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Los  personajes de Slayers pertencen a su creador. De ninguna forma me estoy  adjudicando posesión alguna sobre ellos.

Este fic contiene referencias  Shounen ai. Zelgadis / ? Quedan advertidos.

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Zelas estaba  fuera de sí, no podía permitir que Ashura visitara el castillo de Dynast, mucho  menos que permaneciera en el. Era inconcebible. Mandó a llamar a Xellos, quien  durante los días que Zelgadis había estado con Dynast había permanecido con el  pequeño.

Cuando el sacerdote entró al salón del Ama de las Bestias con el  pequeño, este ya aparentaba unos cuatro años pero hablaba con mucha más claridad  que lo que su forma representaba.

"Xellos... Necesito que traigas a esa  ex-quimera desquiciada de regreso a la isla. No voy a permitir que Ashura pase  un sólo segundo con el maldito bastardo de Dynast." Hacía un gran esfuerzo por  controlarse y Xellos lo estaba percibiendo. Mientras el Ama de las Bestias  continuaba sus razonamientos a voz en cuello, el pequeño Ashura haló las ropas  del sacerdote.

"¿Ashura-sama?" Le preguntó curioso.

El pequeño  trepó por las ropas de Xellos hasta alcanzarlo al oído y le susurró. Xellos lo  escuchó y asintió.

"Ahh... Zelas-sama... El pequeño Ashura desea tener  una palabra al respecto." Habló sonriente, aunque una gota de sudor se deslizaba  por su nuca.

Zelas se detuvo en sus gritos e incoherencias y miró al  pequeño con curiosidad. Finalmente se sentó en su trono y le hizo un gesto para  que se acercara.

El pequeño demonio así lo hizo, y para sorpresa de  Zelas, trepó a sus piernas. De inmediato aquella esencia tan dulce a caos la  llenó por completo. El pequeño sonrió complacido cuando Zelas inconscientemente  lo estrechó entre sus brazos con aparente ternura.

"Kaasan, quiero  acompañar a Zelgadis, lo extraño mucho." Dijo con voz  azucarada.

"Ash-kun... No confío en Dynast Grausherra... sólo desea tener  ventaja sobre nosostros." Le replicó Zelas mientras le acariciaba los blancos  rizos.

"Pero Kaasan, ¿no es tiempo que aprenda las artes de la guerra y  la estrategia?, ¿quién mejor que Dynast Grausherra para aprender?... Además...  puedo poner en práctica mis habilidades de espía y aprender algunos secretos."  Zelas aspiró el perfume del caos que ahora se percibía fuertemente y sonrió  mostrando los colmillos.

El pequeño la imitó a la perfección y Zelas dejó  escapar una risa siniestra.

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Zelgadis esperaba impaciente  de pie al lado del trono de Grausherra, sabía que Xellos pronto llegaría con el  pequeño Ashura. Dynast lo había tratado con cierta preferencia, o al menos eso  le parecía. La realidad era que la personalidad de Dynast Grausherra era muy  parecida a la de Zel. Callado y taciturno, una personalidad fría con un control  extremo de las emociones. El cambio a las constantes explosiones de furia de  Zelas y la sonrisa infuriante de Xellos era bienvenido.

Finalmente Xellos  cruzó las puertas que llevaban al salón de Dynast. El pequeño Ashura lo seguía  de cerca. Ambos hicieron una profunda reverencia, pero en el momento en que  Ashura atinó a ver a Zelgadis, se puso en pie y salió corriendo hacia los brazos  del shaman, de un salto cayó sobre el pecho de Zel quien perdió el balance y se  fue de espaldas.

Xellos movió la cabeza en forma de reproche mientras que  Dynast observaba curioso la escena. El pequeño demonio abrazaba a la ex-quimera  y sonreía sin parar, el shaman quizás no sonreía ampliamente pero en sus ojos se  traslucía la inmensa satisfacción que sentía de estar nuevamente al lado de  Ashura.

"Saludos, Dynast-sama." Dijo Xellos tratando de romper el hechizo  de la escena.

"Bienvenido Juushinkan." Le respondió Dynast con su  habitual frialdad.

"Ejem...." Xellos llamó la atención de Ash.

El  pequeño se puso en pie y se alisó las ropas. "Saludos Dynast-sama" e hizo una  pequeña reverencia.

"Bienvenido Ashura-san." Respondió amablemente  Dynast.

El pequeño se le quedó viendo con insistencia hasta que Zelgadis  tuvo que recordarle que no era educado quedarse viendo a alguien directamente.  El pequeño se ruborizó.

"¿Sucede algo Ashura-san?" Le preguntó Dynast con  su usual frialdad.

El pequeño hizo un gesto nervioso y Dynast le indicó  que se acercara. El pequeño Ashura, para sorpresa de todos los presentes, saltó  sobre las piernas de Grausherra. Justo cuando el Rey Supremo iba a protestar por  la acción del pequeño, la dulce esencia del caos lo embargó como una fuerte  droga.

