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Recuerden, los personajes de Slayers  pertenecen a su creador, de ninguna forma me estoy adjuicando propiedad alguna  sobre ellos. Esto lo hago por diversión, nada más.

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"Me pregunto de dónde habrá sacado el Primer  Ministro a ese chico." Dijo Lina mientras tomaba grandes sorbos de su jugo de  naranja.

"Es obvio que el Primer Ministro ha cometido una falta mayor."  Exclamó Amelia enojada.

"Tougen no tiene reglas en contra de la  esclavitud, Amelia. Además, ha hecho ver que Xellos es un sirviente, no un  esclavo." Le replicó Zel.

"Si encontraramos la forma de quitarle el  collar tendríamos pruebas para acusar al Primer Ministro." Volvió a decir  Amelia.

"Aún cuando le quitemos el collar no estamos seguros de tener  pruebas en contra del Ministro. ¿Que tal y resulta ser que Xellos realmente es  un sirviente?" Intervino Lina.

Amelia suspiró desanimada. Si le quitaban  el collar y resultaba que Xellos era realmente un sirviente habrían estado  persiguiendo quimeras.

"Pero con ese poder..." Comentó Zel. "Energía  demoniaca." Murmuró.

"¿Crees que sea un demonio?" Preguntó Lina con  entusiasmo.

"No parece un demonio." Comentó Zelgadis.

"Tienes  razón." Replicó Lina con un suspiro desanimado.

"Es muy guapo." Hubo un  silencio colectivo. La que había hablado era la pequeña Amelia.

Zelgadis  se volteó a ver a Amelia un poco asombrado y la pequeña princesa tomó un color  morado muy curioso. El joven no sabía por qué se había sorprendido tanto ante la  observación de la princesita. Lina, que veia el intercambio, intervino de  inmediato.

"Vaya, hasta Amelia le ha estado echando ojitos." Sonrió Lina  con picardía mientras veia cómo la joven volvía a cambiar de colores.

"Tú  también lo has estado haciendo Lina." Le dijo Gourry como si fuera lo más obvio.  Mientras continuaba devorando la comida.

"¿Qué? ¿Cómo te atreves a decir  eso?" Dijo sonrojándose violentamente la peliroja.

"Entonces ¿por qué lo  retaste a un duelo? Sólo retas a los chicos que te agradan." Le dijo  pensativo.

"Cerebro de meduza." Dijo al tiempo que le daba un golpe en la  cabeza.

"¡Ouch! ¡Pero Linita, es cierto! ¡¡ITAI!!"

"Eso te  enseñará a mantener la boca cerrada." Dijo la temperamental princesa volviéndo a  su asiento. Zelgadis y Amelia sudaron la gota gorda.

"De todas formas,  sea lo que sea, Xellos no es alguien a quien podamos tomar a la ligera."  Concluyó el joven.

"Estoy de acuerdo contigo Zel. Pero no me puedo  imaginar cómo alguien tan poderoso como él vino a parar en una situación tan  absurda." Dijo Lina mientras trataba de encontrar una respuesta  lógica.

"Conociendo al Ministro, estoy seguro que utilizó algún truco  sucio o alguna trampa." Espetó Amelia enojada. "Si tan sólo supieramos de dónde  viene Xellos-san." Dijo mientras se llevaba un dedito a la boca.

"Ni  siquiera sabemos si ese es su verdadero nombre." Musitó Lina.

"Podríamos  comenzar a investigar si existe información acerca de algún joven con la  capacidad de utilizar magia demoniaca sin ser un demonio y que haya desaparecido  hace poco." Ofreció Zel calmadamente mientras sorbía su leche con  chocolate.

"¡Claro! Podríamos comenzar a buscar en los templos obscuros.  Quizás sea estudiante en alguno de ellos." Lina comenzaba a entusiasmarse ante  la idea.

La conversación de los príncipes fue interrumpida por uno de los  guardias reales quien venía a informarles de un estado de alerta general debido  a extrañas explosiones cerca del palacio. Igualmente les pedía que no salieran  del palacio hasta que todo estuviera resuelto. El grupo se mostró un poco  nervioso mientras una gruesa gota colectiva se podía ver en cada una de sus  cabecitas.

"¡Qué mal! Ahora nos aburriremos dentro de estas horribles  paredes de piedra." Gritó la peliroja enojada.

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La princesa  había salido de la recámara de Xellos, no quería molestarlo más. Además, era  obvio que el joven estaba completamente agotado. No tenía hambre, por lo que no  se le ocurrió bajar al comedor donde se encontraban sus amigos, pero recordó que  esa mañana había tenido que recurrir al sastre real para que le proporcionara a  Xellos la ropa que ella consideraba decente.

Si quería comenzar a tratar  a Xellos con más dignidad que a un simple muñeco tendría que confiar en el joven  para hacer sus propias cosas. Caminó un poco más animada por el pasillo que se  dirigía al cuarto de trabajo del sastre, se le acababa de ocurrir una buena  idea.

