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Aquí encontrarás parte de los trabajos que fui realizando a lo largo de mis estudios filosóficos y teológicos. Son breves reflexiones que a través de mi experiencia de vida y del intercambio social fui adquiriendo. Hay algunos apuntes de otros autores que pongo a tu alcance.

Poco a poco iremos mejorando la presente página.

1 Inculturación...

2 María y las mujeres...

3 María y Evengelización

4 María co-redentora..

5 María y Catequesis..

6 Teología Espiritual...

7 Comentario Rom 5, 12-21

8 María y el Sacerdote

 

Artículos

Inculturación Evangélica

¿QUÉ ES CULTURA?

Es el conjunto de elementos materiales e inmateriales (lengua, ciencia, técnicas, costumbres, tradiciones, valores, y modelos de comportamiento) que, socialmente transmitidos y asimilados, caracterizan a un determinado grupo humano con respecto a los otros. Es decir, cultura es aquel “todo” complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, leyes, moral, estructuras económicas, familia, idioma, religión, cosmovisión, etc. que en suma viene a ser la vida en relación con el medio ambiente que la forma y condiciona a sus miembros (personas) resultado el proyecto de vida de cualquier pueblo, que cuando ve, siente que otro se introduce, de allí los conflictos, las agresiones. La religión revelada no es cultura, es fe, es creencia; ahora, la religión practicada, aplicada ya se hace cultura porque es manifestación de lo revelado.

¿QUÉ ES ACULTURACIÓN?

Es el proceso de cambio cultural derivado del contacto entre dos realidades culturales distintas; este proceso es lento, progresivo, exige ciertas modificaciones de comportamientos de ambos lados. La aculturación implica una serie de fenómenos de adaptación, asimilación rechazo, etc. que surgen de la interacción y recíproca influencia de las culturas en contacto. Aculturación viene a ser como la relación abierta entre dos culturas a más. Ejemplo: colonización, inmigración.

¿QUÉ ES INCULTURACIÓN?

Esta palabra fue usada por primera vez en un documento pontificio, en la exhortación apostólica “Catechesi Tradentae” (1979) donde le da el valor de “encarnación”. Entonces, inculturación es -para la Iglesia- el proceso de dar y recibir. Dar la Buena Noticia y recibir los valores auténticos de la riqueza cultural de los pueblos, ya que en cada cultura la semilla del verbo está presente, así, al escuchar el mensaje de fe, el pueblo en misión reconoce la presencia en su vida del Hijo de Dios, es decir, se encarna en ellos la Buena Nueva o sea se incultura, ingresa, penetra el Espíritu de Dios a la realidad del hombre sin que éste pierda su identidad y libertad.

¿CONDICIONES PARA QUE SE DE LA INCULTURACIÓN?

•  Conocer la cultura a misionar o evangelizar, informarse de ella: clima, geografía, población, idioma, costumbres, tradiciones, organización, símbolos, ritos de uso cotidiano, etc.

•  Respetar toda manifestación cultural (religiosidad popular)

•  Dialogar abiertamente para un mejor acercamiento y familiaridad.

•  Poseer un buen testimonio de vida de parte del evangelizador o misionero.

•  Por el otro lado (pueblo evangelizado) tener espíritu de apertura, aceptación, de conversión para recibir el bautismo.

FORMAS DE LA INCULTURACIÓN DEL EVANGELIO.

•  Diálogo intercultural: tú me das (experiencias de vida) yo te doy (Evangelio)

•  Pedagogía divina, acercándose al pueblo sin violentarlo, formando parte de su mundo, siendo uno más del grupo, respetando su libertad.

•  A través del arte: pintura, teatro, cerámica, arquitectura, música, literatura, cuentos, etc.

•  Fomentando la construcción de postas médicas, puestos de salud, escuelas, albergues, comunidades cristianas, parroquias, ayuda social, etc.

¿QUÉ ES LA EVANGELIZACIÓN?

Es el anuncio de salvación (el anunciar a Cristo) a todos los hombres como don de la gracia y de la misericordia de Dios. Es presentar la Buena Nueva como: el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino y el ministerio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, sabiendo que el Evangelio no se identifica con la cultura (no es cultura) sino que se vincula a ella porque el reino que se anuncia es vivido por hombres vinculados a una cultura.

¿EN QUÉ DOCUMENTOS DE LA IGLESIA SE HABLA DE LA INCULTURACIÓN?

A partir de Vaticano II (1965-66) en los decretos Gaudium et Spes, Ad Gentes y Nostra Aetate. En la exhortación apostólica de Pablo VI Evangelii Nuntiandi, en la Catechesi Tradentae; en Redemptoris Missio. Y porqué no decir en los documentos del CELAM como Medellín, Puebla, Santo Domingo.

EN EL PROCESO DE EVANGELIZACIÓN ¿QUÉ SIGNIFICA EL DIÁLOGO INTERCULTURAL?

