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Como siempre, los personajes de Slayers no me  pertenecen ni me estoy adjudicando propiedad alguna sobre ellos.

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Xellos  estaba despierto a primera hora de la mañana. Se sentía un poco nervioso, no  sabía cómo serían los amigos de la princesa. No recordaba haber tenido amigos,  no recordaba rostros, ni lugares, pero estaba seguro de que si hubieran existido  amigos en su vida siquiera sentiría la añoranza que sentía por ver a su  madre.

Sí, Xellos sentía deseos de ver a su madre a pesar de que no  recordaba ni su rostro ni su sonrisa. Era un instinto que le decía que había  recibido alguna vez el cuidado materno, el abrazo de un ser que lo amaba como  sólo una madre podría hacerlo.

Mientras se miraba al espejo volvió a  pasar automáticamente el cepillo por sus cabellos. Sabía que había algo en su  imagen que no le era familiar. Algo estaba mal pero no atinaba a recordarlo.  "¡Demonios!" Gruñó enojado.

De pronto aquella palabra le sonó tan  conocida... *demonios*, no... esa no era la palabra... *demonio*. Arrugó el  rostro con desesperación tratando de recordar.

"Es inútil." Susurró  tratando de reprimir la humedad en sus ojos. Dejó el cepillo sobre el tocador y  por primera vez notó una cajita de madera sobre el mueble. La abrió  cautelosamente. En su interior encontró varios brazaletes, anillos y collares.  Todos ellos de oro y rubíes, combinando perfectamente con el collar de  servidumbre. Xellos sacó dos anillos, colocó uno en cada mano y los observó  detenidamente. Se sentían bien.

Procedió luego a buscar entre las ropas  que le habían sido asignadas algo de su agrado. Al cabo de un rato sacó las  prendas que más le parecían a las que había visto a los habitantes del palacio.  Realmente se sentía algo incómodo con aquellas ropas, no recordaba muy bien cómo  se utilizaban ni cómo las había visto utilizarse durante la fiesta.

Había  pasado ya bastante rato desde que se había levantado y no se percató de que ya  casi era tiempo del desayuno. Claro que tendría que bajar, la princesa le había  comentado que el desayuno solía tomarlo en la cocina del palacio y que la  verdadera ocasión en que se solicitaba su presencia era durante la cena. El día  anterior se había escapado dando la excusa de que Xellos no se sentía  bien.

Unos toques a la puerta lo sacaron de sus cavilaciones y al momento  entró la princesa.

"Buenos días..." La princesa había pasado al cuarto y  se le quedó viendo confundida.

"Buenos días princesa. ¿Sucede algo?"  Preguntó cuando vio que Filia lo rodeaba y se le quedaba viendo con cara de  desaprobación.

"Creo que los sirvientes no entendieron mis órdenes. Estas  son las ropas de los pajes reales." Chilló como era su costumbre.

"¿Ropas  de paje?" Exclamó sin entender mientras la princesa abría de par en par las  puertas del enorme mueble de madera que contenía las ropas de Xellos. Comenzó a  sacar una prenda tras otra y a tirarlas sobre el suelo con un mohín de  disgusto.

"Estas no son las ropas que ordené." Chilló enojada. Y tomó a  Xellos de la mano. "¡Vamos!" Y el joven no pudo evitar obedecer aquella órden  directa. Se dirigieron por los pasillos con presteza hasta llegar a una  habitación enorme llena de telas e hilos. Varias mujeres trabajaban afanosamente  bordando chalecos y camisas con los más caros materiales.

"¡Sastre!"  Chilló y esta vez el joven tuvo que taparse los oídos. Al instante apareció un  hombre de refinadas facciones, ojos verdes y cabellos color miel. Xellos se le  quedó viendo insistentemente, ese hombre le recordaba a alguien conocido.  Alguien que le provocaba malos recuerdos.

"¿Majestad?" Respondió el  hombre.

"Youki, necesito ropas adecuadas para el compañero de juegos de  la princesa. ¡Y no quiero que parezca un paje!"

"Ropas dignas para el  compañero de la princesa." El hombre sonrió y se acercó a Xellos. "Veamos." Dijo  mientras sacaba una cinta de medir y le guiñaba un ojo al joven. Luego de unos  minutos de concentración sus ojos se iluminaron. "Ya sé qué podemos hacer."  Aquel hombre comenzó a buscar en unos enormes baúles y llenos de hermosas  prendas primorosamente arregladas en su interior. Al cabo de un rato regresó con  un bulto de ropas y tomó a Xellos de la mano y lo llevó atrás de unos  bastidores.

"En unos momentos se lo dejo arreglado su Alteza." Dijo con  un gesto algo afectado y lleno de innecesaria fineza. Y desaparecieron tras  bastidores. Se escuchó un leve sonido de tela y ropa y al cabo de unos minutos  Youki salió.

"Su Alteza Filia, le presento al príncipe Xellos, su nuevo  compañero de juegos." Sonrió mientras hacía una reverencia.

