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Los  personajes de Slayers pertenecen a su creador. De ninguna forma me estoy  adjudicando propiedad sobre ninguno de ellos.

Muchísimas gracias a  Ingrid, Star_Ariala (Fi-chan!!!!), Zeros (oye, no sé a dónde fue a parar tu  review, serio, estaba allí y ahora ya no, umhhh) y a MGA_FGA por sus reviews.  Les doy a todos un lindo saludo por el día de la amistad. Aquí en Puerto Rico no  lo celebramos, por eso no estoy muy acostumbrada al término, pero imagino que  debe ser un día muy especial si está dedicado a las personas más especiales del  planeta entero, nuestros amigos. Así que para Ingrid, Star_Ariala (Fi-chan),  MGA_FGA (Meli y Faby), Vanshie, Karoru-chan, G-FAN, Bra-chan, Cathain, Rinita  Inverse, Tira Misu, Yuta, Amber y Silver Lady, Lobo Palabra Gris y finalmente a  mi Peque.

Besos a todos y gracias por leer.

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Xellos  estaba preparándose para su cumpleaños número catorce. Se deslizó en los  pantalones de seda negra y ajustó la camisa del mismo material. Comenzó a  cepillar los sedosos cabellos hasta dejarlos lustrosos. Con sumo cuidado tomó la  túnica brocada y se la puso. Le llegaba a mitad de pierna y estaba bordada con  un hermoso dragón dorado en la espalda mientras que todo el borde de la túnica y  el cuello había sido bordado en pequeños diamantes e hilos de oro. Se colocó el  pesado collar que representaba el símbolo real, un disco de plata cuyo relieve  mostraba una loba seguida de su manada.

Sobre su cabeza una sencilla  corona de plata con un solitario diamante y en cada uno de sus dedos un anillo  de plata. Finalmente unas zapatillas negras, también bordadas con gemelos  dragones en hilos de oro. Sus tobillos y muñecas tintineaban con esclavas y  pulseras de plata similares a las que la reina de Koubuchi usaría.

Se  observaba en el espejo cuando Juu-ou entró en su habitación. La reina vestía  completamente de blanco. Una eterea túnica la envolvía y todos sus adornos eran  de oro con incrustaciones de diamantes y rubíes. Sus cabellos hermosamente  recogidos con cadenillas de oro y sobre su cabeza una delicada corona de oro y  diamantes representando ramas y hojas llenas de rocío matutino. Cuando ella se  acercó parecía la luna acercándose a la noche.

"Madre..." Susurró Xellos  permitiendo que Juu-ou lo abrazara.

"Me alegra tanto que estés conmigo  Xel-kun." Xellos sonrió, los sentimientos de Juu-ou hacia su persona eran  reales, ella lo consideraba como su propio hijo. Y no sólo eran reales, sino muy  fuertes, de Juu-ou emanaban sentimientos de amor con ciertas notas de  posesividad. Sabía que de haber sido necesario ella hubiera estado dispuesta a  ofrecer su vida por la suya. Se sentía orgullosa de poder llamarlo su  hijo.

Juu-ou no había envejecido en todo ese tiempo, desde que Xellos  estuviera con ella no había pasado el tiempo por su físico. Presentía que Xellos  inconscientemente estaba utilizando su magia para protegerla y no sólo a ella,  también al reino de Koubuchi. Desde hacía catorce años el reino no había sido  amenazado por ningún otro reino y los ciudadanos también sospechaban que se  debía al joven príncipe por lo que ninguno osaba hacerlo enfadar.

Xellos  sin embargo, parecía no darse cuenta de nada o no lo dejaba saber. Ahora sabía  perfectamente a qué se referían las personas cuando decían la palabra demonio.  Pero según había crecido, el tono aterrorizado con el que pronunciaban la  palabra había cambiado a uno de respeto. También consideraba a Juu-ou como su  Kaasan.

*"Finalmente, el príncipe." Susurró dulcemente y levantó su  espada sobre el cuerpo del pequeño.* Un sentimiento de tristeza interrumpió su  contemplación de aquella mujer.

"Kaasan? ¿Qué sucede?" Le dijo algo  preocupado mientras observaba el reflejo de la reina en el espejo.

"Sólo  recordaba..."

"¿Qué recuerdo de tu pasado es tan triste como para  interrumpir la alegría que hasta hace unos momentos podía sentir?" Susurró  cerrando los ojos y escondiendo la cabeza en el pecho de su madre adoptiva.  Juu-ou sabía que Xellos podía sentir sus estados de ánimo, por lo que nunca se  había esforzado por mentirle ni ocultarle nada al joven.

"Pequeño...  cuando pienso que pude haberme quedado sin tí." Xellos sintió que la Reina lo  abrazaba más fuertemente. Claro que Xellos sabía a qué se refería la reina.  Cuando pequeño todas las noches su *madre* le hacía una historia antes de ir a  dormir. La historia del pequeño príncipe encantado que fue salvado por la  hermosa guerrera, su historia preferida. Una de esas noches Juu-ou, cuando el  pequeño ya comenzaba a comprender sus poderes, no tuvo más remedio que contarle  la verdadera historia.