Significa que en primer lugar se da un encuentro entre la cultura de la zona y la cultura del que viene a esa zona (encuentro entre evangelizador y evangelizado) ese diálogo interreligioso. Y esto significa que el diálogo entre ambos hace que ser acerquen, que se manifiesten, que revelen sus identidades, sus características, sus valores. Luego significa que ambos ya tienen conocimiento de sí, como sus limitaciones, sus errores y aciertos dentro de sus respectivas realidades. Es así que el diálogo significa que tienen que llevar al reconocimiento de las diferentes culturas, a reconocer en ellos sus costumbres, tradiciones, formas de vida, y a distinguirlos a la luz de la fe. Finalmente, el diálogo intercultural significa no sólo el conocer del otro, sino también, enseña a uno mismo lo que en su propia cultura cristiana-católica tiene, quizá un volver a las fuentes (nueva evangelización); así cuando enseñas, no solo haces que aprenda el otro, sino tú también aprendes compartiendo

¿QUÉ DIFICULTADES ENCUENTRA EL PROCESO DE INCULTURACIÓN EN NUESTROS PUEBLOS?

•  La lengua, que encierra un pensamiento, cuyo aprendizaje a veces cuesta muchísimo esfuerzo.

•  Detectar el uso de los símbolos, entender el significado de cada uno, saber usarlos.

•  El pluriculturalismo, ya que en el Perú se dan tres regiones (costa, sierra, selva) diversas formas de organizarse, de pensar, vivir y responder a lo novedoso, a la Buena Nueva. Incluso en la misma zona (ejm. en la misma selva, donde una tribu es distinta de la otra, o en el caso de Lima, ciudad cosmopolita, de los más pobres a los más ricos, ambos viven su mundo)

•  Caer en la alienación del evangelio, como un fundamentalista sin dar opción a la otra cultura.

•  Caer en el sincretismo religioso, el mezclar ideas con fe, culto, corrientes de pensamiento y religiosidad popular, dando el mismo valor a todos, incluyendo a la fe cristiana.

•  Finalmente, caer en la crítica a lo pasado, crítica al comportamiento del otro, menospreciar su cultura, su fe, por más equivocada que esté. No valorar la historia del pueblo (sus personajes)

¿QUÉ EXIGE DEL MISIONERO LA INCULTURACIÓN?

Primeramente un mandato, un envío, ser obedientes y fieles en el Señor. Se exige fidelidad al Evangelio, un testimonio de vida, que sea auténtico y sencillo, misionero solidario, tolerante, que tenga el don de diálogo, que sepa oír y hablar en el momento oportuno. Exige respeto, aceptación y reserva, finalmente que sea observador, hombre estudioso y atento, lleno de contemplación.

¿QUÉ ES LO QUE HICIERON LOS PRIMEROS MISIONEROS.. ACULTURACIÓN O INCULTURACIÓN?

Por lo que se juzga a través de la historia, me atrevo a decir que los primeros misioneros hicieron aculturación (América-Perú) ¿por qué? Porque sabemos que el objetivo de ellos era evangelizar a todo el mundo sin tomar en cuenta su cultura, sus creencias. Derribaron ídolos a diestra y siniestra (ejm. El templo del sol en Cusco, sobre él un convento católico; lo mismo, la catedral de Lima está sobre una huaca pre-inca) o sea modificaron el comportamiento de los locales. Pero también -al saber el concepto- hicieron inculturación ya que, en cierto modo, los primeros misioneros presentaron, dieron la buena noticia a los locales y de ellos recibieron su cultura, sus creencias (hoy es lo que llamamos religiosidad popular)

¿CÓMO SE REALIZA LA INCULTURACIÓN DE LA FE?

La fe es personal, es la respuesta del hombre a Dios, por tanto se realiza la inculturación de la fe en cada uno de acuerdo a las respuestas que va encontrando cuando se le presenta el Evangelio. Se realiza en la propia vida, en su misma cultura. Nosotros solo transmitimos las experiencias de fe que vivimos, es el Espíritu Santo quien profundiza la fe en cada uno.

Benji de la torre op

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La Bienaventurada Virgen María y las mujeres

¿Dónde está María en la vida de las mujeres? Nos encontramos ante la encrucijada de nuestra fe católica, en general, y de nuestra devoción, en particular. Como muchos peregrinos, también nosotros hacemos un alto en el camino para mirar a nuestro alrededor, para escuchar y aprender de la Bienaventurada Virgen María para el futuro. Algunos documentos eclesiales nos ayudarán a resolver esta pregunta

Marialis Cultus

Esta exhortación apostólica del Papa Pablo VI, fue publicada en 1974, diez años después del Concilio Vaticano II. Se trata de un documento que insiste en el hecho de que la devoción a María debe tener origen y eficacia en Cristo; en Cristo encuentra su expresión más acabada y, por medio de Cristo. La devoción a María tiene que enraizarse en los grandes temas de la historia de la salvación. Deberían plasmarla las fiestas del año litúrgico. Tendría que ser sensible al ecumenismo, en especial a la centralidad de Cristo, conforme a las circunstancias de tiempo y lugar.

