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Los  personajes de Slayers pertencen a su creador. De ninguna forma me estoy  adjudicando posesión alguna sobre ellos.

Este fic contiene referencias  Shounen ai. Zelgadis / ? Quedan advertidos.

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El shaman  cerró los ojos mientras los escalofríos continuaban recorriendo su cuerpo.  Xellos estaba pidiéndole demasiado. Si le mostraba su aura sabría el secreto no  solo suyo sino de Ashura. Su mente sólo pudo reaccionar de una  forma.

*Ash-kun...* Llamó al chico mentalmente. La respuesta vino de  inmediato.

*¿Sí Zel-kun?*

*Es Xellos...* Le envió en una sola  imagen los deseos del sacerdote.

*Creo que ya es hora de complacer a  Juushinkan.* Zelgadis sintió que el chico sonreia en su  pensamiento.

*Hai.* Dijo sin dejar de temblar.

Cuando Zelgadis  abrió los ojos Xellos aún se encontraba esperando la respuesta a sus espaldas.  Apenas hizo un gesto afirmativo y ambos se transportaron directamente al plano  astral.

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El espacio que componía el plano astral se  extendía hacia todas partes alrededor de ambas figuras que aún conservaban su  aspecto semi humano.

"¿Y bien?" Preguntó con ansiedad el sacerdote. Hacía  mucho tiempo que no mostraba tanta curiosidad, décadas.

Zelgadis tomó un  profundo suspiro, innecesario ya que en el plano astral no había aire que  respirar.

El cuerpo del shaman se fue disipando y una luz dorada ocupó el  lugar donde se encontraba. Una extensa fuente de luz que ocupaba un espacio casi  infinito. Xellos cubrió sus ojos, no por el hecho de que la luz los lastimara  sino por ser su primera reacción al sentir el caos que comenzaba a  envolverlo.

Extasis, completo y absoluto. Era como estar nuevamente en  las manos de...

"¡L-sama!" Fue la única palabra que pudo pronunciar antes  de perder el sentido.

Cuando recuperó el sentido, se halló en su cuarto,  sobre su cama. A su lado Zelgadis se hallaba aparentemente  dormido.

"L-sama..." Susurró cuando sintió las reminiscencias del caos  sobre su cuerpo. Trató de despertar al shaman pero en vano. Era como si el sueño  eterno se hubiera apoderado de la gentil figura.

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En el  plano astral la figura de Zelgadis continuaba envuelta en la luz dorada mientras  otra más fuerte aparecía a su lado.

"Ash-kun..."

"Sí  Zel-kun?"

"¿Qué piensas hacer ahora?"

"Debo continuar Zel-kun. Ya  no hay nada más que hacer aquí. Ya le otorgué mi regalo a Juu-ou."

En el  plano astral Zelgadis se acercó a la figura de Ashura y lo abrazó  tiernamente.

"Te voy a extrañar..."

"Zel-kun, no te aflijas, fue  muy divertido después de todo, ne?" Zelgadis se limitó a asentir en silencio  mientras acariciaba los blancos cabellos del joven.

"Ahora debo reunir la  energía de aquellos mazoku que desbalancean el equilibrio. Pero eres libre de  hacer lo que gustes Zel-kun."

"Sólo quisiera continuar a tu lado..." El  joven sonrió.

"¿Deseas ser humano nuevamente? Sabes que puedo cumplir  cualquier deseo de tu corazón." Se separó un poco del shaman.

"Prefiero  conservar esta forma. Me permite sentirte donde quiera que estés." Ashura sabía  que Zelgadis expresaba en aquella oración más de lo que decía. No era un mazoku  realmente porque no estaba lleno de obscuridad. Tampoco era un ryozoku ni un  humano. Zelgadis era, en esencia, parte del poder mismo de L-sama. Caos en  perfecto orden.

"Es hora de partir." Susurró el joven y sin más, Zelgadis  se encontró de nuevo en su cuerpo, con un muy histérico Xellos  sacudiéndolo.

"¡¡ZELGADIS!!" Aquellos ojos profundos como el mar se  abrieron al mundo nuevamente y fue como si respirara por primera  vez.

