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LAS AVENTURAS DE TOM BOMBADIL
(J.R.RTolkien)
Colaboración de Dark Nowel

Las Aventuras de Tom Bombadil y otros versos del Libro Rojo
Traducido por Ramón Passolas (Eldarion)
VI
El hombre de la luna bajó demasiado pronto
El Hombre de la Luna tenía zapatos plateados, y barba de hebras plateadas;
coronado de ópalos y con perlas sujetas a su cinturón,
envuelto en su manto gris caminó un día a través de un suelo resplandeciente,
y secretamente, con una llave de cristal, abrió una puerta de marfil.
Por una afiligranada escala de telaraña centelleante
bajó deprisa, y finalmente fue feliz de verse libre,
lanzado a una loca aventura.
Había perdido el gusto por los blancos diamantes;
Estaba cansado de su minarete de alta piedra que se elevaba solitario
en el montañoso paisaje lunar.
Hubiera enfrentado cualquier peligro por el rubí y el berilo para adornar su pálido atuendo,
por nuevas diademas de gemas lustrosas, esmeraldas y zafiros.
Estaba solo además, sin nada que hacer,
sino mirar abajo el mundo dorado o tratar de oír la melodía distante
que pasaba junto a él como un alegre remolino.
En el plenilunio de su luna de plata, su corazón había anhelado el fuego:
No las límpidas luces de los pálidos selenitas; porque rojo era su deseo,
por purpúreos resplandores de rosa y carmesí,
por una llama de ardiente lengua,
por cielos escarlata en un rápido amanecer cuando un tempestuoso día aún es joven.
Vio mares azulados, y los matices vivientes de verdes bosques y marjales;
yañoraba la alegría de la Tierra populosa y la sanguínea corriente de los hombres;
codiciaba el canto, y la risa duradera,
y las viandas calientes, y el vino,
pues comía pasteles perlados de ligeros copos de nieve
y bebía luz de luna.
Le cosquillearon los pies, al pensar en la carne,
en el ponche y en el guiso con pimienta;
y resbaló sin darse cuenta en su escalera inclinada,
y como un meteoro, una estrella fugaz, en Yule una noche cayó titilando
desde su escalera, para darse un espumoso baño en la bahía ventosa de Bel.
Empezó a pensar, temiendo derretirse y hundirse, qué hacer en la luna,
cuando el bote de un pescador lo encontró flotando a lo lejos
para asombro de la tripulación; lo atraparon en su red, todo mojado y brillante
con un resplandor fosforescente de blancos azulados y luces de ópalo
y un delicado líquido verde.
Contra su deseo, con el pescado de la mañana lo mandaron a tierra:
Es mejor que alquiles cama en una Hostería, dijeron; La ciudad está muy cerca.
Sólo el tañido de una lenta campana en la alta Torre del Mar
anunció las nuevas de su lunático crucero a hora tan inapropiada.
No se encendieron fuegos, no hubo desayunos,
y la mañana fue fría y húmeda.
Había cenizas en lugar de fuego, y fango en lugar de hierba,
y una lámpara en lugar del Sol en una oscura callejuela.
No encontró a nadie, ninguna voz se alzaba en canción;
en cambio había ronquidos, ya que todos estaban en la cama
y aún habían de dormir largo tiempo.
Golpeó las puertas cerradas mientras pasaba, y gritó y llamó en vano,
hasta que llegó a una posada con luz en su interior,
ygolpeó el cristal de la ventana.
Un soñoliento cocinero echó una áspera mirada, y dijo
¿Qué es lo que quieres?.
Quiero fuego, y oro, y canciones antiguas, y el rojo vino fluyendo libremente.
No los conseguirás aquí, dijo el cocinero mirando de reojo,
Pero puedes entrar. Carezco de plata y de seda con que cubrir mi espalda,
pero tal vez te pueda alojar.
Un regalo de plata para levantar el cerrojo, una perla para cruzar la puerta;
un asiento junto al cocinero cerca del fuego, le costó veinte más.
Por hambre o sed nada se llevó a la boca hasta que hubo dado todo cuanto llevaba;
Y todo lo que obtuvo, en una olla de barro rota y sucia de humo,
fueron gachas frías, de dos días que comió con una cuchara de madera.
Para el budín de Yule con ciruelas, pobre infeliz, había llegado demasiado pronto:
Un huésped incauto en una búsqueda lunática desde las Montañas de la Luna.
FIN