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Como siempre, los personajes de Slayers  pertenecen a su creador, no me estoy adjudicando propiedad alguna sobre ninguno  de ellos.

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Filia  estaba desesperada, no entendía cómo el Ministro había logrado convencer a su  padre de comprometerla en matrimonio, porque al fin y al cabo, aquel compromiso  era obra del Primer Ministro.

Luego de la fiesta Filia había tratado de  razonar con sus padres pero fue finalmente aquel hombre que ahora odiaba más que  nunca el que la hizo entender que el "consejo" de comprometerla había sido suyo.  En su mente la joven princesa se veia comprometida con un horrible y detestable  engendro heredero al trono de no sabía cuál reino.

"¡¡Esto es absurdo,  absurdo, absurdo!!" Su voz ya no se escuchaba tan chillona ahora que cumplía sus  catorce. Xellos la observaba desde uno de los divanes en el famoso cuarto de  juegos de la princesa. El lugar que antes fuera aposento de enormes peluches y  muñecas, ahora albergaba juegos de estrategia y habilidad mental, así como  también libros de magia. Muchos de los tomos eran de la magia más dificil de  controlar, la que según las leyendas habían utilizados los hechiceros de la  Orden del Dragón, poder que era muy dificil de controlar pero a Filia se le daba  como segunda naturaleza.

El joven no estaba tan tranquilo como  aparentaba. Su interior bullía con sentimientos que iban desde odiar al Ministro  por hacer sufrir a Filia y odiar al príncipe que aún no conocía por hacer sufrir  a Filia... ah... todo se concentraba en lo mucho que sufría la joven y ya no  podía evitarlo. Cada día a su lado le había hecho cambiar poco a poco, cada día  la amistad entre ambos iba en aumento de forma constante. En esos momentos  hubiera dado cualquier cosa por darle una esperanza a la princesa como alguna  vez ella lo hubiera hecho con un simple papel y unas palabras.

Filia por  su parte se paseaba desesperada de arriba a abajo por la habitación. Según lo  que le habían dicho sus padres, el día de su cumpleaños número quince se  comprometería con el que habría de ser su esposo, el príncipe de Giman.

Y  lo peor de todo, pensaba Filia, era que el Ministro quería asegurarse de que el  compromiso fuera respetado por la joven princesa, por lo que había convencido a  los padres de Filia de cerrar el compromiso con un sello mágico. Así que el día  de su cumpleaños lo celebrarían con un conjuro de compromiso.

"¿Qué voy a  hacer Xellos?" Le preguntó desesperada pero sin esperar respuesta. Se abrazaba  nerviosamente como si temiera derrumbarse.

"No lo sé Filia, realmente no  lo sé." A Xellos le comenzaba a afectar el estado en que se encontraba la  princesa. Nunca la había visto tan desesperada y triste, la princesa era todo lo  contrario. Que ya había aprendido a no ser tan grosera, quizás. Que había  madurado, no era para tanto, seguía siendo una pequeña. Pero nunca nada había  logrado atemorizarla tanto como la noticia del compromiso. Se acercó a la rubia  y la abrazó ligeramente, con lo que Filia se echó a llorar  desconsoladamente.

Ahora Xellos podía sentir toda la tristeza que Filia  sentía, literalmente. No sólo emanaba del cuerpo de ella sino del suyo propio.  Sí, Xellos se encontraba casi en el mismo estado que Filia y esta vez no era por  el collar. Si en algún momento había sentido que Filia actuaba raro alrededor  suyo, ahora sentía que era él quien actuaba extraño alrededor de ella. ¿Pero  cómo era posible eso? Filia era una princesa y él... ni siquiera sabía lo que  era él. Zelgadis había dicho que su magia era demoniaca y que sólo habían dos  opciones... o era un demonio, opción que habían descartado de inmediato, o era  uno de los aprendices de las artes obscuras. Hablando precisamente de Zelgadis,  al otro lado de la puerta se escucharon unos leves toques.

"¿Filia?" Era  la voz del joven príncipe. Xellos trató de separarse de la princesa pero ella no  se lo permitió, al contrario, lo abrazó con más fuerza. Finalmente Xellos la  dejó ser mientras le devolvía muy fuertemente el abrazo.

"Adelante." Le  respondió. Al momento se abrió la puerta y por ella entraron los cuatro  príncipes amigos de Filia. La primera en reaccionar fue Amelia, sus enormes ojos  azules se mojaron de inmediato y sus acciones se dividían entre abrazar a Filia  y contenerse porque aún se encontraba en los brazos de Xellos. Zelgadis la tomó  de los hombros al ver la escena impidiéndole así interrumpirlos. Lina sólo tenía  una mirada llena de ira mientras Gourry, preocupado, se le había acercado pero  sin tocarla.

"¿Ahora entiendes por qué me molesto tanto cuando alguien  toma decisiones por mí?" Le dijo la peliroja al rubio en lo que parecía ser un  siseo.