"¿Xellos?" Dijo algo confundido. Xellos respiró profundamente  aliviado por unos instántes. De repente comenzó a recordar, aquella visión en el  plano astral había desatado los recuerdos que Zelgadis había tratado de mantener  ocultos.

"¡Zelas!" Le dijo con algo de pánico en la voz. No sabía  exactamente lo que Ashura planeaba hacerle a Juu-ou.

"Ella está bien  ahora Xellos." Le dijo Zelgadis mientras se cruzaba los brazos sobre su pecho  como si tratara de sacudirse un frío que no sentía.

"¿Y  Ashura?"

"¿Es que aún no lo imaginas?"

"L-sama." Dijo un poco  confundido, tratando de darle lógica a todo el asunto. Zelgadis simplemente  sonrió como toda respuesta. Xellos había descifrado el secreto del pequeño de  Zelas aunque no completamente, no, aún había otro secreto que ni siquiera Xellos  podría descrubir. El shaman observó fijamente a Xellos, alivio, sorpresa,  confusión, todos esos sentimientos se vertían del interior del demonio. De  repente el sacerdote desapareció, sentía una necesidad increíble de estar al  lado de su señora.

Zelgadis se levantó lentamente y le echó un último  vistazo a la habitación. Sabía a dónde había ido el sacerdote y ahora que estaba  ocupado con Juu-ou era su oportunidad de partir también. Ocultó su aura hasta  que apenas quedó rastro de ella y desapareció.

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Xellos  apareció en la habitación de Juu-ou, quien dormía plácidamente sobre su cama.  Verificó que todo estuviera bien y suspiró aliviado, acariciando los blancos  cabellos de su ama. Mientras lo hacía un sentimiento de soledad le invadió, como  si de repente faltara algo en todo el paisaje.

"¿Zelgadis?" Murmuró  cuando se percató de que no había señal alguna del shaman en todo el castillo.  Extendió su consciencia a toda la isla y finalmente a todo el territorio. No  había rastro alguno ni del shaman ni del hijo de Zelas, o mejor dicho, de  L-sama. Porque el hijo de Zelas no era otro que L-sama misma, o al menos una  parte de ella con las caracteristicas del ama de las bestias. Suspiró mientras  un extraño malestar se anidaba en su centro. ¿Acaso extrañaba a aquellos dos  seres?

Sacudió la cabeza con algo de tristeza y trató de concentrarse en  su ama.

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En otra parte del continente, específicamente en  tierras de los mazoku, un nuevo demonio caminaba confiadamente entre las sombras  de la noche. Sus cabellos metálicos tintineaban quedamente y la luz de la luna  se reflejaba nítidamente sobre su piel azul. Una sonrisa se dibujaba en los  labios del joven mientras se internaba en las áreas más obscuras, iluminándolas  con un débil brillo dorado.

El perfume del caos comenzó a llamar la  atención de las criaturas nocturnas que comenzaron a seguirlo mientras la  sonrisa en sus labios se retorcía y dejaba ver un colmillo perfectamente  blanco.

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Habían pasado varios meses desde que Zelgadis  había abandonado la isla de Wolfpack, tiempo que había pasado vagando sin rumbo,  evitando al grupo de Lina y a cierto general y sacerdote. Podía sentir cada paso  que el joven Ashura tomaba, cada giro, cada vuelta y cómo su poder iba  aumentando al tiempo que iba absorbiendo la esencia de cada mazoku que se  cruzaba en su camino. Pero aún así se sentía muy solitario. En esos momentos se  hallaba cruzando el desierto de la muerte casi por tercera vez.

Suspiró  mientras el sol comenzaba a ocultarse nuevamente tras las montañas de arena  cuando esucchó una voz en su mente. Alguien pronunciaba su nombre con  insistencia. Ahora entendía lo que sentía cada mazoku de alto rango cuando  alguien pronunciaba su nombre, era como una fuerza inevitable que le llamaba la  atención y le provocaba curiosidad. ¿Pero quién podía estarlo  llamando?

