hizo el pelirojo del extraño. "Yare, yare, ¿pero qué tenemos aquí?" Dijo al tiempo que se acercaba incómodamente a cada uno. Aya le otorgó su mirada asesina patentada mientras Omi trataba de asomarse por sobre el hombro del pelirojo. **That's just me, cause I'm getting better** "Aya... anou, no se suponía que era una fiesta sólo para chicas?" Preguntó Ken confundido. El recién llegado sonrió más ampliamente de ser posible y cerró los ojos simpáticamente. "¿Es que no lo sabes? Es una fiesta para chicas y nosotros somos la... *atracción principal*." Al decir la última frase volvió a abrir los ojos y un brillo maligno se asomó a ellos haciendo que los tres retrocedieran un paso. **It's my party, come together** "Disculpen que los interrumpa, pero Lady me pidió que le avisara de inmediato cuando ustedes llegaran." Dijo el rubio y sin más desapareció dejando al grupo. "Lindo color de ojos." Sonrió alegremente el hombre mientras se acercaba a Aya. El pelirojo estaba a punto de responderle groseramente cuando un agudo chillido se escuchó a espaldas del hombre. "¡¡¡Xellos!!!" Un grupo de chicas gimoteó estruendosamente. El mencionado volteó rapidamente, abriendo desmesuradamente los ojos mientras una gruesa gota de sudor bajaba por su nuca. "Ehh... gusto en conocerlos, ahora si me disculpan..." Y diciendo esto comenzó a moverse inocuamente hacia las escaleras que se encontraban cerca. El grupo de chicas no se hizo esperar y comenzaron a correr hacia el aludido pasando salvajemente por el lado de los tres chicos. El grupo vio cómo las chicas atrapaban a Zeros y comenzaban a tirar de sus ropas. **Every need and your permission** "Chicas... chicas... lindas criaturitas destructoras, tengan cuidado con la capa." Decía mientras intentaba escurrirse inútilmente el cerco. El rubio de unos minutos regresó y se aclaró la garganta para llamar la atención del grupo. **Having fun is my tradition** "Caballeros, van a tener que disculpar a las chicas por su comportamiento, están un poco... emocionadas." La mujer que había ido a comprar las rosas a la florería los saludó con una sonrisa retorcida. "Nuestra homenajeada aún no llega pero pronto estará aquí." Les aseguró y luego les hizo señas para que la acompañaran. El hombre de cabellos rubios los siguió afuera. Ya en el balcón se llevaron una enorme sorpresa cuando pudieron apreciar unos cabellos anaranjados llevados por la brisa marina. **I've been dancing to it forever. It's my party, come together** "Mastermind." Siseó Aya con disgusto. "Ah... ah... ah... Schuldich para tí." Sonrió el otro pelirojo con una sonrisa que le recordó a la de Zeros. La mujer se detuvo justo al lado del telépata y se preparó para presentar al resto del grupo que la acompañaba. "¿Dónde está Kudoh?" Preguntó con impaciencia. "Viene en camino." Suplió Schuldich. "Bien, permítanme presentarles a las responsables de la fiesta. Esta es G- FAN, ella es Vanshie, esta es Silver Lady" Y así continuó hasta que presentó a todas y finalmente se presentó ella. "Y yo soy Suisei, pero me pueden decir Lady." Sonrió dulcemente y se acercó al alemán. "Es obvio que conocen a Schuldich, así que permítanme presentarles a Zechs Merquise, piloto 06. Este jovencito es Duo Maxwell, piloto 02 y este jovencito es Yoh Asakura, futuro Shaman King. Este joven es Ahoshi Shinomori, Okashira de los Oniwabanshu. Y este rubio precioso que está con G-Fan es Gourry Gabriev, guardián de la Hikari no Ken." Lady se dirigió entonces a un asiento donde se encontraba un joven de cabellos obscuros y desafiantes ojos azules, amordazado y maniatado. "Este es Seto Kaiba, CEO de Kaiba Corporation." Lady se acercó y le bajó la mordaza. "Si tocas un sólo cabello de Mokuba te juro que... humpph jumhpfff." Lady volvió a poner la mordaza. "Ya te dije que Mokuba estará muy bien siempre y cuando te portes bien en la fiesta." Suspiró la mujer mientras el joven le daba una mirada amenazante. Luego se inclinó y le susurró al oído... "Además, a quien quieren ver es a tí y no a tu hermano. Si