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Los personajes  de Slayers no me pertenecen.

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Filia  continuaba en el jardín, absorta en sus pensamientos y en sus recuerdos.  Recuerdos de seis años de aventuras... sin Xellos.

Recordaba como si  hubiera sido ese mismo día el momento en que lo había visto por última vez en  todo ese tiempo...

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"Filia-san, ¿por qué no bajas a cenar  con nosotros?" Gimoteó Amelia tratando de convencer a su amiga.

"No tengo  hambre Amelia, por favor, no insistas." Dijo sin mucho ánimo la  rubia.

"Ohhh, vamos Filia, no eres la única que lo va a extrañar." Filia  se atrevió a mirar a Lina a los ojos. La peliroja tenía razón, ella no era la  única que lo iba a extrañar. Además, la madre de Xellos ya lo había extrañado lo  suficiente.

"Ay, Lina. Es que..." Comenzó a decir pero la peliroja la  interrumpió decidida.

"Nada de peros. Los chicos nos están esperando  abajo. Además... quizás logre que Enzeru me enseñe alguno de sus trucos. Ahora  que el Primer... ehh... pues... ya sabes quien, no lo está  controlando..."

"Eres incorregible Lina-san." Le recriminó  Amelia.

"No voy a desaprovechar la oportunidad y tú Filia, deberías estar  más alegre... recuerda que Xellos tiene que volver..." Le dijo con una tonadilla  coqueta.

"Si es que regresa."

"¡Pero claro que lo  hará!"

"Seamos realistas Lina."

"Filia, no existe princesa más  realista que esta hermosa, bella, refinada, fantástica y fabulosa mujer que  están viendo tus ojos." Le dio media sonrisa y un signo de victoria a la rubia,  quien echó a reir levemente.

"Oye, ¿de qué te ries?" La rubia se levantó  e hizo ademán de salir, Amelia la siguió de inmediato.

"De lo de mujer."  Y sin más echó a correr seguida por una furiosa  peliroja.

"¡¡Hey!!"

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El príncipe de Koubuchi se  dirigía a Tougen. Justo en esos momentos comenzaba a entrar en el territorio  aledaño al palacio. Habían pasado seis años y no había recibido respuesta a  ninguna de las cartas que le había enviado a Filia. A su lado iba el que una vez  fuera el sastre de Tougen, ahora convertido en su escolta personal. Ambos iban  vestidos con los emblemas reales de Koubuchi, esquisitamente elaborados por el  mismo Youki.

Le había costado trabajo convencer a su madre de que  finalmente lo dejara regresar a Tougen, siempre había algo que ella necesitaba  que hiciera o se encargara de hacer. Era como si la Emperatriz no deseara volver  a perderlo de vista, pero luego de que Youki la persuadiera... cosa que no iba a  preguntarse cómo... su madre le había permitido finalmente el tiempo para ir en  busca de la princesa.

Mientras cabalgaban recordaba perfectamente el día  en que había salido de Tougen para regresar con su madre a  Koubuchi...

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El ejército de Koubuchi se detuvo finalmente  en el último reino que había conquistado para pasar la noche. En el momento en  que habían entrado al palacio los reyes y los consejeros le rindieron tributo a  la Emperatriz. Sin embargo, cuando el principe hizo su aparición los comentarios  y murmullos no se hicieron esperar. Zellas hubiera enviado a decapitar a todos  los nobles presentes de no haber sido por la intervención misma del  príncipe.

Xellos se encerró en la recámara más alejada que encontró en el  interior del palacio. Allí lo encontró Zellas.

"¿Hijo?"

"Sí,  madre."

"¿Qué te sucede?"

"Había olvidado lo que se sentía ser  diferente..." Zellas se acercó y lo abrazó, como hacía mucho que no lo hacía,  como había anhelado volver a hacer desde hacía tres años. Xellos sonrió  levemente.

"No debes preocuparte por eso. Cuando lleguemos a Koubuchi  todo será como antes."

"Madre..." "Umhh?" Le dijo mientras quitaba echaba  hacia atrás algunos de los largos mechones púrpuras que estaban  sueltos.

"Ya nada puede ser como antes." Comentó en un susurro casi  inintelegible.

"Ahhh Xel-kun, si no fuera por ese maldito demonio  disfrazado de... de... arghhh!" Xellos se le quedó viendo con interés. No  recordaba que su madre emanara sentimientos tan encontrados. Siempre la había  sentido bien definida, con una meta y un propósito.

