*******

Los personajes de Slayers pertencen a su creador.  De ninguna forma me estoy adjudicando posesión alguna sobre ellos.

Este  fic contiene referencias Shounen ai. Zelgadis / ? Quedan  advertidos.

*******

Ashura asomó la cabeza dentro del cuarto de  Zelgadis. Sobre la cama pudo ver la figura de Dolphin enredada entre las sábanas  pero Zel no estaba por ninguna parte.

"¿Zel...?" Llamó casi en un  susurro.

Trató de escudriñar los alrededores pero a simple vista no pudo  descubrir nada. Suspiró y cerró los ojos, echándole un vistazo al plano astral.  Sonrió, Zel estaba en la habitación de Dynast. Salió sin hacer ruido y se  teleportó directamente al cuarto de Dynast. Buscó nuevamente, pero sólo vio a  Dynast sobre la inmensa cama. Se concentró un poco más y justo al lado de la  cama pudo sentir la marca astral de Zelgadis.

Se acercó y tocó el aire  donde sentía la forma astral del shaman, de inmediato apareció la forma física  de Zel flotando levemente más arriba del suelo. Ashura sonrió y sujetándolo  suavemente se teleportó en la misma habitación donde Zel había borrado los  recuerdos del sacerdote de Juu-oh.

Lo dejó sobre la cama para luego  saltar alegremente al lado de la forma dormida. Zelgadis despertó de  inmediato.

"¡ASH!" Gritó Zel un tanto confundido.

"Ne, Zel-kun, no  tienes que gritar tan fuerte." Sonrió el jovencito.

Zelgadis observó al  pequeño de Zelas que obviamente ya no era tan pequeño.

"¿Qué... qué te  sucedió?" Le preguntó algo confundido mientras alargaba una mano y tocaba los  largos cabellos color plata. El joven se encogió de hombros.

"Crecí." Fue  la respuesta, mientras se acurrucaba al lado del shaman.

Zelgadis ya  sabía que la forma física de Ashura no importaba mucho, le echó un leve vistazo  al plano astral y pudo corroborar que aunque la forma del joven continuaba  siendo la misma, ahora era más densa, lo que suponía un aumento en sus poderes.  En otras palabras, había crecido. Suspiró cansadamente. Ashura no dejaba de  sorprenderlo, a veces simplemente se comportaba como el pequeño recién nacido  que cargara por primera vez en sus brazos y otras se comportaba con una  sabiduría más allá del tiempo.

Zelgadis conocía el secreto de Ashura, por  eso trataba de asimilar los cambios en el momento en que aparecían, pero no  podía evitar sorprenderse. Cerró los ojos nuevamente permitiéndose el sueño  humano al cual todavía estaba tan aferrado mientras dejaba que el joven  descansara la cabeza sobre su pecho como soliera hacerlo cuando era un  crio.

*******

Xellos había regresado al castillo del Rey Supremo,  la noche no había resultado como le hubiera gustado, el pequeño Valteria no le  temía en lo absoluto y tampoco era esa su intención. Pero ni siquiera había  logrado hacer enojar al pequeño dragón contra su persona, sólo había obtenido  sentimientos positivos.

Se deslizó silencioso por el pasillo,  deteniéndose brevemente frente a la recámara de Dynast y luego frente a la de  Zelgadis. En ninguna de las dos pudo sentir al shaman o al pequeño de Zelas.  Tanteó las marcas astrales y los encontró en los niveles más altos del castillo,  teleportándose de inmediato.

Apareció sobre las figuras dormidas y las  observó unos segundos. Se sorprendió al reconocer que en efecto, Ashura era el  joven que dormía sobre el pecho del shaman. Los rostros dormidos tenían la misma  expresión apacible. La misma leve sonrisa. El sacerdote se acercó un poco más,  tratando de establecer las similitudes de ambos.

Ahora que lo meditaba  detenidamente, Zelgadis y Ashura tenían la misma forma esbelta y graciosa. Con  ambos rostros tan juntos podía jurar que Ashura era una versión más joven de  Zelgadis, de no haber sido por el color bronceado de la piel de Ashura y el  cabello plateado que tanto le recordaban a Juu-ou.

Se sorprendió  sobremanera cuando aquellos ojos dorados se posaron sobre los suyos, los ojos  felinos de Ashura. El joven sonrió levemente, luego extendió su mano hacia el  sacerdote tomándolo de la mano. Trató de oponerse a la fuerza que lo atraía  hacia la cama, pero ahora que la forma de Ashura representaba más edad y su  poder había aumentado considerablemente no pudo menos que dejarse  llevar.