"Youki." Llamó desde la puerta. Las doncellas que bordaban  detuvieron sus labores para hacer una reverencia. Enseguida apareció la  llamativa figura del sastre real.

"Buenas tardes princesa Filia. ¿Qué la  trae por mi humilde lugar de trabajo a estas horas?"

"Es acerca del joven  Xellos."

"¿Y en qué puedo serle útil?"

"El joven Xellos necesita  ropas nuevas. Ropas dignas de la corte real porque pasará mucho tiempo  acompañándome."

"Claro su alteza."

"Quiero que mañana en la tarde,  cuando el joven Xellos esté dispuesto, le ayudes a escoger la ropa  apropiada."

"Será un honor."

"Sólo una cosa te voy a pedir,  Youki."

"¿Y qué puede ser eso princesa?"

"El joven Xellos es de  costumbres diferentes a las de Tougen. Cada vez que te dirijas a su persona  deberás sugerir, nunca ordenar."

"No sería capaz de semejante error."  Dijo Youki con fingido dolor.

"Es en serio Youki. Estoy segura que  Xellos-san tiene dudas al respecto con las costumbres de Tougen y seguramente te  pedirá ayuda. ¿Podrías también...?"

"Claro que sí princesa. Puede confiar  en mí para esta encomienda. Seré respetuoso con el joven Xellos y le ayudaré en  todo lo que esté a mi alcanze. Despreocúpese por eso."

"Gracias Youki."  Le dijo con una sonrisa la pequeña.

"Su alteza..." Le dijo el sastre en  un tono respetuoso.

"¿Sí?"

"¿Escuchó usted las explosiones cerca  de palacio? Mis doncellas y yo nos estabamos preguntando qué clase de ataque  podría estar ocurriendo fuera de palacio."

"Ahh... sí... escuché las  explosiones... pero no tengo ni la más mínima idea de lo que pudo haber sido.  Quizás eran prácticas de la guardia real, ne?"

"¡Pues claro! Seguramente  fue eso. Qué torpeza la mia al olvidarlo."

"Jajaja, ¡claro! Nos vemos  luego." Dijo la princesa escapando rápidamente por la puerta.

El hombre  de los ojos verdes sonrió levemente, acto seguido le hizo señas a las doncellas  para que continuaran sus labores e ingresó a uno de los cuartos dentro de la  sastrería. Aquella era la recámara personal del sastre real. Pasó los dedos por  los obscuros cabellos y suspiró con alivio.

Mientras se acercaba a una  enorme mesa de costura que había al fondo sus cabellos iban tomando un color más  claro, como el color de la miel cuando la traspasa la luz. El color verde de sus  ojos se tornó más esmeralda y su piel pálida por la falta de sol se volvió de un  color levemente bronceado. Pero los cambios eran casi imperceptibles en  comparación con las delicadas garras que ahora adornaban la punta de sus dedos y  las pupilas completamente rasgadas en sus ojos.

"Xellos." Susurró en  dirección a un espejo que descansaba sobre la mesa de costura. Al instante una  imagen del joven apareció reflejada, como si lo estuviera viendo desde el  interior del espejo que se encontraba en la habitación del joven.

"Casi  pulverizas a la princesa de Herufaia. Tienes suerte que Filia reaccionó a  tiempo." Con un gesto de su mano el reflejo en el espejo se amplió. Frunció el  ceño con desaprobación al evaluar el estado del joven. Una esfera de negra  energía se formó en su mano, pequeñas corrientes de color esmeralda recorrían la  superficie.

"Esto te ayudará un poco." La esfera pasó a través del espejo  y se posó sobre el pecho de Xellos. La energía fue absorbida de inmediato y el  joven se movió levemente, dio un suspiro satisfecho, estirándose entre las  sábanas cual lo haría un felino pero no despertó. Youki sonrió  complacido.

"Creo que de ahora en adelante tendré que estar más alerta a  lo que sucede a tu alrededor pequeño demonio. No queremos extinguirnos tan  rápidamente, ¿ne?" Lo observó un poco más y finalmente se alejó del espejo  susurrando otro nombre.

"Filia." Al instante apareció el reflejo la  princesa. Se encontraba en el salón de las armas. Todos los príncipes hablaban  animadamente y Youki se sorprendió al escucharlos hablar de sus planes con  respecto al joven.

"Vaya, ¿pero qué tenemos aquí? ¿Los príncipes  interesados en el bienestar del chico? Los aliados conspiran." Youki sonrió.  "Creo que el príncipe de Koubuchi no va a estar tan desamparado como  pensaba."

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¿Qué les pareció hasta aquí? Se complica un poco  esto. Espero que les haya gustado y como ya saben, flamas constructivas,  críticas, dudas, preguntas, sugerencias, algún vacío que haya quedado en el  fic.... todo es bienvenido. Se cuidan mucho y espero no hacerlos esperar tanto  esta vez. ¡Ja ne!
Demon Child
Capítulo 10
La Conspiración
Capítulo 11
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