"Madre... prométeme  algo."

"¿Qué, bebé?" Xellos se sonrojó levemente ante el olvidado  sobrenombre.

"Ahh... prométeme que no vas a dañar a  Youki."

"Pero..."

"Madre... Es cierto que fue Youki quien me sacó  del palacio, pero también me protegió mientras estuve en Tougen."

"Hijo,  espero que no hayas olvidado que si no hubiera sido por su culpa no te hubieras  alejado en primer lugar. Además, tengo entendido que fue él quien te puso el  collar. ¿Olvidas eso?" Le rec

"Yo..." Se pasó la mano por los cabellos  desordenándolos un poco. Respiró profundamente tratando de buscar una excusa lo  suficientemente lógica para preservar la vida del sastre. "Deseo... deseo que  Youki sea mi sirviente personal. Deseo que sea de esa forma que page su ofensa  contra mi persona." Suplicó con la mirada a su madre y Zellas se volteó para  evitarlo.

"Es mi derecho, madre." Le dijo al cabo de un rato y con  decisión. Cuando Zellas se volteó a ver a su hijo estuvo a punto de caer de  rodillas allí mismo. "¿Madre?" El joven se preocupó al sentir el miedo emanar de  la Emperatriz. De inmediato se acercó a ella y la abrazó con fuerza. "Perdóname,  okaasan. Por favor perdóname." Acarició los blancos cabellos con dulzura  mientras repetía febrilmente las palabras.

"Está bien..." Le dijo Zellas  cuando encontró nuevamente su voz. "Tienes razón, el derecho sobre el prisionero  es tuyo."

"Gracias."

"Pero no me vuelvas a asustar  así."

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Esa misma noche, en las profundidades del palacio  donde descansaba la Emperatriz y el príncipe de Koubuchi, cinco bestias blancas  merodeaban las celdas. *Señor.*

"¿Kimusume...?"

*Salgamos de aquí,  por favor.*

"No, aún no. Tú y las demás deben regresar al palacio, con la  princesa."

*Pero, Señor.*

"Kimusume..." El hombre extendió la mano  hacia la loba haciendo repicar las pesadas cadenas que lo ataban a una de las  paredes. "No te preocupes tanto por mí, pequeña." La loba emitió un gemido  audible y lastimero. El hombre le acarició las orejas con afecto. "Anda, debes  dirigir a tus hermanas de regreso. Yo estaré bien." Las demás lobas se acercaron  y el hombre las acarició con algo de nostalgia. Pasaría bastante tiempo antes de  que pudiera volver a ver a sus hermosas criaturas otra vez.

Una a una se  escurrieron al exterior del calabozo como sigilosas apariciones blancas. Youki  observó a su alrededor la obscura y fría celda y suspiró. Ni siquiera había un  lugar donde poder descansar decentemente, pero era lo esperado. El haber pasado  tanto tiempo en el palacio de Tougen lo había suavizado, eso era definitivo.  Estaba a punto de sentarse en el suelo cuando sus agudos sentidos captaron el  sonido de pasos en las escaleras de piedra. Se pasó las manos por los ondulados  cabellos en un gesto cansado, no estaba de humor para tratar con visitantes  nocturnos.

Su sorpresa fue grande al ver al príncipe de Koubuchi.  "¿Piensas quedarte aquí?" Le dijo curioso. El hombre sonrió.

"Buenas  noches Alteza. El por qué sigo aquí es sencillo, vuestra madre es muy astuta y  hace un buen tiempo descubrió la forma de controlar a un demonio. Si a eso le  sumamos el hechizo por el cual continúo algo debilitado..."

"Excusas."  Replicó el joven con una tímida sonrisa al tiempo que con la mano comprimía la  cerradura y la arrancaba de su lugar. Examinó las cadenas y no encontró nada  extraordinario, por lo que procedió a quitarlas. Luego de comenzar se percató  que no era tan fácil como parecía.

"Joven Xellos, me parece que por esta  vez, las llaves serían un instrumento más útil." Xellos asintió, regresando al  lugar en la pared donde colgaba un enorme aro de metal con varias llaves  colgadas. Luego de probar varias dio con las indicadas. En un momento las  cerraduras se abrieron y Youki se vio en libertad de seguir al joven escaleras  arriba.

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Dragon Child
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