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Como siempre, los personajes de Slayers pertenecen a  su creador, no me estoy adjudicando propiedad alguna sobe ellos y esto lo hago  sólo por diversión.

Mas X/F  para los que lo pidieron, pero recuerden que sin los demás personajes no puede  progresar mucho la trama, al fin y al cabo la intención es que Xellos finalmente  se deshaga del collar ¿no? ¿y cómo podría ser eso posible si de alguna forma no  se encuentra al responsable? y ese no es el Ministro...

Debo aclararles  que Xellos no tiene un tic nervioso con los anillos... simplemente está  siguiendo inconscientemente una órden que le fue dada. "Cuando veas nuevamente  al Ministro tocarás la piedra de la sortija de inmediato, eso es una órden."  (Cap. 12)

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Enzeru se paseó lentamente por su recámara.  Hacía una hora que estaba preparado para ir al baile. Lo único que lamentaba era  que había tenido que pedirle al barbero real que le cortara un poco el cabello  para así quitar el daño que los hechizos de Filia y sus amigos le habían  provocado. Estaba cansado, no sólo había recibido los hechizos que bien se  merecía aquel hombre que tomaba control de su cuerpo. También estaba cansado de  ser una muñeca a su merced. Suspiró ligeramente mientras volvía a sacudir las  mangas de su camisa.

El no podría convencer a Filia de amarlo si él mismo  no podía amarla y menos en escasos dos días. Pero estaba en juego la suerte de  su amada Enjeru, por ella sería capaz de cualquier cosa, aunque luego supiera  que jamás sería digno de su amor. Por lo tanto había decidido que se jugaría su  carta más segura.

El Ministro no lo había escogido al azar, el muy  maldito sabía de los poderes especiales de Enzeru. Esos poderes que por tanto  tiempo había tenido que ocultar por temor a ser condenado por su verdadera  naturaleza en un mundo diferente al suyo. Enzeru pertenecía a una raza especial  de criaturas sumamente hermosas y capaces de seducir el alma más pura con una  sola mirada. Eran llamados sirenas, las ondinas del océano.

Con paso  decidido se acercó a la puerta y salió en busca de la princesa  Filia.

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Filia estaba sumamente nerviosa. Era la primera vez  que estaría en público sin Xellos. En su lugar estaría el príncipe Monuke. Se  arregló los finos guantes hasta más arriba de los codos. Sus cabellos habían  sido arreglados en un complicado peinado de rizos y adornos cuajados de zafiros  para resaltar el color de sus ojos y su aspecto angelical. Como le había pedido  al sastre, su traje no parecía un algodón gigante, era de un color azul pálido  en la parte superior e iba subiendo de tono hasta llegar a un azul real mientras  más bajaba el traje. Tenía unas cuentas azules que le adornaban el busto y el  talle hasta perderse en la amplia falda.

Cuando salió de su recámara y  cerró la puerta le envió una mirada a la puerta contigua. Con seguridad Xellos  estaría arreglándose y necesitaría que alguien le ayudara a peinar sus cabellos.  Con paso lento se acercó a la puerta. Justo iba a tocar cuando una voz conocida  llamó su atención.

"¿Princesa Filia?"

"¿Sí, Monuke-san?" Dijo  Filia al tiempo que volteaba. El joven hizo una cortés reverencia y fijó sus  ojos en los de la princesa con intensidad.

"¿Me permite acompañarla hasta  el salón?" Una sensación extraña le cruzó el pecho a la princesa, como  electricidad.

"Hai." Filia cerró los ojos con fuerza cuando le extendió  el brazo al príncipe de Giman y él lo tomó con delicadeza y la dirigió pasillo  abajo.

Al otro lado Xellos recostó su cabeza en la madera de la puerta.  Había sentido a Filia justo afuera, su forma de sentir era inconfundible. Había  estado a punto de entrar y de repente la decepción la había embargado. Su agudo  sentido del oído había reconocido la voz. Sus negros cabellos tomaron un leve  color púrpura mientras una obscura aura lo rodeaba momentáneamente.

Al  cabo de un rato logró calmarse un poco, tenía que arreglarse si deseaba ir al  baile y sí que iría. Se volvió hacia donde estaban las ropas que el sastre le  había preparado para la ocasión. Sus ropas para el baile eran de un azul muy  obscuro y de haber tenido la oportunidad de ver a la princesa se hubiera  sorprendido de que ambas ropas combinaban a la perfección.

