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Lo de  siempre, los personajes de Slayers no me pertenecen ni nada por el  estilo.

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Youki despertó sobresaltado y con un leve dolor  de cabeza. Le había parecido escuchar un grito, la princesa tal vez... no estaba  muy seguro. Lentamente fue recordando los sucesos de la noche anterior. Observó  a su alrededor y no reconoció nada. Estaba tirado sobre unas gruesas pieles, al  parecer de varios animales. Probó moverse y sintió las sogas apretar sus  muñecas.

"Buenos días." Escuchó una voz aterciopelada saludarlo a sus  espaldas. Se volteó suavemente hasta quedar mirando a la emperatriz. Una sonrisa  se dibujó en los labios del sastre.

"Buenos días Emperatriz, ¿cómo  amaneció su Excelencia esta mañana?" Dijo mientras intentaba hacerle una  graciosa reverencia. Zellas levantó una ceja intrigada, ¿aquello era educación o  una burla?

"¿Por qué secuestraste al príncipe?" Gruñó cansada al tiempo  que acercaba la punta de su espada al cuello del hombre.

"¿Ni siquiera  soy digno del desayuno?" Youki sintió la punta de la espada presionar contra su  piel, una leve punzada le indicó que el filo ahora probaba su carne. Cerró los  ojos e hizo un llamado mental a sus sirvientes, aunque la Emperatriz lo hubiera  atrapado no iba a ser tan fácil conservarlo prisionero. "Un poco más,  Emperatriz, y perderá al único testigo del paradero del príncipe." Un extraño  brillo en su mirada le indicó que la mujer se debatía entre traspasarlo allí  mismo o dejarlo con vida.

Zellas pareció meditarlo un rato y retiró la  espada pero no sin antes emitir un gruñido de desesperación. "En estos momentos  el príncipe está a merced de un mal mayor. Aunque le sea dificil creerlo soy el  único que puede protegerlo y mi estadía en este lugar sólo lo pone en riesgo."  La sonrisa de Youki se había vuelto una seria línea. El fuego dorado se revolvió  salvajemente.

"¡No estaría en riesgo alguno si no fuera por tu culpa!"  Gritó furiosa la mujer tomándolo por la camisa y sacudiéndolo con violencia.  "¡Quiero a mi hijo de vuelta!" La fiera mirada y el estado de completo caos le  decían que veía a la muerte a los ojos, porque en aquellos momentos Zellas era  la encarnación de la destrucción contenida en el pequeño cuerpo de una mujer.  Una diosa de la muerte.

"Tendrás a tu hijo de vuelta... y con ganancia."  Le susurró Youki, nuevamente hechizado por aquella furiosa mirada dorada. "Sólo  tienes que esperar un poco más." La respiración parecía escapársele a momentos  con ella tan cerca. Se prometió que cuando todo aquello acabara él iba a tomarse  el tiempo de disfrutar de esa promesa de muerte y destrucción.

De repente  se formó el pandemonio justo fuera de la tienda de la Emperatriz. Youki sonrió,  sin esfuerzo aparente sus pies y manos quedaron libres. Zellas no tuvo tiempo de  reaccionar cuando el hombre la tomó de la nuca y capturó su boca en un furioso  beso. Cuando Youki la soltó se puso de pie de inmediato. "Parece que ya vinieron  por mí." Justo en esos momentos tres lobas blancas entraron a la tienda y se  interpusieron entre la pareja. Dos jovencitas entraron tras las bestias y  saludaron con una leve reverencia al sastre. Zellas pudo ver que los trajes de  las jóvenes destacaban hermosos bordados. "Chicas, la Emperatriz se está  acercando demasiado rápido a nuestro... palacio. ¿Serían tan amables de  retrasarla un poco?" Las dos jóvenes fijaron sus trasnparentes miradas en la  mujer y Zellas se puso en guardia de inmediato. "Por favor no vayan a dañar los  trajes, me costaron mucho trabajo." Sonrió al tiempo que le daba una guiñada a  la Emperatriz y desaparecía.

