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Los  personajes de Slayers pertencen a su creador. De ninguna forma me estoy  adjudicando posesión alguna sobre ellos.

Este fic contiene referencias  Shounen ai. Zelgadis / ? Quedan advertidos.

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Zel no había  permitido que Lina y Amelia tomaran al pequeño, no quería correr riesgos con  aquellas dos, pero ambas seguían haciéndole gracias.

"¿Podrían ustedes  dos comportarse?" Suspiró.

"Pero es tan lindo Zelgadis-san." Gimió  Amelia.

El infante no había vuelto a llorar y aparentemente disfrutaba de  las atenciones que Lina y Amelia le ofrecían. Sin embargo, Zel podía notar que  la manita del pequeño estaba firmemente aferrada a su camisa. Un gesto de  supervivencia, pensó. Al contrario de lo que le dictaba su razonamiento, sintió  una leve sonrisa moverse a sus labios cuando el pequeño, sin prestarle atención  a las chicas, comenzó mover la manita que tenía libre en su  dirección.

Por primera vez Zelgadis estaba fascinado con algo más que no  era él mismo. Sabía que aquel ser albergaba la misma maldad que cualquier  mazoku, pero no podía evitar sentirse apegado al pequeño. Era algo instintivo y  le resultaba casi imposible no sonreir cada vez que veia al infante. Bajó el  rostro al alcance del pequeño y éste comenzó a palparle la cara, deteniéndose en  las pequeñas piedras incrustadas con curiosidad.

"Vaya, creo que  encontramos al padre del año." Bromeó Lina.

"¡¡Es tannn lindo!!" Volvió a  decir Amelia.

Zelgadis los ignoró hasta que Gourry, sin haber entendido  mucho de la explicación volvió a preguntarle a Lina de quién era el pequeño.  Lina procedió a golpearlo violentamente en la cabeza y el pequeño en los brazos  de Zelgadis comenzó a reir con deleite.

"Creo que le va a gustar estar  cerca de tí, Lina." Murmuró Zelgadis con una extraña  sonrisa.

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Ya era entrada la noche y Zelgadis se encontraba  en uno de los cuartos del mesón. Aún llevaba al pequeño en sus brazos, pensó que  se le dormirían por falta de circulación de un momento a otro. Probó dejarlo en  la cama pero el pequeño seguía fuertemente sujeto de su camisa.

"Vamos  pequeño, no pasará nada. Zel te está cuidando, sólo necesito cambiarme." Le dijo  algo cansado. El pequeño, sin embargo, seguía sujeto. Tuvo una idea y decidió  probarla, con algo de dificultad se quitó la camisa aún pegada a la rechoncha  manita y envolviéndo al pequeño en ella lo puso en la cama. Al ver que no  protestaba suspiró aliviado.

"Bien, creo que ya vamos haciendo un  avance." Dijo satisfecho. Se cambió a las pajamas mientras el pequeño lo  observaba desde la cama. Bostezó varias veces hasta que Zelgadis se reclinó en  la cama justo a su lado. Sin perder tiempo, el pequeño se le acercó y se  acurrucó a su lado.

"Tengo que preguntarle a Xellos más detalles de cómo  cuidar a un mazoku recién nacido." Y agotado por el cansancio, se durmió de  inmediato.

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La mañana siguiente Zelgadis bajó a tomar el  desayuno, con el pequeño sujeto a sus ropas. Ahora el pequeño aparentaba haber  crecido, incluso Zelgadis notó que pesaba un poco más que el día  anterior.

"Buenos días Zelgadis-san y mazokukin." (kin - pequeño) Les  saludó alegremente Amelia. Lina y Gourry ya devoraban la tercera ronda del  desayuno.

"Buenos días Amelia." Le saludo Zel con más soltura que de  costumbre. Se acomodó en la silla al lado de Amelia con el pequeño que tenía  gesto de pocos amigos.

"¿Qué le sucede al pequeño Zelgadis-san?" Preguntó  la princesa.

"Parece que hoy estan todos de muy buen humor, por lo que no  hay sentimientos negativos para el desayuno." Comentó Zel. Pero no había acabo  de hablar cuando Lina y Gourry comenzaron a pelear por un trozo de carne. De  inmediato el pequeño sonrió y su carita se llenó de alegría.

