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Recuerden,  los personajes de Slayers pertenecen a su creador, de ninguna forma me estoy  adjuicando propiedad alguna sobre ellos.

Me parece que Zelda M. preguntó en qué edades estaban los  chicos. Al momento de comenzar este capítulo Filia acaba de cumplir doce años y  Xellos catorce. Zelgadis tiene catorce también, Gourry tiene dieciseis, Lina  tiene doce y Amelia tiene once. Lamento no haber contestado en el capítulo  pasado, pero sinceramente olvidé que lo iba a incluir. Pero más vale tarde que  nunca.

Y ahora "on with the story".

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Filia se  despidió de sus amigos nuevamente desde el balcón de su recámara. Cuatro coches  flanqueados por una fuerte guardia montada. La joven princesa suspiró contenta.  Sus amigos habían prometido ayudarla en su búsqueda, no sólo del hechizo que  liberaría a Xellos del collar, sino de alguna pista que pudiera dar luz sobre su  verdadera identidad.

Ahh, Xellos seguramente seguía durmiendo,  seguramente seguiría cansado. Quizás... quizás si observaba a Xellos podría  tener una idea más clara de por dónde comenzar a buscar. Porque si bien el  collar lo obligaba a obedecerla y no podía recordar quién era, su conducta, si  lo dejaba ser, debería darle un indicio.

Pero no quería esperar demasiado  por pistas. Ella lo ayudaría, claro que sí. Sus maestros siempre la obligaban a  hacer el mismo ejercicio una y otra vez con diferentes situaciones. Eso, según  ellos, la ayudaba a definir su carácter y aclarar sus posiciones con respecto a  los asuntos reales. Roles. Sí, eso le daría una buena idea de quién era Xellos  en realidad.

Sin pensarlo más se escapó de su recámara y se escurrió a la  de Xellos.

El joven yacía aún en su cama, con las sábanas hasta mitad de  pecho, sus manos con los anillos sobre su vientre y su cabeza levemente girada  hacia el lado contrario de la ventana. Una posición bastante extraña para  dormir, pensó la princesa. Filia notó que no había arrugado las sábanas y allí  mismo comenzaron sus deducciones. Xellos debía ser un joven tranquilo, al menos  mientras dormía. Observó los alrededores, sabía que las doncellas no habían  tocado nada en la recámara de Xellos, ella misma lo había ordenado  así.

Comenzó a rondar la habitación, tratando de obtener pistas de  cualquier detalle pero el lugar apenas había sido tocado por el joven. Después  de un largo rato regresó al lado de la cama y se dedicó a observar el subir y  bajar del pecho de Xellos provocado por su suave respiración. Mientras observaba  la luz del sol terminó dando de lleno sobre el espacio donde descansaba el  rostro del joven.

"¿Qué es esto?" Exclamó Filia casi en un susurro  contenido. Extendió su mano y tomó una hebra de cabello de extraño color que  yacía enredada en la fina tela de lino de la almohada. La acercó a su rostro  mientras se dirigía a la ventana. Definitivamente aquella era una hebra de  cabello color púrpura. ¿Quién podía poseer cabello de semejante color? ¿Acaso  había un intruso en palacio?

Volteó a ver a Xellos y aguzó la mirada. Se  acercó decidida y tomando una hebra negra de cabello dio un fuerte tirón. El  efecto no se hizo esperar.

"¡Itai!" Exclamó Xellos sumamente enojado. Al  mirar a su alrededor vio a la pequeña princesa y sin pensarlo demasiado dirigió  su mal humor hacia ella.

"¿Qué crees que estás haciendo? ¿Cómo te atreves  a entrar a mi habitación sin mi autorización? ¿Cómo te atreves a despertarme tan  temprano en la mañana?" Lo último casi lo dijo gritando y Filia retrocedió un  paso. Xellos había reaccionado como lo haría un muy indignado  noble.

Xellos se percató de que la princesa, a pesar de estar muy  asustada en ese momento, no se movía de su lugar. Sujetaba algo en la mano. De  repente sus sentidos se aclararon y su mal humor se convirtió en pánico. Acababa  de gritarle a la única persona que podía ayudarlo en esos momentos... acababa de  gritarle a la persona que tenía control absoluto sobre su cuerpo y sus acciones.  Parpadeó lentamente, el corazón latiéndole a mil por hora y esperó la respuesta  de la princesa como quien espera una sentencia de muerte.

