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EL RUBAIYAT
CI
¿Donde están nuestros amigos? ¿Los derribó y pisoteó la Muerte? ¿Dónde están?
Oigo aún sus báquicas cantigas. ¿Están muertos o están ebrios de haber vivido?
CII
Cuando muera habrán muerto las rosas, los cipreses, los sabios bermejos y el vino perfumado.
No habrá más albas ni crepúsculos, ni penas ni alegrías. El mundo habrá dejado de existir.
El mundo es real; sólo en función del pensamiento.
CIII
Esta es la unica certeza: Peones somos de la misteriosa partida de ajedrez que juega Dios.
Nos mueve, nos detiene, nos eleva y nos arroja después uno a uno al abismo de la Nada.
CIV
La bóveda celeste simula un cáliz invertido bajo el cual se agitan en vano los discretos.
Sea el amor por tu bienamada, como el del ánfora por el cáliz.
Mira; labio con labio, ambos se ofrendan su sangre.
CV
Los sabios nada te enseñaron pero las caricias de las suaves pestañas de una mujer
te descubrirán la felicidad. No olvides que tus días están contados
y que presa serás en breve ; de la tierra.
Compra vino y apartado busca en él, aferrate a lo que no tienes.
CVI
El calor del vino te liberará de las nieves del pasado y de las brumas del porvenir;
al inundarte de luz, romperá tus obscuras cadenas de galeote.
CVII
Antaño, cuando frecuentaba las mezquitas, no rezaba oración alguna mas,
volvía rico de esperanzas.
Hogareño, cuando me siento en ellas, busco la sombra más propicia del sueño.
CVIII
En la tierra abigarrada alguien camina que no es infiel ni musulmán, ni rico ni pobre.
No invoca a Dios ni hace caso de las leyes. No cree en la verdad ni afirma nunca nada.
En la tierra abigarrada ¿Quién es este hombre triste y valeroso?
CIX
Antes que sepas acariciar un rostro de suavidad de rosa
¡Cuantas espinas deberás arrancar de tu propia carne!
Mira ese peine, era un pedazo de madera, cuando lo cortaron inmenso fue su dolor.
Pero hoy acicala los perfumados cabellos de un adolescente.
CX
Cuando la brisa del amanecer entreabre las rosas
y les susurra que ya las violetas desplegaron sus vestes,
solo es digno de vivir aquel que contempla el sueño de una doncella toma su cáliz,
lo apura y finalmente lo arroja.
CXI
¿Temes lo que pueda ocurrirte mañana? Ten confianza.
De otro modo; el infortunio no dejará de justificar tus aprensiones.
No te adhieras a nada.No interrogues los libros ni a tu prójimo.
Nuestro destino es incierto.Indescifrable.
CXII
¡Señor, Señor; respóndenos! nos distes ojos
y permitiste que la belleza de tus criaturas nos deslumbrase.
Nos diste el don de ser felices. ¿Y pretendes que renunciemos al goce de los bienes terrenales? Tan imposible es esto, como dar la vuelta a un cáliz sin derramar el vino que contiene.
CXIII
En una taberna pedí a un anciano discreto noticias de los que se fueron:
"No volverán.Es todo lo que sé. ¡Bebe vino!" -me respondió.
CXIV
¡Mira! ¡Escucha! Vacila una rosa al soplo de la brisa. Le entona el ruiseñor ardiente epitalamio.
Se ha dormido una nube.Bebamos vino.
Olvidemos que luego esta brisa deshojará a la rosa, se llevará el canto del ruiseñor
y a la nube que nos regala preciosa sombra.
CXV
La bóveda celeste bajo la cual vagamos, finge una linterna mágica de la que el sol es la lámpara. Y el mundo es el telón donde vacilan nuestras imagenes.
CVI
Decía la rosa:"Soy la delicia del mundo. ¿Es posible que un perfumista me haga sufrir?"
Cantaba un ruiseñor: "Un dia de felicidad, engendra un año de lágrimas.
CVII
Esta noche, o mañana,ya no exixtirás. Este es el instante de pedir un vino color rubí.
¡Ah demente! ¿Te comparas a un tesoro
y piensas que los ladrones han de venir a violar tu tumba para huir con tu cadáver?
CVIII
Sultán tu glorioso destino estaba escrito en las constelaciones
donde brilla el nombre de Khosrou. Desde el amanecer de los tiempos,
tu caballo de áureos cascos galopa entre los astros.
Cuando pasas, un vértigo de estrellas te oculta a nuestros ojos.
CXIX
No es amor el sentimiento que no arrasa. ¿Brinda acaso un tizón el calor de una hoguera?
Noche y día y durante el resto de su vida, el amante verdadero se consume de dolor y de placer.
CXX
Puedes penetrar la noche que nos cerca. Puedes ir hasta el último límite.¡Todo en vano!
Adán y Eva ¡Cuán amargo debió ser vuestro primer beso para engendrarnos tan desesperados!