*******

Como siempre,  los personajes de Slayers no me pertenecen.

*******

Filia despertó al sentir que era levantada en vilo. ¿Acaso Xellos se había atrevido a tocarla? O peor aún... ¿la había alejado  del campamento con otras intenciones? Un gruñido muy bajo trastornó la faz de la  ex princesa de Tougen y antes de que su captor se percatara de nada Filia tomó  aire...

"¡¡¡¡XELLOS ERES UN PERVERTIDO!!!!" Una enorme explosión de fuego  y electricidad iluminó el cielo nocturno a varios kilómetros a la redonda de  donde se encontraba la rubia.

A varias millas más de distancia un joven  levantó la cabeza en dirección a la destrucción. Xellos no pudo evitar sentir  que el estómago le daba un enorme vuelco, era como si alguien lo hubiera  llamado. "Filia..."

Nuevamente en la destrucción, una rubia se puso en  pie temblorosa. Miró a todos lados y comenzó a preocuparse cuando sólo vio  devastación. ¿Y si había matado a Xellos? El pecho se le comprimió extrañamente.  "¿Xellos?" Llamó tímidamente. "¿Xellos?" Trató nuevamente, pero esta vez su  llamado fue respondido. Una figura solitaria comenzó a acercarse. Desde lejos  Filia sólo podía ver la sombra y algo de miedo se apoderó de ella al notar que  no correspondía en nada a la del príncipe de Koubuchi.

"¡Luz!" Conjuró al  instante y lanzó el hechizo al aire, iluminando el claro. Se topó con un joven  de largos cabellos y mirada almendrada. "¿Quién eres?"

"Alguien que no  permitirá que se cumpla una tonta profecía." El joven sonrió levemente. Su voz  era mucho más tersa y sedosa que la de Xellos, incluso una octava más baja lo  que en otra circunstancia le habría impresionado.

"¿Qué profecía?" Le  preguntó confundida, pero el joven no le contestó mientras continuaba  acercándose a ella. Con una rapidez que Filia nunca había visto se encontró  frente a frente con unos ojos dorados y unos largos mechones acuamarinos.  Extendió la mano hacia ella en invitación pero Filia retrocedió indignada y algo  temblorosa aún por el exceso de energía que había liberado hacía unos momentos  atrás.

"Princesa... será mejor que me acompañe por las buenas, no soy muy  paciente." Le instó fríamente el hombre.

"Entonces somos dos, tampoco soy  muy paciente y exijo una explicación al por qué he sido alejada de mi  prometido." El extraño sonrió una vez más, mostrando unos delicados  colmillos.

"Ahh... esa es la verdadera actitud de una princesa." Filia se  tensó aún más. "Pero esta..." Dijo al tiempo que la tomaba de los cabellos y la  atraía contra sí. "Es la actitud de un rey." La besó profundamente y cuando  Filia sintió que su boca era invadida rugió ferozmente y una llamarada azul se  formó alrededor de ella. El extraño la soltó de inmediato y maldijo  fuertemente.

"Soy Filia Ul Copt, prometida de Xellos Metallium, futuro  Emperador de Koubuchi, y estoy unida a él hasta el día de mi boda por un hechizo  que no se puede romper." Dijo temblando de la ira.

"Entonces yo  encontraré la forma de romper ese hechizo." Rugió con igual fiereza el  desconocido. Filia trató de echar a correr en esos instantes pero sus piernas  estaban demasiado temblorosas, el joven la alcanzó y la tomó del brazo. "Ni  pienses que puedes escapar, tú vendrás conmigo hasta que encuentre la forma de  hacerte mía." Y ambos desaparecieron en una pulsación de luz.

Cuando  Filia logró soltarse ya no se encontraba a la intemperie. Era una especie de  enorme cueva. El piso muy liso, como si alguien hubiera pulido la roca con mucho  esmero. Se había alejado unos pasos de su captor que ahora le daba la espalda y  se alejaba de ella.