te portas bien te prometo no hacerte pasar el rídiculo en mi nueva historia." El joven se estremeció y luego de pensarlo asintió lentamente. De inmediato una de las chicas se acercó y comenzó a desatarlo, mientras Schuldich reia por lo bajo. "Y este es..." Hizo una pausa mientras buscaba con la vista hacia el interior de la casa. "Eh... ¿Xellos?" Al instánte apareció el aludido y Ken se abrazó a Omi sorprendido. "¿Me llamaban?" "Y este es Xellos Metallium, general y sacerdote de Zelas Metallium." "¿Es general y sacerdote de su propia hermana?" Preguntó Ken con toda la inocencia del momento. Las presentes no pudieron evitar una sonrisa mientras Zeros se ponía de un color azuloso. En esos momentos atinó a aparecer Yohji con su pose felina. "¡Schuldich!" Exclamó Yohji. "Kudoh, es un gusto saber que conoces mi nombre." Dijo Schu lanzándole una media sonrisa. "Bien, chicos, ahora que el grupo está completo, permítanme presentarles a los Cazadores Blancos, Abisinio, Balinés, Siberiano y Bombay." Dijo al tiempo que señalaba a cada uno del grupo. Ahora fue el turno de Yohji de sorprenderse, quién iba a pensar que aquella mujer iba a saber sus identidades. /Kudoh, te sorprenderías si tuvieras siquiera una leve mirada de lo que saben todas estas niñas./ Escuchó la voz del telépata en su mente. /Y te sorprenderías de lo que son capaces de hacer con esas lindas mentecitas suyas./ //¿Acaso son telépatas como tú?// /Peor, son escritoras./ //¿Eso qué tiene ver?// /Ahh... mejor olvídalo. Será mejor para tu salud mental./ "¡Lady! ¡Ya llegaron!" "Vamos." Ordenó la mujer, mientras tomaba a Schuldich del brazo con suavidad. "Y recuerden que no deben hacer ruido." Todo el grupo se dirigió a la puerta de la casa, tratando de hacer el menor ruido posible mientras que la música había cesado por completo. Al cabo de unos minutos se pudieron escuchar unos pasos acercándose y finalmente la puerta se abrió y por ella entraron dos chicas, una de ella con los ojos vendados. La otra chica la llevó hasta el centro del recibidor. "Ya te puedes quitar la venda." Le dijo con una risita. Y justo en el momento en que se quitó la venda un estruendoso SORPRESA se escuchó por toda la casa. En un segundo la invitada de honor fue llevada de un lado para otro, saludando y besando a todos los presentes. De repente se percató de la presencia de varios chicos en el salón. "¡No puede ser!" Exclamó entusiasmada mientras procedía a darle un gustoso apretón a cada uno de los chicos que se encontraban en la fiesta. "¡Feliz Cumpleaños Karoru-chan!" Dijo Lady sonriendo de oreja a oreja en una casi imitación de la sonrisa de Schuldich. "Pero esto no es todo Karo, deja que veas la ootra sorpresa." Esta vez fue el turno de Schuldich de sonreir. /Perversa, eres una niña perversa./ ******* Aviso a los homófobos/bas que aún con las advertencias anteriores llegaron leyendo hasta aquí. De aquí en adelante les aconsejo que se salten el resto de la historia, incluyendo el capítulo dos. Quedan advertidos. ******* La noche había avanzado considerablemente pero la fiesta aún seguía encendida. Lady, acompañada de Schuldich, Aya, Zechs y Zeros habían llevado a Karoru a una de las habitaciones en el segundo piso. Fujimiya se veía algo nervioso mientras que Zeros no podía dejar de sonreir quedamente. En la habitación sólo había un enorme sofá de suave cuero negro. "¿Dónde está Yoh, Suis?" Preguntó Karoru curiosa. "Ahh Karo, es un show sólo para adultos, ya sabes que no voy mucho con ese asunto de los menores." "Jajaja Suis, te creería si no estuvieras escribiendo esa historia de Yugioh." "Ahhh, ¿pero acaso ves aquí a Seto?, recuerda que aún le faltan unos meses para cumplir la mayoría de edad." Dijo Lady mientras Schuldich se sentaba en una de las esquinas del sofá y ella se acomodaba a su lado. Karoru vio cómo Zechs la invitaba a sentarse a su lado y no se hizo esperar. Las luces se fueron desvaneciendo hasta que sólo quedó una especie de spotlight frente al grupo. Zeros apareció en unos segundos con su