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Los personajes de Slayers no me pertenecen. Ya  quisiera yo...

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Filia sentía que había pasado una eternidad  sentada, envuelta en la tranquila soledad del jardín. Tan absorta estaba en sus  cavilaciones que no escuchó los pasos que se aproximaban a donde se encontraba.  Pasos seguros y fuertes, con el único propósito de avisarle de su  presencia.

"¿Filia?" No reconoció la suave y sedosa voz que la llamaba,  los ojos fijos en unos hermosos lirios púrpuras con pequeños destellos dorados  que adornaban con su salvaje belleza el sendero de piedra que llevaba al  interior del jardín. Pensó que era el sirviente que le venía a avisar que su  presencia era requerida finalmente.

"Princesa Filia..." Susurró, tratando  de corregir al recién llegado. "Dile a mi padre que en un momento estaré en  palacio para recibir al príncipe de Koubuchi." No había molestia en su voz,  simplemente algo de cansancio.

"Sólo quería anunciarle a la princesa que  el príncipe de Koubuchi ya está en el jardín." Filia abrió los ojos sorprendida,  ahora reconocía la voz. Se volteó lentamente y allí estaba él. Se veía regio en  sus vestimentas reales.

"Xellos..." Susurró. El aludido hizo una corta  reverencia, haciendo que sus cabellos ocultaran en parte su rostro. Filia lo  obervó impresionada. Xellos portaba una expresión austera acompañada por una  sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

Vestía una especie de túnica  entalladada en los hombros, marcando perfectamente la línea de su pecho hasta  las caderas, donde se dividía a ambos lados y continuaba hasta las rodillas. La  túnica era negra, con un dragón celesteial bordado en un azul brillante, con  leves hilos de plata y diminutos diamantes. Llevaba puesta su corona y colgando  del cuello el símbolo de la casa Real de Koubuchi. Los sedosos cabellos púrpuras  nuevamente estaban a la altura de sus hombros, nítidamente cortados y en su  mejilla llevaba una curiosa marca. Los pantalones negros a la medida justa y  unas zapatillas negras con los mismos símbolos que la túnica.

"El mismo."  Sonrió al enderezarse. Filia se puso en pie e hizo una reverencia similar,  dándole un equivalente de la sonrisa que él le había regalado.

"Ha pasado  mucho tiempo Filia, ¿cómo has estado? He esperado mucho para volver a verte." Le  dijo al tiempo que le extendía la mano cortésmente. Filia tomó la mano que se  ofrecía con delicadeza, pero no dijo palabra. "¿Vamos adentro?, tu padre nos  está esperando." Filia asintió y una expresión de curiosidad cruzó  repentinamente los ojos de Xellos. Trató de no darle importancia al suceso y  pasarlo por alto. Después de todo... ella también había estado  esperándolo.

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Xellos observaba a Filia, de hecho, la  espiaba cada vez que pensaba que ella no lo estaba viendo. Era hermosa. Aquellos  tres años que había pasado en compañía de una Filia explosiva y malcriada no lo  preparaban para la Filia que ahora seis años después, tenía ante sus  ojos.

Los largos cabellos de la princesa estaban arreglados con pequeñas  trenzas, arremolinadas de forma curiosa y recogidas finalmente en una especie de  lazo en la base de su nuca, permitiendo entonces que escaparan en cientos de  rizos dorados que cubrían su espalda. Sus ojos azules resaltaban graciosamente  sobre su blanca piel y sus labios, antes aniñados, ahora formaban una graciosa y  sensual sonrisa cada vez que asentía. Una sonrisa que, para su desaliento, no  había dirigido en su dirección ni una sola vez.

"¿Príncipe Xellos?" Una  voz lo sacó de sus pensamientos, aparentemente todos estaban esperando una  respuesta, ¿pero a cuál pregunta?

"Disculpe su Majestad, creo que estaba  un poco distraído." Se disculpó por haber sido atrapado en tal  descuido.

"Ohh... todos los aquí presentes queríamos saber qué ha pensado  acerca de romper el hechizo de compromiso." Xellos se quedó callado por unos  instantes.

"La princesa desea cancelar el compromiso, por supuesto."  Añadió la Reina. "No es que seamos irracionales, pero es por eso mismo que  pensamos que la princesa debe romper el compromiso. No sería correcto, según  nuestras costumbres, que la princesa se desposara con un..."

"¿Demonio?"  Interrumpió Xellos con un brillo peligroso en la mirada. El silencio fue denso  en esos momentos.

"Sería contraproducente para el reino que la princesa  se desposara con alguien tan ajeno a nuestras costumbres." Corrigió la Reina con  una sonrisa endulzada. La mujer, de quien Filia había heredado los rubios  cabellos y la estilizada figura, era la perfecta forma de la hipocresía, podía  sentirlo.