"¿Quién eres y a dónde me has traído?" Volvió a  preguntar la rubia, esta vez un poco más determinada y con menos  temor.

"Soy tu peor pesadilla." Filia parpadeó varias veces y luego puso  cara de aburrida mientras se cruzaba de brazos.

"No... Xellos es mi peor  pesadilla. Ahora dime quién eres y qué quieres de mí." Ahora fue el turno de  parpadear del joven, luego de unos minutos logró recuperar el  habla.

"¿Cómo te atreves? Tú... tú..." Ahora que Filia lo observaba con  detenimiento aparentaba tener la misma edad que Xellos. Se había acercado de  nuevo a ella con una expresión airada, el rostro terriblemente rojo y los ojos  parecían botar chispas. "Te enseñaré a comportarte." Gruñó finalmente. Se  disponía a sujetar a Filia cuando la rubia reaccionó, alejándose de su alcance.  "¡Quédate quieta!" Le ordenó.

Estaba a punto de lanzarse nuevamente sobre  ella cuando un par de figuras entraron en el espacio donde se  hallaban.

"Señor." Saludaron al unísono mientras se postraban. El hombre  se detuvo y puso su atención en las recién llegadas. "El príncipe y sus  guerreros no se han movido de sus lugares aún."

"Perfecto. Continuen  vigilando." Y las despidió con la mano. La presencia de aquellas dos criaturas  lo había calmado levemente y se giró hacia la rubia que aún lo observaba con  recelo. "Bien, ya que deseas saber con tanta vehemencia quién soy me presentaré.  Mi nombre es Valtiera, actual y único gobernante de los sobrevivientes de mi  raza, los dragones, de la cual tú... princesa Filia, eres parte."

Filia  palideció. El joven sonrió al verla tan desconcertada, obviamente nadie se había  tomado la molestia de explicarle a la princesa que sus padres no eran  precisamente... normales.

"Pero... ¿Cómo?" Tartamudeó insegura y  perturbada.

"Lo sabrás a su debido tiempo. Lo que importa ahora es cómo  voy a romper el hechizo en el cual estás metida y que en nada me conviene. Pero  lo primero es lo primero." Dijo caminando hacia una de las enormes salidas.  "Quiero mostrarte quién eres en realidad." Filia se quedó en su lugar sin querer  entender. Reaccionó a tiempo para seguir al joven al interior de un salón mucho  más amplio que el primero cuyo techo se abría paso hacia el exterior y permitía  ver el cielo nocturno. Unas gigantescas lo iluminaban y era un poco más rústico  el suelo de roca.

El joven se detuvo justo en el medio y extendió sus  brazos con una sonrisa. Filia se detuvo y se cruzó de brazos algo enojada por el  espectáculo en el cual se estaba convirtiendo aquella situación pero su  semblante cambió de inmediato cuando el joven comenzó a relucir con una fuerte  luz y su aura cubrió todo el aposento haciendo palidecer las antorchas. Sin  embargo sus ojos continuaban viendo la figura. Dejó escapar un gritito de  sorpresa cuando la silueta adquirió un par de alas y comenzó a crecer,  deformándose y reformándose en un parpadear. Cuando la luz cesó un par de  enormes ojos dorados la observaban inexpresivos mientras suaves plumas negras se  agitaban levemente.

*******

"Youki... Filia nos necesita." Le  comentó preocupado Xellos al sastre. Después de mucho esfuerzo había logrado  despertar al resto, mientras la doncella herida trataba de componerse. Se  confundió al dejar de sentir a Filia por unos instantes. Cuando recuperó la  sensacion de ella la sintió en otra dirección, mucho más lejana que la primera.  Sus ojos recorrieron el horizonte y se detuvieron en unas lejanas montañas.  "Debemos seguir en esa dirección." Dijo con determinación. "Pero primero nos  detendremos en Soirentosutoon y pediremos ayuda."