eterna sonrisa e hizo una graciosa reverencia haciendo que sus sedosos cabellos acariciaran sus mejillas. "Buenas noches, Karoru-san, Lady-san y demás invitados." Sonrió el sacerdote. "Me place presentarles el regalo de Lady-san para Karoru-san. Espero que sea del agrado de ambas." Y luego de darles una guiñada de ojos desapareció en un pequeño torbellino de obscuridad dejando en su lugar a un levemente confundido y sonrojado Aya Fujimiya. **Laying on your holy bed by the hallowed door ** **Feeling like an infidel, not worthy of your call ** Una música de ritmo profundo comenzó a escucharse y el asesino pelirojo se tensó brevemente. Zeros apareció a espaldas del pelirojo. Esta vez no llevaba su acostumbrado atuendo de sacerdote sino una fluida camisa de seda roja y unos apretados pantalones de cuero negro que no dejaban mucho a la imaginación. Los ojos amatistas estaban levemente abiertos, con aquel brillo maligno iluminándolos. Se acercó suavemente a espaldas del pelirojo y pasó sus brazos enfrente de la chaqueta de cuero burgundy de Aya molestándolo levemente mientras acomodaba su rostro sobre su hombro para susurrarle al oido. **Tempted by your innocence, beckoned to my fate ** **I won't face the consequence, I wouldn't hesitate ** "Sé que no tienes razón para confiar en mí pero si lo haces estoy seguro que podrás disfrutar esto tanto como lo voy a disfrutar yo." Le dijo seductoramente. "Yo puedo provocarte sensaciones que jamás podrías comenzar a imaginar." Y acarició el borde de la chaqueta de arriba a abajo sobre el pecho del pelirojo antes de quitárselo suavemente y desaparecerlo en el aire. **I'm a man of flesh and bone, rapture, rushing through my veins ** "No dejes de mirar al frente. Y no pienses que voy a lastimarte... el miedo... me provoca." Aya sintió un leve estremecimiento recorrerle el cuerpo al escuchar las palabras y el leve rubor subió de tono. **Passion, flaming, in my heart...** "Baila para mí." Volvió a escuchar la sedosa voz mientras unas manos tan pálidas como las suyas se posaban en sus caderas bajo el borde del pantalón y lo instaban a moverse al ritmo de la música. Las manos no lo obligaban pero el sonido de aquella voz mezclado con la órden lo hacían reaccionar positivamente. **Heavenly surrender once again, yeah ** Aya comenzó a mover las caderas suavemente hasta que alcanzó el ritmo de la música, entonces las manos recorrieron sus muslos hacia abajo y hacia arriba en perfecta sincronización con los movimientos del pelirojo. Al subir las manos se deslizaron por el interior de la camisa y Aya no pudo suprimir un suspiro mientras intentaba sujetarlas. Zeros colocó sus manos sobre las del asesino y las deslizó sobre el cálido plano de su vientre. "No te detengas." Susurró el sacerdote en su oído mientras dejaba que Aya continuara acariciándose y él comenzaba a desabotonar la camisa, revelando el torso perfectamente moldeado. Aya cerró los ojos al sentir el aire fresco en su piel y tuvo que retirar brevemente sus manos para permitir que Zeros terminara de quitarle la camisa. Nuevamente la prenda desapareció en el aire y el demonio sonrió maliciosamente. Sus manos acariciaron todo el pecho del pelirojo, deteniéndose uno momento sobre aquellos sonrosados puntos carnosos para sentir cómo se afirmaban bajo su toque. Aya comenzaba a disfrutar la caricia cuando de repente tuvo que reprimir un gemido, sintió dos punzadas de dolor donde hasta hacia unos segundos estaban los dedos del sacerdote. Perdió el ritmo de la canción cuando bajó la vista y pudo ver con sorpresa que dos pequeñas abrazaderas púrpura adornaban ahora sus enrojecidos pezones. Zeros pasó sus pulgares sobre ellos arrancándole un ahogado grito, una especie de dolor que le hervía la sangre. A una órden del mazoku, unas cadenillas negras aparecieron en sus manos, sujetó un extremo de ambas a las abrazaderas y el otro extremo a un ajustado collar púrpura que había aparecido en el cuello del asesino, luego las acarició provocando otro gemido. Las ágiles