Filia al escucharlos hundió el rostro más en el pecho de Xellos,  quería estar a solas, que la dejaran en paz, no escuchar a nadie y tratar de  reunir sus pensamientos. Pero había algo más... quería estar a solas con Xellos,  por alguna razón que todavía no comprendía necesitaba estar a solas con  él.

"¿Por qué no le damos un poco de espacio?" Sugirió Gourry. Zelgadis  asintió y a pesar de las protestas de Lina y Amelia y sus mejores deseos de  consolar a la princesa pronto la pareja estuvo a solas. Los príncipes se  quedaron en el pasillo.

"Esto no me gusta para nada." Gruñó Lina mientras  se paseaba peligrosamente de arriba a abajo en el pasillo. Lina había crecido  también y aunque tenía la misma edad que Filia y tenían la misma estatura, su  cuerpo aún no se desarrollaba como el de la rubia. Amelia por su parte, a sus  trece años ya mostraba muchas más curvas que sus amigas y Zelgadis no se cansaba  de verla crecer todos los días. El también había crecido, a sus dieciseis su  cuerpo ya comenzaba a mostrarse menos frágil, aunque sólo de apariencia pues  Zelgadis había demostrado en más de una ocasión que su cuerpo guardaba  suficiente fuerza como para enfrentarse al mismo Gourry. Incluso el rubio, que  ahora tenía sus dieciocho y que se había vuelto el fiel amigo y confidente de  Lina había cambiado físicamente, sus cabellos eran tan largos como siempre pero  mucho mejor cuidados. Su cuerpo aunque esbelto, mostraba los músculos que la  esgrima había cincelado especialmente en sus brazos y torso, si a eso se le  añadía su altura daba una combinación casi élfica.

"Es una injusticia,  una verdadera injusticia." Dijo Amelia con lágrimas en los ojos mientras  apretaba con desespero la mano de Zel, quien la abrazó levemente y le dio un  casto beso en la frente apretándola luego contra sí. Lina por su parte no se  estaba tranquila. Gourry la observaba desde su rincón, sabía perfectamente que  la peliroja no estaba planeando nada bueno.

Aún discutían levemente  cuando uno de los sirvientes se acercó con las intenciones de interrumpir al  interior de la habitación. Lina lo detuvo y ante la indecisión del joven  mensajero un gruñido de advertencia fue más que suficiente para que el mensaje  fuera dejado en manos de la peliroja.

Lina leyó el mensaje y el rostro se  le puso rojo de la ira. Gourry le quitó el papel de las manos con tranquilidad y  comenzó a leer en voz alta.

"Muy estimada princesa Filia. Lamento no  haber estado presente el día de su cumpleaños para presentarme como era debido,  pero dada la enorme distancia a la cual me encuentro aún de vuestro palacio no  me ha sido posible llegar a tiempo. Espero poder estar a vuestro servicio en  pocos días y así poder llegar a conocerle mejor. Su más humilde admirador... El  príncipe de Giman." Gourry entonces le pasó la nota a Zelgadis quien también la  leyó.

"Si como dice viene de muy lejos entonces ha sido un milagro que  puda llegar hasta aquí. El único paso que conozco hacia las tierras de Tougen es  por nuestros reinos y más lejos sólo están las tierras del norte. Hace meses ya  que hemos perdido contacto con esas partes." Dijo Zelgadis con sospecha.  "Además, no sabía de la existencia de las tierras de Giman." Aquello era mucho  decir.

"De todas formas si ya viene en camino habrá que esperar a ver y  hablar con el príncipe. Quizás así obtengamos algunas respuestas." Sugirió  Gourry.

"Creo que le enviaré una carta a mi padre... pienso quedarme unos  días más en Tougen. Así podré conocer al representante de un Reino que no teme  por la seguridad de su heredero al trono." Dijo Lina con la mirada sombría. Los  demás asintieron, no iban a dejar a Filia sola en ningún momento.

En otra  parte del castillo un hombre se revolvía inquieto en su habitación. "Kuso. Tal  parece que tendré que adelantar mis planes." Dijo al tiempo que una delicada  garra negra acariciaba lentamente la superficie pulida de un  espejo.

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El día en que le príncipe de Giman llegaría a  Tougen se presentó demasiado pronto. Un mensajero a caballo llevó el mensaje a  la atención de los reyes para que el príncipe fuera recibido como  merecía.

A las pocas horas una hermosa carroza tirada por albos corceles  se detuvo a la entrada del palacio de Tougen y solicitó paso franco a nombre del  príncipe de Giman. Seis cabecitas se asomaron al balcón que daba justo al patio  del castillo donde la carroza se acercó y finalmente el cochero se bajó para  abrir la puerta.

Una elegante figura bajó de la misma ataviado con una  hermosa capa. A la distancia lo primero que los príncipes pudieron distinguir  cuando el recién llegado quitó la capa de su cabeza fueron unos negrísimos  cabellos recogidos con una cinta roja. El individuo sintió que era observado y  levantó la vista, al instante divisó al grupo y levantó una mano para saludar.  Los jóvenes se escondieron de inmediato y una sonrisa adornó los labios del  príncipe de Giman.