Filia sólo observaba sin decir palabra. Con el tiempo había  aprendido que sus padres compartían ciertas carácterísticas con el fenecido  Ministro. Sino de qué otra forma podían haber confiado tanto en semejante  víbora. Pero más que observar a sus padres observaba a Xellos. El tiempo que lo  había conocido había estado influenciado por el collar pero ahora que era libre  presentía en aquel ser algo decididamente sórdido y confuso. ¿Pero qué decía?  Era un demonio... y así debían ser.

"Si insiste en que la Princesa de  Tougen se adhiera a un compromiso tan absurdo, debo advertirle, Príncpe, que le  retiraremos el derecho a la sucesión. Esa es nuestra última palabra en el  asunto." Los ojos azules del Rey eran del mismo color que los de la Princesa,  pero con una decidida nota de frialdad que en nada se parecía a los de la joven.  Filia les dio una mirada cansada a sus padres y se dedicó a jugar con la fina  servilleta de tela que tenía de frente. No le interesaba la discusión en lo  absoluto y en su interior tampoco le interesaba si terminaba casada con un ser  maldito y alejada de su casa. Finalmente eso, tal vez, sería un poco más  interesante que casarse con el hombre que le impusieran sus padres para ser una  simple muñeca rosada dentro de una caja de cristal.

"¿Filia... deseas  romper el compromiso?" Preguntó de repente su padre. La joven levantó la vista y  se llevó una mano a la mejilla, descansando el rostro en ella.

"Padre, si  no se me consultó el día de mi compromiso, ¿por qué ahora se me consulta en algo  en lo cual es obvio que no tendré opción?"

"¡Filia!" Le reprochó su  madre.

"Madre, con todo el respeto que mereces, me importa un real rábano  si termino casada con el príncipe que vos me elegis o con una bestia salvaje.  Por las barbas de Cefeid, ya ni me importa si me lleva el primer borracho del  reino." Se levantó airada, los ojos envueltos en una furia casi incontenible y  un aura dorada casi imperceptible cubriéndola. "Y con el permiso de vuestras  Majestades y del Príncipe, me retiro a donde no les estorbe mientras deciden  sobre mi vida." Estaba muy enojada, demasiado enojada. Seis años habían sido  suficiente presión para hacerla estallar.

Xellos observó la esbelta  figura retirarse con paso sereno pero apresurado. La podía sentir a donde se  movía, la furia apenas contenida de la Princesa eran para él como una fogata  encendida en la cima de una montaña. Había visto las pacíficas orbes azules  encenderse como flamas de puro fuego donde los elementos se consumen en perfecta  totalidad. Una sonrisa tonta amenazó con posarse en su boca y se obligó a  cerrarla. Ahora entendía por qué Youki tenía tan poca voluntad en cuanto a su  madre se refería. Era la promesa que se escondía en la hermosa figura de una  diosa. La diosa de la destrucción y el caos.

Pero aquella actitud tan  desapegada lo preocupaban... aquella no era la Filia que él conocía. Algo había  sucedido allí en su ausencia.

"Pienso que la Princesa ha sido muy sabia  al permitir que tomemos una decisión por ella." Comentó el Rey con aparente  seguridad.

"Entonces está decidido." Dijo Xellos volteándose a tiempo  darles la cara a los Reyes. "Desposaré a la princesa tan pronto me sea  posible."

"¡Pero!"

"Deseo reclamar el derecho que me otorga el  hechizo que fue utilizado en mi persona hace seis años y espero que mis reclamos  sean seguidos al pie de la letra." Bastó una mirada seria, ayudada con un poco  de su aura para que los Reyes enmudecieran y comenzaran a temblar como hojas.  "Bien. Las discusiones terminan más rápido cuando todos estamos de acuerdo." Su  sonrisa hizo que la Reina se desmayara mientras que el Rey trataba en vano de  controlar su temblor.

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Youki no había entrado al palacio,  no quería ser visto o reconocido por ninguno de sus habitantes. Cerró los ojos y  concentró su consciencia, expandiéndola a su alrededor hasta que finalmente  encontró lo que buscaba. Un corto aullido gratificó sus sentidos.

Sonrió  cuando cinco sombras blancas comenzaron a acercarse velozmente en silenciosa  carrera. Cuando las bestias llegaron cerca una de ellas saltó a su pecho y lo  empujó provocando que se fuera de espaldas. "¡Kim! Tranquila pequeña." Echó a  reir alegremente mientras las lobas le lamían el rostro y las  manos.

"Hey, hey, parece que me extrañaron un poco, ne." Entre polvo de  plata los animales se convirtieron en las cinco hilanderas del sastre, que  sentadas a su alrededor comenzaron a reir despreocupadas mientras besaban las  manos de su señor. "¿Cómo han estado?"

Estuvieron un buen rato contándole  a Youki cómo les había ido en todo ese tiempo con la princesa. Habían seguido de  hilanderas, tejiendo y bordando trajes para los Reyes de Tougen en ausencia del  sastre. Habían tratado de conseguir un reemplazo para el hombre pero no lo  habían conseguido y al ver que las doncellas trabajaban satisfactoriamente las  habían dejado continuar solas con Kimusume como directriz.

