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Como  siempre, los personajes de Slayers no me pertenecen ni me estoy adjudicando  propiedad alguna sobre ellos.

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Filia estaba bastante  cansada. Habían buscado casi en todos los libros de magia de la biblioteca y  ninguno hablaba del collar mágico que tenía Xellos. Claro que habían encontrado  ya cientos de hechizos para collares de esclavos y para diferentes usos y  situaciones que en más de una ocasión la habían hecho sonrojar, pero como aquel  que tenía Xellos ninguno.

"¿Por qué tenían que usar un hechizo poco usual  contigo?" Dijo al tiempo que ponía un dedo en su barbilla y se concentraba en  mirar el techo. Xellos continuó revisando los libros sin percatarse de que en un  momento la princesa se había levantado y se estaba acercándo. Unas delicadas  mano comenzaron a rebuscar cerca de su cuello y se paralizó.

"¿Qué  haces?" Dijo con los ojos muy abiertos.

"Shh... no te muevas. Sólo quiero  ver si tienes alguna marca de nacimiento o algo que me pueda indicar de dónde  vienes." Y continuó buscando sin percatarse de que el joven estaba muy  tenso.

Pasó sus dedos y haló levemente el cuello de la camisa tratando de  encontrar alguna pista. Se detuvo en su investigación para observar más de cerca  el collar. Dejó caer las suaves hebras negras en su lugar antes de tomar la  aparentemente fina trenza de hilos de oro que estaba bastante pegada al cuello  del joven. Trazó sus dedos hasta llegar a la piedra color sangre que estaba  engarzada en oro en la parte de enfrente.

Xellos la observaba  petrificado, no podía moverse ni podía hablar. La princesa lo había ordenado.  Claro que sabía que ella no lo estaba haciendo a propósito en esos momentos,  simplemente su curiosidad había sacado lo mejor en ella. Pero era la primera vez  en su vida que se sentía tan indefenso desde que aquel hombre le había puesto el  collar. Incluso el Ministro se había limitado a observarlo de lejos sin  acercarse.

Por alguna razón sentía que aquella era la primera vez que  tenía contacto humano con alguien. Que si alguna vez una persona se había  atrevido a tocarlo no lo había hecho de esa forma. Deseaba gritarle que se  detuviera, deseaba poner sus manos en aquel blanco cuello y estrangular a  aquella niña tonta que se atrevía a incomodarlo de aquella manera. Apretó los  puños hasta que sus nudillos estuvieron completamente blancos y cerró los ojos  tratándo de calmar su respiración.

"¿Xellos? ¿Qué sucede?" Le preguntó  inocentemente.

"Princesa, ¿podría quitar sus manos del collar?" Dijo  tratando de sonar amable pero la frase salió más como un gruñido de advertencia.  Filia se alejó de inmediato.

"Pero... ¿hice algo  malo?"

"No."

"¿Entonces? Sólo quería ver si tenías alguna marca."  Dijo irritada.

"Pudiste haberme preguntado." Dijo con algo más de  rabia.

"Cierto. ¿Tienes alguna marca de  nacimiento?"

"No."

"Ah..."

"Xellos... ya dime qué es lo  que..."

"Sucede que no puedo hablar si no lo ordenas, no puedo moverme si  no lo ordenas. Si me ordenas que no respire ciertamente moriré porque  simplemente no puedo hacer nada aún cuando lo quisiera porque tienes que  ordenarlo primero!" Explotó.

Filia enmudeció y dio unos pasos atrás. El  torrente de palabras la había anonadado. Cuando pudo reponerse hizo lo que en  cualquier otra ocasión no hubiera hecho por ninguno de sus amigos, trató de  ponerse en el lugar del joven por unos instantes.

A la princesa le  pareció que aquello tenía que ser como una penitencia, una muy injusta por  cierto. Dejó escapar un profundo suspiro y se sentó nuevamente en su silla  mientras Xellos continuaba inmóvil. De haber podido voltear hacia la princesa  hubiera podido ver que había tomado tinta, pluma y papel y escribía  afanosamente. Tachaba, borraba, volvía a escribir. Pasaron varios minutos  durante los cuales Xellos pudo calmarse un poco y su mente comenzó a registrar  los movimientos que hacía Filia al escribir.

"Listo." Dijo con un  chillido triunfante que le penetró los tímpanos. La sintió acercarse nuevamente.  Esta vez Filia se sentó sobre la mesa donde estaban los libros y colocó un papel  frente a sus ojos. Buscó su sortija real y sacó un pequeño tintero donde mojó la  superficie del anillo y selló el papel cuidando de que la tinta no se  corriera.

"Léelo." Le dijo con una sonrisa orgullosa.

Xellos  obedeció y de inmediato se puso a leer. Mientras lo hacía su expresión fue  cambiando de una de enojo a una de perfecta sorpresa. Al terminar levantó la  vista hacia la princesa quien sonreía como si hubiera hecho su acción del día.  Pero en esos momentos no le molestaba en lo absoluto.

"Gracias." Musitó.  Luego de unos instantes se levantó de la silla algo tembloroso. "Si me disculpa  princesa, necesito estar a solas."

"Bien, te avisaré cuando la cena esté  lista." Xellos asintió y abandonó la biblioteca sin decir una sola palabra más.  Se dirigió de regreso a la recámara de donde Filia lo había sacado esa mañana.  Cerró la puerta quedamente y la aseguró tras de sí. Se dejó caer en la suave  cama y se reclinó casi automáticamente mientras apretaba fuertemente en su mano  el papel que Filia acababa de entregarle.