manos volvieron a las caderas del pelirojo, instándolo a moverse nuevamente. A pesar de la breve confusión Aya obedeció, sintiendo cómo Zeros acariciaba su pecho y bajaba por su abdómen hasta llegar al borde del pantalón y detenerse en la cremallera. Lo sintió delinear de arriba a abajo el metálico cierre y apenas pudo contener un movimiento reflexivo hacia el frente. El sacerdote sonrió y por primera vez desde que comenzara el baile, separó su cabeza del hombro del pelirojo, rozando con sus labios el pálido cuello. Con angustiosa lentitud deshizo el botón y comenzó a bajar el cierre, dejando a la vista la evidencia de la excitación del pelirojo. Luego de bajar levemente el pantalón, Zeros lo tomó de la cintura y lo hizo voltear para que le diera la espalda al público presente. Entonces el sacerdote procedió a bajar el pantalón de la parte de atrás, dejando al descubierto el fino hilo que componía la ropa interior del pelirojo. Aya aspiraba profundamente sin poder controlar su respiración y cuando Zeros se inclinó para terminar de quitar los pantalones él tuvo que sostenerse de los hombros que ahora estaban a la altura de su pelvis. Xellos se levantó y lo tomó de las manos, levantando los brazos del pelirojo por sobre su cabeza mientras con su cuerpo rozaba toda la extensión de piel desnuda frente a él deteniéndose momentaneamente en el blanco cuello. Probando suavemente, obligándolo a echar la cabeza hacia atrás para exponerlo un poco más. Aya cedió mientras el sacerdote acariciaba sus muñecas sobre su cabeza. Sintió algo frío posarse sobre sus muñecas y se decidió a abrir los ojos. Para su sorpresa pudo ver que ambas muñecas estaban sujetas por unas esposas color púrpura y justo en esos momentos Xellos las estaba asegurando a una cadena que parecía sostenerse de la nada. Gruñó levemente al comprobar que estaba firmemente asegurado y le dio una mirada enojada al sacerdote quien le sonrió en respuesta. Sin esperar a que el pelirojo protestara, Xellos bajó la cabeza y comenzó a chupar uno de los pezones del pelirojo mientras con atacaba el otro con los dedos. El asesino gimió roncamente al tiempo que Xellos lo giraba para que quedara de costado hacia los espectadores. Xellos continuó su exploración del pecho del pelirojo con sus labios, permitiendo que se viera claramente cómo pasaba su lengua de vez en cuando sobre la blanca piel. Subió por el cuello y la mandíbula, mordiendo suavemente y arracándo pequeños gemidos de placer. Finalmente llegó a los suaves labios y hundió su lengua en ellos, probando la esencia del asesino. Sus manos habían bajado nuevamente a las caderas de Aya, sujetándolas firmemente contra las suyas y comenzado un movimiento rítmico lento, rozando perfectamente la erección del pelirojo y provocando al que el asesino siguiera el ritmo por sí mismo al poco tiempo. Los movimientos del pelirojo comenzaron a volverse cada vez más frenéticos y sus roncos gemidos tomaron una calidad rítmica. Xellos deslizó sus dedos entre la piel y la última prenda que vestía el joven y de un leve tirón hizo ceder la tela. Se separó levemente para quitar los restos de la prenda pero sin permitir que la audiencia tuviera una vista clara de la desnudez del asesino. Sonrió al sentir el leve gruñido convertirse en gemido cuando volvió a plantar sus caderas firmemente en aquel lugar. Una de sus manos comenzó a moverse hacia atrás, acariciando el firme trasero desnudo, provocando un fuerte respingo al apretarlo. Su otra mano acompañó a la primera, separando levemente los glúteos. De inmediato Aya trató de zafarse de la caricia y Xellos lo tomó con firmeza de las caderas mientras fijaba sus ojos en aquellos otros tan parecidos. "Será mejor que te portes bien." Le dijo al tiempo que movía sus caderas sobre su desnuda erección. "No querrás que comencemos a jugar rudo." Y sin más Xellos llevó su mano al trasero del joven y deslizó su dedo entre la carne hasta sentir aquel calor pulsante que hizo que el asesino se tensara por completo, abriendo sus ojos