Cayó al lado del joven demonio, moviendo la cama ligeramente con  su peso. Zelgadis murmuró entre sueños pero quedó dormido rápidamente. Ashura no  levantó la cabeza del pecho del shaman.

"¿Qué es lo que te tiene  preocupado Xel-kun?" Le susurró Ashura.

"Yare... yare... Ash-kun, sore wa  himitsu desu..." Sonrió el sacerdote.

"Yo sé lo que te preocupa Xel-kun."  Dijo Ashura volteándose para mirar al sacerdote. Xellos no pudo menos que  sentirse un poco incómodo bajo aquella mirada de oro. Pero la incomodidad duró  muy poco cuando comenzó a sentir que el caótico perfume del chico lo envolvía.  Cerró los ojos placenteramente y sin quererlo se acurrucó más cerca. Ashura  sonrió complacido.

"¿Qué te parece si vamos a visitar a mi Kaasan hoy  Xel-kun?" Le susurró suavemente.

"Mmhhh..." Fue la adormilada respuesta,  sentía que su conciencia estaba siendo envuelta en aquella exquisita fragancia,  como una fuerza que lo manipulaba a voluntad. Trató de zafarse, pero sólo  consiguió un débil intento. Ashura podía sentir que Xellos se  resistía.

"Kaasan tiene un buen sirviente..." Susurró al oído del  sacerdote mientras quitaba algunos mechones púrpuras de sus ojos cerrados. "Y no  seré yo quien destruya eso." Se volteó hacia Zelgadis, recostando nuevamente la  cabeza y tirando del brazo de Xellos hasta sentirlo sobre sus hombros. De  inmediato el perfume se esfumó y Xellos abrió los ojos sobresaltado.

No  se movió. De momento ya no sentía aquella presencia que lo había tratado de  manipular, de momento se sentía seguro y protegido, como nunca en toda su  existencia. Ni siquiera Zelas lo hacía sentir de esa forma. ¿Sería así como  Zelgadis se sentía al lado de Ashura? Dio un hondo suspiro y se dejó ir en  aquella seguridad tan diferente a la fuerza que lo había tratado de controlar  unos segundos atrás.

*******

La mañana pasó lentamente mientras el  gélido viento azotaba el castillo en una fuerte tormenta. Dynast se encontraba  en la biblioteca leyendo tranquilamente uno de sus libros mientras Dolphin se  entretenía contando las páginas de un enorme volúmen. Por alguna razón ninguno  de los dos recordaba ni al sacerdote, ni al shaman, ni al joven demonio que  descansaban en los niveles más altos del palacio.

De a ratos Dynast  observaba a Dolphin, sin poder recordar cómo ni cuándo había llegado hasta su  castillo ni por qué a esas alturas no la había enviado de regreso a su lugar en  el fondo del océano. Adicional a eso, se le hacía muy extraño que la señora  oscura del mar no hubiera hecho ningún comentario infantil ni se estuviera  concentrando en molestarlo. Algo había cambiado y no podía  recordarlo.

Dolphin continuó contando las páginas del grueso tomo sin  percatarse que el Rey Supremo la observaba a ratos. Estaba completamente  distraida, por primera vez las voces en su cabeza estaban silenciosas,  permitiéndole un poco de paz y le parecía fascinante el poder llevar la  secuencia de los números en su cabeza sin que ninguna de las voces la  interrumpiera con extrañas ideas. Era como si de repente todo tuviera sentido,  base y secuencia lógica. Sonrió complacida cuando llegó a la página mil. Una  palabra tan corta para un número tan grande, irónico. Tan irónico como Fibrizo,  una forma tan pequeña para un poder tan grande. Dejó escurrir la última página y  levantó la vista hacia Dynast.

El Rey Supremo, igualmente irónico, con  sus juveniles facciones y ahora con un poder mayor que el del mismo Fibrizo.  Frío como el ambiente que los rodeaba, pero a ella no le molestaba aquel  ambiente, era casi tan frío como las profundidades marinas, aunque su hogar le  parecía mucho más hermoso. Lleno de peces y criaturas marinas flotando  suspendidas en la salada profundidad. Una ola de nostalgia la invadió y suspiró  compugnida.

"Dy-kun..." Dijo con inseguridad.

Dynast levantó la  mirada de su libro y la fijó en ella. "¿Sí?"

