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Les recuerdo  que ninguno de los personajes de Slayers me pertenece.

Sigue el rosa en todo su apogeo,  ejem. Xellos celoso... aún no sabe ni entiende bien que lo está. Los que  interesen ver a Filia poner en su lugar a cierto desdichado entrometido pues se  van a dar gusto. Sigue Lina con sus indiscreciones y ¿que más les puedo decir?  Gracias por leer y por sus opiniones y sugerencias. =)

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"Es  un placer conocer a los amigos de la princesa Filia. Espero que pronto podamos  ser amigos también." Dijo con una sonrisa evidentemente forzada Monuke mientras  saludaba a los cuatro amigos de la princesa. Mientras lo hacía unas cuantas  plumas plateadas que se habían encaprichado con las ropas del príncipe se  desprendieron y Lina se echó a reir por lo bajo. Claro que ella sabía que Filia  venía con el príncipe, claro que ella había desviado el conjuro, pero no era  como si le hubiera hecho daño. Al fin y al cabo, ella no era de las que sufría  por tener una consciencia demasiado recta.

"Para nosotros también es un  placer conocer al príncipe de un Reino poco conocido." Dijo Lina con malicia. El  joven endureció la mirada.

"Poco conocido en estas tierras pero muy  importante entre las tierras del norte." Replicó el joven algo  tenso.

"Claro... burro viejo se vende lejos." Comentó Lina entre un  aparente ataque de tos para luego levantar el rostro y sonreir muy inocentemente  cuando Amelia le dio un buen codazo.

"Disculpa a Lina." Se adelantó a  decir Zelgadis. "Es sólo que nos preguntábamos cómo es posible que hayas podido  cruzar hasta Tougen sin problemas. Hacen meses que no sabemos nada de las  tierras del norte." Comentó Zelgadis sin quitarle la vista de encima. El joven  no se inmutó mientras le contestaba.

"Las tierras del norte han tenido  algunos problemas con bandidos en los caminos y secuestradores, pero estamos  solucionándolo." El aire de superioridad se dejó notar en la postura que asumió  el aludido al responder.

"¿Y no le ha dado temor cruzar los caminos  sabiendo que podría ser atacado, Monuke-san?" Preguntó Amelia con  asombro.

"Soy muy diestro con la espada. Todos los soldados de Giman lo  son. Además, sé defenderme también con magia."

"¿Has estado en duelos de  espadas?" Preguntó esperanzado el rubio. Al verlo sonreir predadoramente el  joven retrocedió un paso por primera vez en toda la conversación.

"En  algunos, por suerte nunca me ha tocado defenderme con la espada. Para eso tengo  la magia." Comentó y todos pudieron ver la desilusión pintada en el rostro del  rubio.

"Supongo que eres muy bueno con la magia. De otra forma no te  habrías aventurado a cruzar hasta estas tierras con tan poca escolta." Observó  Lina.

"Eh... Lina... por qué no mejor hablamos de otros... aspectos." Era  la primera vez que Filia intervenía, no quería comenzar una relación hostil con  el reino de Giman sólo porque la peliroja estaba en contra del compromiso  arreglado. No era como si el chico le gustara pero tampoco iba a permitir que se  ofendiera a un invitado de la casa de Tougen, aún cuando ese invitado le causara  escalofríos. Después de todo... era la princesa.

"Pamplinas Filia. Sólo  quisiera un duelo amistoso." Sonrió la peliroja dándole una guiñada y frotándose  las manos como quien calienta los músculos para comenzar una rutina de  ejercicios.

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Era la hora de la cena y tres figuras  devoraban la comida mientras otras tres conversaban levemente. El príncipe  Monuke aún trataba de sacudirse algunas plumas, esta vez de un color verde  brillante mientras trataba de evitar producir más burbujas rosadas en el  proceso. Claro que ya había dejado de insistir en alisar sus ahora rizados  cabellos y había optado por permitirle a la princesa Amelia que se los trenzara  aunque, ante la insistencia de la joven y una mirada pétrea de su prometido,  tuvo que aceptar el enorme lazo morado al final de la misma. Por suerte no había  recibido más burlas de parte de Lina aunque con sólo mirarla podía adivinar que  las estaba guardando para después de la comida. Al joven se le notaba el mal  humor a leguas pero hasta el momento había logrado controlarse  olímpicamente.

Pronto la cena concluyó y cada uno se dirigió a sus  habitaciones. La princesa fue la primera en despedirse, principalmente por  querer salir de la presencia de su futuro prometido que a esas horas de la noche  ya le crispaba los nervios. Se disculpó lo mejor que pudo con sus amigos para  luego mostrarle la habitación que ocuparía a Monuke.