Youki asintió y le  dirigió una mirada a la líder de su jauría. Kimusume le devolvió una mirada  confiada y llena de determinación. "Bien, creo que llegaremos allá en poco  tiempo. Si necesitas descansar, Kim-chan, no dudes en hacerlo, una de tus  hermanas se quedará contigo."

"No lo necesito. Estoy bien." Dijo con  firmeza la joven.

"Entonces, ¿qué esperamos?" Sonrió el sastre. Xellos  fue el primero en avanzar, su cuerpo parecía desvanecerse para reaparecer varios  metros más adelante. Los demás lo siguieron de inmediato y cuando percibió que  todos estaban en movimiento la distancia entre las apariciones comenzó a crecer.  Cualquiera que observara esa noche sólo podría sentir a su lado una ráfaga de  viento o una sombra de obscuridad aparecer para luego desintegrarse. Antes de lo  posiblemente humano, siete sombras entraban a los jardines del castillo de  Sairentosutoon.

Xellos le hizo señas a los demás para que le esperaran en  el exterior mientras él se adentraba en el castillo.

Sin apenas un leve  crujir de sus ropas llegó hasta la Recámara Real. Trató de escuchar tras la  puerta pero no sintió nada. Con suavidad quitó el cerrojo y entró. "¿Zelgadis?"  Susurró suavemente mientras se acercaba a la enorme cama. Aparentemente sólo  había una persona en ella. Hesitó un poco antes de acercarse un poco más.  "¿Zel?" Una mano se posó sobre su boca con fuerza y un brazo se cruzó sobre su  pecho y hombros impidiéndole el movimiento. Poco a poco lo hizo retroceder hasta  salir de la recámara donde finalmente fue liberado.

"¡Zelgadis!" Exclamó  cuando pudo salir del asombro.

"¿Qué haces aquí?" Le susurró visiblemente  enojado.

"Yare, yare, Zelgadis-san. Para mí también es un placer volverte  a ver." Sonrió pero no le duró mucho porque Zelgadis lo tomó por el frente de  las ropas y lo arrastró pasillo abajo hasta un salón privado. "Oye, no pensé que  fueras a enojarte tanto por una simple visita de un antiguo amigo." Comentó  extrañado.

"Un amigo que no ha dado señales de vida durante los últimos  seis años." Gruñó sin suavisarse ni un poco. "¿A qué se debe esta inesperada  excepción?"

"Iba de camino a Koubuchi con Filia cuando fuimos atacados.  Se llevaron a Filia."

"¿Quiénes?"

"Sospechamos de dragones. No  conozco lo suficiente acerca de ellos como para intentar seguirlos pero pensé  que tú podrías ayudarme con eso." Zelgadis se quedó pensativo unos segundos y  luego le hizo señas para que lo siguiera. Xellos sonrió cuando llegaron a una  enorme biblioteca, llena de libros desde el suelo al techo, nítidamente  organizados y algunas mesas alrededor. Sabía que su amigo no le negaría la ayuda  y menos tratándose de Filia.

"Zelgadis-san... ¿por qué tanto misterio  para sacarme de la recámara? ¿No querías que sorprendiera a la pequeña Amelia?"  Zelgadis, que había comenzado a subir a una escalera para alcanzar los libros  que deseaba se detuvo en seco.

"No quería que la fueras a despertar."  Cuando vio que Xellos esperaba con cierta sonrisa torcida que continuara se  volteó y continuó subiendo. "En estos días ha estado padeciendo  insomnio."

"Oh." La sonrisa abandonó el rostro del príncipe. "Me han  comentado que ya eres Rey."

"Así es."

"Pensé que recibiría  noticias de alguno de ustedes." Murmuró, más para sí que por otra cosa, pero  Zelgadis lo escuchó.

"Todos pensamos que responderías nuestras cartas...  pero estabamos equivocados."

"¿Enviaron cartas?"

"Hai."