"Ummhh...  Xellos tenía razón al mencionar que no tendría problemas cuidando al pequeño si  me mantenía cerca de ustedes." Razonó el shaman.

"Es injusto que un  pequeño tan hermoso sea un demonio, ¿no es cierto Zelgadis-san?"

"¿No  puede algo hermoso ser un demonio?" Preguntó una voz a espaldas de la princesa.  Amelia pegó un grito al notar que el sacerdote de Zelas estaba justo a su lado,  con una sonrisa maligna en sus labios.

"¡¡Xellos-san!!, no es justo que  me asuste cada vez que aparece." Respondió la princesa enojada.

"Buenos  días a todos." dijo alegremente. Lina y Gourry no dejaron de comer, Amelia lo  miró enojada.

"Parece que están perfectamente bien. De paso, lamento  privarles de la presencia de Zel-kun, pero debemos regresar a la isla de  Wolfpack."

"¿Nani?" La princesa le devolvió una mirada preocupada a  Zelgadis. ¿Desde cuándo Xellos podía manejar a Zelgadis a su antojo? ¿Estaría  bajo algún hechizo del sacerdote?

"Vamos." Fue la única respuesta. Y  antes que ninguno pudiera protestar, desapareció junto con Zelgadis. La princesa  observó algo preocupada el lugar donde habían estado ambos.

"Esto no está  bien." Murmuró para sí misma.

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Unos minutos más tarde los  tres aparecieron en la isla, fuera del salón del Ama de las Bestias.

"Veo  que el pequeño está muy bien." Observó curioso la manita sujeta de la camisa de  Zel. "Y puedo ver que comienzan a llevarse muy bien." Comentó.

Zel le dio  una mirada furiosa y el pequeño imitó la mirada de la quimera. Xellos sonrió más  ampliamente y cuando Zelgadis se fijó en el pequeño no pudo menos que  sonreir.

"Al menos está aprendiendo cómo tratarte, baka." Eso no le hizo  gracia a Xellos. Finalmente empujó las puertas del salón. El lugar estaba  nítidamente arreglado y Zelas se paseaba de arriba a abajo en el salón. Al  verlos entrar se abalanzó sobre Zelgadis y le arrebató al pequeño. Se escuchó un  pequeño ruido de tela desgarrándose cuando el pequeño no soltó la camisa de  Zelgadis.

La quimera cayó de rodillas frente a Zelas mientras que el  pequeño comenzaba a llorar descontroladamente.

"Ohh pequeño, ¿es que no  te alegras de ver a tu mami?" Dijo Zelas imitando un arrullo mientras trataba de  calmarlo. Al sacerdote se le hacía un tanto extraño ver a su ama tratando de  calmar al pequeño. Sabía perfectamente que los mazoku no eran excelentes padres,  sí tenían lazos familiares fuertes, pero no debido a una relación fraternal. Las  relaciones entre los mazoku eran de poder, el fuerte sobre el débil, señor y  esclavo, ama y sirviente.

"Ashura..." Dijo finalmente Zelas. "Su nombre  será Ashura, demonio guerrero."

El pequeño continuaba revolviéndose en  los brazos de Zelas hasta que alcanzó a morderle un dedo.

"Ahhhhh...."  Gruñó enojada el Ama de las Bestias al momento que dejaba caer al pequeño. Pero  antes que pudiera golpearse Zelgadis se había movido con su velocidad demoniaca  y había atrapado al pequeño.

El Ama de las Bestias temblaba de coraje y  Xellos temía que pronto desatara su furia contra Zelgadis o el  pequeño.

"Zelgadis... llétavelo." Susurró el sacerdote. Zelgadis obedeció  de inmediato. En el momento en que las puertas se cerraron tras la quimera,  Xellos las selló y no pasó mucho tiempo cuando se comenzaron a escuchar gritos  desgarradores en toda la fortaleza del Ama de las Bestias. Zelgadis sabía  perfectamente que eran los gritos del sacerdote, quien recibía en esos momentos  toda la furia del Ama de las Bestias.