La princesa,  por unos instantes no reaccionó, pero de repente unos diminutos caninos se  pudieron ver en su delicada boca y un aura dorada la envolvió. "¿¡Cómo te  atreves a hablarme así?!" Y se abalanzó sobre el joven.

A los pocos  minutos un estruendoso ruido y varias explosiones se escucharon provenientes de  la recámara de Xellos y a la hora del desayuno dos figuras solitarias sentadas a  la mesa y con varios tipos de vendajes y rasguños era lo que quedaba de lo que  una vez fuera la princesa y su compañero de  juegos.

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El reino de Tougen se encontraba de  fiesta... la princesa cumplía sus catorce años. Filia se paseaba nerviosa en su  habitación. El traje que llevaba puesto la hacía sentir como la misma chiquilla  de hacia dos años atrás. No que hubiera crecido demasiado pero su cuerpo  comenzaba ya a mostrar unas suaves curvas, testigos del sutil cambio.

La  verdad no le importaba demasiado lo que pensara ninguno de los súbditos del  reino, eso no era lo que la tenía tan nerviosa. Lo que en verdad la ponía  nerviosa era el hecho de presentarse antes Xellos con aquel traje de niña  consentida. Maldijo en su mente. No era como si tuviera que impresionarlo. Aún  así...

"K´so." Murmuró con los dientes apretados. "Parezco un algodón  enorme." Dijo al tiempo que tomaba los vaporosos volantes en sus manos y les  daba un inmisericorde tirón. Ella era la princesa, ella decidía qué iba a  ponerse el día de su cumpleaños, le gustara a quien le gustara.

"¡Youki!"  Gritó al tiempo que corría pasillo abajo con lágrimas en los ojos. Al llegar  golpeó varias veces la puerta hasta que un somnoliento sastre abrió la puerta.  Al ver a la princesa se pasó una mano por los cabellos, haciendo una profunda  reverencia.

"¡Alteza! ¿Qué sucede?"

"Youki... este traje... es  horrendo." Dijo entre sollozos. El hombre la hizo pasar adentro de la  sastrería.

"Pero su majestad, es el traje que vuestros padres eligieron  para usted." Le dijo con preocupación y tratando de sacudir el sueño que lo  invadía. La princesa había estado luchando con aquel traje desde mucho antes del  amanecer.

"Youki, ¿no tendrás algún otro traje que pueda usar?" Gimoteó  suplicante. El sastre suspiró profundamente y se llevó una mano a la barbilla  mientras ponía la otro bajo el codo, pensativo.

"Bien Princesa, me parece  que tengo algo en su talla y que le podría gustar para esta  ocasión."

"¿No pareceré un algodón enorme?" Dijo al tiempo que lo seguía  al salón interior de la sastrería.

Pronto Youki comenzó a buscar en sus  baúles *especiales*, aquellos en los cuales guardaba sus mejores trabajos.  Ninguna de aquella ropa la había tocado ninguna de las doncellas, sólo él.  Finalmente sacó un bulto que aparentaba ser de un color azul claro o violeta  pálido. Cuando lo extendió sobre la mesa la princesa quedó  maravillada.

Consistía de un traje bastante sencillo, de falda amplia y  singular corte en la parte frontal. Un forro azul claro le daba forma a la  silueta mientras que una capa de tul de seda transparente en color amatista  atenuaba el azul y con cada movimiento de la tela el traje parecía cambiar el  color.

Como en muchas ocasiones, Youki ayudó a la princesa a ajustarse el  traje. Apenas tuvo que hacerle cambios, la figura, aunque leve, de la joven  llenaba el traje en los lugares justos.

Filia daba vueltas frente al  espejo emocionada. Aquel traje era justo lo que ella quería. No era que la  hiciera ver mujer, pero tampoco la hacía ver como una chiquilla. Se giró a prisa  y espontáneamente se lanzó a los brazos del sastre, dándole un abrazo y un  beso.

"Te debo una Youki. ¡Gracias!" Dijo alegremente y salió disparada  por la puerta para terminar de arreglarse el cabello. Youki dejó escapar un  suspiro, se restregó los ojos que ostentaban una leve sombra obscura, como si  llevara varios días sin dormir.