"No  recibí ninguna. Yo también traté de enviar cartas." Zelgadis había tomado varios  libros y comenzaba a bajar. Con cuidado saltó de la escalera y se encaminó hacia  su amigo.

"Mis emisarios me confirmaron que las habías recibido  personalmente." Fue la respuesta, algo distanciada.

"Nunca recibí  emisarios."

"Entonces alguien las recibió por ti." Zelgadis abrió los  libros dando por terminada la breve discusión y le hizo señas para que se  acercara. "Estos libros contienen datos acerca de los Ryozoku, la raza de los  dragones, o lo que alguna vez fue. Pensé que estaba practicamente extintos pero  si existe un demonio supongo que sería prudente imaginar que quedan algunos de  estos." Una imagen mostraba a un gigantescodragón, la página contraria mostraba  una criatura humanoide. "Estos son los rasgos que los identifican cuando tienen  su apariencia humana. Su magia es casi tan fuerte como la de los demonios pero  son enemigos mortales."

"¿Como perros y gatos?"

"Algo  parecido."

"Bien, tengo toda la noche para buscar información que me  pueda ser de utilidad. Espero poder ver a la pequeña Amelia en la mañana. Tú no  tienes por qué preocuparte por mí."

"Estamos hablando de Filia. Me  quedaré contigo."

"Gracias." Le dijo solemnemente. Observó los libros que  Zelgdis había bajado hasta que lo escuchó reir por lo bajo. "¿Qué es tan  gracioso?"

"Nada, sólo pensaba en la pequeña Amelia." Dijo con una  sonrisa y un brillo juguetón en los ojos. A Xellos le bajó una gotita de sudor  por la nuca al ver a su amigo.

"Siempre pensé que estaban arrebatados el  uno por el otro, pero no pensé que fuera de ese modo." Dijo con algo de  inquietud.

"Ah... eso también Xel-kun, eso también." Y resumió su  búsqueda en los libros.

*******

"Hermoso." Murmuró la rubia por lo  bajo. El animal se agachó y su enorme cabeza estuvo al nivel de Filia. No sentía  miedo y sí mucha curiosidad, muchas ganas de acariciar aquel animal que nunca  antes había visto y que la maravillaba.

Extendió su mano sin pensarlo,  sintiendo las suaves plumas negras que adornaban parte de la piel de la enorme  bestia. El dragón sonrió complacido ante la ingenuidad de la muchacha, si nunca  antes había visto uno de su propia especie no sería fácil que reclamara su  verdadera herencia, pero tampoco podría controlar los instintos propios de un  dragón hembra llegado el momento y el sólo pensar en ello lo hizo ampliar su  sonrisa.

"Princesa." La rasposa y profunda voz del dragón estremeció a  Filia que recordó en esos momentos que aquella bestia, hacía unos pocos minutos,  había sido un joven. Retiró las manos de inmediato y retrocedió unos cuantos  pasos. "¿Me permite mostrarle el resto de mi reino?" Y sin darle tiempo para  protestar la tomó entre sus garras. Filia gritó con todas sus fuerzas al sentir  que era elevada del suelo, sus cabellos revueltos con el aire que movían  aquellas enormes alas.

*******

Xellos se sobresaltó repentinamente  ganándose una mirada curiosa de su acompañante. "¿Sucede algo?" Le  preguntó.

"Filia..."

Zelgadis lo observó detenidamente desde que  llegara a palacio. Xellos no había cambiado demasiado aunque su rostro mostraba  un poco más su edad, así como su cuerpo que ya no era tan esbelto y lineal.  Supuso que los demonios debían envejecer también. En esos momentos Xellos  parecía estar metido en su propio mundo, viendo o sintiendo algo que sólo él  podía.

"Está... muy asustada. Pero está bien." El joven se pasó unas  manos por los violáceos cabellos en un gesto desesperado.

"Filia sabe  cuidarse." Le dijo con seriedad. Xellos se giró suavemente.

