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Recuerden, los personajes de Slayers  pertenecen a su creador, de ninguna forma me estoy adjuicando propiedad alguna  sobre ellos.

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Xellos estaba terminando de vestirse cuando se  acercó al espejo para arreglar su chaqueta. Al mirarse en el cristal un extraño  sentimiento lo embargó. Hacía exactamente dos años que había llegado como  *compañero de juegos* de la princesa de Tougen.

La princesa había  cumplido su promesa, había dejado de tratarlo como a un muñeco, claro que eso no  le hacía que sintiera menos deseos de liberarse del collar. Los amigos de la  princesa estarían presentes en la fiesta pero aún no habían llegado, el viaje  desde los respectivos reinos era uno un tanto largo y se rumoraba que los  caminos se habían vuelto cada vez más peligrosos. Incluso habían perdido  comunicación con algunos de los reinos más lejanos porque los emisarios que  partían no regresaban.

Un leve toque a la puerta lo sacó de sus  cavilaciones.

"¿Sí?" Preguntó suavemente.

"Soy yo,  Filia."

"Adelante." Se pasó una mano por los negros cabellos. Tendría que  recogérselo para la fiesta, ya lo llevaba un poco más abajo de los hombros y la  princesa no había querido que se lo cortara. Hizo una mueca de disgusto, la  princesa le había ordenado que no tratara de cortarlo y no había podido  convencerla de lo contrario. La princesa no había hablado desde que entrara y  Xellos se volteó a verla. No pudo evitar sonreir con asombro.

"Filia,  pensé que irías de blanco." Le dijo divertido y Filia hizo un puchero  enojado.

"No iba a ir vestida de algodón gigante." Dijo mientras cruzaba  los brazos sobre su albo pecho. El joven dejó escapar una risita  divertida.

"Yare, yare, querida Filia, ¿de dónde sacaste ese  traje?"

"¿Te gusta?" Dijo mientras daba una vuelta para  mostrarlo.

"Es muy hermoso. Youki lo hizo, ¿cierto?" La princesa  asintió.

"¿Ya estás listo?"

"Sólo me falta algo." Le dijo al  tiempo que volvía a tomar un mechón de cabello en sus manos. "¿Puedo?" Le dijo  con los ojos enormes la princesa. Xellos suspiró, si bien la princesa no lo  trataba como a un muñeco, le encantaba peinar sus cabellos.

"Estás  obsesionada, ¿lo sabías?"

"Por favor." Gimoteó. Finalmente asintió y  Filia corrió a buscar el cepillo al tiempo que Xellos se sentaba frente al  tocador de madera. Con mucho cuidado Filia comenzó a cepillar el cabello. En su  boca sujetaba una tirita de cuero con la que finalmente sujetó las sedosas  hebras, luego buscó un pequeño aro de plata con el cual cubrió el  cuero.

"Listo." Dijo con una sonrisa mientras acomodaba su cabeza en el  hombro del joven. Xellos sonrió levemente. La princesa estaba actuando cada día  más extraña y no podía entender por qué. No que le molestara la proximidad de  ella, en realidad, no podía relacionarse con ninguna otra persona en palacio por  razones obvias.

En un principio sí le había molestado sobremanera que  Filia no lo dejara solo ni un instante. Se sentía asfixiado. Pero con el tiempo  había comprendido que no sólo la princesa quería evitar que alguien se  aprovechara de su desventaja. En realidad sus mejores amigos eran aquellos  cuatro que tenía y que sólo podían verla de vez en cuando, el resto del tiempo  la pasaba sola. En el fondo la princesa la princesa necesitaba la  compañía.

"Vamos entonces." Se levantó y le ofreció el brazo  galantemente.

Lentamente bajaron las escalinatas hacia el salón  principal. Todo el lugar estaba lleno de hermosas flores. Filia sonrió  entusiasmada mientras Xellos la llevaba del brazo para que pudiera observar  todos los detalles. La joven estaba muy complacida. Cuando al fin la princesa  dio su aprobación, los sirvientes comenzaron a anunciar a los nobles que fuera  de las puertas del salón esperaban a ser recibidos.

El Rey y la Reina  llegaron cuando Filia ya había recibido la mayoría de los invitados de honor.  Xellos los saludó con una profunda reverencia. A pesar de la situación en que se  encontraba no había perdido del todo sus modales. De hecho, era en días como ese  que olvidaba por unos momentos que era esclavo del collar y de la  princesa.

Gourry y Lina estaban entre los que esperaban afuera y Filia y  Xellos los saludaron efusivamente. Desde aquel día en que estuvieran frente a  frente, Lina y Xellos habían aprendido a respetarse profundamente, claro que  Lina aún no podía evitar sus explosivos arrebatos, ser la princesa de Herufaia  ya era mucho decir.

"Lina, ¿has logrado encontrar algo con respecto al  collar?" Esa era la pregunta de rutina de la princesa de Tougen. La cara de Lina  tomó un tono triste y negó con la cabeza, haciendo decaer un poco las esperanzas  de la princesa.