Las dos jovencitas, ante el asombro de  Zellas, se convirtieron en bestias iguales a sus compañeras y con un leve  gruñido salieron de la tienda. Pronto en todo el campamento podían escucharse  los gritos del ejército de Koubuchi tratando de espantar a los terribles  animales que a su paso encendían las tiendas y todo lo que sus cuerpos tocaban.  Zellas no pudo controlar un grito de rabia mientras se lanzaba en persecución de  ellas.

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Era temprano en la mañana y todos en el pasillo  observaban cómo las dos figuras continuaban enfrascadas en lo que parecía ser la  pelea del siglo. Los cabellos volaban por todas partes mientras que Lina y su  grupo veían cómo la princesa de Tougen y su compañero de juegos continuaban, en  las más finas palabras, despellejándose vivos. La intensidad de la pelea había  despertado incluso a Monuke, quien se acercó a la puerta a pesar de las miradas  de desaprobación del resto del grupo que se mantenían a una distancia  prudente.

"Princesa Filia, ¿cómo es posible que se rebaje ante un  sirviente de esta forma?" Gimoteó indignado el joven. El único aviso de que algo  iba a suceder fue la mirada de Filia. Al instante siguiente una esfera luminosa  lo envolvió. Los espectadores del suceso no pudieron más que comenzar a reir  como desquiciados mientras el príncipe de Giman, que acababa de recuperar la  lisura de sus cabellos pero en contra de la gravedad, se alejaba murmurando  incoherencias. Unas leves chispas azules brotando de cuerpo cada vez que daba un  paso y lo hacían crispar. Xellos lo observó también pero nada de lo que sucedía  a su alrededor le hacía gracia en esos momentos y comenzó a juguetear con sus  anillos.

Filia, sin embargo, había recuperado el buen humor. Se sacudió  las manos y se volteó a ver a Xellos, una expresión dolida se había anidado en  los negros ojos. "¿Podrían siquiera permitirme un poco de privacidad ahora?"  Dijo sin quitar la mirada de la princesa. Los demás principes no se hicieron  esperar y desaparecieron pasillo abajo.

"¿Podría dejarme sólo, princesa?"  Repitió un poco tenso.

"Pero Xellos, sólo fue una reacción. No fue mi  intención..." Le dijo un tanto sorprendida por la terquedad del joven en aceptar  sus disculpas.

"Filia, por favor. Déjame solo." Le dio la espalda e hizo  ademán de alejarse. Filia apretó los puños con fuerza mientras una pequeña  lágrima amenazaba con escapársele.

"No, no te voy a dejar solo. Y te  ordeno que te detengas." Xellos se detuvo al instante, tanto por la órden como  por la sorpresa de que Filia le hubiera ordenado. Ella había prometido no  hacerlo nunca, lo había prometido... Se sintió traicionado en esos momentos y en  su pecho algo más le dolía, algo que no podía explicar.

La princesa se  acercó y se paró frente a él. "Xel-kun, no seas así conmigo. Te necesito." Lo  abrazó con fuerza y Xellos sintió que el mundo se le desmoronaba a su alrededor.  "Te necesito a mi lado, por favor." Esta vez fue Xellos quien no pudo contener  los sentimientos que aquella declaración le causaba.

"Lo siento Filia...  es sólo que..." No pudo continuar, sentía la garganta cerrársele con  dolor.

"Yo tampoco quiero separarme de ti." Terminó la princesa por él y  tuvo que estrecharla entre sus brazos mientras ocultaba su rostro en los tupidos  mechones rubios.

"No podremos estar juntos por mucho tiempo..." Logró  susurrar entre leves sollozos el joven.

"Shhh... no hables nada ahora,  por favor." Gimoteó la princesa. "Sólo vamos a tratar de estar de buenas  mientras podamos." El joven asintió ante la sugerencia de la princesa y ambos se  quedaron abrazados por un largo rato.