Marialis Cultus enfatiza el consentimiento activo y responsable de María, especialmente en relación a las mujeres que desean participar, con poder de decisión, en las opciones de la comunidad. En este sentido, podemos afirmar que el Papa a las mujeres reserva una "agradable sorpresa" al subrayar que María no fue en absoluto una mujer pasivamente remisa, sino, por el contrario, una mujer fuerte, que vivió la pobreza y el sufrimiento, la fuga y el exilio. Todo ello suscita, en las mujeres contemporáneas que luchan para realizarse, nuevas esperanzas, esto es: siguiendo el ejemplo de la Madre de los Dolores, y cumpliendo su vocación femenina como vírgenes consagradas o como madres y esposas en familias bendecidas en abundancia por el don de sus muchos hijos.

Redemptoris Mater

Esta encíclica del Papa Juan Pablo II, fue redactada en ocasión de la fiesta de la Anunciación de la Virgen María al inaugurar el año mariano 1987. El propósito del año mariano era el de celebrar los 2000 años del nacimiento de la Virgen María y, al mismo tiempo, como preparación para los 2000 años del nacimiento de Jesús. Esta encíclica se propone una finalidad distinta de la de Marialis Cultus . Concentra su atención más en lo doctrinal que en lo devocional, pero su reflexión doctrinal pretende suscitar una renovación en la devoción.

Redemptoris Mater plantea algunas cuestiones que el Concilio Vaticano II había dejado en suspenso. Subraya, pues, la singularidad y unicidad del lugar de María en el misterio de Cristo y su presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia. Su mediación es mediación de Cristo. Ella está estrechamente vinculada a su maternidad, posee, por excelencia, un carácter maternal, que la distingue de las demás criaturas. Por último, su mediación procede del interior mismo de la Iglesia y abraza a toda la humanidad.

Benji de la torre O.P.

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La presencia de la Madre de Dios en la evangelización de los pueblos

"¡Hijitos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros" (Ga 4,19). Las palabras del Apóstol de las gentes, en las que se refleja la dimensión maternal de la Iglesia vinculada a su misión evangelizadora para con los hombres, nos permiten comprender mejor la dimensión mariana de la vocación misionera de todos los cristianos.

Siguiendo el ejemplo de la misma Madre del Hijo, la Iglesia se vuelve madre cuando, acogiendo con fidelidad la palabra de Dios, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios ( LG 64). Juan Pablo II, en su encíclica Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), contempla la evangelización de la Iglesia desde esta clara perspectiva mariana: "Como María está al servicio del misterio de la Encarnación, de misma manera la Iglesia permanece al servicio del misterio de la adopción filial por medio de la gracia".

María está presente en la evangelización, en primer lugar como modelo: siguiendo el ejemplo de la Theotokos , cada cristiano y, en especial, los ministros ordenados de la Iglesia, se compromete a custodiar con fe la Palabra de Dios, a investigar con discernimiento sus riquezas, para dar testimonio de ellas a todos los hombres en todas las épocas. El Concilio subraya ese papel de ejemplaridad propio de María: "En su acción apostólica, la Iglesia mira, con razón, hacia aquella que engendró a Cristo, concebido del Espíritu Santo y nacido de la Virgen, para que por medio de la Iglesia nazca y crezca también en el corazón de los creyentes. La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor de madre que debe animar a todos los que colaboran en la misión de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida nueva" ( LG 65).

Buenas razones tiene la piedad del pueblo cristiano, también en las tierras de misión, de estar impregnada de una devoción profunda a la Virgen Santa: es éste un hecho que puede observarse en la tradición litúrgica, en la pastoral de las parroquias, en el arte sagrado, en la espiritualidad, en la vida de los santuarios marianos. Como en el pasado, también hoy María guía a la humanidad.

Benji de la torre op

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María co-redentora

En el hermoso capitulo conclusivo de la Constitución Conciliar Lumen gentium sobre la Iglesia dedicado a la Virgen María, leemos: "Así también la Virgen María participó en la peregrinación de la fe y sirvió fielmente su unión con el Hijo hasta cruz, donde estaba, no sin un proyecto divino, (Cf. Jn 19, 25) sufriendo profundamente con su primogénito y asociándose con ánimo materno a su sacrificio, amorosamente conforme con la inmolación de la víctima que generó; y, al final, por el mismo Jesús moribundo en la cruz, fue ofrecida cual madre al discípulo con estas palabras: mujer, ahí tienes a tu hijo (Cf. Jn 19, 26-27)" (n. 58).

Estas palabras de gran intensidad, son el eco de una larga tradición auténtica del Magisterio. La Madre del hijo de Dios hecho hombre y consagrada, debajo de la cruz, Madre de su cuerpo místico. Posteriormente será proclamada Madre de la Iglesia por Pablo VI. Este título ilumina el sentido de la "íntima unión" de María con la Iglesia, en la cual ocupa "de manera eminente y singular" el "primer lugar" (cf. n. 63). Hay que considerar que María no está fuera de la Iglesia, sino que es su miembro eminente y ejemplar, además de ejercer una función materna sobre la Iglesia. El misterio de la Iglesia y el misterio de María se incluyen y se iluminan recíprocamente.