"Filia, no deberías ocuparte en eso ahora." La trató de  animar Xellos. "Después de todo, es tu cumpleaños." La cálida sonrisa la animó  bastante. ¿Cómo no sentirse feliz estando del brazo del joven más guapo de todo  el reino de Tougen? Claro... Filia no lo hubiera aceptado voluntariamente frente  a nadie, menos a sus amigos o frente al mismo Xellos.

Estuvieron  charlando un poco más hasta que finalmente hicieron su entrada Zelgadis y  Amelia. Filia los observó con una sonrisa conocedora. Durante los últimos meses  esos dos se habían vuelto algo más que inseparables. Ya Zelgadis había mostrado  su apego a la pequeña princesa de cabellos negros desde que esta fuera una niña,  pero ahora era algo más tangible. Cuando la pareja se acercó Filia divisó un  detalle en la mano de Amelia que la dejó muy asombrada.

La pequeña  princesa se precipitó sobre Lina y Filia enseguida, dándoles un efusivo abrazo a  las dos, luego saludó a Gourry y a Xellos, ambos le plantaron un beso en la  mejilla.

"Amelia-san, ¿qué es esto?" Le preguntó Filia al tiempo que  levantaba la mano de la morena para ver mejor.

"Ahh... es un  anillo."

"Ya lo sé. ¿Quién te lo dio?" Le preguntó curiosa.

"Yo le  di el anillo. Es un anillo de compromiso." Se adelantó Zelgadis con seriedad.  Las dos chicas quedaron mudas del asombro mientras Amelia enrojecía  visiblemente.

"Nuestros padres han decidido que para mantener la paz y  reforzar los lazos que unen nuestros dos reinos sería mas conveniente  si..."

"Un matrimonio arreglado." Lina casi escupió las palabras. "¿Cómo  pudieron acceder a eso?" Les gritó enojada provocando que varios de los  invitados voltearan para ver qué sucedía.

"Lina... ssshhhh." Le urgió  Gourry. "No provoques una escena aquí. Es el cumpleaños de Filia." Murmuró el  rubio preocupado y con una triste sonrisa.

"Pero es  que..."

"Gourry tiene razón Lina." Añadió Xellos. "¿Por qué no mejor nos  divertimos un poco?" Dijo con media sonrisa y se volteó para dirigirse a Filia.  "Me concedería el honor de bailar esta pieza conmigo?" Le anunció al tiempo que  llevaba su mano izquierda a la espalda y extendía la otra hacia  Filia.

"Será un placer." Le contestó entre risitas mientras ponía la  blanca mano en la del joven y se dejaba llevar. Lina murmuró enojada pero  finalmente aceptó la mano que Gourry le ofrecía mientras Zelgadis y Amelia se  unían al grupo con la mayor naturalidad, como si no hubieran anunciado a sus  amigos el evento más importante de sus vidas.

"Lina, no debiste enojarte  con Zelgadis ni con Amelia." Le murmuró el rubio al oido.

"Pero es que  Gou, ¿cómo pueden aceptar tan tranquilamente una imposición tan grande?" Comentó  la peliroja con dolor en la voz.

"Sólo míralos juntos Lina. ¿Acaso estás  tan ciega que no puedes ver lo que está justo frente a ti?" Gourry dio una  vuelta para la joven pudiera ver a la pareja que no muy lejos bailaba. Zelgadis  atendía fijamente cada palabra que la pequeña princesa Amelia decía y una  pequeña sonrisa adornaba su rostro. Adicional a eso, Amelia sonreía perdida a la  vez que se sonrojaba de vez en cuando.

"Gourry..."

"¿Sí,  Lina?"

"Yo... creo..." La peliroja bajó la cabeza sin querer ver en  aquellos momentos las dos claras órbitas como cielos despejados que eran los  ojos del rubio. Gourry siempre la había visto de aquella forma que a ella le  parecía tonta. Levantó un poco el rostro, pero no lo suficiente como para llegar  hasta los ojos. Lina decidió que lo mejor sería cerrar la boca en esos momentos.  Gourry era, en todo caso, su mejor amigo, prácticamente el único que podía darse  el lujo de tener. Al igual que Amelia y Filia y los príncipes, los herederos al  trono no disfrutaban del privilegio de tener muchos amigos.

A los oídos  de Lina habían llegado comentarios de que sus padres pensaban que sería buena  idea comprometerla. Eso le había provocado el arranque de ira más grande de toda  su vida... aún en el palacio estaban reconstruyendo el ala norte. Pero lo que le  había dolido más que todo era el hecho de que ni siquiera pensaban consultarla.  Temía ir a parar con algún desconocido y lo peor de todo, temía que la separaran  de los únicos amigos que conocía, especialmente del rubio.

"Oi, Lina.  Creo que ya abrieron las estaciones de comida." Le comentó el rubio con una  enorme sonrisa. A la peliroja se le iluminó el rostro y antes de que tuviera que  decirlo, Gourry la dirigía hacia una de las mesas.