"¿Podrías enseñarme a pelear, Grausherra-san?" Dijo en tono  inocente el pequeño y se pegó al pecho de Dynast. "¿Por favor...?" Dynast había  cerrado los ojos y parecía sumergido en un trance. Cuando pudo abrir los ojos,  no parecían tan congelados, sonrió.

"Claro, ¿Ash-kun, cuándo deseas  comenzar?"

"¿Ahora mismo?" continuó pegado a su pecho. Dynast asintió y  el pequeño saltó de su regazo y tomó la mano de Zelgadis dirigiéndolos a ambos  hacia las afueras del castillo.

Xellos, que había observado toda la  escena, entreabrió sospechosamente los ojos.

"Pequeño demonio..." susurró  y desapareció en las sombras del castillo.

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Zelgadis y  Ashura pasaron el resto del día de aprendices, o al menos Ashura de aprendiz y  Zel haciendo las veces de oponente. Dynast parecía muy a gusto con sus dos  invitados, aunque de hecho, eran tres. Xellos no se había retirado, Dynast no se  lo había requerido. Desde una de las torres del castillo observaba a los tres  mazoku combatir sobre el nevado jardín.

Zelgadis se movía ágilmente  mientras Ash intentaba conectar algunos golpes "mortales". Dynast le aconsejaba  y mostraba cómo romper las defensas de Zelgadis. Xellos tenía una gran sospecha.  Ashura era el hijo de Juu-oh- sama, pero había algo en él que aún no podía  captar. No sabía si era el hecho de su aparente inocencia o el control que había  ejercido frente a sus propios ojos sobre Zelas y Dynast sin mencionar la  influencia que tenía sobre Zelgadis.

"Dos Señores Oscuros atados a su  pequeño dedo. Qué conveniente." Murmuró. Con Zelgadis la historia era diferente.  El pequeño sí se mostraba como un verdadero crío, obedeciendo ciegamente a la  ex-quimera, y sin embargo, a la vez, parecía controlarlo también. Tenía su  completa y absoluta lealtad.

De alguna forma iba a descubir el plan del  pequeño demonio.

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Un mes había pasado desde que Zelgadis  estuviera al servicio de Dynast. Todo ese tiempo Ashura, que ahora aparentaba  tener seis años de edad, había permanecido con él. Xellos no había vuelto a  aparecer a la vista de ninguno, pero Dynast sabía que rondaba el castillo de  tiempo en tiempo. A pesar de no agradarle la presencia de Xellos, por alguna  razón no le importaban las visitas.

En ese tiempo también había nacido en  Dynast un extraño apego a los dos visitantes, principalmente hacia Zelgadis. No  había momento del día en que no estuviera con alguno de los dos. Incluso se  había sorprendido al sentir que Zel buscaba también estar cerca suyo, no sólo en  el plano físico, sino en el plano astral.

Esa tarde los había sorprendido  en la biblioteca, Ashura leyendo ávidamente algunos libros, mientras que  Zelgadis, aburrido de la inactividad del pequeño, había decidido acurrucarse  justo a su lado.

No entendía muy bien lo que sucedía, sabía que de haber  estado en otras circunstancias no habría permitido siquiera a sus propios  sacerdotes o generales acercarse. Grau, Grou, Sherra y Norst siempre habían  mantenido su distancia del frío Rey Supremo, pero ahora ninguno estaba.  Inconscientemente su mano había ido a parar acariciando los cabellos de la  figura que yacía con el torso en su regazo.

Finalmente Ashura se cansó de  leer y llamó la atención de Dynast.

"Parece que Zel-kun es muy apegado a  sus costumbres humanas aún." Comentó Dynast al ver que Zelgadis se había quedado  dormido.

Ashura sólo sonrió y le hizo un ademán a Dynast para que llevara  a Zelgadis a su cuarto. Con mucho cuidado Grausherra tomó a la ex-quimera en  brazos y *obedeció* al chico.

Permitió que Dynast fuera adelante y cuando  entró en la habitación donde usualmente dormían juntos él y Zelgadis cerró las  puertas y se quedó fuera.

"Hora de despertar Zel-kun." Murmuró y se  escabulló a otra de las habitaciones al final del pasillo.

Dynast  Grausherra, frío Señor Oscuro de los mazoku, no salió esa noche de la habitación  de la ex-quimera. A la mañana siguiente despertó en una habitación que no era la  suya.

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"¿Dónde estoy?" Murmuró. No podía recordar lo que  había sucedido la noche anterior, era como si los recuerdos hubieran sido  borrados de su memoria. Pero eso era imposible, no existía entre los demonios  uno tan poderoso como para provocarle un lapso tan profundo. Seguramente  recordaría durante el resto del día, por lo que alejó el pensamiento de  inmediato, no era propio de un Señor Obscuro olvidar cosas.

Miró a su  alrededor y pronto descubrió la forma de Zelgadis apaciblemente dormido a su  lado. Se levantó con cuidado de no despertar a la aparentemente frágil forma. En  unos segundos estuvo vestido y se apareció donde sentía la marca astral de  Ashura en el exterior del castillo.