¿Cómo explicarlo? El Concilio, después de recordar las palabras del Apóstol (1Tim 2, 5-6): "Dios es único y único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, que en el tiempo fijado dio el testimonio; se entregó para rescatar a todos", y agrega que "la función materna de María hacia los hombres, de ninguna manera oscurece o disminuye esta única mediación de Cristo, sino que enseña su eficacia" (n. 60).

La vida de gracia, participación a la vida divina, existe en principio y en la plenitud de Cristo, cabeza del cuerpo Místico, para ser comunicada a su cuerpo que es la Iglesia. Con esta comunicación, Cristo atrae a la Iglesia y, a cada uno de sus miembros, para asimilarlos a él, para conformarse con él y para participar al don de sí mismo para el Padre, a través del cual salvó la humanidad. Único mediador: el don de sí mismo es total e infinitamente suficiente para la salvación del mundo. Que nos hace partícipes de su Iglesia, esto es un signo de su amor y de la profundidad de la unión en la que lo introduce. Como cada vida, la vida de la gracia es fecunda, trae su fruto en abundancia. Se realiza aquí una ley, tanto para la Iglesia como para María, en proporción a sus singulares privilegios.

El texto del Concilio que hemos citado lo hace resaltar con fuerza: Bajo la cruz, María sufre profundamente con su Unigénito; se asocia con ánimo materno a su sacrificio; aceptando amorosamente la inmolación de la víctima que ella generó : ¿qué es lo que significan estas afirmaciones que indican que María tuvo una parte activa en el misterio de la pasión y en la obra redentora?

El mismo Concilio precisa: la Madre del divino redentor fue "generosamente asociada a su obra, con un título absolutamente único": "(...) sufriendo con su Hijo, el agonizante en la cruz, Ella colaboró de manera totalmente especial a la obra del salvador, con obediencia, con la fe, la esperanza y la ardiente caridad, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por esto, ella se convirtió para nosotros en la Madre en el orden de la gracia" (n. 61).

¿Podemos agregar al título de mediadora el de co-redentora? A luz de lo expuesto, la respuesta es afirmativa. En efecto, el mismo Concilio, para evitar cualquier interpretación falsa, agrega que el empleo de estos títulos es legítimo sólo a condición que sea entendido "de tal manera que nada sea detraído o añadido a la dignidad y a la eficacia de Cristo, único mediador" (ibid ). Se notará que este título de co-redentora no aparece en el texto conciliar. Se puede pensar que esta ausencia querida, obedecía a una motivación ecuménica. El uso del término necesitaba de ulteriores reflexiones.

Es verdad que, si el término de co-redención tenía que evocar una yuxtaposición y una adición a la obra redentora del salvador, tenía que ser rechazado vigorosamente. Es en cuanto predestinada, suscitada, contenida en el sacrificio redentor de Cristo, de manera subordinada, participante, en total dependencia de él que se entiende la co-redención de María bajo la cruz, así como ella está plenamente compenetrada de la intercesión del Hijo en la gloria, su mediación de intercesión hacia el cielo.

El Concilio ha enunciado el principio que, interpretando una intuición de la fe, norma toda la reflexión teológica en este campo: "Cada saludable influencia de la Beata Virgen hacia los hombres no nace de una necesidad objetiva, sino de una disposición puramente gratuita de Dios, y brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo; por lo tanto se funde sobre la mediación de éstos, de ésta depende en absoluto y alcanza toda su eficacia, no impidiendo mínimamente la unión inmediata de los creyentes con Cristo, sino facilitándola" (n.60).

A la luz de este principio, comprendemos en que sentido María, a titulo único, es co-redentora y como de manera proporcional la Iglesia es también co-redentora. Comprendemos, además, en qué sentido la vocación de todos los bautizados a la santidad, nos lleva a participar en el misterio de la salvación. Cada una de estas participaciones es como una Epifanía de la fecundidad de la Cruz de Jesús.

Benji de la torre op

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La Santísima Virgen y la catequesis

El camino seguido por la renovación catequética, particularmente tras el concilio Vaticano II, ha puesto de manifiesto que la "introducción al misterio de Cristo" implica sin duda alguna no sólo el aprendizaje de costumbres o normas morales, sino el surgimiento de una verdadera forma de vida, determinada por el seguimiento de Cristo en la comunidad de sus discípulos; pero, al mismo tiempo, que ello no es posible sin la inteligencia de la fe, sin el conocimiento y la comprensión de las verdades de la fe, en las que el niño, el joven o el adulto han de encontrar la luz que ilumina toda la existencia y sus dificultades.