Se concentró un poco más hasta que finalmente logró discernir  la voz. No podría ser que él lo estuviera llamando.

"¿Xellos?" Se percató  demasiado tarde de su error, había pronunciado el nombre del sacerdote. Antes de  poder siquiera reaccionar la conocida figura apareció flotando a sus espaldas  con una enorme sonrisa.

"¿Me llamaste Zel-kun?" Una encantadora sonrisa  adornaba el rostro del sacerdote.

"Baka." Gruñó fastidiado. Se había  esforzado demasiado para pasar desapercibido al sacerdote sólo para caer  tontamente apenas Xellos pronunciaba su nombre.

"Zel-kun, por qué me has  estado evitando todo este tiempo?" Le dijo con una sonrisa de  satisfacción.

"No es de tu incumbencia." Le dijo enojado, más consigo  mismo que otra cosa, ¿cómo había caído en una trampa tan tonta?

"Pero  Zel-kun, pensé que me extrañabas." Dijo con fingido dolor.

"No sería todo  lo contrario?" Le insinuó.

"Yare, yare... Yo sí te extraño Zel." Le  respondió en un tono bastante azucarado acercándose unos pasos.

"Vete."  Zelgadis le advirtió y se dispuso a continuar su camino.

"Pero no es  bueno que andes tan solo por este desierto, podría sucederte algo." El shaman  giró y como respuesta al comentario una poderosa fuerza hizo que el sacerdote  quedara inmóvil en su lugar.

"Kuso." Dijo suavemente y la sonrisa  desapareció por completo de los labios del sacerdote.

"¿Ya olvidaste que  puedo defenderme perfectamente Xellos?" El sacerdote no respondió pero fijó sus  ojos en los del shaman con algo de resentimiento, como retándolo a que utilizara  nuevamente sus poderes sobre él. Zelgadis se sentió tentado a dejarle saber por  las malas que no deseaba ser molestado. Pero por más que lo deseara no podía  verse lastimando a Xellos de ninguna forma. Suspiró profundamente mientras  cerraba los ojos.

Con un leve gesto la fuerza que atrapaba a Xellos se  desvaneció y Zelgadis intentó por segunda vez proseguir su camino. El sacerdote  no perdió tiempo y en un instánte estuvo sobre el shaman, haciéndolo caer sobre  la arena y atrapándolo efectivamente con su peso. Zelgadis gruñó  amenazadoramente.

"Xellos, déjame ir." Le dijo en tono de advertencia. La  mirada del sacerdote se suavizó levemente.

"Iie. Regresa conmigo a la  isla." Susurró.

"Nunca quise ir a Wolfpack en primer lugar. ¿Piensas que  puedes obligarme ahora como lo hiciste la primera vez?" Le dijo lleno de coraje  mientras intentaba safarse del sacerdote sin causarle daño.

"Obligarte  nunca estuvo en las órdenes de Zelas."

"¿Tampoco es parte de sus órdenes  ahora?"

"No son órdenes de Juu-ou."

"¿Entonces?" Xellos lo observó  con los ojos muy abiertos pero la mirada no intimidó al shaman quien le devolvió  una mirada más feroz si era posible.

Xellos se acercó al rostro enojado  mientras cerraba los ojos. Sabía que se estaba arriesgando demasiado. Zelgadis  podía finalizar su existencia si lo hubiera deseado pues era mucho más fuerte,  demonios, poseía parte del poder de L-sama misma.

"Por favor, regresa a  la isla." Gimió lastimeramente. Nunca había suplicado, pero no podía evitarlo.  No tenía ninguna otra forma para intentar convencer al testarudo shaman y no  quería volver a cometer el mismo error que la primera vez. Soltó las manos del  shaman y se acurrucó sobre su pecho cerrándo los ojos con  fuerza.

Zelgadis suspiró profundamente y su resolución se tambaleó  miserablemente.

"No quiero ir a la isla Xellos." Le dijo con suavidad.  "Es algo... aburrida." Dijo tratando de ofrecer aunque fuese una débil excusa  para no ir.

Xellos levantó la cabeza y una leve sonrisa se asomó a sus  labios.