Se cepilló el  cabello y comenzó a ponerse los anillos uno por uno. Cuando tocó el turno de  colocarse el emblema de Tougen no lo pudo encontrar por ninguna parte. En cambio  encontró un medallón de plata representando una loba seguida de su manada. Palpó  el relieve con suavidad mientras en su interior sentía que le era conocido. Un  poco indeciso se lo colocó en el cuello y se observó en el espejo. Por primera  vez en mucho tiempo la imagen que vio al espejo le pareció conocida, si no fuera  por sus cabellos largos claro está. Con molestia los recogió en una coleta baja,  asegurándola con el cordón de cuero negro. Le había dado algo de trabajo pues no  tenía mucha experiencia atando sus propios cabellos, siempre había sido la  princesa la que lo había ayudado.

Levantó la barbilla desafiante y  observó la imagen hacer lo propio. Esta vez no iba a permitir que ningún  príncipe desconocido lo humillara aunque él no fuese más que un simple esclavo  del collar.

De haber sabido lo que le destino le tenía deparado se habría  quedado en su habitación.

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Cuando Xellos bajó al salón de  baile hubo uno momento de silencio. Practicamente todos los presentes se habían  detenido para observar al recién llegado que suponían era uno de los príncipes  invitados al evento. Al momento de divisar a Filia un extraño sentimiento le  apretó el pecho. La princesa bailaba muy tranquilamente con el príncipe Monuke,  como si ambos tuvieran el compás perfecto. Monuke la hacía girar con suavidad y  gracia, haciendo que la princesa fuera el centro de atención de todos los que  bailaban.

Como siempre Amelia y Zelgadis bailaban juntos mientras que  Lina y Gourry estaban sentados en una de las mesas. Hacia ellos se dirigió para  el menos no estar solo entre todos aquellos nobles del  palacio.

"¡Xellos!" Lina casi se ahogó con lo que bebía cuando lo  reconoció. Al principio y por el porte había pensado que era uno de los nobles  invitados.

"¿Sorprendida de verme?" Esbozó una falsa sonrisa que no le  llegó a los ojos tratando de que sus amigos no se percataran de su  malestar.

"No te reconocí. Te ves... diferente." Dijo sin poder disimular  que lo observaba de arriba a abajo recibiendo por ende un codazo de Gourry. Lina  le devolvió una mirada aturdida al rubio, quien tenía una expresión  indescifrable para ella. "Hey."

"Me preguntaba si podía acompañarlos un  rato."

"Claro que sí." Le dijo el rubio al tiempo que le hacía un espacio  a su lado.

La música duró lo que a Xellos le pareció una eternidad y  cuando finalmente terminó, para su decepción, Filia no se acercó a la mesa donde  estaban sus amigos, sino que continuó colgada del brazo de Monuke. Zelgadis y  Amelia se acercaron a la mesa.

"Xellos-san, qué alegría verte aquí."  Exclamó Amelia. "Pensamos que no bajarías al baile."

"Creo que no debí  hacerlo de todas formas." Dijo dándole una mirada enojada a la pareja que aún  continuaba bailando.

Filia por su parte, se sentía muy extraña en los  brazos del príncipe de Giman. Le parecía que sus pies no tocaban la tierra cada  vez que el joven esbozaba una dulce sonrisa en su dirección. Claro que no era  nada comparado con lo que sentía cuando Xellos la abrazaba, pero por más que lo  intentaba no podía safarse de aquellos brazos. Era como un hechizo que le hacía  sentir el deseo de quedarse allí. Ni siquiera había podido observar a su  alrededor, como si sólo el príncipe de Giman existiera en esos  momentos.

La música de la pieza terminó, dando lugar a otra un poco más  rápida donde las parejas se intercambiaban durante las estrofas más rítmicas.  Lina que hacía rato estaba observando la dinámica entre su amiga Filia y el  príncipe de Giman se puso de pie. Amelia y Zelgadis ya habían regresado al  centro del salón.

"Xellos, ¿no me invitas a bailar?" Le dijo con media  sonrisa al tiempo que observaba de reojo a Gourry. El rubio la vio extrañado  hasta que Lina le dio una guiñada y le hizo un gesto hacia la pareja de Filia y  Monuke. El rubio sonrió de repente al entender las intenciones de la  peliroja.

"Claro Xel, por qué no sacas a Lina." El dijo al tiempo que le  daba un buen codazo y un empujón.

"¡Hey!"

"No tienes que ser tan  tímido." Le dijo Lina al tiempo que lo tomaba del brazo y lo arrastraba hasta el  centro del salón.

"Lina, preferiría regresar a la  mesa."

"Pamplinas Xellos, ahora baila, es una órden." Xellos abrió los  ojos desmesuradamente. Su cuerpo obedeció de inmediato y no pudo más que gruñir  su descontento.

"Con los amigos que me gasto quién necesita enemigos." Le  dijo entre dientes.