La catequesis, como elemento central de la evangelización y de la educación en la fe, pone así de manifiesto una dimensión esencial de lo cristiano: sólo acoge la fe y es introducido a su comprensión quien la vive, quien de alguna manera responde con el gesto personal y libre de la propia existencia. Pues el contenido de la fe no es una doctrina llamada a ser integrada en los esquemas racionales de quien la escucha, sino la persona de Cristo que, en sus palabras y obras, revela el amor del Padre, entregándose al hombre por su salvación, para liberarlo del mal, despertar su libertad más honda y abrirle el camino de la verdad y de la gloria. Ahora bien, sólo conoce y acoge al Señor quien se deja renovar por el trato asiduo con Él: "Como dos amigos, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, formando juntos una misma vida de comunión podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos…"

Este trato asiduo con el Señor, su conocimiento personal, es hecho posible únicamente gracias a la novedad de la vida de la Iglesia, que Él mismo fundó como "comunión de vida, de amor y de unidad", como lugar en que es posible vivir con plenitud la fe y la enseñanza recibida. El catequista, testigo y maestro, es miembro de este Pueblo de Dios, y puede cumplir su misión porque él está haciendo ya el camino de la fe, con toda la propia existencia; de esta manera, su tarea de educación en la fe tiene una dimensión personal decisiva, como un testimonio en que está implicada su inteligencia, su pertenencia a la Iglesia y toda su persona, que mira al catequizando con caridad y afecto verdadero. Podría decirse que la tarea del catequista es una cooperación en la misión de Cristo, siguiendo el camino paradigmático de María: tiene una cierta dimensión materna, cooperando con la entrega de sí mismo a la generación de los hijos de Dios.

La radicalidad de esta exigencia para toda buena catequesis ayuda a comprender la presencia de María. Pues ni el catequista ni el catequizando pueden hacer su camino si consideran parcialmente el ser de la Iglesia, si olvidan que es una "comunión de fe esperanza y amor" presente en la historia con los medios adecuados para su unión visible y social.

La presencia de María en el horizonte de la catequesis subraya, en cambio, con todo realismo que la Iglesia es la congregación de todos los que desde el inicio han creído en Jesús como salvador, unidos en el tiempo y el espacio más allá de todo límite. Se hace posible así la tarea de la catequesis, que no puede realizarse verdaderamente más que a través de nombres y rostros de personas concretas, en la aventura de la libertad que acoge el don de la fe; tal es, en primer lugar, María misma, inicio y realización perfecta de la respuesta creyente a la Palabra de Dios, que, por voluntad del Señor, precede y acompaña para siempre a la Iglesia, el camino en la fe de cada fiel cristiano.

Así pues, María no está presente en la catequesis sólo como objeto de estudio y reflexión, por su misión única en la realización del designio divino, como Inmaculada, Madre de Dios; sino que está presente como miembro de la Iglesia, acompañando con afecto y solicitud materna el acontecimiento de la catequesis, ayudando al fiel cristiano a conocer y a amar a Dios Padre y a Jesucristo su Hijo, invitándolo siempre a configurarse con Cristo: "haced lo que Él os diga".

Volverse hacia ella, pidiendo su auxilio como madre y maestra, su intercesión para que nos alcance los dones del Espíritu, es, pues, parte necesaria de la gran obra de la catequesis, para posibilitar el buen cumplimiento de la misión del catequista como miembro vivo de la Iglesia, y acercar al catequizando al verdadero misterio de la comunión en Cristo, en la que los hombres caminamos, unidos con María, hacia la plenitud de la vida y de la salvación.

Benji de la torre op

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TEOLOGÍA ESPIRITUAL

¿QUÉ ES TEOLOGÍA ESPIRITUAL? FUENTE, MÉTODO, CAMPO DE REFLEXIÓN Y RELACIÓN INTERDISCIPLINARIO.

Teología espiritual.- Vivencia particular de la vida cristiana, es el estudio teológico-sistemático de la REVELACIÓN desde la experiencia cualificada para una creciente manera de vivir cristianamente en la Iglesia hacia la perfección constante de ser cada vez más hombres, más humanos, más hijos de Dios. Esta vivencia se conecta con el saber teológico, dogmático y moral bajo un dinamismo de crecimiento espiritual.

Fuente.- La más importante es la REVELACIÓN, aquella manifestación de lo divino en el hombre de fe. Experiencia del misterio Biblia, liturgia, tradición del magisterio de la Iglesia, tradición patrística, tradición mística, escuelas de espiritualidad.

Método.- Deductivo o racional e inductivo o experimental. El racional se basa en el conocimiento de la vida espiritual a partir de las causas o principios que la determinan = escuela dominicana; especulan desde la Escritura y la tradición. El experimental se basa en el conocimiento a partir de los signos o hechos particulares en que se manifiesta = escuela carmelitana; contrastan problemática espiritual con hechos personales y existencias histórico concretos.

Campo de reflexión 3 bloques:

a) Temas clásicos : Principios de la vida espiritual.- llamado a la santidad.- etapas de la vida espiritual.- ascesis y purificación.- oración.- virtudes.- vida teologal.- dones del Esp. Santo.- experiencia mística.- compromiso de vida...

b) Campo dogmático : Misterios revelados de la fe cristiana.- gracia.- inhabitación trinitaria.- revelación.- cristología.- pneumatología.- escatología.- eclesiología.- antropología.- sacramentos.- mariología...

c) Diálogo de la fe con la historia y las ciencias humanas : Ecumenismo.- tolerancia.- inculturación...

Relación interdisciplinar.- Si la vida espiritual es la reflexión a cerca del dato revelado desde la Biblia, la tradición y desde el magisterio dentro de las tradiciones eclesiales, cristológicas, místicas, entonces hay aquí una DINÁMICA de comunicación interdiscipliar, pues, se comparte desde la eclesiología, la historia, la dogmática, cristología, moral, psicología, antropología, inclusive desde la sociología, mariología, pneumatología entre otros. Se resume en dos bloques: teología dogmática y teología moral.