"¿Filia sabe  cuidarse? ¡Filia nunca antes había salido del castillo! ¿Qué puede saber una  princesa tan mimada y sobreprotegida acerca del mundo fuera de las paredes y  murallas del castillo?"

"Verdaderamente nunca recibiste nuestras  cartas..."

"Es obvio que no." Gruñó disgustado con el presentimiento de  que había algo que desconocía.

"Después que te fuiste y que terminó todo  el lío del Ministro y del collar, decidimos que estaríamos preparados para  cualquier otra situación. Dado el caso de que somos blancos naturales para  ataques políticos o de otra índole." Sonrió levemente y continuó leyendo.  Xellos, por primera vez en toda la noche, comenzaba a perder la compostura ante  el secretismo de su amigo. "No te preocupes, estoy seguro que mañana en la  mañana mi pequeña Amelia te pondrá al tanto de todo lo que ha sucedido durante  estos seis años."

Esa era la gota que colmaba el vaso, pensó Xellos, no  sólo no iba a contarle nada sino que cada vez que decía *pequeña* Amelia, el  estoico rey de Sairentosutoon sonreía extrañamente.

*******

La  mañana los encontró aún leyendo en la biblioteca. Xellos no se había detenido en  toda la noche, absorbiendo con rapidez sorprendente toda la información que  hallaba, no sólo con respecto a los dragones. Zelgadis había sido tan amable de  mostrarle los libros que había adquirido acerca de su propia raza, interés que  había tomado luego de haberlo visto por primera vez en su forma real.

Una  voz algo somnolienta pero no menos melodiosa los interrumpió. Zelgadis sonrió y  se levantó mucho antes que la figura apareciera por la puerta. Xellos lo siguió  con la mirada pero Zelgadis recibió a la recién llegada fuera de la biblioteca.  Debía ser Amelia por la forma en que Zelgadis la saludaba, pero la voz no se  escuchaba en nada como la que él recordaba. Trató de esforzarse por ver más allá  de la figura de Zelgadis, sin embargo, justo en ese momento ambas figuras  ingresaban a la biblioteca.

"¡Xellos-san!" Amelia corrió hacia donde se  encontraba Xellos sentado y le dio un gran abrazo. Un leve malestar se dejó  sentir en su interior pero nada más y cuando Amelia le permitió respirar volvió  a quedarse corto de respiración. Ante sí tenía una hermosa joven, con cuerpo de  diosa. El rostro levemente almendrado había perdido las facciones aniñadas. Los  enormes ojos azules que indicaban su corta edad cuando la conoció ahora eran  levemente alargados y semicerrados dándole una apariencia exótica. Los cabellos,  aunque continuaban siendo negros y rebeldes estaban nítidamente cortados,  añadiendo más encanto a su belleza. Vestía un traje sencillo y liviano que le  llegaba hasta los tobillos y de un azul suave.

Xellos parpadeó  inconscientemente mientras veía que Zelgadis tenía un gran gesto de satisfacción  en el rostro. Algo más llamó su atención acerca de la joven. Se concentró un  poco y la recorrió con sus sentidos. Cerró los ojos momentaneamente mientras  Amelia le preguntaba preocupada qué sucedía. Ahh... allí estaba... tucum...  tucum... tucum tum. Le indicó a la joven que guardara silencio y se concentró  nuevamente.

Tucum... tucum... tucum tum. Un latido extra oculto tras los  latidos de Amelia.

"Amelia..."

"¿Xellos-san?"

"Estás  embarazada." Un sonido a espalda de ambos les indicó que Zelgadis yacía en el  suelo desmayado.

*******

¿Qué les pareció? Dudas, preguntas,  comentarios, flamas, críticas constructivas, todo es  bienvenido.
Dragon Child
Capítulo 4
Herencia
Capítulo 5
Regresar al índice de historias
Regresar a la página principal
Hosted by www.Geocities.ws

1