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Los  personajes de Slayers pertenecen a su creador.

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Xellos y Filia  llegaron al lugar donde esperaba la *escolta* de Koubuchi. Seis guerreros  esperaban, o al menos eso aparentaban. Cinco de ellos aparentaban ser livianos y  en apariencia incapaces de defenderlos si alguien osaba atacarlos. El sexto era  el líder y además de ser mucho más alto tenía la misma apariencia esbelta y  ligera que los otros cinco. Vestían negros uniformes con los emblemas de  Koubuchi y tenían sus cabezas cubiertas de tal forma que sólo se podían ver sus  ojos. Rasgados acentos de luz en toda aquella negritud que emanaban cierta  malicia.

Al verlos Xellos arqueó una ceja pero no dijo nada. Si Youki  llevaba consigo a sus doncellas, él no iba a delatarlo. Sabía que las cinco le  serían leales al ex sastre hasta la muerte.

A la señal de Xellos hincaron  las monturas y estuvieron de camino. El príncipe y Youki al frente, Filia al  centro con un guerrero a cada lado y tres más tras ella.

Xellos  aprovechaba cada ocasión y oportunidad para echarle un vistazo a la figura  encapuchada de la princesa que con su blanco atuendo contrastaba fuertemente con  los demás. Si eran atacados la princesa sería fácil de distinguir y le sería  difícil no llamar la atención hacia ella. Arrugó el ceño, quizás en la parada  que se aproximaba podrían hacer algo por corregir ese detalle.

El viaje  cotinuó sin incidente alguno, con sus respectivas paradas para descansar,  momento que aprovechaba la princesa para comer y beber algo ligero. Si el  príncipe de Koubuchi esperaba escuchar una queja de su parte estaba muy  equivocado. Había aprovechado aquellos seis años y aunque no había podido  escapar a las paredes o a las murallas del castillo, se había dedicado a  expandir ciertos conocimientos y no se pondría a lloriquear por un simple  viaje.

Al anochecer alcanzaron a llegar a su destino por esa noche. El  Castillo de Yamabuki se erguía con sus hermosas torres amarillas iluminadas por  cientos de antorchas en espera del príncipe. Yamabuki era uno de los pocos  reinos donde Xellos se sentía a gusto. Luego de que Xellas lo invadiera en una  de sus últimas incursiones, los reyes habían sido exiliados junto con toda la  familia real, o lo que había quedado de ella. Los actuales gobernantes habían  sido elegidos por la Emperatriz misma, ciertamente que no eran de la realeza  pero eran fieles servidores de la mujer.

Filia suspiró un tanto aliviada  al llegar, al menos estaba fuera del alcance de sus padres. Y al fin y al cabo,  muy en el fondo, no le molestaba que fuera Xellos el que terminara a su lado.  Sin embargo frunció el ceño, no se imaginaba amándolo o diciéndole palabras  dulces. Ya no podía imaginarse abrazándolo como solía hacer cuando estaban  juntos o en un acto tan simple como peinar sus cabellos de  seda.

Aparentemente aquel Xellos había desaparecido el día de su  cumpleaños número quince para no volver. El Xellos que veía ahora le causaba  cierta desconfianza, aunque si había decidido continuar con aquella tontería del  compromiso, siquiera una razón debería haber. Sólo que a Filia no le gustaban  las razones ocultas, ya había tenido suficiente con el Ministro y luego con sus  padres.

Cenaron y Xellos le mostró los alrededores del lugar en un corto  paseo ya que suponía que la princesa estaría algo cansada. Cuando la dirigió  hacia las recámaras que los sirvientes habían preparado se atrevió a conversar  un poco más íntimamente con ella.

"Filia. Me preguntaba cuál razón  tendrías para abandonarlo todo y seguirme luego de seis años sin escuchar el uno  del otro."

"¿Qué más da? Lo que importa es que estoy aquí,  ¿ne?"

"Aún así me gustaría tener una respuesta. Después de todo pienso  hacerte mi esposa... mi reina." Filia se detuvo unos momentos.

"No sé  cómo algo que te pueda decir ahora te haría confiar en mí. Pero sé que eres muy  poderoso y pronto tendrás control absoluto sobre mí, ya sea por tu derecho como  esposo, como por ese poder. ¿Por qué habrían de preocuparte mis razones?"  Continuaron en silencio hasta que Xellos decidió cambiar el tema, quizás con  otra táctica podría sacarle algunas respuestas.