Pronto Filia recibió órdenes de sus padres de  presentarse al salón principal. Suspiró profundamente y se dispuso a conocer a  futuro prometido.

Con algo de tímidez se adentró en el salón donde tres  figuras la esperaban. Al llegar a ellos pudo entonces echarle un mejor vistazo  al príncipe. Era tan alto como Xellos, con cabellos tan negros como él pero sus  ojos eran de un color azul tan pálido que a Filia le costó trabajo mantener la  mirada. El joven se le acercó, tomó su mano y la besó. Filia sintió un helado  escalofrío recorrerle el cuerpo y rescató su mano de inmediato, limitándose a  una pequeña reverencia mientras sus padres le presentaban al  joven.

"Filia, hija, este es el príncipe Monuke, del reino de Giman. Ha  venido a visitarnos para así poder conocerte mejor. ¿Por qué no le muestras el  palacio y demás mientras llega la hora de la cena?" Le recomendó su padre con  una sonrisa. Filia asintió con una leve reverencia mientras Monuke le extendía  el brazo y ella se colgaba algo tensamente de él.

La princesa salió del  salón, ni siquiera quería mirar de reojo al joven que iba de su brazo. Suspiró  un tanto aliviada al ver que el pasillo donde hasta hacía poco habían estado sus  amigos ahora estaba vacío, por lo menos aún no tendría que enfrentarse a ellos.  Lo menos que podría pasar era que Lina formara alguna escena o algo peor... y no  quería pensar cuán peor.

"Princesa Filia, me ha comentado vuestra madre  que en el palacio se están hospedando algunos amigos suyos." Filia levantó la  mirada con algo de temor y los fríos ojos del príncipe parecieron sonreirle.  "Sería para mí un honor conocer a los amigos de la princesa."  Concluyó.

La rubia no pudo evitar morderse los labios antes de asentir a  llevarlo con sus amigos. "Hai." Estaba segura de que los problemas se acercaban.  Con algo de nerviosismo comenzó a buscar a sus amigos por el palacio hasta que  finalmente logró escucharlos en el jardín. Al principio le pareció extraño  escucharlos gritar pero desde lejos no podía entender nada de lo que los  príncipes hablaban. Se fueron acercando por la vereda y Filia estaba segura de  que pronto los divisarían, sólo faltaba doblar la útlima esquina de los  arbustos. Le pareció distinguir las voces de Zelgadis y Lina.

"¿Zelgadis?  ¿Lina?" Llamó justo en el momento en que doblaba la esquina y sus reflejos la  hicieron soltar el brazo del príncipe y cubrirse el rostro mientras se apartaba.  Una bola de energía plateada en forma de cometa golpeó de lleno a Monuke y  cuando Filia abrió los ojos nuevamente no pudo menos que echarse a reir como una  desquiciada. Justo a su lado estaba lo que parecía ser su futuro prometido,  cubierto de pies a cabeza de plumas blancas y plateadas, sólo se veían sus ojos  azules que parpadeaban asombrados.

Cuando logró reaccionar y comenzó a  sacudirse las plumas el grupo completo comenzó a reirse a carcajadas porque cada  cada movimiento causaba una nubecilla de burbujas rosadas. Lina se acercó y a  pesar de la risa trató de disculparse mientras que Zelgadis y Amelia no podían  estarse en pie. Gourry yacía en el piso desternillado de la risa.

"Lo  sentimos mucho. Pero estabamos practicando algunos ataques de magia y estabamos  tan distraídos que no los vimos llegar." Dijo Lina entre una que otra sonrisa.  Filia observó que Xellos no se hallaba entre sus amigos y dejó escapar un  suspiro desilusionado.

Xellos no estaba con el grupo, a lo lejos  observaba la escena con seriedad, hasta el momento no había podido echarle un  buen vistazo al recién llegado pero ahora que se sacudiera las plumas podría.  Inconscientemente comenzó a jugar con las sortijas en sus dedos, nervioso y algo  inquieto. Sabía que no debía interferir entre ambos, Filia iba a ser  comprometida pronto con aquel joven y su cercanía con la princea no sería bien  vista por nadie.

Mientras aquello sucedía en el jardín, el joven sastre  estaba muy alerta. Xellos acababa de tocar sus anillos y él no podía entender  por qué veia la figura del joven Monuke. "Qué extraño." Susurró. Algunas de las  doncellas levantaron la vista pero al ver que el hombre no volvía a comentar  nada continuaron trabajando.

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Mhhh... ya sé, ya sé, otra  vez tardé mucho, gomen ne, pero esta semana el trabajo ha estado un poco fuerte,  incluso he tenido que trabajar hasta tarde y la verdad que luego de ocho horas y  algo más frente a una pc en el trabajo hacen que a cualquiera se le quiten las  ganas de sentarse otro rato más en la pc.

Y como siempre, dudas,  preguntas, recomendaciones, quejas, todo es bienvenido. Hasta la próxima y se  cuidan mucho.
Demon Child
Capítulo 14
El Príncipe Prometido
Capítulo 15
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