Se acurrucó con el pequeño Ashura  en el cuarto de Xellos y se dispuso a esperarlo.

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Hacían  horas que los gritos habían terminado, pero Xellos no apareció hasta muy tarde  en la noche y entró por las puertas del cuarto, lo que no era usual. Zelgadis  sintió que el estómago le daba un vuelco. El sacerdote tenía profundas cortadas  por todo el cuerpo, el líquido espeso y negro que manaba de las heridas manchaba  sus ropas sacerdotales.

Se sentó en la cama y se reclinó sobre las  almohadas apretando los dientes en un gesto de dolor. Zelgadis se acercó  tímidamente a su lado con el pequeño en brazos.

"Xellos..." le dijo  preocupado.

"¿Umhh...?" Tenía los ojos cerrados, sin su usual sonrisa,  sólo cerrados. Al sentir que la quimera no hablaba, abrió levemente los ojos  amatistas.

"Todo está bien Zel-kun... todo está bien..." Trató de  tranquilizarlo. Y volvió a cerrar los ojos. Al poco tiempo Zelgadis notó que el  sacerdote estaba sumido en una especie de inconsciencia.

La quimera no  podía entender lo que sentía en esos momentos. Ciertamente Xellos no era en esos  momentos el ser que más apreciara en el mundo, sino todo lo contrario o al menos  eso era lo que pensaba. Pero si lo odiaba, por qué entonces se sentía tan  preocupado por el estado del sacerdote. Se sentó en el borde de la cama y colocó  al pequeño en su regazo.

"¿Crees que deba ayudarlo?" Le preguntó al  pequeño en sus brazos, el infante sonrió mostrando sus blancos caninos en una  forma muy parecida a la de Zelas.

"Muy bien, pero sólo esta vez."  Respondió Zelgadis reclinándose hacia donde se encontraba Xellos. Con cuidado de  no apoyarse sobre las heridas del sacerdote, Zelgadis unió sus labios a los de  Xellos y comenzó a transferir parte de su energía vital. El pequeño Ashura  observaba curioso la escena.

Las heridas de Xellos comenzaron a cerrarse  de inmediato mientras que Zelgadis, terminado el beso, se acurrucaba a su lado  sintiéndose muy cansado, con el pequeño imitándolo.

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Ya  hacía mes y medio que Ashura había nacido, pero para sorpresa de Zelgadis,  aparentaba unos tres años. No se alejaba en ningún momento de la quimera, quien  se pasaba todo el día buscando la forma de entretener al niño. Ahora los  cabellos del pequeño le llegaban a los hombros en una cascada de rizos  rebeldes.

"Zel... ¿podemos ir al lado norte de la isla?" le preguntó el  pequeño con cierta seguridad en su voz.

"Claro Ash-kun, ¿quieres subir?"  Le dijo sin pensarlo dos veces el shaman.

"Ajá." respondió mientras subía  a los hombros de la quimera.

"¡Levitación!" exclamó y en unos instantes  volaban sobre la espesura de la isla hacia el lado norte. Apenas tocaron tierra  el pequeño saltó, se hallaban sobre un plano muy verde, donde el aire del mar  llenaba el ambiente. Jugaron hasta el atardecer, imitando que peleaban a muerte  y finalmente Zelgadis cayó rendido sobre la hierba. El pequeño se recostó de su  pecho.

"Zel-kun... ¿por qué siempre estás triste?" La pregunta lo tomó  por sorpresa. No sabía que el pequeño pudiera leerlo tan  facilmente.

Tardó unos instantes mientra se decidía si contarle o no lo  que tenía guardado muy profundo en su corazón. Al final, se animó a  contarle.

"Ash-san... no siempre he sido una quimera..." Comenzó a  decirle pero el pequeño lo interrumpió.

"¿Qué eras antes?"

"Era  completamente humano. Mi abuelo me convirtió en quimera." El pequeño lo miró  curioso.

"Era muy poderoso, así que me convirtió en quimera cuando le  pregunté si me podía hacer más fuerte... me hizo más fuerte sí, pero me  convirtió en un monstruo. Todos huían de mí al verme." Suspiró al recordar el  horror con que sus amigos lo habían rechazado.