"Cuando salimos de  Tougen... tenías derecho a salir con algunas de tus pertenencias. ¿Por qué  rehúsaste tu derecho?"

"Nada de lo que había allí me va a hacer falta."  Dijo encogiéndose de hombros.

"No te pareces a la Filia que conocí." Le  replicó Xellos algo pensativo.

"Si estás teniendo dudas con respecto a tu  decisión de hacerme tu esposa, dímelo ahora." Dijo la rubia tensándose  levemente.

"Claro que tengo mis dudas, no soy experto en esto del  matrimonio. Pero... has cambiado mucho Filia." Comentó el joven un poco molesto.  Era como si a Filia estuviera dispuesta a dar la espalda y seguir caminando a la  primera oportunidad.

"Cierto. Pero no he sido la única que ha cambiado."  Gruñó muy bajo y entre dientes.

Habían llegado a su destino y Filia se  despidió rápidamente, cerrando la puerta detrás suyo sin permitirle a Xellos  contestar. El joven sintió una punzada en la boca del estómago, como una gran  necesidad de tomar la puerta y deshacerla en pedazos. Se llevó una mano al  vientre. *¿Qué es lo que me está pasando? ¿Por qué estoy tan enojado con  ella?*

Parpadeó varias veces confundido. Nunca nadie lo había hecho  sentir deseos de destruir de esa forma. Tocó a la puerta con firmeza hasta que  Filia se asomó.

"Sólo tenía algo más que decirte. Quiero que consigas  otra ropa para el viaje."

"¿Acaso esta no sirve para el viaje?" Preguntó  indignada por la repentina petición.

"Sólo consíguete algo menos  llamativo." Apenas pudo contener un gruñido ante la actitud desafiante de la  princesa. La vio también contener el mismo sentimiento pero luego de una  profunda respiración se controló.

"Bien." Le espetó y cerró la puerta.  Oh... ahora sí que se veía destruyendo la puerta. Trató de recordarse que Filia  seguía siendo una consentida, mimada y sobreprotegida princesa. Pero había algo  en aquella mirada, ¿malicia tal vez? Algo que no recordaba fuera parte de la  inocente Filia.

"Bien." Le gritó a la puerta cerrada y dando la vuelta se  alejó a toda prisa antes que los sentimientos que emanaban de la princesa lo  enloquecieran y terminara quitando la frágil barrera de madera.

No bien  había desaparecido del pasillo cuando una cabeza se asomó por la esquina  contraria. "¿Vieron eso? Creo que están comenzando a llevarse de nuevo." El  hombre sonrió haciendo que sus ojos verdes se iluminaran y cinco pares de ojos  se voltearon en sincronía perfecta dando el caso por  perdido.

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La mañana siguiente, cuando se disponían a  partir, Xellos vio satisfecho que Filia ya no vestía las ropas con las cuales  había salido de Tougen. Vestía de forma parecida a él y aunque su cabello estaba  trenzado, estaba metido bajo la capa. Una simple túnica negra, con pantalones de  montar negros. Debía admitir que vestida de esa forma le causaba una fuerte  impresión, tanto así que se tuvo que recordar cerrar la boca cuando la princesa  se le acercó para salir.

"El próximo reino está a cuatro días de  distancia, Sairentosutoon. Tendremos que acampar junto al camino mientras  tanto." Pudo ver la sorpresa reflejada en el rostro de  Filia.

"¿Sairentosutoon?"

"Así es. Veremos a nuestro amigo  Zelgadis."

"Rey Zelgadis querrás decir. Hace un año que ascendió al  trono." Ahora Xellos fue el sorprendido.

"¿Y Amelia?"

"Su  Reina."

"Entonces será mucho mejor. Los visitaremos a ambos y luego nos  encaminaremos a los reinos de Herufaia e Hikari."

"¿También visitaremos a  Lina y Gourry?"

"Hai."

"¿Existe alguna razón en  especial?"

"Quiero anunciarles personalmente de nuestra  boda."

"Aa."

"Hora de partir." Con agilidad trepó a su caballo,  Filia lo imitó al segundo. Partieron de inmediato en dirección a  Sairentosutoon.

