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Como siempre, los personajes de Slayers no me  pertenecen ni me estoy adjudicando propiedad alguna sobre ellos.

Esta  semana FF.net ha hecho de las suyas y sinceramente me ha sacado el hígado con  los *problemillas* que he encontrado para publicar el capítulo anterior, por eso  creo que no voy a esperar para publicar este otro. Así que disfruten mientras  estoy enojada con FF.net.

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La noche era obscura en las  calles de Tougen y la luna no se animaba a iluminar los más obscuros callejones.  Un par de guardias pasó a caballo dando su usual ronda de vigilancia por las  adoquinadas calles. No bien habían pasado una figura encapuchada se apuró y  salió de su escondrijo, internándose más adelante en una de las casas.

El  hombre, al verse cubierto finalmente, se quitó la capa y de inmediato su  apariencia cambió. Sus vestiduras eran aquellas del consejero real de Tougen, el  Ministro. El hombre, de mirada perversa y cabello mezquino se irguió  completamente y se dirigió al otro hombre que lo recibía efusivamente. Antes de  que pudiera siquiera saludarlo lo interrumpió.

"¿Finalmente encontraste  lo que te pedí, Youki?" Se escuchó una voz llena de cinismo y  socarronería.

"Sí su Excelencia." Respondió Youki con voz melosa y  aduladora mientras hacía una reverencia que hacía que unos mechones castaños  cubrieran sus ojos verdosos.

"¿Puedo verlo?" Insistió el  Ministro.

"Claro que sí su Excelencia, por aquí." Ambos hombres pasaron a  un cuarto contiguo, sin más decoración que algunas sillas. En una esquina yacía  un joven de cabellos negros y lacios hasta los hombros. Al ver a los dos hombres  gruñó amenazadoramente.

"De pie muchacho." A pesar del disgusto que le  causaba la situación, el joven se puso de pie, levantando altaneramente la  barbilla.

"Baka, ¿qué se supone que sea?, te dije que quería un demonio,  no un mocoso." Replicó con evidente molestia el embajador quien esperaba  encontrar a un monstruo en lugar de un chico.

"Ahh, su Excelencia, sólo  espere un momento." El hombre se acercó al joven y tocando la piedra roja que  colgaba del collar murmuró unas palabras. Al instante, el cabello del joven  volvió a su color natural, y sus ojos se fijaron directamente en el Ministro,  quien suprimió un grito de espanto.

"Por el tesoro real..." Susurró con  voz temblorosa ante la visión que se presentaba frente a sus  ojos.

"¿Acaso no es del agrado de su Excelencia mi regalo?" Contestó  Youki con una sonrisa.

"Pero... ¿de dónde lo has sacado?" El Ministro  hizo un intento por acercarse al joven pero de inmediato se arrepintió, una sola  mirada furiosa lo regresó a su lugar. El otro hombre volvió a tocar la piedra y  al susurrar unas palabras, el joven volvió a tomar la apariencia de un inocente  muchacho.

"Fascinante..." Murmuró el Ministro. "¿Dónde lo encontraste?"  Repitió con vehemencia.

"Dónde lo encontré, eso es un secreto, lo  importante es que su Excelencia tiene lo que desea, siempre que nuestro trato  siga en pie."

"Claro que sí, mi querido amigo, claro que sí. Este será el  regalo perfecto para la pequeña malcriada del Rey." Sonrió  maléficamente.

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La princesa Filia estaba sentada muy  derecha en la silla al lado de su padre. Era su cumpleaños número doce, pero se  sentía demasiado aburrida. Le habían regalado muchas cosas, pero ella no se  había interesado por ninguna. Miraba desdeñosamente a todos los invitados con  aires de superioridad.

A la entrada del salón se escuchó anunciar la  entrada del primer Ministro de palacio. Filia suspiró, ese hombre realmente le  ganaba a todos haciendo su vida miserable. Lo odiaba con toda su alma, a pesar  de que estaba obligada a soportar su presencia. Su padre confiaba en aquel  hombre, qué desagradable. El Ministro pasó al centro del salón con cierta  rimbombancia.

"Sus Majestades, su Alteza, deseo expresar mis mejores  deseos en el cumpleaños de la princesa Filia, por lo que le he traido un regalo  que espero sea de su agrado." El hombre tronó los dedos y dos guardias  escoltaron a un joven elegantemente vestido hasta la presencia de la princesa.  El joven se inclinó en una profunda reverencia permaneciendo  callado.

"Este es mi regalo para la princesa Filia, un compañero de  juegos." El Ministro sonrió para sus adentros al ver que la princesa se mostraba  sumamente curiosa.