"¡Ohh vamos! Después me lo vas a agradecer." Sonrió  sin remordimiento la peliroja y comenzó a seguir los pasos del joven que la  dirigía con suma habilidad y gracia. Las notas de la canción comenzaron su  vertiginosa carrera y las parejas dieron varias vueltas antes de separarse y  cambiarse a la persona más cercana. Con esa primera vuelta Amelia fue a parar a  los brazos de Xellos mientras que Lina quedaba en los de Zelgadis. Otros  vaivénes y vueltas y Filia quedó en los brazos de Xellos mientras que Amelia  quedaba en los de Monuke y Lina quedaba en los de otro noble.

La música  continuó tranquilamente y Amelia se halló un tanto incómoda en los brazos del  príncipe Monuke. Con la mirada buscó a su querido Zelgadis pero no lo pudo  divisar al momento.

"¿Sucede algo princesa Amelia?" Le preguntó con  suavidad Monuke mientras la hacía girar.

"Ah... no, nada Monuke-san." Le  respondió algo nerviosa. Monuke frunció levemente el ceño, la pequeña princesa  de Jingi no parecía afectada por sus encantos que en ese momento mostraba al  máximo. La vio buscar nerviosamente con la mirada por todo el salón y finalmente  entendió lo que sucedía. La princesa Amelia debía estar profundamente enamorada  del príncipe Zelgadis y viceversa. No sólo eso, ambos vivían ese amor sin  restricciones y con un compromiso real que impedía que cualquier persona o  situación se interpusiera entre ambos. Sonrió con tristeza, el verdadero amor  podía anular cualquier hechizo o conjuro mágico.

"No te preocupes  Amelia-san, estoy seguro que Zelgadis-san encontrará la forma de recuperar su  puesto en la próxima vuelta." Le con una pequeña sonrisa. La princesa le  devolvió una enorme sonrisa y Enzeru sintió que el corazón le dolía. Aquella era  la misma expresión que Enjeru solía devolverle a él.

Vuelta, vuelta y  cambio. Amelia se encontró nuevamente en los brazos de Zelgadis mientras que  Lina iba a parar a los de Monuke y Filia a los de Xellos.

Lina levantó la  vista y sonrió con malignidad y Monuke no pudo menos que estremecerse ante  aquella mirada de fuego. Si había alguien en todo el salón que le podía provocar  pavor además del Ministro era la princesa de Herufaia. Esa noche la chica  llevaba un vestido de corpiño ceñido que hacía resaltar sus leves formas de  manera sensual. El vestido rojo sangre con hilos de oro llamaba la atención a  donde quiera que la joven se movía. A pesar de todo Monuke puso su mejor sonrisa  y permitió que su magia la envolviera, porque no existía forma en que él pudiera  escapar del abrazo de Lina si no era seduciéndola con su magia.

Lina  entrecerró los ojos, la vista levemente cargada y Monuke se dio cuenta demasiado  tarde de lo que acababa de suceder. Mientras que Amelia estaba dedicada  totalmente a su prometido, Lina ni siquiera estaba segura de sus sentimientos.  Pero toda la confusión y soledad de su corazón la compensaban una pasión  desmedida.

La princesa de Herufaia pasó una mano a la nuca del príncipe  de Giman y su cuerpo se moldeó a la perfección al del joven que respondió de  inmediato a la insinuación del cuerpo de la joven. Le pareció que dejaba de  respirar mientras aquella delicada y letal mano acariciaba su nuca. Claro que  Enzeru poseía el poder de seducir a la princesa, pero eso no significaba que  supiera manejar a una joven con el fuego insumiso de la peliroja. Miró a todos  lados y sus pálidos ojos se posaron sobre una escena aún más aterradora... la  mirada del príncipe Gourry.

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Los azules ojos de la princesa  Filia parecían perdidos cuando Xellos la tomó de la cintura y la acercó. El  perfume del joven y su calor la hicieron volver en sí poco a poco. "¿Xellos?"  Dijo casi sin aire cuando se percató que estaba bailando con el joven. "¿Cómo  llegué aquí?" Le dijo aturdida.

"Es gracioso que lo preguntes Filia. Yo  tampoco sé cómo llegué hasta aquí." Le dijo Xellos con seriedad. Filia no supo a  qué se debía el comentario pero agradeció encontrarse en los brazos de Xellos.  La sensación de hacía unos momentos atrás estaba desapareciendo y por instinto  se aferró al joven. Por un instante a Xellos le pareció que el alma de Filia lo  llamaba con una intensidad y fervor que sobrepasaban todo lo que una vez había  sentido de ella, por un instante el alma de Xellos quizo corresponder con la  misma intensidad y fervor...

Vuelta, vuelta y cambio. Y la princesa Filia  se escurrió de entre sus brazos a los brazos de Monuke  nuevamente.

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Demon Child
Capítulo 18
El Baile - Primera Parte
Capítulo 19
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