desmesuradamente y halara nervioso las cadenas que sujetaban sus brazos. "Hushhhh..." Le susurró al oido mientras comenzaba a trazar suavemente aquel sensible punto de su cuerpo. "No." Protestó debilmente el asesino. Pero Xellos volvía a besar su cuello, cerca de su oído, acariciando con su cálido aliento la blanca piel. Y a pesar de la extraña sensación Aya fue admitiendo la caricia. Con la respiración temblorosa y los ojos muy apretados inclinó la cabeza sobre el hombro de Xellos mientras el sacerdote continuaba besando su cuello y con su mano libre acariciaba posesivamente su nuca. "Husshh..." Repitió conciliador. "Te prometo sólo placer." Y comenzó a acariciar el suave plano de su pecho, rozando las cadenillas y más abajo. Se separó del cuerpo del pelirojo, permitiendo finalmente que su erección se mostrara. La mano que había bajado hasta el cálido vientre se detuvo momentáneamente para resumir su camino sólo con los dedos. Pasó lentamente sus dedos a lo largo de todo su sexo, desde la base hasta el final, provocando que la rígida carne brincara levemente y por cuenta propia en respuesta. Sus dedos descubrieron la humedad acumulada y la esparció lánguidamente sobre la ardiente punta. Un gemido fue la única súplica del pelirojo y el instintivo movimiento de sus caderas tratando de conseguir una mayor fricción. Xellos movió ambas manos a las caderas de Aya obligándolo a quedarse quieto, empezando con sus labios un ardiente recorrido desde el cuello, el pecho, pasando por el estremecido abdomen hasta llegar a la pelvis y detenerse allí mientras mordisqueaba la tersa piel. Aya apenas podía concentrarse, pero cuando su mente registró el hecho de que todas las sensaciones sobre su piel habían cesado, se atrevió a abrir los ojos y buscó con la mirada cargada los ojos de Xellos. El sacerdote se encontraba a escasos centímetros de su enrojecida erección. "Mantén los ojos abiertos." Dijo al tiempo que acercaba sus labios a la húmeda punta y lamía lánguidamente las minúsculas gotas que se habían formado allí. Aya no pudo suprimir un profundo gemido de placer ante aquella visión. Xellos jugó un poco más, acariciándolo provocativamente pero sin llegar a mucho. Aya se estremecía con desesperación. "Xellos..." Le urgió entre jadeos. El sacerdote no hizo ademán de profundizar la caricia y el pelirojo volvió a urgirle acompañando el gemido por un fuerte estremecimiento y separando las piernas levemente en un intento por sostenerse en la posición más firmemente. Ni por un momento el asesino había apartado sus ojos de los labios del sacerdote que continuaba provocándolo con sus labios. Xellos se detuvo y sonrió, humedeció sus labios y entrecerró los ojos seductoramente. Con lentitud separó los labios, permitiendo ver la rosada punta de su lengua y tomó por completo la palpitante erección. Aya tuvo que echar la cabeza hacia atrás al tratar de conseguir aire luego de producir un ronco grito de placer. Sus pulmones le ardían y los profundos jadeos parecían no alcanzarle suficiente oxígeno. Aquella sensación de fuego líquido envolviéndolo dulcemente, probándolo y acariciándolo lo debilitaba haciéndolo esclavo del rítmico ir y venir de los labios del sacerdote sobre su sexo. Sus visión ahora estaba opacada por el placer que Xellos le estaba produciendo. Volvió a clavar su mirada en el rostro del sacerdote. Sus mejillas estaban algo enrojecidas y los ojos se cerraban dulcemente cada vez que su carne tocaba el fondo de la estrecha garganta. Un leve brillo comenzaba a cubrir su cuerpo provocado por las febriles sensaciones que como ondas recorrían su cuerpo concentrándose en su pelvis. Cada una arremolinándose apretadamente en su vientre, tensándolo cada vez un poco más. Xellos aprovechó que el asesino estaba inmerso en el ritmo de su boca para deslizar una mano por entre las piernas hasta llevarla a su trasero y deslizar un delicado dígito nuevamente entre la carne, tocándo nuevamente el sensible anillo de músculo escondido allí. Esta vez Aya gritó con todas sus