{Excalibur Mithril}

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LAS AVENTURAS DE TOM BOMBADIL

(J.R.RTolkien)

Colaboración de Dark Nowel

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Las Aventuras de Tom Bombadil y otros versos del Libro Rojo

Traducido por Ramón Passolas (Eldarion)

VIII

Perry el guiños

El Troll solitario sentado en una piedra, cantaba una canción triste:

“¿Por qué, oh, por qué tengo que vivir solo en las Colinas de Allá Lejos?

Los míos se fueron, no puedo llamarlos y ya no piensan en mí;

solo me han dejado, el último de todos, de la Cima de los Vientos al Mar.”

“No robo oro, no bebo cerveza, no como clase alguna de carne;

pero la gente atemorizada cierra sus puertas, en cuanto oye mis pasos.

¡Oh, como desearía que fueran más amables, y mis manos no tan rudas!

¡Sin embargo, mi corazón es blando, mi sonrisa es dulce, y no soy mal cocinero!”

“¡Vamos, vamos!”, pensó, “¡Esto no puede ser! Debo partir y encontrar un amigo;

caminando sin prisa, recorreré La Comarca de punta a punta”.

Así que partió, y caminó toda la noche con los pies envueltos en botas de piel;

llegó a Delagua con la luz de la mañana, cuando las gentes empezaban a ponerse en movimiento.

Miró a su alrededor, y a quién halló sino a la anciana señora Bunce con cesta y sombrilla,

andando por la calle; y sonrió y se detuvo para llamarla:

“¡Buenos días, Madame! ¡Que tenga un buen día! Espero que se encuentre bien”.

Pero ella arrojó la sombrilla y la cesta y lanzó un espantoso grito.

El viejo Pott, el Alcalde, paseaba por allí cerca; cuando oyó aquel terrible sonido,

del miedo se tornó púrpura y rosado, y se puso a cavar bajo tierra.

El Troll solitario se sintió herido y triste: “¡No se vaya!”, dijo alegremente,

pero la vieja señora Bunce corrió a casa como enloquecida y se escondió bajo la cama.

El Troll llegó a la Plaza del Mercado y atisbó por sobre los puestos;

Las ovejas tornáronse salvajes al ver su cara y los gansos volaron por encima de las tapias.

El viejo granjero Hogg derramó su cerveza, Bill el Carnicero arrojó su cuchillo,

y su perro Grip hizo girar su cola y corrió para salvar la vida.

El viejo troll se sentó tristemente y lloró junto a la puerta de las Celdas,

y Perry el Guiños se acercó a él y le dio una palmadita en la espalda.

“¿Oh, por qué lloras, bulto grandullón? ¡Estás mejor fuera que dentro!”

Dio al troll un golpe amigable, y rió al verle sonreír.

“¡Oh, Perry el Guiños, muchacho”, gritó,

“Ven, tú eres la persona indicada! Si estás deseando dar una vuelta

te llevaré a casa para tomar el té”. Él saltó sobre su espalda y se agarró con fuerza,

y dijo “¡Adelante!”;

y Guiños tuvo una fiesta aquella noche, y se sentó en la rodilla de viejo troll.

Hubo pastas de té, y tostadas con mantequilla, y jamón, y crema, y pastel,

y Guiños se esforzó para ser el que más comiera,

aunque todos sus botones se rompieran.

La olla cantó, el fuego ardía, la marmita era grande y marrón,

y Guiños trató de beber mucho té, aunque se ahogara.

Cuando rellenos y tiesos estuvieron la chaqueta y la piel,

permanecieron sin hablar, hasta que el Viejo Troll dijo:

“Ahora empezaré a enseñarte el arte del panadero, la hechura de maravilloso pan relleno,

de tortas ligeras y pardas; y entonces podrás dormir en un lecho de plumas

con almohadas de pluma de búho”.

“Joven Guiños, ¿dónde has estado?”, dijeron ellos.

He estado en un té indecente, y me siento hinchado, porque he comido pan relleno”,

dijo él.

“¿Pero en qué lugar de la Comarca, muchacho, ha ocurrido eso?

¿O ha sido fuera, en Bree?”, dijeron ellos.

Pero Guiños contestó simplemente: “No voy a decirlo”.

“Yo sé donde”, dijo Jack el Curioso,

“He observado como cabalgaba:

Fue sobre la espalda del Viejo Troll A las colinas de Allá Lejos”.

Entonces todo el mundo fue voluntariamente, en Poney, en carruaje, o en un jamelgo,

hasta que llegaron a una casa en la colina y vieron una humeante chimenea.

Golpearon la puerta del Viejo Troll.

“¡Cocina para nosotros un delicioso pastel relleno, por favor, o dos o más!”

“¡Cocínalo!”, dijeron, “¡cocínalo!”

“¡Idos a casa, idos a casa!”, dijo el Viejo Troll, “Yo no os he invitado”.

Solo los jueves cocino mi pan, y solo para unos pocos”.

“¡Idos a casa, idos a casa! Aquí hay un error. Mi casa es demasiado pequeña;

no tengo pastas, ni crema, ni pasteles: ¡Guiños se lo ha comido todo!

Tú, Jack, y Hogg y el Viejo Bunce y Pott, No quiero ver a nadie más.

¡Largáos! ¡Largáos todos! ¡Guiños es mi tipo favorito!”

Perry el Guiños se engordó muchísimo por comer pasteles rellenos,

su faja se rompió, y nunca más un sombrero pudo ponerse en la cabeza;

porque cada jueves iba a tomar el té, y se sentaba en el suelo de la cocina,

y más pequeño el Troll parecía a medida que él crecía y crecía.

Guiños llegó a ser un gran panadero, como aún dice la canción;

desde el mar a Bree llegó la fama de su pan corto y largo.

Pero no era tan bueno como el pastel relleno;

no tenía tan rica mantequilla,

como cada jueves el Viejo Troll ofrecía para el té de Perry el Guiños.

FIN

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