Nuevamente el viaje les fue sin problema alguno hasta que  llegó el anochecer. Xellos escogió el lugar y sin esperar órdenes, los guerreros  se dispusieron a armar una fogata y atender los caballos. Filia vio con desánimo  que había olvidado algo esta vez, si bien había acomodado un colchón liviano y  una almohada, había olvidado por completo una manta para cubrirse. Se bajó la  capa y sus cabellos resaltaron cual oro. Observó a su alrededor, sabía que los  guerreros no empacarían nada extra y dudaba mucho que Xellos lo hubiera hecho.  Trató de suprimir un suspiro preocupado.

"¿Sucede algo Filia?" Le  preguntó Xellos con una sonrisa. Sentía la preocupación de la princesa pero aún  no sabía a qué se debía. Tal vez dormir a la intemperie la asustaba, una  princesa mimada que nunca había salido de las paredes del palacio podía sentirse  intimidada con facilidad por la naturaleza. El, en cambio, la adoraba, le  recordaba mucho a la Tierra Salvaje.

Filia evadió su mirada por un rato  hasta que se decidió que de nada le valía mentir, tarde o temprano Xellos sabría  de su descuido. "Olvidé empacar una manta extra." Dijo algo tensa.

"Eso  no es problema Filia, si no te ofende, puedo compartir mi manta contigo, después  de todo, estamos comprometidos." Sonrió ampliamente, sintiendo un precipitado  galopar en su pecho. Desde el día en que la había reclamado como su prometida  había estado ansioso por acercarse a ella. La vio dudar y añadió rápidamente.  "Pero soy un demonio de honor, querida Princesa, sé comportarme como es debido."  Ahh... la sintió enfurecerse, amedrentarse y finalmente endurecer su resolución  de mostrarse indiferente.

"Gracias." Musitó.

"A tus pies,  Princesa." Surpimió los deseos de una sonrisa triunfante y se conformó con una  leve inclinación. Filia emitió una especie de gruñido escéptico y procedió a  preparar un lugar para ambos cerca del fuego. Xellos la observó, podía  escucharla murmurar frases amenazadoras en su contra si se le ocurría hacer  algo, maldecir y hasta unas cuantas ofensas. Su mirada se llenó de curiosidad.  ¿Por qué si le desagradaba tanto había decidido seguirlo? Pudo haberse evitado  todo el problema con solo darle voz a sus sentimientos. Sus padres estaban más  que deseosos por romper el compromiso. ¿Entonces qué? Se volteó y comenzó a  desempacar sus cosas.

Cuando el momento de dormir llegó Filia ya se había  cambiado a unas ropas algo más cómodas y estaba sentada sobre el colchón  esperando a que Xellos decidiera hacer lo propio. El joven demonio sonrió,  esperaba encontrarla arropada de pies a cabeza con la manta y ocupando el lado  más cómodo de los colchones. Quizás y muy en el fondo se equivocaba con respecto  a la princesa mimada. Se sentó sobre el espacio vacío del colchón y extendió la  manta sobre las piernas de ambos. Filia se volteó hacia el lado contrario donde  él se hallaba y se acomodó.

Xellos no podía dejar pasar la oportunidad,  tenía que acercarse y con mucho cuidado pasó una mano a la cintura de la  Princesa. Filia contuvo la respiración unos instantes y el joven pensó que  pronto la rubia daría su usual grito *Xellos no hentai*, pero al ver que no  sucedía nada se le acercó y le plantó un beso en la mejilla. Filia se tensó por  completo y escuchó las "buenas noches, Filia" que Xellos le susurró al oído pero  no le correspondió. Simplemente cerró los ojos con fuerza y trató de ignorar la  sensación en su cintura y en su mejilla.

"Dijiste que sabías  comportarte." Susurró sin abrir los ojos. Al siguiente instante el brazo había  desaparecido de su cintura. Volvió a respirar normalmente y acomodándose sobre  la almohada echó fuera todo sentimiento. Mientras al otro lado suyo, Xellos  sonreía como un tonto.

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Varias sombras se acercaron al  grupo que dormía. Una figura solitaria guardaba al resto. El líder levantó un  brazo a modo de señal y pronto otras cuatro figuras se movieron en dirección al  grupo. La primera de ellas llevaba un pequeño saquito dorado en una de sus manos  y con agilidad comenzó a regar el contenido del mismo sobre las figuras que  dormían sin que la doncella que vigilaba cerca del fuego se percatara. Las  cuatro figuras restantes se fueron acercando y fue entonces que la doncella pudo  divisarlas. Con un gruñido amenazador la doncella se preparó para el  ataque.