"¿Saben qué  chicas? Necesito una escolta para la princesa. Regresaremos a Koubuchi." Ante la  declaración las doncellas pegaron sendos gritos de alegría y entusiasmadas  comenzaron a escuchar con atención las instrucciones de  Youki.

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Xellos se dirigió por el pasillo que tan bien  recordaba hacia la recámara de Filia. Estaba a punto de tocar cuando la puerta  se abrió y Filia se detuvo abruptamente, con una expresión de hastío. "También  es un placer para mí." Le dijo con una sonrisa vacía. "¿Podemos  hablar?"

"¿Los convenciste o no?"

"¿Nani?"

"No te hagas el  tonto. ¿Convenciste a mis padres sí o no?"

"Yare, yare, Filia, qué  directa eres."

"Podrías ahorrarme tiempo y palabras si no te hicieras el  tonto." "Bien... sí los convencí."

"¿Cuándo partimos?"

"¿Cuándo  podrías estar lista?"

"¿Cuántas provisiones  necesito?"

"Suficientes para un día... nos detendremos  en..."

"Bien, estaré lista en una hora." Y sin más le cerró la puerta en  el rostro. Xellos se quedó estupefacto, la boca abierta como si fuera a decir  algo más por un buen rato. Finalmente suspiró y pegó el oído a la puerta. Podía  escuchar a Filia moviendo algunas cosas, podía sentirla, un poco de ira, un poco  de desilusión, mucho fastidio y... una pequeñísima pizca de... ¿qué era aquello?  Se esforzó un poco más. Era un sentimiento bien guardado bajo todo aquel  torbellino de emociones negativas. De repente la puerta se abrió nuevamente y  Xellos casi se fue de lado.

"¿Acaso no vas a prepararte tú  también."

"Yo... ya estoy preparado... La escolta espera fuera de las  puertas del palacio de Tougen." Trató de ocultar su verguenza de ser descubierto  escuchando en la puerta con una sonrisa. Se fijó que Filia vestía ahora una  especie de túnica blanca bajo la cual llevaba una camisa azul clara de mangas  cortas que le cubría hasta las caderas, ajustada con un cinto de cuero  blanqueado en el cual brillaba la funda de una pequeña daga. Unos pantalones  sueltos del mismo azul y unas botas de cuero también blanqueado completaban el  atuendo de viaje. Xellos parpadeó varias veces, nunca había visto a una mujer  cambiarse tan a prisa en toda su vida. "Parece que tienes algo de prisa, si  quieres puedo ayudarte." Comentó cuando salió de su asombro.

"No necesito  tu ayuda para empacar." Dijo un tanto indignada. En su mano llevaba un bolso  mediano y tras ella cerró la puerta de su recámara.

"¿Ya estás  lista?"

"No, aún tengo que arreglar unos asuntos que no me tomarán más de  una hora." Murmuró entre dientes. Sin decir nada más comenzó pasillo abajo y  Xellos, curioso, siguió tras ella. Se dirigió a la recámara real sin preocuparle  que el príncipe siguiera tras ella.

"Padre... Madre..." Los aludidos se  sorprendieron al verla pero no dijeron palabra ya que tras ella podían ver la  figura del joven demonio. De un firme tirón Filia arrancó el medallón que  colgaba de su cuello y que era la única prenda que llevaba. Extendió el objeto  hacia su padre. "Abdico." Su padre asintió y tomó el medallón con lentitud de  manos de su hija. Le echó una última mirada a ella y luego a la figura que le  hacía sombra.

"Acepto tu decisión. Ve en paz." Filia hizo una pequeña  reverencia hacia su padre y luego hacia su madre. Sin un sólo abrazo salió la  joven del lugar, seguida de inmediato por Xellos. Ella se dirigió hacia las  estancias de los sirvientes, luego de despedirse de unos y abrazar a otros, se  dirigió a la cocina donde el cocinero en jefe le tenía preparado un pequeño  bolso. Se despidió cortésmente y finalmente se dirigió a los establos. Uno de  los sirvientes se había tomado el tiempo de ensillar su caballo, un hermoso  alazán de crines blancas. Fue entonces que volteó y fijó su vista en  Xellos.

"¿Estás lista?" Como le había dicho la joven, los preparativos no  habían tomado más de una hora. La ex princesa de Tougen asintió y cuando el  sirviente trajo la montura de Xellos y subió, ella también montó la suya,  cubriéndose la cabeza con la capucha blanca de su capa.

El corcel del  príncipe corcoveó levemente, dando un potente relincho antes de avanzar  orgulloso. Filia hincó su montura y pronto estuvo a un paso del otro animal. Así  ambos salieron al galope por los portales del palacio de Tougen. Ya en el camino  Filia no volteó a mirar hacia el lugar que una vez había sido su hogar. Frente a  ella se extendía aquel camino que muy pocas veces había visto. Por unos  instantes sintió que su corazón latía fuertemente lleno de  emoción.

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Capítulo 2
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