Cuando finalmente Filia bajó al  comedor para desayunar sus ojos estaban enrojecidos y su nariz un poco hinchada.  Lina, Gourry, Amelia y Zelgadis la observaron y al notar el estado de la joven  se voltearon a mirar con rencor a Monuke, quien ignoró las miradas que  recibía.

"Buenos días princesa Filia. ¿Por qué no la acompaña el joven  con quien discutía tan acaloradamente esta mañana? Así tendría el gusto de  conocer al sirviente a quien la princesa le permite tantos privilegios." El  saludo fue frío y calculado. Filia se sintió demasiado agobiada como para  dignificar la pregunta con una respuesta. Esta vez fue Amelia quien  reaccionó.

"Príncipe Monuke. ¿Cómo es posible que esté tan falto de  educación y modales?" Le dijo mientras lo señalaba con un dedo.

"Es la  princesa quien está falta de modales, ¿cómo es posible que se atreva a atacar a  su futuro esposo?" Monuke levantó la barbilla altaneramente como quien tiene  todo el derecho a quejarse de que la lluvia moja.

"¿Futuro esposo? Ni  siquiera se han comprometido." Murmuró Lina con disgusto.

"Detalles."  Respondió el aludido.

"¿Podrían dejar de hablar de mí como si no  estuviera aquí?" Rugió Filia disgustada.

"Es obvio que usted, princesa  Filia, carece de los modales y educación correspondientes a su realeza así que  por qué habría yo de ser educado..." Monuke había comenzado con otra de sus  desacertadas observaciones.

Esta vez fueron cinco hechizos los que  recibió el príncipe. Minutos más tarde una humeante figura caminaba por los  pasillos del palacio de Tougen en busca de su habitación mientras en el comedor  los sirvientes servían el desayuno al resto del grupo.

"Maldita princesa  malcriada y su grupo de payasos." Murmuró el joven Monuke mientras iba de camino  a su habitación y se sacudía las chamuscadas ropas y lo que quedaba de sus antes  largos cabellos. "Esta me la van a pagar, juro que me las van a pagar." Estaba a  punto de doblar la esquina para tomar el pasillo que lo llevaría a su habitación  cuando recordó la escena de la mañana. Se desvió de inmediato y se adentró en el  pasillo donde estaban las habitaciones de la princesa.

La primera puerta  que escogió lo llevó a una especie de cuarto de juegos. Observó a su alrededor  la decoración. "Al menos no es rosa." Gruñó con desdén y comenzó a rebuscar  entre los juegos de estrategia que vio en una esquina.

"¿Quién anda ahí?"  Escuchó una voz a sus espaldas y volteó a ver. Se encontró de frente con  Xellos.

"Vaya, vaya, si no es otro que el sirviente de la princesa Filia.  Uno que no conoce su lugar." Xellos retrocedió un paso y se tocó los anillos  inconscientemente, sabía que no podía arriesgarse a un enfrentamiento con aquel  personaje sin que Filia o alguno de sus amigos estuviera presente. El collar lo  hacía presa fácil de cualquiera que tuviera la costumbre de ordenar cosas.  Desgraciadamente en esos momentos al príncipe de Giman se le ocurrió hacer uso  de sus excelentes destrezas como monarca.

"Entra y siéntate. Quiero saber  por qué la princesa Filia te tiene en tanta estima." Le hizo un gesto hacia la  mesa mientras sacaba de entre los juegos de estrategia una simple mesa de  ajedrez. Tuvo que obedecer y prontamente se sentó a la mesa sin decir  palabra.

Monuke colocó las piezas del juego sobre el tablero, asignándole  las negras al joven. El juego comenzó y no pasó mucho tiempo cuando Monuke se  diera cuenta que Xellos era mejor jugador que él. Maldijo en su mente pero luego  una sonrisa malévola se mostró en sus labios.

"No me has dicho tu nombre  sirviente." El tono en la voz dejaba al descubierto la burla con la que se  dirigía al joven.