Ultimamente el cansancio lo estaba  alcanzando. Se adentró en su recámara privada y se dejó caer en su cama aún  cálida, enredándose en las sábanas como lo había estado hasta que la princesa  tocara a su puerta. Los eventos esos días se estaban complicando, cerrando los  ojos comenzó a recordar la noche anterior.

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El fresco  aire de la noche azotaba su rostro. El corcel corría como el viento, una espesa  espuma cubría los negros belfos. Casi alcanzándolo iba otro corcel de idéntico  color, sobre el animal una figura de blancos cabellos al aire. Al fijarse al  frente vio el camino obstruido por varios troncos de árboles. Había sido  conducido a una trampa, sin embargo sonrió, los ojos llenos de excitación.  Detuvo su corcel antes de llegar a la barricada.

"¡Ríndete! Ya no tienes  a dónde ir." Le gritó con voz airada una figura que vestía una armadura de plata  con una loba a relieve en el pecho.

"¿Y permitir que su Alteza Real  utilize esa hermosa espada en tan perfecto cuerpo?" Le sonrió burlonamente. La  mujer pareció temblar de la ira mientras desenvainaba su espada.

"No  tendré que utilizarla si me dices de dónde sacaste ese caballo." Le dijo  tratando de dar la impresión de que podía cambiar de opinión al respecto. Haría  todo lo que estuviera a su alcance por ponerle una mano encima al único que  parecía tener una pista de dónde se hallaba el príncipe de Koubuchi... su  hijo.

"Eso, su Alteza, es un secreto." Dijo mientras el animal daba  algunos pasos atrás nervioso. La mujer rugió y se acercó rápidamente al animal  con el suyo. El hombre, pensando que la estocada iba dirigida a su persona  esquivó, pero nada más equivocado. La mujer cortó las bridas del caballo,  dejándolo sin control. Por primera vez la vio sonreir. Dio un largo silbido y el  caballo se levantó en sus cuartos traseros, haciéndolo caer al suelo, para luego  acercarse a la mujer en un alegre trote.

"Este es el caballo del príncipe  de Koubuhi. ¡¿Dónde lo conseguiste?!" Volvió a exigirle la mujer, esta vez  adelantando el caballo hacia él.

"Eso se lo diré cuando logre atraparme,  majestad." Dijo el hombre poniendose de pie y sacudíendose las ropas  levemente.

"Ya estás atrapado." Le dijo la Emperatriz aguzando la vista  al ver que el hombre continuaba sonriendo.

"No lo creo... aún falta un  poco más de tiempo... supongo que ya tendrá otra ocasión para intentarlo, ¿ne?"  Le dijo al tiempo que trepaba con agilidad por los troncos arrumbados y ya en el  tope de ellos le hacía un gesto de despedida a la iracunda mujer.

Zellas  dejó escapar un grito de furia y dolor. Aquel hombre sabía algo acerca de *su*  Xellos. Lo atraparía aunque eso le costara voltear todos los territorios  adyacentes, o más bien, apoderarse de ellos.

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Youki  había recordado la noche anterior. Llevaba ya tiempo en la misma rutina, jugando  con la paciencia de la Emperatriz de Koubuchi. Poco a poco se le iba haciendo  más dificil, la mujer no era nada tonta y aquella espada... ah... recordaba la  primera vez que había tenido un encuentro cercano con la filosa hoja.  Definitivamente tenía que ser una espada mágica. Ninguna otra arma hubiera  podido herirlo. Tuvo que fingirse enfermo por una semana y aún así vigilar  porque el Primer Ministro no hiciera de las suyas. Con todo, seguía algo  lástimado, era como si la herida se negara a sanar.

Aquella situación  estaba drenando sus fuerzas inexorablemente, si no tenía cuidado la próxima vez  la espada podría...

Se pasó una mano por los cabellos y cerró los ojos.  Tenía que aguantar, al menos un poco más, hasta que estuviera seguro de que sus  planes se llevarían a cabo. Además, no podía permitir que la Emperatriz perdiera  las esperanzas de volver a ver al príncipe. Ella tenía que llegar hasta  Tougen... tarde o temprano tendría que llegar hasta allí.

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Demon Child
Capítulo 12
Un Poco Más
Capítulo 13
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