"Ministro, no tenía que preocuparse tanto..." Comenzó  el rey, pero de inmediato la princesa lo interrumpió diciendo que quería verlo  más de cerca. Su padre asintió y la princesa bajó de la silla dando pequeños  saltos muy impropios para una figura real de su edad, acercándose hasta quedar  frente a frente con el joven.

"De pie." Chilló. El joven así lo  hizo.

"¿Cómo te llamas y qué edad tienes?" Preguntó.

"Me llamo  Xellos y tengo catorce años." Respondió indiferente.

"¿Realmente crees  que puedes ser mi compañero de juegos?" Preguntó groseramente, mientras lo  empujaba con el dedo índice varias veces. Casi todos los invitados comenzaron a  sudar la gota gorda, incluyendo el Ministro.

Xellos se quedó sumamente  asombrado por unos instantes, pero recuperó su compostura.

"Sólo si no  sueles jugar cosas de niña boba." Respondió igual de grosero.

"¿Cómo te  atreves a decirme niña boba?, ¿acaso no sabes que estás hablando con la  princesa?" Chilló nuevamente. Xellos pareció estremecerse de la furia que  sentía, nunca nadie se había dirigido a él con tanto aire de superioridad y  altanería. Algo en su interior le decía que no debía comportarse a la altura de  la niña pero su furia pudo más que su juicio.

"Una princesa muy  malcriada, además, no dije que fueras una niña boba, simplemente que quizás  juegas cosas de niña boba. Pero si te has ofendido supongo que esos deben ser  tus juegos." Contestó al tiempo que mostraba una sonrisa  triunfante.

Filia estaba roja del coraje. El rey trató de disculparse de  inmediato con el primer Ministro, sugiriéndole que quizás la princesa desearía  otro regalo cuando de repente la princesa lo volvió a interrumpir. Se había  compuesto repentinamente y su voz sonaba demasiado dulce.

"No te  preocupes padre, creo que el regalo del primer Ministro es perfecto." Dijo  tornándose a ver a su padre con sus enormes ojos azules. En el momento en que su  padre asintió, la princesa dio media vuelta y quedó nuevamente mirando al joven.  "Ya veremos si te gustan o no mis juegos de niña boba..." Susurró y seguidamente  le sacó la lengua regresando luego a su asiento de la misma forma en que había  bajado las escaleras.

Xellos sentía ganas de poner sus manos alrededor  del pequeño cuello de la princesa y estrangularla lentamente pero se contuvo, el  collar lo obligaba.

"Bien, entonces ordenaré que lo envien a su recámara  princesa." Y diciendo esto, el joven hizo una corta reverencia y siguió tras los  pasos del Ministro.

Filia sentía que iba a disfrutar mucho su regalo, en  especial cuando supiera los planes que tenía para él. Una imagen del joven  vestido de muñeca pasó por su mente y sonrió maléficamente. Sí, definitivamente  iba a disfrutar mucho su regalo. Luego tendría que contarle a sus amigos de su  regalo de cumpleaños.

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Cuando terminó la fiesta de  cumpleaños, Filia se dirigió a su habitación. Estaba sumamente cansada y sólo  quería irse a dormir.

Entró a su habitación y se cambió la ropa,  colocándose una primorosa pajama rosa con bordes blancos. Sin embargo, al  tirarse en su cama se dio el susto de su vida.

"¡¡AAAHHHHHHHH, QUÉ HACES  AQUÍ!!" Chilló inmisericordemente. El joven, que hasta ese momento había estado  dormido sobre la cama, despertó sumamente aturdido mientras Filia lo atacaba con  las almohadas.

"¡Toma esto, y esto, y esto, por atrevido, y toma esto  también, baka!" Y sin más le dio un empujón que lo tumbó de la  cama.

"Itai." Fue lo único que pudo decir mientras golpeaba el piso. Se  sentó en el piso y se sobó la cabeza mientras la princesa lo miraba  enojada.

"¿Qué haces en mi habitación?" Chilló enojada.

"El  Ministro le explicó a su alteza que me dejaría en su habitación, ¿cómo pudo  olvidarlo?" Le dijo igual de enojado y sarcástico. "He estado aquí desde  entonces."

"Ohh..." Dijo un poco nerviosa Filia de haberlo olvidado. "De  todas formas, es hora de dormir, así que sal de mi habitación." Le dijo  recuperando la compostura y cerrando los ojos en un gesto ofendido que sólo la  princesa era digna de ofrecer.

"¿Y a dónde iré?" Preguntó  confundido.

"A cualquier parte, sólo sal de mi habitación." Le gritó  nuevamente. El joven se puso de pie y salió de la habitación dejándola sola.  Filia suspiró indignada y luego de arreglarse el cabello en unas gruesas  trenzas, se metió bajo las cobijas y de inmediato quedó profundamente  dormida.

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Como siempre, preguntas, sugerencias,  comentarios, todo es bienvenido. Ja ne!
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