"Entonces permíteme acompañarte."

"Hnn..." Zelgadis desvió  la mirada.

"Por favor Zel-kun." Zelgadis volteó los ojos  vencido.

"Está bien, está bien. Pero quítate de encima de  mí."

"Pensé que habías dicho que podías defenderte solo." Sonrió  nuevamente el sacerdote.

"Baka."

"¿Tienes miedo de lastimar a este  antiguo sacerdote?" Le dijo pícaramente.

Zelgadis rugió enojado y en un  segundo la situación había dado una vuelta completa y Xellos se encontró  atrapado bajo la ágil forma del shaman.

"¿Cuándo vas a aprender Xel-kun?"  Le dijo cerrando los ojos peligrosamente.

"Podrías enseñarme si  quisieras." Y se levantó un poco, alcanzando a plantarle un beso en la boca al  shaman.

Por unos segundos Zelgadis se quedó completamente paralizado, con  los ojos muy abiertos y una expresión asombrada. Pero de repente una enorme  explosión de color rojizo ocupó el lugar donde se encontraban ambos.

Un  muy ennegrecido Xellos apareció unos segundos más tarde y parpadeó repetidas  veces antes de sonreir tontamente.

"Excelente bola de fuego Zel-kun.  ¿Podrías hacerlo otra vez?" Una venita palpitaba en la frente del shaman cuando  el humo se disipó.

"¡¡BOLA DE  FUEGO!!"

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Owari

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Mondbat, crazy girl,  qué triste cuando se acaba ¿verdad? Pues la verdad este ha sido un fic para el  cual no he tenido muchísima audiencia. ¿Pero sabes qué? No me molesta, y si al  menos una persona lo ha leido y ha estado al pendiente creo que con eso es más que suficiente. Deberías animarte a escribir algo... quien sabe... a lo mejor  eres el estilo que falta, no crees?

En fin, hasta aquí llega el último capítulo de L-sama o el Caos. Si se están preguntando quién era el nuevo demonio  que apareció en tierra de los mazoku y que en nada se parece a Ashura pero sí a  Zelgadis, pues la respuesta es... Yup, Zelgadis es el papá de Ashura y por eso es quien más se preocupa por Ashura y a quien único el pequeño demonio le hace caso.

¿Qué es Zelgadis al fin y al cabo si no es un mazoku y tampoco un  humano? Esa ya la dije, es parte de L-sama. Se ve como un humano, siente como un  humano o como habría sido si fuera humano pero puede llamar el poder de L- sama  por lo que es más poderoso incluso que los señores obscuros. ¿No dije cuál fue  el regalo de Zelas verdad? Pues para el que se lo pregunte, es el haber sido  madre y como se supone que no tenga recuerdo alguno sobre Ashura, adivinen a  quien va a recordar como su propio hijo... ummhh... obviamente Xellos, quien ya  se preocupaba por ella como si fuera su madre.

¿Será que se me queda algo más? Claro... el único evento que Zelgadis recuerda un poco es cuando Xellos fue  a buscarlo al mesón, luego de eso no recuerda mucho, luego pasan esas semanas durante las cuales apenas esta consciente de lo que hace y finalmente lo único que realmente puede recordar es el beso que Xellos le da. Y por cierto, eso es lo único Shounen Ai que tiene el fic, porque ni se piensen que Zelgadis pasó  unas noches haciendo travesuras con Dynast o Dolphin, para nada, mal pensados, estaba modificando los recuerdos de ambos, así que no hubo nada entre esos dos y  Zel, ni siquiera con Ashura ehhhh aún cuando durmiera todas las noches con Zel.  Pero así son los niños, les gusta dormir con sus padres.

Como siempre,  ¿flamas?, ¿comentarios constructivos?, ¿sugerencias para un nuevo fic? (esa  vendria bien), todo es bienvenido. Gracias por su apoyo y sus reviews. Gracias a  mi beta reader por sus encarnizadas críticas. Arigato Gazaimashite, Ja mina-san!
L-sama o el Caos
Capítulo 9
Ultimo Regalo
Owari
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