"Buenos días, Dy-kun." Sonrió el  chico, cuyos cabellos ya alcanzaban la mitad de su espalda. La briza invernal  azotaba contra su rostro dándole un color rosado a sus eternamente bronceadas  mejillas.

"Buenos días Ash-kun."

"¿Vendrá Zelgadis a prácticar con  nosotros hoy?" Preguntó con aparente inocencia.

"¿Por qué no comenzamos a  practicar mientras llega?" Respondió Dynast evitando la velada  insinuación.

"Bien." Y una maquiavélica sonrisa adornó los labios del  chico.

Comenzaron a practicar, pero con cada minuto la práctica se volvía  algo más fuerte y antes de lo esperado, Dynast se encontraba simplemente  tratando de bloquear las fuertes embestidas de Ashura. El chico era más fuerte  de lo que Dynast jamás había imaginado.

Mientras, Zel se había despertado  y se encontraba observándolos prácticar sobre la nieve complacido.

"¿Te  rindes Grausherra-sama?" Preguntó el chico. Dynast no podía siquiera  responderle, estaba perdiendo terreno rápidamente. Finalmente la espada de  Dynast voló de sus manos producto de una estocada del joven demonio. En un  rápido movimiento tuvo presionada contra su garganta la espada de su  adversario.

El chico, expertamente, fue moviéndose hasta quedar de  espaldas a Dynast, con la suerte que el Señor Oscuro podía ver perfectamente a  Zelgadis en uno de los balcones del palacio. Zel estaba fuertemente aferrado al  borde del congelado balcón, observándo aterrado lo que sucedía. Zel conocía el  potencial de Ashura, sólo bastaba con que Ashura así lo deseara y el metal común  y corriente de la espada podía convertirse en el arma que enviaría a Dynast  Grausherra de regreso a al caos de donde L-sama lo había formado.

A pesar  de saber que Dynast era otro Señor Obscuro, un demonio de alto rango, Zelgadis  estaba preocupado. Conocía los planes de Ashura, o por decirlo de otra forma, de  la entidad que se contenía en el cuerpo del pequeño demonio. Por unos instántes  rogó haber hecho correctamente lo que su amo le había pedido la noche  anterior.

Ashura se inclinó lentamente hasta el oído de  Dynast.

"Dy-kun, ¿qué sientes?" Preguntó en un suspiro.

"¿Nani?"  Le dijo sin entender.

"¿Puedes sentir el miedo de Zelgadis?" Le volvió a  susurrar el chico.

Sí, podía sentirlo, emanando en ondas hacia las dos  figuras sobre la nieve.

"Hai..." Contestó respetuosamente. No cabía duda  alguna de que el chico era su superior.

"¿Es dulce su miedo?" Le volvió a  preguntar Ashura.

Dynast se concentró, el miedo que sentía emanar de  Zelgadis no era todo lo dulce que una vez hubiera saboreado cuando por primera  vez estuvo en su castillo.

Al sentirlo indeciso el chico  continuó.

"Te otorgaré un regalo, Dy-kun." Puso su mano sobre el hombro  de Dynast, una leve corriente eléctrica recorrió su forma.

"Presta  atención Dy-kun, este regalo es de parte de L-sama misma, para que puedas  sobrevivir." Y seguidamente quitó la espada del cuello de Dynast. El Rey Supremo  observó cómo Zelgadis se relajaba y al momento percibió una dulce sensación, los  sentimientos de alivio que emanaban de Zelgadis eran dulces a su  percepción.

"¡¡Zel-kun, acompañanos a practicar!!" Gritó el chico como si  nada hubiera pasado entre ellos.

Dynast no podía entender lo que sucedía.  Realmente había estado a merced del chiquillo. Pero lo que más lo atormentaba  era que sabía que Zelgadis emanaba emociones positivas y él las estaba  disfrutando igual que si fueran negativas. Algo debía estar mal. Los demonios no  podían disfrutar las *emociones positivas*, eran contra su  naturaleza.

"¿Qué me has hecho?" Preguntó confundido.

El chico le  dió una media sonrisa, mostrando un pequeño colmillo y sus ojos dorados  refulgieron unos instántes.

"Sólo te... estoy dando la oportunidad de  sobrevivir cuando L-sama nivele la balanza entre los mazoku y los shinzoku."  Dijo seriamente.

"¿Quién eres?"

El chico se le acercó al oído y le  susurró unas palabras, Dynast abrió los ojos llenos de pánico pero no pudo  siquiera articular una palabra, porque en el mismo instánte perdió el  conocimiento.

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Aquí estoy de vuelta con este fic que me  parece un poco oscuro, no sé por qué, pero creo que está medio complicado, ne?

Bueno, ¿flamas?, ¿comentarios?, ¿sugerencias?, todo es  bienvenido. Gracias por su apoyo a todos. ¡Ja ne, mina-san!
L-sama o el Caos
Capítulo 5
El Primer Regalo
Capítulo 6
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