"Madre, ya no pienses más en eso, por  favor."

Por unos momentos más permanecieron en silencio, Juu-ou  abrazándolo con vehemencia, hasta que finalmente el abrazo del joven la fue  calmando y pudo componerse lo suficiente como para hablarle.

"Vamos ya,  deben estar esperando por tí." Le sugirió Juu-ou. Xellos asintió y se dejó  llevar por ella.

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La fiesta se celebró con mucha algarabía,  Xellos podía sentir que el reino también estaba orgulloso de él. Sentía que no  le faltaba absolutamente nada para ser feliz. El evento siguió su curso y  durante todo el día los festejos llenaron las calles de la ciudad. Al final del  día Xellos estaba exhausto. Por lo que no bien se hubo terminado la celebración  de palacio, se excusó para retirarse a su habitación.

Estaba a punto de  cambiarse de ropa cuando sintió que dentro de su habitación había otra persona.  Buscó con la vista algún indicio del intruso.

"Asombroso." Escuchó una  voz a sus espaldas y se volteó de inmediato, aguzando la mirada en un gesto  amenazador.

"¿Quién eres y qué haces en mi habitación?" Le contestó  Xellos con un peligroso tono en su voz.

"Su Majestad, disculpe mi  torpeza, soy Youki y estoy en su habitación para proponerle un trato." Escuchó  una voz tersa y melosa.

"Sal donde yo te pueda ver." Xellos observó la  figura de un hombre muy alto y esbelto acercarse a donde estaba. No retrocedió  ni un sólo centímetro a pesar de que aquel hombre le sobrepasaba en estatura y  aparentemente en fuerza.

"Su Majestad es el primero en descubrir mi  presencia, debo admitir que es muy poderoso." El hombre tenía un gesto de  genuino asombro pero Xellos sabía que estaba fingiendo, su corazón le decía que  aquel hombre tenía malas intenciones.

"Será mejor que abandone mi  habitación antes de que llame a los guardias." Respondió Xellos sin  inmutarse.

"Lo siento, pero no puedo abandonar esta habitación sin haber  hablado antes con Su Majestad." La sonrisa del hombre cesó.

"Entonces  habla. Mientras más pronto termines, más pronto estarás fuera de mi presencia."  Le dijo con un gesto indignado el príncipe pero sin perder ni un momento su real  compostura.

"Quería proponerle a su Majestad un trato a cambio de su  ayuda para conquistar un reino. Sé que su Majestad es un demonio y eso es  justamente lo que estamos buscando para tal empresa." El hombre esperó la  reacción del príncipe.

El joven Xellos se mostró visiblemente afectado y  sorprendido ante la insolencia del hombre. No sólo tenía el descaro de mostrarse  en su propia recámara y de dirigirse a su persona sin haber sido propiamente  citado sino que lo había llamado demonio, lo que ninguno se había atrevido a  hacer hasta entonces. Claro que todo el reino de Koubuchi sabía que su príncipe  era un demonio pero ninguno había osado a expresar su opinión y menos en la cara  misma del príncipe. Se recuperó rápidamente de la impresión y su rostro tomó una  expresión fría.

"No. Y ahora sal de mi presencia." Le dijo secamente  llevando su mano derecha a la empuñadura de su espada.

"Lo siento su  Majestad, pero si no desea venir por su voluntad, tendré que llevarlo conmigo a  la fuerza." El hombre sonrió y Xellos sintió unos terribles deseos de borrar  aquella sonrisa prepotente, por lo que apretó su mano sobre la empuñadura de su  espada. Pero antes de poder siquiera sacarla, aquel hombre produjo una especie  de collar de oro con una gema roja y en menos de un parpadear se lo había  colocado al cuello.

Lo observó asombrado, no entendía cómo era posible  que aquel hombre lo hubiera tomado desprevenido.

"¿Qué es esto?" Preguntó  sorprendido y enojado.

"Es su regalo de cumpleaños Majestad." Por un  momento no supo qué hacer ni qué decir, era como si hubiera perdido la voluntad  para sacar la espada.

"Ahora será mejor que me acompañe lo más dócilmente  posible su Majestad." Al escuchar la orden su cuerpo comenzó a moverse hacia el  hombre en contra de su voluntad, quien se volteó y comenzó a trepar por la  ventana.

"Y por cierto... Feliz cumpleaños su Majestad." El hombre le  devolvió una sonrisa que le revolvió el estómago, pero no pudo evitar seguirlo  por la ventana y finalmente hasta salir del castillo y montar ambos en veloces  corceles que lo alejaron de su amado reino.

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¿Les gusta?  Recuerden dejar review, ya sea con flamas, con sugerencias, con detalles, con  saludos, no problem!!

¡Ja ne!
Demon Child
Capítulo 3
¿Cumpleaños Feliz?
Capítulo 4
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