“... La espiritualidad es la cara subjetiva de la dogmática, esa apropiación personal y viva de la palabra de Dios, explicada y presentada por la dogmática...”

“... Mientras la teología morales más ontológica, más teológica, más especulativa (deductiva); la espiritualidad es más fenomenológica, más histórico, experimental (inductiva) y más práctica...”

“... La teología dogmática trata de hacer inteligible esta comunicación (comunión con Dios). La teología moral prepara el camino para recibir la inteligencia de esta realidad divina. La teología espiritual pone el acento en el carácter vital de la koinonía, estudiando el contenido, las leyes y el desarrollo de esta comunión que es más equilibrada y dosificada entre inducción y deducción...”

ELEMENTOS FUNDAMENTALES (FUNDANTES) DE LA VIDA ESPIRITUAL.

DIOS + HOMBRE + ESPÍRITU = VIDA ESPIRITUAL

El centro atendido de la vida espiritual es el hombre, aquel que dialoga, habla, se comunica y responde. El hombre es, -según Edith Stein- una unidad esencial en Dios; pues tiene un cuerpo, una mente y un espíritu. Así, el hombre puede alcanzar a Dios solamente desde lo que es, desde lo que vive, desde lo que le rodea. Dios es UNO y TRINO, el hombre, analógicamente, también.

El alma en el hombre es la forma del cuerpo, el intermediario entre el espíritu y la materia, es la sede de la realización de la personalidad. El alma viene de Dios, lo más elemental es reconocer, en su interioridad que es de Dios, tan libre que domina su conciencia a través del trato con los demás, con la experiencia de uno mismo y con la investigación científica. En definitiva: la función primordial del alma será conseguir que la persona realice y lleve a término su vocación.

El cuerpo en el hombre es experiencia, es el espejo del alma, fundamento de la vida espiritual, instrumento vivo de la vida del alma y de todo lo que en el hombre es vida. La expresión corporal hace posible el contacto y acceso a la interioridad del otro y la comunicación “espiritual” entre personas.

El espíritu en el hombre es sentido, vida, amor; el alma es espíritu, esa vida psíquica racional, inteligente, cognoscitivo. Al espíritu le corresponde el mundo de la percepción, de los estados de ánimo, y más particularmente el campo de la voluntad y de todas las demás “potencias espirituales”. Dios es espíritu, entonces el alma se une a él en la medida en que participa de este ser espiritual. El hombre es un ser de espíritu, tiene la capacidad de salir de sí y acceder al mundo del espíritu. Así, la persona se hace más espiritual cuanto más vive en lo profundo de su ser; el hombre interior es un hombre libre, abierto al mundo sin ser del mundo.

DINÁMICA DE LA VIDA ESPIRITUAL

Basado en el crecimiento para identificarse con Cristo, crecer en el espíritu, crecer en la vida de la Iglesia con libertad y discernimiento para convertirse a Dios. Tres dinamismos de la vida espiritual: SABIDURÍA (mente, razón), TAMAÑO (cuerpo, salud) y GRACIA (espíritu, fe) = VIDA INTEGRAL, TOTAL, PLENA.

La dinámica en el espíritu significa tener la capacidad de conocimiento en Cristo, discernir en él y ser cada vez más humanos, más hombres en mente, cuerpo y alma.

GRACIA (santificante y ontológica)

Don que Dios nos da, es la vida misma, aquella participación “gratuita” del hombre en la vida de Dios. Quien está en gracia valora la vida, la respeta y perfecciona hacia su dador. Está en gracia santificante quien santifica y se santifica.

Para profundizar en la gracia hay que dar un paso esencial: DISCERNIR, aclarar todas aquellas cosas favorables para llegar a la vida en Dios, eliminar las desfavorables, superarlas, saber optar por lo correcto. De esta manera comulgamos con la vida y sentimiento de Cristo; no es solamente la inteligencia quien nos permite conocer es todo nuestro ser.

Mejor es conocer que imitar, pues cuando imitamos, repetimos y no vivimos. En cambio cuando conocemos, vivimos, experimentamos, sentimos “eso” y vamos haciéndolo nuestro.

Conocer = Ser Con..

La gracia en el hombre es la participación en la vida de gracia de Dios, la plenitud de la gracia la alcanzamos al ir madurando diariamente en toda la vida, desde que nacemos hasta que morimos.

Benji de la torre op

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¿QUÉ ES LO QUE PIERDE EL HOMBRE CON EL PECADO ORIGINAL? (Rom. 5, 12-21)

RESUMEN:

San Pablo contrapone el pecado de Adán a la gracia que Cristo ha conquistado para nuestra justificación. El ser humano, con el pecado original pierde:

•  La gracia santificante, la perfección, los dones divinos, esa comunión directa con Dios, la unidad. El hombre, al venir al mundo, lo hace sin estos dones; es el bautismo en Cristo que nos restaura.