fuerzas ante la nueva sensación, perdiéndose entre la necesidad de alejarse de la caricia y la necesidad de mantenerse en el mismo lugar. El sacerdote no se detuvo ni un segundo y pronto Aya olvidó la íntima caricia. Intermitentemente jadeaba y gemía, cada vez que la cálidez de la garganta del sacerdote se cerraba convulsivamente sobre su carne. Xellos entonces empujó levemente, invadiendo el interior del joven y provocándole un grito más alto. Era incómodo, pero no podía detenerse ahora, la tensión en su vientre no se lo permitía. El sacerdote profundizó un poco más y Aya volvió a tensarse, unas leves notas de dolor se mezclaron con aquellas de placer, aumentando más su excitación. El demonio sonrió para sus adentro y comenzó a moverse más rápido, apretando firmemente sus labios y rozando delicadamente con sus dientes, un poco más... Aya cerró los ojos con fuerza, las olas de placer ahora se concentraban más, casi alcanzándose una a la otra, llevándolo a un estado semipermanente de intenso placer. Sintió que el sacerdote volvía a penetrarlo un poco más y esta vez algo en su interior estalló con increible fuerza provocándole un mudo grito. Se tensó cual la cuerda de un arco, las caderas hacia el frente y la cabeza echada hacia atrás en completo abandono. El sacerdote volvió a rozar con su dedo el mismo lugar y Aya supo que había pasado el punto de no retorno. No podía gritar, ni siquiera moverse, simplemente Xellos movió una, dos, tres veces su cabeza a la vez que lo penetraba y Aya sintió la tensión en su vientre quebrarse en mil pedazos de puro placer, estremeciéndose y derramándose en la boca del sacerdote. Le pareció que toda noción del lugar donde se encontraba había desaparecido y que sólo existían aquellos espasmos que le cortaban las respiración. Finalmente todo se detuvo y lentamente las demás sentidos fueron regresando a su cuerpo. Xellos continuó lamiendo por unos momentos su sexo, con una leve sonrisa, acariciando suavemente su trasero. Ya no tenía suficientes fuerzas como para evitar quedar colgado de las cadenas y cuando el sacerdote se levantó lo sostuvo por la cintura. Le plantó un largo beso mientras hacía desaparecer las esposas y las abrazaderas, dejándolo probarse a sí mismo en su boca. El pelirojo dejó caer los brazos cansado y Xellos hizo aparecer una exuberante sábana carmesí, con la cual lo envolvió vagamente para luego tomarlo en brazos. Las luces volvieron levemente a la habitación, permitiendo ver a las cuatro figuras que estaban sentadas cerca en el sofá. El sacerdote se dirigió a la homenajeada y cuidadosamente colocó al pelirojo con la cabeza en su regazo, de tal forma, que los pies del joven quedaban sobre las rodillas de Lady. Le sonrió coquetamente a las chicas y luego fijó su vista en el rubio que estaba sentado al lado de Karoru. "Zechs Merquis..." Lo llamó con sedosa voz y le hizo señal con los dedos para que se acercara a donde estaba la luz principal. El rubio no se hizo esperar. Se levantó con presteza y caminó hasta donde se encontraba el sacerdote. "Karoru-san, si el primer regalo te gustó, el segundo te va a gustar más." El rubio se detuvo al lado del sacerdote. Era evidente que la escena previa lo había excitado considerablemente y se notaba mucho más ahora que estaba de pie, pero era como si no le importara. Después de todo... era su turno. Las chicas se habían reacomodado en el sofá y Karoru se entretenía acariciando los sedosos cabellos del pelirojo, quien con los ojos entrecerrados, observaba la escena que comenzaba a desarrollarse frente a ellos. Una especie de ronroneo satisfecho escapaba de vez en cuando sus labios. ******* Espero que te haya gustado hasta aquí Karo, pero deberás comprender que para una historia así necesito una segunda parte, por favor no te enojes conmigo, estoy segura que mientras lees esto estaré a pocos minutos de terminar la próxima parte. ¡¡¡Por favor perdóname los errores por esta vez!!! ¡¡Feliz Cumpleaños!! |
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