Ya en la puerta el  joven se dirigió a ella. "Espero que descanse princesa. Ha sido un día un poco  agitado para ambos." Le dijo el joven al tiempo que volvía a tomar la mano de  Filia y le daba un cálido beso. Filia trató de retirarla pero Monuke la sujetó  con firmeza. "Es una pena que no le haya agradado a sus amigos." Le dijo  mirándola con intensidad.

"Sólo reaccionan así porque no le conocen bien  Monuke-san." Le dijo al tiempo que trataba nuevamente de safar su mano. "Mañana  será otro día, seguramente podrán conocerse mejor." Sugirió la rubia.

"La  verdad esperaba que pudieramos pasar algún momento sólos. Mi visita a Tougen  será corta y no quisiera desviarme del objetivo de la misma que es conocerte  mejor." Monuke la acercó levemente a sí mismo y con la mano libre acarició  suavemente el rostro de la princesa.

En un nanosegundo Filia se safó de  la mano que la aprisionaba y antes de que el príncipe de Giman pudiera  reaccionar se encontró contra la pared con unos furiosos ojos azules clavados en  los suyos. Una mueca rabiosa poseía el rostro de la antes perfecta damita y una  de las que antes le habían parecido delicadas manos lo sujetaban por el frente  de su camisa con una fuerza que casi lo levantaba del suelo.

"Vuelves a  tocarme sin mi consentimiento y no quedará nada de ti para regresar a tu reino.  ¿Quedó claro?" El gruñido fue leve y forzado pero perfectamente audible. El  príncipe sonrió a pesar de todo y levantó las manos en señal de paz.

"No  se me ocurriría ignorar semejante promesa." La sonrisa, más que calmar a Filia,  la enfureció. Una leve aura dorada pareció cubrirla por unos instantes pero  desapareció rápidamente. Filia lo soltó bruscamente y se alisó el traje,  levantando la barbilla.

"Que descanse, príncipe Monuke." Y sin más Filia  salió con su pose más arrogante. *Y que sueñes con Linas rostizándote el pellejo  en las llamas del quinto infierno.* Añadió en su mente con rencor.

El  príncipe se quedó frente a la puerta y la vio desaparecer al final del pasillo.  Su habitación no quedaba para nada cerca de la princesa. Se alisó la camisa  mecánicamente, un brillo peligroso en los gélidos ojos azules. "Que descanse  princesa Filia, será un verdadero placer ver a la malcriada del Rey postrada de  rodillas y suplicando clemencia frente a mis pies." Una leve sonrisa subió a su  rostro y se fue torciendo en un gesto de pura maldad. Finalmente entró a su  cuarto y se encerró.

Filia por su parte, entró a su habitación y se  preparó para dormir. Estuvo un buen rato despierta sobre la cama, dando vueltas  y más vueltas. Era obvio que esa noche no podría dormir. Se sentó en el borde de  la cama y se puso las pantuflas. Se asomó al pasillo y al ver que todo estaba  libre salió de puntillas de su habitación, cerró la puerta a sus espaldas y se  escurrió hasta la puerta contigua. Tocó levemente y al no recibir respuesta  utilizó un conjuro mágico para levantar el seguro de madera y así  entrar.

Se acercó silenciosamente a la cama donde Xellos dormía  profundamente. El perfume propio del cuerpo del chico estaba impregnado en toda  la habitación y Filia se sintió un poco más tranquila. Había estado todo el día  sin ver a Xellos y ahora que se iba a dormir al menos sabría que estaría cerca  de él y eso la consolaba un poco. Se acercó a los cajones donde sabía que se  guardaban los colchones extras. Sacó dos y luego con mucho cuidado robó una de  las almohadas. Acomodó un colchón en el suelo y la almohada. Luego se acostó y  se arropó. Al poco rato ya estaba dormida, arrullada por el rítmico respirar del  joven.

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La noche se cernía pesadamente sobre el bosque  donde Youki se encontraba. Corría como el viento, esta vez no había llevado  ninguna montura y tras él se podía escuchar un galopar cada vez más cercano.  Todos sus sentidos estaban alertas, sabía que pronto sería alcanzado. Una leve  sonrisa se coló a pesar de la agitada respiración. El caballo le fue dando  alcance y justo cuando sabía que el animal lo rebasaría y el jinete blandiría  contra él su espada se tiró al suelo y rodó por unos segundos.

El negro  animal se detuvo un poco más adelante, resoplando agitadamente y él se puso en  pie de inmediato, alerta en todo momento.

"¿Dónde está?" Resonó la  inconfundible voz de la Emperatriz de Koubuchi. Se escuchaba cargada de ira pero  una nota de dolor se tejía en ella.