Xellos y Filia  observaron a la pareja salir del centro de baile y sonrieron en complicidad, ya  los conocían. La joven princesa sonrió y señaló prestamente a donde bailaban  Zelgadis y Amelia. El joven de cabellos color chocolate llevaba con delicadeza y  ternura la figura de la joven en sus brazos. Era obvio que los padres de ambos  habían percibido la d inámica entre ambos jóvenes y se habían apresurado a tomar  ventaja de la situación.

"Parecen dos tortolitos." Suspiró Filia. Xellos  volteó los ojos.

"¿No te cansas de hacerle de cupido a esos dos?" Le dijo  en son de broma y Filia le dio un leve codazo.

"Es romántico."  Afirmó.

"No es dificil que lo sea teniendo en cuenta que se aman el uno  al otro. Pero imagina si ese no fuera el caso."

"Umhh... eso sería  desastroso, de hecho... sería lo más horrendo que podrían hacer unos padres a su  hija."

"O a su hijo." Añadió Xellos. "Tienen suerte." La princesa asintió  mientras Xellos le daba otra vuelta por el salón.

Al cabo de estar  bailando un buen rato, la música se detuvo abruptamente. Filia buscó a su  alrededor para saber la razón y demandar una pronta continuación pero se percató  que su padre estaba por dirigirse a los presentes. Con un gesto de su mano la  llamó a su lado y Filia accedió de inmediato. Xellos la siguió para luego  detenerse a una distancia prudente de la pareja.

"Como es sabido de todos  ustedes, mi querida hija Filia cumple hoy sus catorce años. Es por eso que deseo  hacerles un importante anuncio." Todos en el salón guardaron un profundo  silencio mientras Filia observaba a su padre y luego con una pequeña sonrisa a  su madre.

"Es para mi un gran orgullo anunciarles a todos que el príncipe  de Giman ha pedido la mano de la princesa en matrimonio. Por lo que dentro de  poco Tougen estará celebrando una ceremonia de compromiso...." Filia no terminó  de escuchar nada de lo que su padre estaba hablando. Estaba demasiado atontada  como para reaccionar. Su padre acababa de anunciar que la comprometería con  alguien que ella ni siquiera conocía. Eso... en su opinión... era  demasiado.

Lo que vino después no lo hubiera podido recordar aunque  hubiera querido. El resto del día pasó como en un estado de shock extremo. De  haberse fijado hubiera notado los repetidos intentos de Xellos por animarla, por  hacerla reaccionar. Sus amigos trataron de consolarla también, pero si no le  había hecho caso al joven, a ellos apenas los percibió.

Cuando abrieron  los regalos uno a uno frente a ella su expresión apenas cambió. Pero uno de los  regalos era de parte del príncipe de Giman. Contuvo su respiración cuando el  sirviente acercó la pequeña cajita. En su interior Filia ya sabía lo que  contenía, no tenía que abrirla para saberlo, pero sus padres la obligaron. Sacó  un hermoso anillo y cuando sus padres la instaron a ponerlo en su dedo sintió  que el pecho se le apretaba.

Con lentitud puso el anillo en su dedo, como  quien recibe una sentencia de muerte. Sintió que todo le comenzaba a dar vueltas  y que la respiración le faltaba. En seguida sintió un brazo sujetarla y al  levantar la vista se encontró con los ojos de Xellos que la observaban  detenidamente con una especie de súplica en ellos. *No hagas nada de lo que  puedas arrepentirte ahora.* Claro que tenía que actuar como la princesa que era,  pero qué dificil se le hacía en esos momentos. "Es muy hermoso." Susurró y sus  padres sonrieron complacidos.

Filia estuvo muy quieta el resto del  cumpleaños, ni los payasos, ni el espectáculo ofrecido por los malabaristas, ni  la comida, ni los invitados, nada, nada le parecía que valiera la pena en esos  momentos. Volvió a ver el anillo en su dedo.

"¿Es así como se siente  estar atrapado?" Musitó. Xellos la miró sin entender. "¿Es así como te sientes  con el collar? Asfixiado, atrapado, sin esperanza de poder escapar y a merced de  todos."

"Filia..." Su voz era tierna, con un tono preocupado. "Ya  pensaremos en algo..." Le dijo tentativamente y por unos instantes pareció  desesperado por encontrar algo que distrajera a la princesa. "Oye, Filia, por  qué no vamos a comer algo? Ven." La princesa lo siguió, más por estar perdida en  sus pensamientos que por otra cosa.

Mientras caminaban hacia una de las  mesas la mente de Xellos iba a mil por hora. Por lo pronto quería borrar aquella  tristeza del rostro de Filia, pero él la conocía muy bien y sabía que mañana en  la mañana sería otra historia...

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En fin, ¿les gustó? ¿no  les gustó? Al que me vuelva a decir que está corto le voy a borrar los ojos de  la cara... ejem.... no es cierto... además, si le borro los ojos cómo van a leer  el siguiente cap?

Dudas, preguntas, críticas constructivas y correciones  (en especial), no duden en déjarmelo saber, todo se acepta.

Se cuidan  mucho, hasta la próxima.
Demon Child
Capítulo 13
Estamos Aquí Reunidos...
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