"¿Te gustaría visitar mi  biblioteca?" Le dijo con sinceridad.

Dynast levantó una delicada ceja  sorprendido. ¿Acaso aquella era realmente Dolphin? Su mirada parecía...  ...sobria. Lo meditó unos momentos hasta que se percató que Dolphin continuaba  esperando una respuesta. Se sonrojó levemente a causa de su propia  indecisión.

"Hai." Respondió finalmente. Dolphin le devolvió una hermosa  sonrisa mostrando uno de sus afilados caninos y Dynast sintió una oleada de  calor moverse por todo su cuerpo.

"¿Vamos?" Lo apresuró Dolphin,  acercándose suavemente y colgándose de su brazo, una acción que si alguna vez le  había molestado sobremanera, ahora no parecía disgustarle en lo más  mínimo.

"Vamos." Y desaparecieron dejando un leve rastro de húmedas  gotitas y copos de nieve.

*******

Zelgadis despertó ante la  sensación de que algo o alguien se había movido en el plano astral muy cerca de  donde se encontraban. Pronto su atención se desvió hacia la escena justo al lado  suyo. Una cascada de plateados cabellos refulgía sobre las sábanas. *Ash-kun.*  Su mano se movió inconsciente para acariciar aquellas sedosas ondas y tropezó  con otra forma justo al lado de Ashura. Levantó la cabeza levemente y pudo  captar un reflejo púrpura. *¿Xellos?*

El movimiento, aunque no a  propósito, despertó al sacerdote.

"¿Zelgadis?" Murmuró  suavemente.

"¿Umhh?" Le respondió el shaman aún  adormilado.

"Estamos solos..." Zelgadis de repente no entendió las  palabras del sacerdote. Pero después de unos minutos comprendió que se refería  al castillo. Ciertamente estaban solos, Dynas y Dolphin no se hallaban en  ninguna parte dentro del castillo.

"Supongo entonces que es hora de  regresar a la isla." Le dijo Zel con suavidad y Xellos  asintió.

"¿Ash-kun?" El joven no se movió. "¿Ashura?" Zel volvió a  llamar. Una sonrisa se dibujó en los rosados labios del joven.

"¿Estás  despierto?" El shaman frunció el rostro mientras una risita divertida se  escuchaba.

"¡Vamos a ver a Kaasan!!" El joven se levantó repentinamente  sujetando al shaman y al sacerdote y en unos segundos  desaparecieron.

*******

Xellos y Zelgadis aparecieron en el  pasillo que dirigía al salón principal del castillo de Zelas. Sólo había un  problema, no habían tenido siquiera tiempo de ponerse en pie cuando Zelas  apareció en la puerta del salón y observó a su general y sacerdote tirado sobre  el suelo con un muy abochornado Zelgadis a horcajadas sobre sus  caderas.

"Ejem..." Zelas se aclaró la garganta. "¿No podrían esperar a  llegar a una de las habitaciones?" Pero antes de que ninguno pudiera moverse  Ashura apareció repentinamente y se dejó caer sobre Zelas.

"¡¡KAASAN!!"  Gritó el joven mientras bajo su peso yacía una muy sorprendida  Zelas.

"¿Ash-kun?" Dijo sorprendida al ver lo mucho que había crecido, de  un pequeño ya era todo un joven.

"Hai!" El joven sonrió  travieso.

"¡Cuánto has crecido!" Dijo más que sorprendida. Xellos y  Zelgadis aprovecharon la oportunidad mientras Zelas estaba distraida para  desenredarse y ponerse en posición de reverencia. Xellos estaba casi seguro que  su ama echaría muy pronto una de sus ya famosas rabietas por la forma en que  habían aparecido en la isla. Sin embargo, Ashura y Zelas continuaron hablando  animadamente mientras los ignoraban por completo. Muy en el fondo el sacerdote  de Zelas sintió una especie de incomodidad ante la demostración afectuosa entre  madre e hijo.

Zelgadis capturó de inmediato el sentimiento que comenzaba  a emanar del sacerdote y lo miró de reojo. La sonrisa de siempre estaba en su  lugar, pero en el interior comenzaban a bullir emociones fuertes que de seguir  así terminarían de forma desastrosa muy pronto.

"Zelas-sama, humildemente  solicitamos permismo para retirarnos." Dijo Zelgadis suavemente. Zelas apenas le  prestó atención pero con un gesto de su mano los despidió. El shaman se levantó  pero Xellos se quedó en el suelo.