"Aún no es tiempo." Le sonrió el  hombre mientras cruzaba los brazos sobre su pecho, sus brillantes ojos verdes  parecían refulgir como gemas y desde aquella distancia la Zellas pudo captar por  primera vez las pequeñas garras en las manos del hombre. Sus ojos se abrieron  desmesuradamente. Aquel no era un simple hombre, era un demonio. Igual que su  hijo. ¿Por qué? El recuerdo de Xellos la golpeó con más fuerza que nunca.  Desmontó con presteza, espada en mano, los plateados cabellos al viento y con  paso lento pero seguro se fue acercándo al hombre.

"Me llevarás con él,  ¿no es así?" Le dijo con voz tersa. Era más una afirmación que una pregunta. Un  pequeño hálito de esperanza se aferraba desesperadamente a sus  palabras.

El hombre perdió la sonrisa burlona. La mujer frente a él se  acercaba con lentitud, armada pero sin mostrarse amenazante. Sus cabellos  parecían flotar tras ella, como un ángel de la muerte. La visión lo hechizó y lo  detuvo en su lugar, su propia naturaleza destructiva, aquella que había  suprimido por tanto tiempo en favor de su estadía en el palacio de Tougen,  respondía a la imagen de la muerte misma. "A su debido tiempo." Mumuró cuando  finalmente sintió la espada contra su cuello. Sintió un calor recorrer todo su  cuerpo al contacto de la espada, la Emperatriz emanaba dolor, ira, tristeza,  todo a la misma vez y su espada olía a sangre, la sangre de cientos,  probablemente de miles. Aquella era una mezcla de sensaciones que no podía  resistir.

Un estremecimiento lo sacó de sus pensamientos, los ojos  dorados de la mujer estaban fijos en los suyos, como si tratara de traspasarlo.  Las palabras escaparon de sus labios mucho antes de que pudiera detenerlas cual  susurro clandestino. "Eres... ...hermosa."

Zellas aguzó la mirada y sin  aviso alguno en un simple pero potente golpe lo dejó inconsciente. "Y tú eres un  tonto." Dijo al tiempo que llamaba su montura con un suave silbido. Cuando su  caballo se acercó sacó una soga y lo ató de pies y manos, luego sin mucho  miramiento, lo tiró sobre el caballo y montó. Con presteza hincó a la bestia y  salió al galope.

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La mañana sorprendió a Filia aún dormida  en el cuarto de Xellos. El joven se desperezó levemente y se sentó en el borde  de la cama cuando sintió a sus pies un leve bulto. Se restregó los ojos y se  fijó mejor, él sabía que no había dejado nada tirado en el suelo. Lo que vio le  conmovió profundamente. La princesa dormía profundamente pero era obvio que el  suelo no era lo más cómodo del mundo para ella. Se levantó con cuidado e hizo  espacio en su cama. Luego procedió a colocar a la princesa en el espacio que  acababa de desocupar y terminó arropándola con sus cobijas. Filia se reacomodó  de inmediato y pronto estaba dormida otra vez.

Sonrió para sus adentros.  El día anterior la había extrañado sobremanera. Había sido la primera vez que  estuvieran separados tanto tiempo en los dos años que llevaban juntos. Se  adentró en el baño para hacer su rutina matutina y al salir vio a la princesa  aún dormida. Sonrió divertido, sólo con eso tendría para molestarla hasta su  próximo cumpleaños. Al momento su sonrisa desapareció. Recordó que cuando Filia  cumpliera sus quince años sería comprometida con el joven Monuke al cual ya  había tenido el desagradable gusto de conocer, aunque fuera de  lejos.

Xellos no sabía por qué, pero cada vez que veía al príncipe Monuke  sentía una desagradable sensación, como una presencia conocida. Era casi como...  No, se dijo firmemente, no podía existir en el mundo otra persona tan  desagradable como aquella que él conocía. Un leve ruidito llamó su atención,  Filia estaba despertando. Se sentó en el borde de la cama y la observó  desperezarse lentamente, al menos ahora sabía que Filia no roncaba y que no  hablaba entre sueños.

"Buenos días Fi-chan." Un poco de travesura y burla  se mezcló en su saludo. Filia parpadeó confundida y se restregó los ojos para  ver mejor, pero ninguno de sus movimientos le advirtió a Xellos que Filia  continuaba un poco... adormilada y que no lo estaba reconociendo en esos  momentos.

"¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAHHHHHHH!!!!!!!!  ¡¡PERVERTIDO!!"

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¿Qué les pareció hasta aquí ehhhh? Me  divertí mucho con este capítulo, no sé, pero torturar a algunos de los  personajes como que me hace sacar el estrés. En fin!! Ya saben, dudas,  preguntas, críticas, comentarios, todo es bienvenido. Se me cuidan mucho y hasta  la próxima. Esta vez no me he tardado tanto así que sean guenitos conmigo  ehh.

Ja ne, minna-san
Demon Child
Capítulo 15
Amanece...
Capítulo 16
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