A Xellos le pareció que su autocontrol pronto  desaparecería. Pero aquel era el prometido de Filia, con el cual se desposaría  en un futuro la joven. No encontró otra salida más que actuar con cautela.  "Xellos."

"¿Sólo Xellos?"

"Hai."

"¿Y qué tipo de sirviente  eres... Xellos." Nuevamente enfatizaba aquella palabra. En su interior Monuke se  regocijaba de ver cómo el joven palidecía y estaba seguro que era de la  rabia.

"Soy el compañero de juegos de la princesa, un regalo de  cumpleaños de parte del Ministro para su alteza."

"Oh... Supongo entonces  que la princesa podrá conservarte luego de que nos casemos, después de todo...  eres sólo un sirviente. Podrías ser de ayuda en el palacio de Giman." El veneno  con que hablaba le estaba haciendo daño al joven, tanto que sus manos comenzaron  a temblar bajo la mesa. "Sí, creo que podría utilizarte como mi paje personal.  Porque cuando la princesa se case ya no necesitará de un compañero de juegos."  Poco faltó para que Xellos se levantara de la mesa y estrangulara en aquel mismo  instante al príncipe engreído pero un toque a la puerta evitó la situacón a  tiempo.

"¡Xellos-san! Aquí está. Le he estado buscando por todo el  palacio. Necesito que se mida la chaqueta que utilizará en el próximo baile."  Xellos observó con incredulidad al sastre que acababa de entrar por la puerta y  luego miró al príncipe de Giman. "Vamos jovencito, no tengo todo el día, de  pie." El joven se puso de pie de inmediato y agradeció que el sastre pronunciara  la órden que él mismo no podía hacer obedecer a sus piernas. "Discúlpeme Alteza,  pero estoy seguro que podrá continuar el juego con el joven Zelgadis, él es  mucho más diestro que el joven Xellos en asuntos de estrategia." Le dijo el  sastre con zocarronería al fijarse en el juego y ver que las fichas blancas  llevaban las de perder. Dejando a un muy airado Monuke rabiando  solo.

Xellos siguió entonces al sastre hasta la recámara donde se hacían  los trajes y bordados. Suspiró con tristeza y Youki se le quedó viendo un rato  antes de hacerlo pasar al interior. Sin decir una sola palabra comenzó a  quitarse la chaqueta que llevaba.

"Joven Xellos, ¿qué le  sucede?"

"Nada..."

"Seguramente no ha desayunado nada aún. ¿Por  qué no acompaña a la princesa y a sus amigos?" Tomó la chaqueta de manos del  joven y la colocó sobre una de las sillas.

"No puedo, la princesa  tiene... otros asuntos que atender."

"¿Tan temprano en la  mañana?"

"Hai."

"Pues... tampoco he desayunado. ¿Por qué mejor no  vamos a la cocina real y nos escurrimos por la puerta de atrás? Estoy seguro ue  puedo lograr que nos permitan desayunar allí. Luego podemos regresar y se medirá  la chaqueta. Además... conozco un lugar en la cocina desde el cual podemos  espiar el comedor." Le dijo dándole una mirada cómplice mientras le hacía poner  la chaqueta que se había quitado.

Xellos observó la habitación y por  primera vez se dio cuenta de que faltaba algo allí.

"¿Y las  hilanderas?"

"¿Las hilanderas? Pues... las envié a comprar unas sedas al  mercado. Ya sabe joven Xellos, unas sedas especiales para la princesa. Dice que  no quiere verse como un algodón gigante."

Por primera vez en toda la  mañana Xellos sonrió. "Lo sé." Y con paso lento siguió al sastre hacia la  cocina.

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¿Dudas, preguntas, sugerencias, críticas? Todo es  bienvenido. Espero que este capítulo les agrade como los demás. Se cuidan mucho  y no se desanimen. Ja ne minna-san.
Demon Child
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Te Necesito
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