•  En Rom. 5,12, Pablo habla de la justificación a través de Jesucristo, ya que Adán nos transmitió no solo la muerte sino el pecado (v.19) que a través de un solo hombre, dos cosas acontecieron a todos los hombres: el pecado y la muerte, una es consecuencia de la otra.

•  Como Adán transmite la muerte a sus descendientes, al engendrarlos mortales, también por generación les transmite el pecado.

•  El pecado original no puede ni debe entenderse como más universal y eficaz que la redención por Cristo (v.15) Pecado heredado que se transmite por propagación y no por imitación, es en su origen solo, pero también es realmente propio de cada uno y sólo se quita por la redención de Cristo (Denz. N° 790(672) (importancia del bautismo de niños)

Como vemos, el origen del mal está en el primer pecado, o sea en el pecado original. ¿Qué es pecado original? Es la privación de la gracia santificante como consecuencia del pecado de Adán (Cf. Sto. Tomás de Aquino) Así como la muerte es la privación del principio de la vida, la muerte del alma es la privación de la gracia santificante que, según todos los teólogos, es el principio de la vida sobrenatural. De ese modo si el pecado original es la muerte del alma, también es la privación de la gracia santificante.

Vemos que el pecado original no es un acto sino un estado de privación permanente en todo ser humano. Para Pablo, el pecado original es una situación que ya nos viene dada, una desviación en nuestra naturaleza, lo dice de tres maneras:

•  Trasgresión o delito de uno (pecado original originante)

•  Pecados (personales) “todos pecaron”

•  El pecado (pecado original originado) como consecuencia

Pablo dice que este originado ha venido por la desobediencia de Adán, da a entender que en él todos somos pecadores. Nos hace comprender que sólo Jesucristo es el salvador y mediador, ya que el pecado de Adán ha lesionado la raza humana en el sentido de que ha introducido la muerte y como Adán transmite la muerte a sus descendientes, al engendrarlos mortales, también por generación les transmite el pecado.

Pablo enseña que el hombre es el responsable de la condición pecadora de la humanidad (por un hombre entró el pecado...) Además enseña que la muerte (en sentido no solo biológico, sino espiritual como alejamiento de Dios) se encuentra en el origen de este pecado de Adán.

Pecado original originado es el estado de “desgracia” en que se encuentra el hombre como consecuencia del pecado de Adán.

En sentido análogo se llama pecado porque no es una realidad cometida sino contraída (el hombre no ha hecho el pecado original sino que viene de él) viene por generación, desde que uno es hombre tiene el pecado original. (Cf. CEC # 396-409)

PELAGIO:

“El hombre puede alcanzar la salvación con las solas fuerzas naturales, porque de Dios recibió una gracia (libertad) que lo posibilita a ella”. El error de Pelagio (monje inglés, siglo IV) está en la identificación de la gracia con la libertad y afirmar que la primera, que viene de Dios, no es necesaria.

AGUSTÍN:

“El pecado original sí ha tenido consecuencias nefastas en el hombre. Nos hace perder la comunicación directa con Dios y se daña la imagen...La salvación es imposible para el hombre con sus solas fuerzas, necesita de la gracia de Dios al lado de su esfuerzo por la conversión” El mal no posee entidad o naturaleza propia.

TOMÁS DE AQUINO:

“Hacer el mal es pecar...pecado es acto desordenado, la soberbia fue el pecado inicial, porque ser soberbio es buscar un bien espiritual por encima de su medida.. El pecado original consistió en dos elementos: Formal : privación de la justicia original; material , se manifiesta en la concupiscencia que es la señal de la pérdida de la integridad original (el no control de las sensaciones).

LUTERO:

“La concupiscencia es el pecado y el bautismo no hace desaparecer nada. Toda la realidad humana está por el pecado original destruido. El hombre es totalmente malo y nada bueno se puede esperar de él, el pecado original es indeleble; cualquier obra humana no le podrá llevar a la salvación, la única posibilidad es la fe.”

TRENTO:

“El hombre por el pecado está desviado pero no está destruido, pues en pecado puede hacer obras buenas. La esencia del pecado original es la pérdida de la gracia, la muerte del alma; la concupiscencia es una consecuencia del pecado, pero en sí misma no es pecado. El pecado original se borra con el bautismo. El Concilio exalta a Santo Tomás de Aquino, quien dice en la II, II, q.82, a.3: “El pecado original, materialmente es la concupiscencia, pero formalmente es el defecto de la justicia original”. Esta sentencia manifiesta una enseñanza distinta del error de Lutero, el cual enseñó que la concupiscencia es lo formal del pecado original. El angélico sólo considera a la concupiscencia como algo material, que acompaña a lo verdaderamente formal, que es la privación de la gracia; así, la concupiscencia (apetito excesivo de bienes terrenos y lascivos) permanece pero no es invencible, ya que con la cooperación humana a la Gracia puede ser derrotada.

PRINCIPALES DOCTRINAS ERRÓNEAS...

•  Dualismo maniqueo (marcionitas, gnósticos) “El pecado procede de la carne, que es mala.”