"Pero ahora eres muy  fuerte." Le sonrió el pequeño.

"Pero sigo siendo un monstruo, los seres  humanos no tienen este rostro." Dijo señalando su cara.

"Yo pienso que no  hay nada de malo con tu rostro." Dijo felizmente el pequeño.

La quimera  ya no le respondió, simplemente se quedó mirando el cielo, boca  arriba.

"Ummhh... yo puedo arreglar tu problema Zel-kun." Una bola dorada  se formó en sus manitas y sin pensarlo dos veces la estrelló contra el pecho de  la quimera.

El dolor era inmenso, sentía que una fuerza descomunal  desgarraba sus entrañas. El pequeño se quedó sobre su pecho, escuchando los  latidos desbocados de la quimera y absorbiendo cada gota de dolor. Finalmente,  el dolor era tanto que Zelgadis perdió el  sentido.

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Comenzaba a oscurecer cuando Xellos regresó a la  isla de una de sus acostumbradas misiones. Se reportó al Ama de las Bestias y  luego fue en busca de la quimera. Al no encontrarlo en ninguna parte del  castillo, se encaminó hacia la parte norte de la isla, donde le gustaba ir al  pequeño de Zelas.

El pequeño se enderezó de inmediato al sentir la  presencia del sacerdote acercándose en su dirección. Zelgadis aún se hallaba  inconsciente.

"Zel-kun, ¿cómo se supone que vigilas al hijo del Ama de  las Bestias?" Preguntó alegremente el demonio. Al no recibir respuesta se acercó  a donde yacía Zelgadis. Al hacerlo una descomunal sorpesa se dibujó en su  rostro.

Zelgadis ya no tenía la piel azul y sus cabellos no eran duros  como el metal. El pequeño le sonrió a Xellos.

"Ahora Zelgadis no estará  más triste." Dijo triunfante.

"Ashura, ¿qué le hiciste a Zelgadis?"  Preguntó incrédulo el sacerdote.

"Lo convertí en mazoku." Dijo  sencillamente.

"¿Qué has hecho...?" Murmuró Xellos. En esos momentos  Zelgadis despertaba.

Se llevó las manos al rostro, como si tuviera dolor  de cabeza. Al abrir los ojos Xellos notó que efectivamente, sus pupilas estaban  rasgadas como las de un demonio. Estaba seguro que Zelgadis no sobreviviría la  noticia.

"¿Qué sucedió?" Dijo con voz rasposa. Xellos no podía hablarle.  El pequeño sonrió.

"Todo está arreglado Zel-kun, ahora no eres un  monstruo."

Zelgadis observó sus manos, humanas, pensó en un principio.  Pero luego, al aclararse su mente, pensó que no podía ser humano, sólo L-sama  podía volverlo humano. La segunda opción para los acontecimientos era sin lugar  a dudas, que había sido convertido en un demonio.

"Xellos..." Buscó con  la mirada al sacerdote, pero sus ojos le dieron la respuesta que no quería  escuchar. Una profunda pena se dibujó en su rostro mientras sus manos comenzaban  a temblar. De repente Ashura se le abrazó del pecho y en ese momento la quimera  olvidó parcialmente el dolor que le comenzaba a causar la noticia.

"Vamos  a casa Zel-kun, quiero subir a tus hombros." Dijo alegremente el  chico.

"Sube..." Le dijo calmadamente la quimera y en un instante  estuvieron en el aire, esta vez no tuvo siquiera que usar hechizo alguno. Xellos  los siguió de cerca, preguntándose cómo era posible que el alma de Zelgadis no  se hubiera roto en mil pedazos en ese mismo instante. Tenía la certeza de que no  sobreviviría la noticia. Sin embargo, en el momento en que Ashura se había  acercado la ex-quimera había olvidado todo, así de sencillo.

No supo en  esos momentos qué le provocaba ese conocimiento. Pero algo se estremeció en su  interior. Si Xellos alguna vez hubiera albergado ese sentimiento hubiera sabido  que sentía celos de que el pequeño pudiera provocar tal cambio de actitud en el  shaman.

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L-sama o el Caos
Capítulo 3
¿General y Sacerdote?
Capítulo 4
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