Xellos  apareció tras el sastre, un poco turbado y Filia sonrió de oreja a oreja. Ahora  Xellos parecía un príncipe. Una hermosa camisa color lavanda suave, con hermosos  olanes brocados. Un pantalón perfectamente entallado de un púrpura muy subido y  un chaleco corto también entallado del mismo color del pantalón pero bordado en  hilos de oro y plata en un intrincado diseño. Unas botas de cuero negro hasta  abajo de la rodilla completaban el atuendo.

"¡Perfecto!" Tomó a Xellos de  la mano y comenzó a arrastrarlo hacia la puerta. "¡Gracias Youki!" Y sin más  desaparecieron.

Cuando Xellos vio que no se dirigían al comedor como  había pensado, se preocupó un poco, pero finalmente la princesa lo estaba  llevando de regreso a su recámara. Una vez adentro cerró la puerta y fue  directamente al pequeño baúl donde estaban las joyas que había visto  anteriormente.

Sin mediación volteó el baúl sobre la cama y comenzó a  rebuscar entre las joyas. Sacó cuatro anillos y los colocó en los dedos que  quedaban desnudos en las manos de Xellos. Luego sacó una especie de medallón y  se lo mostró.

"Este es el símbolo de la casa real de Tougen." Le dijo al  tiempo que acercaba el medallón para que pudiera ver el símbolo de un dragón de  oro acunando un diamante azul. Dos pequeños zafiros hacían de ojos. Sin más la  princesa lo colocó en su cuello y volvió a rebuscar sobre la cama. Sacó dos  pulseras de oro con dos rubíes redondos muy parecidos al diseño de la piedra que  estaba en el collar de servidumbre y los colocó en sus muñecas. Finalmente sacó  un cinturón del mismo material y motivo que las pulseras y se lo ofreció para  que se lo pusiera.

"Filia... ¿por qué me has puesto el símbolo real?" Le  dijo confundido.

"Cuando vean que llevas el símbolo real nadie intentará  ordenarte nada." Dijo con naturalidad la princesa. "Además, no te separes mucho  de mí. Lina es muy mandona y tiene mal temperamento. Es una grosera." Replicó  mientras levantaba la barbilla indignada y resoplaba un poco.

"¿Cuántos  amigos tienes Filia?"

"Sólo tengo cuatro, Lina, Amela, Gourry y Zelgadis.  Todos son príncipes, de los reinos vecinos. Vienen todos los meses y cada vez  nos reunimos en el reino de cada uno. ¡Es muy divertido!" Xellos pareció  meditarlo. Hubiera dado cualquier cosa por evitar el encuentro que se  aproximaba.

"Creo que ya podemos bajar a desayunar." Sonrió la princesa  emocionada luego de echarle otro vistazo al atuendo de Xellos y de enderezar los  olanes de su camisa. Ese día ella iba vestida con uno de sus muchos trajes  rosados. Ya el joven había visto cuántos trajes de ese color tenía la princesa y  se comenzaba a preguntar si realmente sería por molestar al primer ministro o  era que aquel color le gustaba. Por suerte no había tratado de vestirlo a él  también del mismo color.

Suspiró resignado y se volteó a verse en el  espejo. Nuevamente su reflejo le devolvió una imagen que desconocía. Suspiró  cuando vio el reflejo de la princesa junto al suyo. Sus ojos extremadamente  azules, como el cielo en primavera y sus cabellos del color del oro pero  aquellas dos coletas no ayudaban en nada. Parecía una de las muchas muñecas que  ella misma conservaba en su cuarto de juegos. *¿Por qué será que sigo  sintiéndome como si fuera su muñeco o algo así?*

"Bajemos entonces." Le  dijo Xellos al tiempo que se volvía. La princesa asintió y ambos comenzaron el  camino hacia el comedor. Filia iba muy sonriente mientras que Xellos trataba de  ocultar su ansiedad bajo una máscara de indiferencia y una pequeña sonrisa.  Mientras se acercaban podía escuchar el sonido de voces juveniles charlando  animadamente.

Justo antes de entrar tomó una profunda respiración. La  princesa se volteó a verlo. "Luces muy bien." Mientras le daba una tímida  sonrisa que sólo intentaba darle seguridad. En esos momentos a Filia le pareció  que estaba frente a un príncipe de verdad, el porte real, el aire a su  alrededor, aquella mirada que inspiraba respeto. Nadie podría decir que Xellos  no era un príncipe de verdad.

Filia sentía que se iba a divertir mucho  haciendo pasar a Xellos por un príncipe ante sus amigos, quienes no habían  estado cerca en el momento en que el Primer Ministro había presentado el  *regalo* a la princesa.

Pronto estuvieron en la entrada del comedor y la  princesa se detuvo.

"¡Ohayo minna-san! Quiero presentarles a Xellos, el  príncipe de Koubuchi." Anunció la princesa con rimbombancia y cuatro pares de  ojos se fijaron en el joven desde la mesa del  comedor.

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Ahh, si sólo Filia supiera lo que acaba de hacer,  ne? Espero que les haya gustado hasta aquí. Lo próximo es el encuentro con los  amigos de Filia, y qué amigos se gasta. Cuidense mucho y gracias por  leer.

Y ya sé, otro capítulo corto, pero ni modo.

Ja ne!
Demon Child
Capítulo 7
En la Cueva del Sastre
Capítulo 8
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