No tuvo más remedio que utilizar el  poder que Ashura le había concedido para obligar al sacerdote a moverse y  seguirlo mientras que madre e hijo continuaban su animada plática. Se dirigió a  la recámara de Xellos y no bien había cerrado la puerta el sacerdote se volvió  furioso hacia él.

"¿Qué se supone que significa esto?" Le exigió Xellos  con furia apenas contenida.

"Xellos, no es buena idea que Zelas se  percate de tus sentimientos hacia su hijo." Le dijo con seriedad mientras  cruzaba los brazos sobre su pecho. Xellos tardó un poco pero finalmente recuperó  parte de su compostura.

"En eso tienes razón Zel-kun." Dijo con un tono  venenoso. "Lo único que me gustaría saber es por qué te has tomado la libertad  de utilizar tus poderes sobre mí." Y le dirigió una mirada  sombría.

Zelgadis se tensó visiblemente. Podía percibir el principio de  una discusión con Xellos. Pero más que nada, su primera discusión con el  sacerdote. Siempre le había mostrado su lado travieso o pervertido, pero siempre  había mantenido sus emociones bajo control y en esos momentos percibía que el  aura del demonio aumentaba rapidamente.

Quizás había cometido un error,  sabía que Xellos no tomaba muy bien el hecho de ser controlado por otro ser que  no fuera el Ama de las Bestias misma y si bien había controlado al sacerdote en  una ocasión, no era como si Xellos lo pudiera recordar. Una pequeña gota de  sudor frío bajó por la nuca del shaman.

"Yo..." Titubeó. Por un lado  tenía que permitir que Ashura pasara suficiente tiempo con Zelas para cumplir su  objetivo. Ashura era la razón principal de casi todas sus acciones. Por otra  parte... recordaba varias de las veces que Zelas había escarmentado a su propio  general. Muy en el fondo no quería ver que Xellos repitiera la experiencia sólo  porque perdiera el control de sus emociones.

"Yo..." Intentó nuevamente,  pero no tenía ninguna excusa que ofrecer, sólo le quedaba una  alternativa.

"Lo siento."

Xellos lo vio cambiar la vista al piso y  dejar caer los brazos limpiamente en un gesto submisivo. A través de aquella  aura tan enigmática que Zelgadis poseía y que él no podía descifrar se escaparon  algunos sentimientos que Xellos pudo reconocer como preocupación  y...

Abrió los ojos sorprendido y toda la ira que hacía unos momentos  comenzaba a cegarlo desapareció como por arte de magia. Se acercó unos pasos a  donde se encontraba Zelgadis mientras una sonrisa traviesa adornaba sus  labios.

"Sabes que no puedo dejar pasar semejante provocación." Sonrió  ampliamente mientras Zelgadis le devolvía una mirada confundida.

"¿Nani?"  El shaman estaba más que confundido, hacia unos segundos Xellos había estado a  punto de estallar pos su culpa y de repente estaba nuevamente tranquilo, en  control y tentando su suerte como siempre.

"Quiero que me compenses de  alguna forma." Le dijo mientras caminaba lentamente a su alrededor. Zelgadis  sintió unos leves escalofríos recorrerle el cuerpo. ¿Exactamente qué era lo que  le estaba pidiendo Xellos? Tragó en seco mientras varias imagenes pasaban por su  mente.

"¿Qué... qué deseas?" Tembló levemente.

"Sólo satisfacer mi  curiosidad Zel-kun." Zelgadis le dio una mirada incomprensible.

"Sí,  Zel-kun, satisfacer mi curiosidad. Desde aquel día que regresé a la isla para  encontrar que no recordabas nada de las últimas dos semanas pude sentir que tu  aura había cambiado." Le dijo pensativo pero Zelgadis se mantuvo  callado.

"Desde entonces he querido echarle un vistazo a tus memorias y a  tu aura, pero por alguna razón no he podido." Se detuvo a unos pasos tras  Zelgadis para susurrarle al oído. "Quisiera ver tu aura Zelgadis Greywers,  general y sacerdote de Ashura."

*******

Ummhhh... un capítulo más  y esta historia llega a su final.

Bueno, ¿flamas?, ¿comentarios?, ¿sugerencias?, todo es bienvenido.  Gracias por su apoyo a todos. ¡Ja ne, mina-san!
L-sama o el Caos
Capítulo 8
¡Vamos a ver a Kaasan!
Capítulo 9
Regresar al índice de páginas
Regresar a la página principal
Hosted by www.Geocities.ws

1