El resto del grupo no despertó a pesar de la intensidad de la  batalla. Kimusume era muy ágil, pero así también eran las figuras que la  atacaban por todas partes. Con desesperación vio cómo una de ellas tomaba en sus  brazos a la Princesa y le hacía una seña a las demás antes de desaparecer en la  obscuridad con su carga. Kimusume dio un gruñido desesperado al sentir cómo el  arma de una de las sombras se hundía en su carne.

Con gran esfuerzo logró  quitarse de encima a las figuras que la rodearon de inmediato sin darle  descanso. Con furia tomó su forma animal, la cual se veía mucho más grande que  la usual, el fuego visible en su pelaje, listo para encender al primero que la  tocara. Las figuras saltaron sobre ella nuevamente y con algo de satisfacción  vio como una de ellas era envuelta en las llamas.

Tiró una dentellada a  la próxima y pudo sentir el dulce sabor metálico de la sangre de su oponente. No  disfrutó demasiado su pequeña victoria pues sintió hundirse nuevamente en su  carne el arma de uno de sus oponentes. Emitió un corto gemido antes de retirarse  y volver a la carga. Esta vez y para su desaliento, la que había sido envuelta  en llamas se les había vuelto a unir sin aparente daño. Las sintió abalanzarse  sobre ella y pillarla contra el suelo sin importar las llamas que las abrazaban.  Una de ellas lenvató el arma en el aire y Kimusme cerró los ojos para recibir el  golpe. Un corto gruñido la hizo abrirlos nuevamente, la figura yacía carbonizada  a unos cuantos pasos. Xellos estaba de pie algo tambaleante, pero sus manos  despedían una negra humareda. Las tres figuras restantes soltaron su presa al  instante y se dieron a la huida, pero antes de que pudieran ponerse a salvo  Xellos logró atinarle a otra, que rodó levemente y quedó inmóvil.

El  joven sintió desvanecerse, no entendía por qué su poder estaba tan debilitado,  pero sonrió sabiendo que había logrado retener a una de las criaturas. Su  contento no duró mucho cuando vio que una regresaba y se arrodillaba al lado de  la que había caido. Levantó su arma y la clavó en el pecho de la otra que se  estremeció levemente. Acto seguido volvió a desaparecer sin darle tiempo a otro  ataque.

"Kuso." Murmuró cansado. Buscó a su alrededor. Youki y cuatro de  sus doncellas estaban como dormidos, la doncella que había estado vigilando  lamía sus heridas cerca del fuego pero Filia no estaba por ninguna parte.  Maldijo nuevamente, no tenía siquiera fuerzas para seguirlas, se dejó caer sobre  la tierra, respirando pesadamente. "¿Qué me sucede?"

"Polvo de dragones."  Escuchó murmurar a la doncella. "Nos debilita." Estaba nuevamente en su forma  más humana. Lo ayudó a sentarse en el suelo. Luego de unos momentos Xellos se  levantó y se dirigió a la criatura que había sido ultimada por su  compañera.

Con cuidado se acercó y se arrodilló al lado de la misma.  Quitó la capa que cubría el rosto y quedó anonadado. La criatura era una mujer,  mejillas algo sonrosadas y aún cálidas, los labios como suaves pétalos de rosa y  cabellos rizados de un dorado muy obscuro, casi como la miel. Aún en su deceso  era hermosa.

Kimusume se acercó, observándola con curiosidad. A pesar de  la sangre que cubría el pecho podía entreverse un emblema bordado en las ropas.  Sus ojos se llenaron de sorpresa y con rapidez tomó la mano inerte y quitó el  guante que lo cubría. La mujer tenía garras, doradas para los efectos. Xellos  observó a la doncella sin decir palabra. Levantó levemente las caderas y  encontró lo que buscaba. Una cola larga, como de reptil salía por debajo de las  ropas. El apéndice estaba cubierto en una especie de polvo negruzco. La doncella  procedió a tomar frotarlo contra las ropas de la criatura y pronto un destello  dorado brilló en la obscuridad.

"Dragones." Susurró la doncella. "Tenemos  problemas." Xellos arqueó una ceja curioso. ¿Qué tenían que ver los dragones con  ellos?

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Dragon Child
Capítulo 3
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