Aquellas palabras escritas en  el papel le daban control sobre su vida nuevamente. No que fuera un cambio  significativo, aún era presa del collar pero al menos ya no dependía de la  princesa para cada paso... para cada respiración. Trató de contener las lágrimas  que amenazaban con escapar, nunca había llorado y ahora no era el momento de  comenzar. Apretó los ojos con fuerza tratando de ahuyentar aquella quemante  sensación y con un supremo esfuerzo se obligó a respirar más calmadamente.  Finalmente el sueño, el cansancio y todo el mar de sensaciones hizo que sus ojos  se cerraran.

Habían pasado varias horas desde que saliera de la  biblioteca. La cena ya estaba lista y la princesa hizo que la subieran a su  habitación de juegos. Luego de tenerlo todo dispuesto, despidió a los sirvientes  y se asomó a la habitación contigua donde dormía placidamente su nuevo  "juguete".

"¿Xellos?" Llamó suavemente. El joven despertó de inmediato.  "La cena está lista. ¿Quieres acompañarme?" Le dijo con una  sonrisa.

"Ah... hai, en un momento bajo." Le dijo algo desorientado  aún.

"No tienes que bajar, ordené que la subieran a mi habitación, así no  tendrás que presentarte aún ante los demás miembros de la corte." Sonrió desde  la puerta y luego desapareció.

Xellos se restregó los ojos y suspiró.  Tenía que resignarse a su suerte, ni él ni la princesa tenían forma de romper el  hechizo. La princesa volvió a asomarse a la recámara con una sonrisa  pícara.

"Por cierto, creo que te interesará saber que mañana vendrán mis  amigos a visitarme." Xellos no pudo suprimir un gesto cansado. "No son tan  aburridos como parecen, en serio, ¡te gustará tener nuevos amigos!" Sonrió Filia  inocentemente y volvió a desaparecer.

Xellos hundió la cabeza en las  suaves almohadas con una especie de gruñido cansado. No necesitaba *amigos* en  esos momentos, menos tener que conocer más gente que pudiera hacerle daño ahora  que estaba en desventaja.

Se levantó pesadamente y se miró al espejo, sus  ropas estaban completamente arrugadas, ni siquiera se había tomado la molestia  de cambiarse cuando había subido de la biblioteca. Emitió un sonido de disgusto  y buscó por la recámara hasta que divisó dos muebles de madera exquisitamente  tallados. En el interior del más grande encontró todo tipo de ropa, nítidamente  ordenada y planchada. En el segundo mueble habían cajones y dentro de ellos ropa  interior y de dormir, toallas y demás artículos para acicalarse.

Xellos  estaba un tanto asombrado y sin embargo en su interior se sentía complacido. Al  menos se le había proveido de varias comodidades que no esperaba. Seguramente la  princesa le había ordenado a los sirvientes que tomaran sus medidas y trajeran  todo lo necesario. Suspiró profundamente y tomó una camisa y un pantalón. Se  arregló el cabello un poco y salió en la dirección que le había indicado la  princesa.

Al entrar a la habitación no pudo menos que soprenderse  también. Aquel era la habitación más rosada que había visto en toda su  vida.

"¿Qué... es... esto...?" Dijo al tiempo que parpadeaba  repetidamente sin poder creer lo que veía. Incluso la princesa estaba vestida  completamente de rosa.

"Es mi cuarto de juegos." Le respondió orgullosa  la princesa. La comida estaba servida sobre una mesa blanca de madera, con seis  sillas a juego y primorosos mantelitos rosados. Cuatro sillas estaban ocupadas  por enormes peluches de diferentes animales. Una de las sillas vacías la ocupaba  la princesa y la otra, supuso, sería la que le correspondía. El único *artículo*  que no combinaba en toda la habitación era él mismo.

"Es... rosa."  Murmuró mientras se sentaba a la mesa. Filia se limitó a sonreir y prestamente  comenzó a servir su comida como si él fuera uno de sus peluches, primorosas  tazas y platos rosados aparecieron como por arte de magia.

"Pensé que no  ibamos a jugar a las muñecas." Comentó por lo bajo. La princesa levantó una  delicada ceja y le dio una larga mirada.

"¿Prefieres entonces cenar junto  a todos los miembros de la corte? ¿Sabías que al Primer Ministro le toca  sentarse al lado del rey y la reina, junto con la princesa?" Al escuchar la  información Xellos se estremeció y por unos instantes sus ojos mostraron un leve  color púrpura.

"No. Lo siento." Se disculpó.

"Lamento que no te  guste mi cuarto de juegos, pero es el único lugar donde puedo estar tranquila."  Dijo levantando la barbilla. "Además..." Hizo un gesto que Xellos apenas pudo  interpretar. "Al Primer Ministro le desagrada el rosa."

Xellos levantó la  vista hacia la princesa sorprendido. Una sonrisa traviesa adornaba el rostro de  la niña. Definitivamente estaba subestimando a la pequeña  consentida.

"Supongo que debes saber todo lo que le disgusta al Primer  Ministro." Le comentó el joven con una sonrisa tan traviesa como la de la  princesa a lo cual la niña mostró la sonrisa más deslumbrante que le hubiera  visto en todo el tiempo que llevaba en palacio.

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Ahh... siento lo de los capítulos cortos, pero al menos es un cambio a mis capítulos kilométricos, ¿no creen?  Espero de todas formas que les guste y espero poder publicar un poco más rápido ahora.  Gracias por la oportunidad que le están brindando a mi historia y recuerden, comentarios, dudas, preguntas, todo es bienvenido.  Se cuidan mucho minna-san, Ja ne!
Demon Child
Capítulo 6
Primer Entendimiento
Capitulo 7
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