•  Negación de este pecado (pelagianismo) “El pecado de Adán no sería sino sólo el mal ejemplo y no pasa a sus descendiente”

•  Adán sólo transmitió la pena pero no la culpa (Pedro Abelardo)

•  El pecado original supone la corrupción total de la naturaleza humana (reforma protestante) o una corrupción mitigada, al identificar la naturaleza con estado de gracia (jansenismo: el hombre, por el pecado está podrido, nada le salva más que la Gracia de Dios)

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (ver números 386 y ss.)

•  Con el desarrollo de la Revelación se va iluminando también la realidad del pecado... que sólo se manifiesta a la luz de la muerte y Resurrección de Jesucristo. Es preciso conocer a Cristo como fuente de la Gracia para conocer a Adán como fuente del pecado (388)

•  La doctrina del pecado original es, por así decirlo, “el reverso” de la Buena Nueva de que Jesús es el Salvador de todos los hombres. (389)

•  La escritura muestra las consecuencias dramáticas del pecado original -“desobediencia”- Adán y Eva pierden inmediatamente la gracia de la santidad original (Cf. Rom.3,23)

•  Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán. San Pablo lo afirma en Rom.5,12,18,19: “Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores…Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…Como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo (Cristo) procura a todos una justificación que da la vida..” (402)

Benji de la torre op

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María y el sacerdote

Toda la mariología y toda la doctrina del sacerdocio ministerial se funden para iluminar las relaciones entre María y el sacerdote. Queremos retener especialmente las palabras decisivas pronunciadas por Jesús en el drama de la cruz sobre las relaciones que él mismo quería establecer entre su madre, la cooperadora por excelencia en la obra de la redención, y cada sacerdote, consagrado a la ofrenda del sacrificio.

Se trata de un episodio breve, pero lleno de intenso significado: "Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa" ( Jn 19,26-27).

Nunca, antes de entonces, Jesús había declarado expresamente cuál era el rol maternal que habría de confiar a María en la vida de la Iglesia. Al decirle: "Ahí tienes a tu hijo", estaba instituyéndola como madre de todos los discípulos y le pedía que asumiera ese compromiso maternal. De esa manera, convertía a su madre en madre de toda la humanidad; el don supremo que en el sacrificio hacía de sí mismo era el don de su madre, como expresión suprema de generosidad.

Jesús eligió a Juan, al discípulo que más amaba, como destinatario inmediato, visible, de ese don. En ese discípulo estaban representados todos los hombres llamados a la fe en Cristo, y todos llamados a recibir a María como madre. Jesús, no sin especial intención, encomendó a su madre a un discípulo, al que había elegido para ser sacerdote y que el día anterior había recibido la misión y el poder de celebrar el banquete eucarístico. Cristo ha querido, entonces, establecer una relación más íntima entre María y cada sacerdote. La actitud de Juan correspondió a esa intención: tomó consigo a María, indicando así que cada sacerdote está llevado a vivir muy cerca de María y a otorgarle un lugar en su vida.

Jesús no sólo se ha dirigido a su madre para confiarle una maternidad nueva, universal, sin que también le ha indicado al discípulo el rol que esperaba que cumpliese: "Ahí tienes a tu madre". A María, que abría su corazón maternal al discípulo, debía corresponder un profundo afecto filial. Con sus palabras, Jesús deseaba suscitar un vínculo de afecto y veneración hacia su madre. Él, que había dicho a sus discípulos: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado" ( Jn 13,34; 15,12), quiso decir antes de morir: "Amad a mi madre así como yo la he amado".

Así pues, simbólicamente, en el discípulo que Jesús amaba, el sacerdote recibió la misión de testimoniar a María un amor semejante al de Cristo y contribuir a la difusión del culto mariano. Entre los deberes que Cristo le ha asignado al sacerdote, está la responsabilidad pastoral de favorecer e incrementar en los fieles las relaciones filiales con María.

Podemos observar, por otra parte, que la cercanía espiritual de María puede ser muy beneficiosa para la vida sacerdotal. Al tomar consigo a María, el discípulo al que Jesús amaba ha vivido una experiencia incomparable: ha descubierto el alma, el corazón de esa mujer que había permanecido siempre en la sombra durante el tiempo de la actividad pública de Jesús. Es más, al descubrir el rostro secreto de María, el discípulo ha descubierto, al mismo tiempo, otros aspectos de la personalidad de Jesús que hasta entonces permanecían para él ignorados. A través del rostro de la madre, el rostro del Hijo aparecía bajo una luz nueva.

Habiendo conocido mejor al Salvador gracias a la ayuda de María, Juan comprendió con mayor lucidez el sentido de su sacerdocio. Vivió la experiencia del espíritu de servicio, humilde y disponible, del que se inspiraba la conducta de María y que había inspirado, a su vez, la vida sacerdotal de Jesús. Comprobó las múltiples expresiones de la bondad delicada de un corazón maternal, siempre atento y abierto; admiró su benevolencia y su simpatía para con todos, su sensibilidad ante todos los pesares y las alegrías de cada uno. De esa suerte, al acercarse a María, el discípulo se ha vuelto un sacerdote más semejante a Cristo. La presencia de María en la vida del sacerdote posibilita un crecimiento y una fecundidad del ministerio sacerdotal.

Benji de la torre op

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